31 diciembre, 2007

Golf

Durante el verano, mi padre hacía tres o cuatro hoyos de golf antes de desayunar e irse al trabajo, A veces lo acompañaba. El campo se encontraba cerca de casa. Estaba en una elevación cerca del río, y desde la calle de veía Travertine y el agua azul de la bahía. Una mañana vio algo colgado de un árbol, en la periferia del campo. Pensó que se trataba de alguna prenda olvidada por las parejas que iban de noche al bosque. Al acercarse vio que se trataba de un hombre. La cara estaba hinchada y deformada, pero reconocíó a su viejo amigo Harry Dobson. Cortó la soga con la navaja y desde la casa más cercana llamó al doctor Henry, aunque debería haber avisado a la policía. Esa tarde regaló los palos y jamás volvió a jugar al golf.~

John Cheever, Diarios (Emecé editores, Barcelona, 1993)

29 diciembre, 2007

La hora de todos

Los argentinos tendrán que adelantar 60 minutos sus relojes a la hora cero de mañana para adaptarse así al plan de ahorro de energía que puso en marcha la presidenta Cristina Fernández. Cuidado, ¡que la cosa no termine como en Santa Bernardina del Monte!


Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.

Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.

-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?

-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.

Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.

A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.

Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.~

(Cuento de Leo Maslíah, incluído en el libro "La tortuga")

28 diciembre, 2007

Somerset Maugham, lector omnívoro



Por Eduardo Berti


Una mujer cuyo hijo tenía inclinaciones literarias le preguntó a William Somerset Maugham qué consejo le daría él para ayudarlo a convertirse en escritor. Seguro de que la mujer no le haría caso, el autor de Cakes and Ale contestó: "Déle ciento cincuenta libras anuales por el lapso de cinco años y dígale que se vaya al diablo". Años más tarde, Maugham cayó en la cuenta de que el consejo impartido era "mucho mejor de lo que yo había supuesto": con ese dinero "un joven no morirá de hambre pero a la vez, como es poco, no llegará a disfrutar más que de un pequeño confort" (y el confort, decía Maugham, es el "peor enemigo de un escritor"); "con ese dinero viajará por el mundo en condiciones que le permitirán ver aspectos de la vida más coloridos y variados que si viaja como lo hacen los pudientes".

Viajar y leer eran acaso las dos mayores pasiones de Maugham. En Confesiones de un lector, Juan Carlos Onetti lo califica de "lector omnívoro" y le adjudica la siguiente historia: estaba una noche Somerset Maugham en una perdida estación de tren de la India cuando descubrió que sus valijas no habían viajado con él, sino que llegarían horas más tarde, en el tren siguiente. Obligado a esperar, se puso a hurgar los bolsillos, releyó los papeles que llevaba encima y que, en el fondo, conocía de memoria, y finalmente tuvo que conformarse con la guía telefónica del pueblo: nombres y apellidos apenas comprensibles, direcciones y números. Cuando el tren llegó con las valijas en las que estaban los libros que llevaba para el viaje, hacía rato que había agotado la guía. El pueblo, para su desgracia, tenía muy pocos habitantes.~

25 diciembre, 2007

Dos textos de Daniil Kharms



Un sueño


Kalugin se quedó dormido y tuvo un sueño. Estaba sentado entre unos arbustos y un militar pasaba frente a estos. Kalugin se despertó, se rascó la boca, volvió a dormirse y tuvo otro sueño. Pasaba frente a unos arbustos, y entre los arbustos estaba sentado y oculto un militar. Kalugin se despertó, puso un diario bajo su cabeza para no humedecer la almohada con su baba y volvió a dormirse y a soñar. Estaba ahora sentado entre unos arbustos y un militar pasaba frente a estos. Kalugin se despertó y acomodó el diario, se durmió y volvió a soñar. Pasaba frente a unos arbustos, y en los arbustos estaba sentado un militar. A esa altura Kalugin se despertó y decidió no seguir durmiendo, pero en seguida se durmió y tuvo un sueño. Estaba sentado detrás de un militar y pasaban caminando unos arbustos. Kalugin gritó y cambió de posición en la cama, pero ya no pudo despertarse. Entonces durmió cuatro días y cuatro noches sin interrupción, y al quinto día se despertó tan flaco que tuvo que atarse las botas a sus pies para que no se le cayeran. En la panadería donde siempre compraba pan de trigo no lo reconocieron y le dieron pan con mezcla de centeno. La Comisión Sanitaria inspeccionó el edificio, encontró allí a Kalugin, lo declaró insalubre e inservible y ordenó a la cooperativa del edificio que lo arrojara a la basura. Así fue que plegaron a Kalugin en dos y lo arrojaron junto con los desperdicios.~




Cuatro ejemplos de cómo una idea nueva impacta en una persona no preparada para ello.

I

ESCRITOR: ¡Soy un escritor!

LECTOR: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(El escritor permanece unos minutos impactado por esta nueva idea, después cae muerto. Se lo llevan)



II

ARTISTA: ¡Soy un artista!

OBRERO: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(El artista como una hoja empalidece;
acto seguido, fallece
y se lo llevan antes de que den las trece.)


III

COMPOSITOR: ¡Soy un compositor!

VANYA RUBLYOV: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(Respirando pesadamente, el compositor se desmaya. Se lo llevan.)


IV

QUIMICO: ¡Soy un químico!

FISICO: Pero, a mi juicio, eres mierda de caballo.

(Sin pronunciar una sola palabra, el químico cae pesadamente al suelo).


13 de abril de 1933.~



(Traducido del francés por Eduardo Berti)

Daniil Ivanovich Yuvachev (Даниил Иванович Ювачёв), alias Daniil Kharms (o Harms o Jarms o Charms) nació en diciembre de 1905, en Rusia. Fue uno de los fundadores del grupo de vanguardia OBERIU, que también integraba Alexandr Vedensky, y en su obra, en la que abundan los textos hiperbreves, mezcló futurismo con absurdo. Tanto Kharms como Vedensky fueron vistos en su tiempo como “subversivos literarios”. Arrestado en 1941, Kharms fingió locura. Murió un año más tarde en un hospital de una prisión estalinista.~

24 diciembre, 2007

Spoon River

De profesión abogado, el estadounidense Edgar Lee Masters (1869-1950) publicó en 1915 uno de los libros más originales del siglo XX : "Spoon River Anthology" ("La antología de Spoon River"), que contiene unos doscientos cincuenta epitafios imaginarios de una pequeña ciudad provinciana inspirada en el estado de Illinois y también en su Kansas natal. No fue este su único libro, ya que escribió además, entre otros, The New Star Chamber (1904), The Blood of the Prophets (1905), Domesday Book (1920), The New Spoon River (1924), la autobiografía Across Spoon River (1936) y The Sangamon (1942).

El impacto de «Spoon River Anthology » fue, en su momento, mayúsculo aunque restringido a una élite. Se tildó a Lee Masters de heredero de Walt Whitman y Ezra Pound exclamó que finalmente Estados Unidos había «descubierto un poeta". Algunos epitafios del libro :


CASSIUS HUEFFER

En mi lápida grabaron estas palabras:
"Su vida fue apacible, y los elementos se combinaron
tan bien en su alma que la naturaleza, orgullosa, le
grita al mundo: he aquí un hombre."
Mi epitafio tendría que haber dicho:
"Para él, la vida no fue tan apacible
y los elementos se combinar de tal modo
que hicieron de mí carne de una guerra
en la cual fui abatido."
Vivo, tuve que enfrentarme a estas lenguas difamatorias,
ahora que estoy muerto debo someterme
a un epitafio grabado por un tonto.




CHASE HENRY

En mi vida fui el borracho del pueblo;
cuando morí el cura me negó el entierro
en suelo sagrado.
Eso me trajo buena suerte
porque los protestantes compraron este lote
y sepultaron mi cuerpo aquí,
junto a la tumba del banquero Nicholas
y de su esposa Priscilla. Tomen nota, almas discretas y piadosas,
de las contradicciones de esta vida
que rinde tributo a muertos que vivieron en el oprobio.



EL JUEZ SOMERS

¿Cómo ocurrió, díganme,
que yo, el más erudito de los abogados,
que conocía a Blackstone y a Coke
casi de memoria, que pronuncié el más notable discurso
que el tribunal haya oído nunca y que escribí
un alegato merecedor del elogio del juez Breese,
cómo ocurrió, díganme,
que ahora yazgo aquí, olvidado, ignorado,
mientras Chase Henry, el borracho de la ciudad,
tiene un pedestal de mármol, coronado de una urna
donde la Naturaleza, vaya ironía,
ha sembrado pasto y flores?


DÍACONO TAYLOR

Pertenecía a la iglesia
y al partido prohibicionista,
y los lugareños creyeron que había muerto
por comer sandía.
En verdad tenía una cirrosis hepática,
porque cada mediodía durante treinta años
me escondía tras la mampara
de la botica de Trainor
y me servía un generoso trago
de la botella rotulada "Spiritus frumentis".~

23 diciembre, 2007

El incorruptible


Cierto mandarín lleno de codicia deseaba hacerse una fama de funcionario incorruptible. Cuando lo nombraron en su primer cargo, juró no dejarse sobornar.

- Si mi mano izquierda llegara a aceptar dinero, que caiga convertida en polvo. Y si mi mano derecha lo hiciese, ¡que también caiga convertida en polvo! – exclamó.

Un buen día, tiempo después, alguien le hizo llegar cien onzas de oro con el fin de asegurarse su apoyo en un asunto. Por miedo a la maldición que pesaba sobre él, a causa de su juramento, dudó en aceptar ese dinero que, sin embargo, codiciaba vivamente. Sus subalternos le dijeron:

- Si Su Señoría hace colocar los lingotes de oro dentro de su manga, sólo la manga caerá hecha polvo.

El magistrado consideró que el consejo era acertado y aceptó el oro.


Fábula incluida en «Relatos de Xue Tao» (Xue Tao Xiao Shu) , libro escrito por el chino Jiang Yingke (siglo XV).

22 diciembre, 2007

Cinco libros: María Fasce


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de María Fasce:



Carol, de Patricia Highsmith.
Una historia de amor entre dos mujeres contada como un policial. Highsmith crea personajes tan intensos y reales que mientras leemos sus libros estamos seguros de encontrárnoslos al dar vuelta la esquina. Ella también podría decir, junto con Camus, que “en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Y sin embargo, lo que muestran sus personajes, en éste y en todos sus libros, es que los hombres siempre pueden caer más bajo, y sin embargo, tienen la gloria al alcance de la mano. La obra de Patricia Highsmith es una exploración de la pasión y el miedo en todas sus formas.


El sabotaje amoroso, de Amélie Nothomb.
Finalmente, una nueva voz ha venido a salvar a la literatura francesa actual del tedio o la provocación hueca. Nothomb es profundamente corrosiva, original y conmovedora. Acaba con todos los mitos y hace de su propia vida un material de ficción fascinante. ¿Quién dijo que la infancia es una época feliz? Aquí está este libro inolvidable para contar las tragedias del amor y la soledad en la niñez, en la China y en cualquier parte.


Kafka en la orilla, de Haruki Murakami
Murakami se ha superado a sí mismo en esta novela. Todas sus novelas son interesantes, incluso las fallidas (Sputnik mi amor), pero en ésta ha corrido todos los riesgos. ¿O hay algo más difícil que usar como material de ficción los sueños y los pensamientos de un adolescente? Surrealista, romántica y filosófica, Kafka se lee sin respiro. Más que leerse se vive, como un sueño.




Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Es inútil enojarse, como la propia Emily Dickinson, con las historias, los ambientes y los personajes de Jane Austen. Sus diálogos y situaciones son propias de Corín Tellado, y sin embargo, no podemos dejar de leerla. Porque estamos rodeados de sus Mrs. Bennet, Miss Bingley y Mr. Collins, y nos gustaría a todos encontrar un Mr. Darcy o una Elizabeth Bennet de quien enamorarnos. A todos nos gustaría que la vida fuera tan plácida como en sus páginas: una sucesión de romances y visitas. El comienzo es tan artificial y seductor como todo el libro (cito de memoria): “Es una verdad universal que todo hombre soltero en posesión de cierta fortuna está en busca de esposa”.



Cuentos completos, de Somerset Maugham
Pocos escritores han sabido retratar los celos y el amor como Maugham. La emoción está allí como una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento. La India es a Kipling lo que Indonesia a Maugham, pero Maugham ha sumado el humor. Cada cuento es un pequeño prodigio en sí mismo y todos tienen un estilo y una estructura distinta, como si Maugham hubiera explorado el género “cuento” con la misma sagacidad y atención con que estudió a los indonesios. Además, aquí y allá, están esas máximas y aforismos sembrados como al descuido en medio del relato, y esas repentinas vueltas de tuerca que nos hacen volver a leer cada cuento una y otra vez, en el papel o en la cabeza.


María Fasce es autora de los libros de relatos La felicidad de las mujeres y A nadie le gusta la soledad, y de la novela La verdad según Virginia. Su nueva novela, La naturaleza del amor, será publicada por Emecé en marzo.~

20 diciembre, 2007

Llave


Fue triste cuando mi padre, sin que ya se le pidiera, me dio la llave de la casa. Yo era casi un adulto y él me la dio como quien pide permiso para envejecer.~


Raúl Brasca, Todo tiempo futuro fue peor, Thule Ediciones, 2004.


19 diciembre, 2007

Zhuang Zi


Famoso por el aún más famoso sueño de la mariposa («Ya no sabía si era una mariposa que soñaba ser Cuang Tzu o Chuang Tzu que soñaba ser una mariposa »), Chuang Tzu o Zhuangzi o Chuang Tsé vivió entre los años 369 y 290 antes de Cristo y fue uno de los grandes filósofos de la antigua China.

Se le atribuye el «Zhuang Zi», uno de los libros fundamentales del pensamiento taoísta, aunque sólo hay certeza de que los primeros siete capítulos hayan sido escritos por él.

El libro se divide en tres partes. Estos son algunos fragmentos de los capítulos interiores o iniciales del «Zhuang Zi»:


1.

La palabra no está hecha sólo de aire, la palabra tiene un decir. Pero lo que dice no es nunca fijo.



2.

¿Sabes tú lo que hace el criador de tigres? No les da de comer animales vivos para no animar su instinto asesino. No les da de comer animales enteros para no despertar sus ansias de descuartizar.



3.

Penumbra preguntó a Sombra: «Hace un momento estabas caminando, ahora estás quieta. Hace un momento estabas sentada, ahora estás de pie. ¿Por qué no te decides?».

Sombra respondió: «Para ser ¿no dependo yo de algo? Y eso de lo que yo dependo ¿no depende a su vez de algo más? ¿No soy yo como la serpiente que depende de sus escamas o la cigarra que depende de sus alas?”


Tomado de “Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi” Edición de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer. Editorial Trotta,S.A., 1998.~

18 diciembre, 2007

Dos poemas de Sandro Penna


Oh nella note il cane
che arabbia di lontano.
Di giorni è solo il cane
ce ti lecca la mano.


Oh el perro que ladra
en la noche lejano.
De día sólo es el perro
que te lame la mano.


-------------------

Oh non ti dare arie

di superiorità
Solo uno sguardo io vidi

degno di questa. Era
un bambino annoiato in una festa.



Oh no te des aires
de superioridad
Sólo vi yo una mirada
digna de ésta. Era
un niño aburrido en una fiesta.


(traducción de Eduardo Berti)


Sandro Penna (1906-1977), poeta solitario, admirado por Pasolini y Saba. Nació en Perugia y desde los 23 años vivió mayormente en Roma. Algunos de sus libros: Un po' di febbre, Croce e delizia y Stranezze.~

17 diciembre, 2007

Sobibor


Por Eduardo Berti

Claude Lanzmann realizó su film Sobibor 14 de octubre 1943, 16 horas a partir de una entrevista que le concediera Yehuda Lerner en 1979, durante el rodaje de Shoah, su famosa película de 1985 acerca de la barbarie nazi. Sobibor se ocupa de narrar la única revuelta exitosa que hubo en un campo de exterminio: en ella, una veintena de prisioneros judíos mataron a hachazos a 16 oficiales alemanes, cortaron la luz y la electricidad y consiguieron darse a la fuga.

"La revuelta", ha dicho Lanzamann, "no podía limitarse a ser un momento de Shoah, sino que merecía un film entero. Por otra parte, mientras que Shoah fue una obra de espíritu colectivo en la que todos hablaban en primera persona del plural, el caso de Lerner y de Sobibor está inevitablemente narrado en primera persona del singular".

Sobibor abre con un largo prólogo en el que se oye, en off, la voz cascada y grave del realizador. El episodio en el que intervino Lerner, sostiene allí Lanzmann, "constituye un ejemplo paradigmático de lo la reapropiación de la fuerza y de la violencia por los judíos". También es una forma de desmentir el "mito de la pasividad judía", agrega. "Los judíos no se dejaron matar dócilmente, a pesar de lo que algunos han querido sugerir. Durante la época del nazismo hubo, sin cesar, montones de actos de valentía y de libertad, consignados incluso por los propios alemanes".

Lanzmann conoció a Yehuda Lerner, uno de los actores de la revuelta, por intermedio de Ada Lichtman, una mujer que entrevistara en los tramos finales del rodaje de Shoah. Lerner, que vivía en las afueras de Jerusalem, recibió al equipo de filmación con desgana. "Si yo no tenía muchas ganas de entrevistarlo, él tenía menos ganas de hablar", recuerda Lanzmann. "Para colmo, la traductora era muy religiosa y protestaba por tener que trabajar durante el Shabat". Así y todo, el reportaje que salió fue "muy fuerte", como admite el propio director.

El tema de Sobibor no es sólo la revuelta, como ha afirmado Lanzmann, "sino también Lerner, un hombre con un deseo loco de libertad", a tal punto que antes de ser enviado a Sobibor, en Polonia, llegó a fugarse, en el lapso de seis meses, ocho veces de ocho diferentes campos de concentración en Rusia.

-- ¿Tan fácil era escaparse? --pregunta Lanzmann, no sin asombro, a comienzos del film.

-- Para un hombre que quiere vivir, nada es difícil --le responde Lerner. -- En cuanto ví que en esos campos y en esas condiciones no era vida lo que me esperaba, me dije: no tengo nada que perder.

Fue después de su octava fuga que Yehuda Lerner fue a parar al campo de Sobibor. Su traslado fue en tren. Al llegar a la estación de Chelm, un polaco que allí trabajaba le murmuró: "Escápense, los llevan a un campo para matarlos y quemarlos". Lerner repitió a sus compañeros de viaje lo que había dicho el polaco, pero nadie quiso creerle. "Nos podríamos haber evadido ahí mismo porque, para nuestras necesidades, habíamos hecho un gran agujero en el suelo del vagón. Pero no nos escapamos porque eso de que nos iban a matar y quemar nos pareció imposible. Nunca habíamos oído hablar de algo así"

Ya en Sobibor, un alto militar alemán hizo formar a los recién llegados y solicitó sesenta hombres fuertes. "Dondequiera que haya trabajo físico duro tiene que haber buena comida", razonó Lerner, que en consecuencia pasó a integrar el grupo de artesanos judíos (zapateros, sastres, peluqueros, carpinteros, etc) puestos a trabajar a la fuerza para los alemanes. Lo mismo que sus compañeros, no tardó en comprender que el polaco de la estación había dicho la verdad. "Nadie salía vivo de Sobibor", dice Lerner en el film. "Pasamos toda una noche sin dormir, conversando, viendo qué se podía hacer".

El verdadero instigador e ideólogo de la revuelta fue, en rigor, un oficial judiosoviético, hoy muerto, llamado Alexander Petcherski. "Era de profesión soldado", cuenta Lanzmann. "Por lo tanto, el uso de las armas no era algo extraño para él". Petcherski sabía que dos motines precedentes habían fracasado en Sobibor, pero tenía un plan diferente para el tercero: se trataba de persuadir a los alemanes de que una nueva barraca debía ser construida para los carpinteros, de modo de tener más hachas a su disposición.

Los alemanes aceptaron el pedido y el operativo se puso en marcha. Petcherski y compañía escogieron el 14 de octubre porque esa fecha muchos oficiales iban a estar fuera del campo y sólo habría dieciséis. El día de la revuelta, como estaba convenido, todos los oficiales fueron convocados por algún artesano, bajo variados pretextos, en dos tandas: la primera a las cuatro de la tarde y la segunda a las cuatro y cinco minutos. Los prisioneros sabían de la obsesión de los alemanes por la puntualidad.

"Todo el plan, de hecho, se basó en esta extraordinaria puntualidad. Si algún oficial hubiese llegado antes o después, habríamos fracasado", cuenta Lerner, que llevaba apenas seis semanas en Sobibor cuando, con una hacha que llevaba escondida, cumplió su parte en el plan matando a dos altos oficiales nazis.

"Haber matado a un alemán que acababa de realizar cosas monstruosas, como exterminar a centenares de miles de personas, por supuesto que provoca una cierta alegría", admite Lerner ante Lanzmann. "Maté otras veces, después, como soldado, como combatiente. Pero aquello fue diferente porque no éramos dos bandos de hombres armados, no éramos ni siquiera humanos... ni sub-humanos". ~

16 diciembre, 2007

Cinco libros: Leopoldo Brizuela


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.



El voto de Leopoldo Brizuela:




El bosque de la noche, de Djuna Barnes. Nadie sabe más de la pasión, de la
soledad de la pasión, del dolor de la soledad de la pasión. Cada personaje es una gema extraña, facetada con una técnica única. Cada frase una filigrana irónica y sangrante y atroz.



El libro de los seres imaginarios
, de Jorge Luis Borges. Cuando ya había escrito lo más importante de su obra, Borges, que acaso nunca escribió de una manera más prieta, más límpida, más precisa, Borges se aplicó a escribir este catálogo único y aparentemente inútil. Con profundo sentido de justicia, equiparando el genio de Kafka con el genio de los diversos "folklores" (Genio es la capacidad de crear mitos, según Steiner), hace, contagiando su pasión, un homenaje a la imaginación, lo que mejor nos refleja.


Poesías completas
, Sophia de Melo Breyner. Claramente enclavada en su tradición, la de Camoes, la de Pessoa, que artistas menores que ella parecieron agotar con clisés y estereotipos, Sophia de Melo funda una poesía donde cada palabra, como ella misma lo desea en un poema, parece insólitamente nueva, como si estuviera, en ese momento, creando el mar, la luz del mar, "la playa primera de la vida".


Grandes esperanzas, de Charles Dickens. "Uno siente que Chejov nos quería", dice Vlady Kociancich. Pero la felicidad, la felicidad de Dickens, que bien puede convivir con el dolor y con la valentía de mirar las propias miserias, es una de las felicidades que conocí en mi propia vida. Su abrumadora alegría de estar escribiendo una novela, de ir comprendiendo al escribir, de sentir que el hecho de dar -felicidad, literatura- justifica su propia vida. Grandes esperanzas, es además, la más moderna y argentina de sus novelas.


El pasado
, de Alan Pauls. Con este libro espléndido, algo hizo pie por fin en el gran naufragio, en la tormenta argentina. Ningún novelista escribe solo. Aun cuando seamos tan distintos de su autor como pueda imaginarse, y aunque queramos escribir novelas muy distintas, ya no nos sentimos extranjeros. Ahora, aquí, todos tenemos un pasado.~


Leopoldo Brizuela (argentino) es autor, entre otros libros, de Tejiendo agua, Premio Fortabat de Novela, Inglaterra: Una fábula, Premio Clarín, El placer de la cautiva y Los que llegamos más lejos.

14 diciembre, 2007

Las pruebas


Un 4 de enero de los años 40, en una de las fiestas anuales con que el diario La Nación solía festejar, en tiempos anteriores a la “crisis” argentina, el aniversario de la aparición de su primer número, Alberto Gerchunonff, venerable autor de Los gauchos judíos, recibía las felicitaciones de una señora distinguida a quien uno de sus artículos recientes había encantado. Terminadas las efusiones, la señora bajó la voz para abordar, con pudor, otro tema. “Dígame, Gerchunoff, he oído decir que usted es judío… ¿Es cierto?”. Inmutable, siempre cortés, el escritor asintió: “Señora, puedo poner las pruebas en su mano”.~


Edgardo Cozarinsky, "Museo del chisme" (Emecé, 2005)

11 diciembre, 2007

Gide y el Nobel



Por Eduardo Berti

Se cuenta que André Gide, la misma noche de 1947 en que ganó el Premio Nobel, fue al cine a ver una película de Fernandel, suerte de Totó o Cantinflas francés. Hasta Cortázar ha recogido el dato en su relato "Los pasos en las huellas" (Octaedro), seguramente fascinado por cómo se tocan en un gesto por el estilo las llamadas "alta" y "baja" cultura.

No todas las biografías de Gide dan por cierto el episodio. Pierre Lepape y J.J. Thierry, por ejemplo, sólo dicen que el autor de Los monederos falsos declinó la invitación a Suecia por "genuinas" razones de salud. Jean Claude revela que por esa fecha Gide no estaba en París sino en Neuchâtel, en casa de Richard Heyd; y una carta de Gide, dirigida a Robert Levesque y fechada el mismo 13 de noviembre en que le asignaron el premio, proviene de Neuchâtel. Difícil que allí hubiera un cine cerca. Difícil que fuera al cine al final del día, dada su salud y más cuando en su diario íntimo la "Petite Dame" (Maria Van Rysselberghe) cuenta de alguien que habló esa misma noche con Gide por teléfono.

Los copiosos diarios del escritor no ayudan a aclarar el dilema. El único año sabático es precisamente 1947, y en todo el resto del diario Gide hace apenas tres menciones al Nobel. Lamenta que sus libros sigan siendo "inhallables" a pesar del premio. Le preocupa que se diga: "Gide se volvió distante". Y cuenta de un periodista que le preguntó si no se arrepentía de haber escrito tal o cual libro. "Le respondí que no sólo no desaprobaba ninguna de mis obras, sino que habría sin dudas rechazado el premio si hubiese hecho falta renegar de alguna".

Lepape entrega, sin embargo, la versión de un Gide mortificado por el premio. Cada galardón, cuenta, el prestigioso escritor no pensaba sino en Corydon, ese "libro fallido" que su remordimiento colocaba en un sitio privilegiado. "Era el libro en el que se había arriesgado con mayor imprudencia y coraje", cree Lepape. "A tal punto que, por una vez, le habían faltado la distancia y la ironía que hacen posible la obra de arte".~

08 diciembre, 2007

Rusos


En 1930 el escritor inglés Ivor Montagu acompañó a S.M. Eisenstein, G. Alexandrov y A. Tisse en su peripecia por Estados Unidos, que acumularía frustraciones y terminaría con el controvertido episodio de Qué viva México. En ese momento no sólo no había relaciones dilplomáticas entre Estados Unidos y Unión Soviética, sino que existía una marcada ignorancia recíproca sobre las costumbres de ambos países. Según Montagu, el caso fue marcado por una reunión en la que un periodista preguntó :

-Y dígame, señor Eisenstein, ¿la gente se ríe en la Unión Soviética ?

-No, pero se van a reír cuando yo les cuente esta reunión.~


De «Una enciclopedia de datos inútiles», de Homero Alsina Thevenet.

(Ediciones de la Flor, Buenos Aires, Argentina, primera edición de 1987)

07 diciembre, 2007

Generaciones

"Si yo pienso lo mismo que mi bisabuelo, soy de la misma generación que él".~


Juan Ramón Jiménez
tomado de "El modernismo. Notas de un curso" (ed. Aguilar, Madrid, 1962)

05 diciembre, 2007

Gangotena y Michaux

Alfredo Gangotena, nacido en Ecuador, forma parte de ese lote de latinoamericanos (César Moro, Huidobro, Carrera Andrade) que vivieron en París y escribieron en francés durante los años veinte. Hay una imagen recurrente en sus poemas, traducidos por Filoteo Samaniego al castellano: "El amoroso y cálido recinto de las cortinas", "los sombríos pliegues de mis cortinas", "se ciñen las llamas de las cortinas a las cañas de mis arterias". Según algunos, la explicación es simple: Gangotena era hemofílico. Algunos lo ponen en duda; pero otro poeta de salud endeble, Henri Michaux, fue su amigo y escribió: "Esa enfermedad atroz lo ponía a la merced de un diente arrancado, de una simple infección. Lo llevaba a un miedo continuo, prácticamente fuera del mundo". (Años más tarde, Cioran admitiría que poco y nada le era "más agradable" que conversar con Michaux a propósito de enfermedades).

La editorial española Visor publicó hace un par de años una muy buena antología de la poesía de Gangotena, a cargo de Adriana Castillo. El poeta español Luis Antonio De Villena le consagró un extenso artículo en el diario El País. Dice, entre otras cosas: "Como imaginista —o creacionista— empieza la poesía de Gangotena, imagen sobre o contra imagen. Pero muy pronto (en sus libros) se tornan vecinas al surrealismo, en un auténtico chorro de fulgores y onirismos, brillantes sin duda y nada frívolos (todo en Gangotena posee un claro fondo de tragedia, de búsqueda espiritual, de allendidad más o menos frustrada), pero que contemplados desde hoy (en 1928 eran modernidad evidentemente) resultan excesivamente retóricos, pues hoy sabemos —basta leer a Breton— que el surrealismo vuelto escuela lexicalizó su retórica de imágenes irracionalistas ".

Aunque afirmaba que Francia era su "patria espiritual", Gangotena invitó a Michaux a su tierra natal. De la experiencia nació Ecuador (1929), de Michaux, curioso diario que se puede comparar en cierto aspecto con las Memorias de Africa de Raymond Roussel, ya que ambos libros constituyen una sátira a la literatura itinerante que por ese tiempo practicaban Paul Morand o Blaise Cendrars. Utilizando las técnicas de los escritores viajeros, Michaux se propone "destruir el mito de la aventura y su peligro más evidente: el exotismo", según el crítico Claude Couffon. Ecuador afirma que a veces se puede ir hasta el otro extremo del mundo y no aprender, por ello, nada revelador. No debe asombrarnos, en consecuencia, que el mismo autor escribiese una obra llamada "Lejano interior".~

04 diciembre, 2007

Pequeños cantos

XV

niña que en vientos grises
vientos verdes aguardó


XIX

triste músico
entona un aire nuevo
para hacer algo nuevo
para ver algo nuevo



Alejandra Pizarnik, « Los pequeños cantos »

02 diciembre, 2007

Escribir según Samuel Butler

Desde el momento en que una cosa ha sido escrita, o puede escribirse y razonarse acerca de ella, ha cambiado de naturaleza para volverse tangible.


La palabras son pensamientos organizados, así como las formas vivas son acciones organizadas.


Hubo un tiempo en que el lenguaje era una proeza tan rara como la escritura en los tiempos en que ésta se inventó. Probablemente hablar estaba en un principio reservado a unos pocos sabios, tal como escribir en la Edad Media, y se fue generalizando de modo gradual.


Queremos que las palabras hagan más de lo que pueden hacer.


La palabras son como el dinero; no hay nada más inútil, salvo cuando le damos uso.


Un joven autor suele estar tentado a dejar todo lo que ha escrito, por miedo a no haber dicho lo suficiente en caso de ponerse a cortar. Pero es más fácil ser extenso que ser breve.


El mayor secreto de las buenas obras musicales, literarias o pictóricas reside en que no ambicionan demasiado; si se nos pregunta “¿qué es demasiado?”, la respuesta es: “todo lo que nos parece arduo o poco placentero”. Si apreciar o entender una obra se vuelve una labor y no un placer, la dificultad es excesiva.


No hay que andar a la caza de los temas. Hay que dejar que estos nos elijan a nosotros.


Mis libros, yo no los hago. Crecen. Vienen y me piden con insistencia que los escriba.


El estilo, en cualquier disciplina artística, debería ser como la ropa y llamar la atención lo menos posible.~


Samuel Butler (1835-1902). Extractos de The Note-Books of Samuel Butler. Selección y traducción de Eduardo Berti.

30 noviembre, 2007

Una teoría del amor


Andrés divagaba, lo que era un gran placer, en la tienda de Lulú. Ella le oía sonriente, haciendo de cuando en cuando alguna objeción. Le llamaba siempre, en burla, don Andrés.

-Tengo una pequeña teoría acerca del amor –le dijo un día él.

-Acerca del amor debería usted tener una teoría grande -repuso burlonamente Lulú.

-Pues no la tengo. He encontrado que en el amor, como en la medicina de hace ochenta años, hay dos procedimientos: la alopatía y la homeopatía.

-Explíquese usted claro, don Andrés –replicó ella con severidad.

-Me explicaré. La alopatía amorosa está basada en la neutralización. Los contrarios se curan con los contrarios. Por este principio, el hombre pequeño busca mujer grande; el rubio, mujer morena, y el morocho, rubia. Este procedimiento es el procedimiento de los tímidos, que desconfían de sí mismos… El otro procedimiento…

-Vamos a ver el otro procedimiento.

-El otro procedimiento es el homeopático. Los semejantes se curan con los semejantes. Este es el sistema de los satisfechos de su físico. El moreno con la morena, el rubio con la rubia. De manera que, si mi teoría es cierta, servirá para conocer a la gente.

-¿Sí?

-Sí. Si ve un hombre gordo, moreno y chato, al lado de una mujer gorda, morena y chata, pues es un hombre petulante y seguro de sí mismo; pero si el hombre gordo, moreno y chato tiene una mujer flaca, rubia y nariguda, es que no tiene confianza en su tipo ni en la forma de su nariz.~


Pío Baroja, "El árbol de la ciencia" (1911).

28 noviembre, 2007

Je me souviens


“Recuerdo...” o “Me acuerdo...” (Je me souviens) es uno de los libros más singulares de Georges Perec, autor de libros bastante singulares por lo general. Publicado en 1978, recoge una larga serie de imágenes/recuerdos que Perec (gran amante de las listas y las clasificaciones) anotó entre enero de 1973 y junio de 1977. Son 480 en total, para ser exactos.

En su prólogo al libro, Perec define este conjunto de miniaturas nostálgicas (casi «epifanías», por tomar la expresión de Joyce) del siguiente modo: «pequeños fragmentos de cotidianeidad, de cosas que, en tal o cual año, toda la gente de cierta edad vivió y compartió, y que luego desaparecieron o fueron olvidadas porque no merecían formar parte de la Historia ni figurar en las memorias de los estadistas, de los alpinistas, de los monstruos sagrados». Algunos ejemplos:


2

Recuerdo que mi tío tenía un 11CV con la matrícula 7070 RL2.



54

Recuerdo que Voltaire es el anagrama de Arouet L(e) J(eune) si uno escribe V en lugar de U e I en lugar de J.



87

Recuerdo que Caravan, de Duke Ellington, era una rareza discográfica y que, por años, supe de su existencia sin haberlo escuchado.



101

Recuerdo a los mosqueteros del tenis.



148

Recuerdo que Fidel Castro era abogado.



152

Recuerdo que Warren Beatty es el hermanito menor de Shirley McLaine.




177

Recuerdo a Yuri Gagarin.



187

Recuerdo que el trompetista Clifford Brown murió a los veinte años de edad en un accidente automovilístico.


268

Recuerdo que, durante su juicio, Eichmann estuvo encerrado en una jaula de vidrio.



369

Recuerdo a Caryl Chessman.



375

Recuerdo el secuestro de Fangio (¿por unos castristas?)



451

Recuerdo a Robert Mitchum cuando dice "Children..." en el film de Charles Laughton, La noche del cazador.~

(Traducción de Eduardo Berti)

25 noviembre, 2007

Cinco libros: José Angel Mañas

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de José Angel Mañas:



Cinco libros para leer y releer:

El guardian en el centeno, de Salinger.

Guerra y Paz, de Tolstoi.

Los cuentos completos de Aldecoa.

La ciudad mecánica, artículos recopilados de Julio Camba.

Las Máximas, de La Rochefoucauld.



José Ángel Mañas (español) publicó, entre varias novelas, Historias del Kronen (finalista del Premio Nadal 1994), Mensaka, Soy un escritor frustrado, Ciudad Rayada, Mundo Burbuja y Caso Karen. ~

Link a su sitio :

http://joseangelmanas.com/

23 noviembre, 2007

De astros y galaxias


Comentario publicado en La Gaceta de Tucumán sobre la antología Galaxia Borges, compilación de Edgardo Cozarinsky y Eduardo Berti.


Por Cristina Bulacio




“Cada escritor crea a sus precursores”, es la interesante idea borgeana que preside la selección de esta antología. A partir de ella se estructura la propuesta de sus autores que reúne 16 escritores vinculados a Borges, de un modo u otro. Como una galaxia -inmenso conjunto de astros, estrellas, nebulosas- estos autores forman parte de un universo literario cuyo centro es, indiscutiblemente, Borges. Entre ellos, algunos lo precedieron, otros convivieron y hasta trabajaron con él. Siempre hay algo de la sombra del Maestro en sus escritos.

Si bien sorprende al lector el criterio inicial, a medida que se leen los cuentos cobra fuerza y encanto el concepto que organiza esta antología. Galaxia Borges rescata a escritores que fueron opacados por la luminosidad del astro rey y los hace visibles a la literatura. Lo componen algunos nombres bastante conocidos y otros menos; sin embargo, el seleccionarlos para este texto los revela, misteriosamente, como precursores o seguidores, y descubren los lazos que los unen entre sí y con Borges.

“La gran dificultad -dice una de las integrantes de la galaxia-, era salvarnos de su magia para inventar algo distinto”. Quizás el asunto no fuese tanto escapar de los encantos del Maestro, como poder superar su imaginación, la maestría de las tramas de los cuentos y la asombrosa precisión de su lenguaje poético.

Aun así, se percibe una influencia mutua ya que algunos de los relatos incluidos son de los años 40, en plena producción borgeana, pero también en la plenitud de los otros escritores. No es extraño, entonces, encontrarnos con ciertos rasgos, giros, marcas, incluso un guiño, que si bien ahora son reconocidos como borgeanos, por esa influencia sobre los precursores, es posible que fuera a la inversa.

Los cuentos están precedidos por una breve noticia del autor, algunos datos de estilo, fecha y lugar de publicación. Esto permite ubicar con precisión cada relato. Destaco algunos como Soy polvo, de Dabove, excelente narración llena de imaginación y tal vez de ternura, que podría haber sobrevivido sin Borges. Los grifos, de Silvina Ocampo, breve relato de ficción cargado de misterio en el cual trabaja con maestría sobre lo cotidiano. En memoria de Paulina, de Bioy Casares, una ficción de amor y suspenso. Un brevísimo y encantador relato de Luisa Mercedes Levinson; un cuento onírico de Murena; una historia de amor y locura de A. Pippig, etc.

En resumen, debo decir que la selección del material revela un criterio inteligente, amplio, e incluye a autores más allá de modas literarias del momento, lo que da como resultado un texto exquisito en el que se reunieron los astros de la galaxia Borges.~

22 noviembre, 2007

La doble trampa


¿Qué deja Europa para los escritores latinoamericanos? Además de su valiosa tradición literaria, Europa nos deja el subdesarrollo (producto del incesante saqueo) y un inmenso complejo de inferioridad (producto de la vision exótica de nuestra realidad). Nosotros somos los indígenas, ellos los dueños de las riquezas, esto es, del poder y de una tradición cultural ininterrumpida.

De manera que Europa, y luego los Estados Unidos, nos han creado un inmenso complejo de inferioridad.

Aceptar ese complejo de inferioridad es caer en una doble trampa. Primera trampa: si somos considerados inferiores a los europeos, sólo podríamos liberarnos de esa inferioridad superando sus cánones culturales, siendo aún más europeos que un europeo. Segunda trampa: de no aceptar, o por lo menos no imitar la tradición europea, debemos entonces resignarnos a ser y engrandecer la visión exótica, folclórica y estereotipada que de nosotros se tiene o se ha tenido durante siglos.

Aceptadas estas premisas, al escritor latinoamericano sólo parecen quedarle dos actitudes. Una, la del culteranismo exacerbado, la de la retórica deslumbrante, la de la palabra rebuscada, la del exhibicionismo descomunal. Hay que demostrarles, y muy seriamente, a esos señores europeos, que si ellos son cultos, nosotros somos supercultos, que si ellos son barrocos, nosotros somos superbarrocos (...). La otra vertiente de la maldición europea es la del conformismo. Es decir, aceptar que la visión perjudiciada y exótica creada por Europa, y luego amparada por los Estados Unidos, en relación a la literatura latinoamericana, es la acertada. Somos criaturas mágicas y primitivas, aunque ya no andamos con el
taparrabos, salvo en momentos muy especiales; aún a veces nos sale un hijo con la cola de cerdo.~

Reinaldo Arenas, Meditaciones de Saint-Nazaire, 1990.

20 noviembre, 2007

Tres hermanas


Por Eduardo Berti

El caso literario de las Brontë no registra ningún equivalente: en menos de dos años, entre 1847 y 1848, las tres hermanas escritoras publicaron tres de los libros más influyentes en la historia de la literatura inglesa: Jane Eyre, de Charlotte; Wuthering Heights de Emily, y The Tenant of Wildfell Hall de Anne.

Los Brontë conformaban un estrecho núcleo familiar. El padre de las hermanas, el irlandés Patrick Brontë, se había casado con Maria Branwell en diciembre de 1812. Aunque era quince años menor que su esposo, Maria Branwell murió muy joven en 1821, luego de haber dado a luz seis hijos: Maria, Elizabeth, Charlotte, Patrick Branwell, Emily Jane y Anne. Una hermana soltera de Maria, Elizabeth Branwell, se ocupó de la crianza de los seis niños, que pasaron a ser cuatro después de que en 1825 fallecieran las dos hijas mayores.

A los nueve años, Charlotte ya escribía historias maravillosas sobre el reino imaginario de Angria. A los quince ingresó como pupila en una escuela local y, de inmediato, se convirtió en la tutora de sus hermanas menores. A los veinte trabajó por un tiempo como maestra (con ese sueldo financió los estudios de arte de su hermano varón) en un pueblo llamado Roe Head, pero enseguida regresó a su hogar. A los veinticinco viajó junto con Emily a Bélgica, con el propósito de perfeccionar en el Pensionnat Heger de Bruselas su francés y su alemán. Se enamoró del director del Pensionnat, Constantin Heger; la mujer del director pronto advirtió que la devoción de la alumna era algo desmedida y Brontë fue invitada a regresar a Gran Bretaña.

Del episodio en Bruselas nació la primera novela de Charlotte, The Professor, rechazada originalmente por todas las editoriales donde fue presentada. La serie de negativas no desalentó a Charlotte. Tampoco la empujó a modificar de forma radical el contenido de sus libros: si algo fundamental se repite en todas las novelas de la mayor de las Brontë es "la relación alumna-maestro", escribió Walter Allen en The English Novel. En este hecho Allen cree ver la sublimación de "uno de los sueños sexuales más comunes de las mujeres: el deseo de ser dominada" (mastered es el juego de palabras en el original).

Lo primero que editaron las Brontë fue un libro de poemas, en 1846. Se cuenta que un día Charlotte descubrió por accidente que sus dos hermanas escribían poesía, lo mismo que ella, y les propuso reunir sus versos en un solo volumen. Para este libro utilizaron los mismos seudónimos con los que más adelante darían a conocer sus célebres novelas: Charlotte como Currer Bell; Emily como Ellis Bell; Anne como Acton Bell. A pesar de algunas buenas críticas, solamente vendieron dos ejemplares.

Al año siguiente aparecieron, una tras otra, las primeras novelas: Cumbres borrascosas (de Ellis Bell) y Agnes Grey (de Acton Bell) fueron impresas por un editor de Londres llamado Thomas Cautley Newby; Jane Eyre (de Currer Bell) fue lanzada en octubre de 1847 por Smith, Elder & Co, una de las editoriales que había rechazado en su oportunidad The Professor.

"Para los lectores contemporáneos, lo más sorpresivo de Jane Eyre acaso fuera que su heroína es profundamente anti-romántica", observó la novelista Joyce Carol Oates. Para Walter Allen, Jane Eyre es "la primera novela romántica en inglés". Las dos afirmaciones parecen irreconciliables pero no se excluyen; de hecho, la tensión entre lo romántico y lo anti-romántico domina también varios pasajes de la siguiente novela de Charlotte: Shirley, publicada en 1848.

"Me juzgas con el corazón (...), deberías juzgarme con la cabeza", le dice allí un personaje a otro; y esta misma oposición (cabeza/corazón) reaparece en numerosas páginas del libro. "Se supone que las mujeres deben ser generalmente muy tranquilas --se lee en un pasaje de Jane Eyre--, pero las mujeres sienten igual que los hombres". "Ay, si fuera un hombre", suspira más de una vez Caroline, la rebelde heroína de Shirley, cuya personalidad (basada en Emily Brontë, según algunos estudiosos) resulta mucho más interesante que el excepcional telón de fondo social que registra la novela, acaso la primera en dar cuenta de la rebelión ludita en la zona de Yorkshire.

A diferencia de los personajes femeninos de Jane Austen, los de Charlotte Brontë --observa Allen-- cuestionan el mundo dominado por los hombres, sobre todo el lugar que los hombres le han reservado a las mujeres en ese mismo mundo. Tal vez por esto la figura de Charlotte ha gozado en los últimos treinta años de una suerte de renacimiento. Puede que el libro más famoso de las hermanas Brontë sea Cumbres borrascosas, pero a la luz de estos días es lógico que el de Emily parezca un proyecto literario bastante menos atractivo para la crítica feminista que el de Charlotte.

Raymond Williams obervó cierta vez que las novelas de las Brontë son contemporáneas a "ese preciso período, a mediados del siglo XIX, en el que los hombres aprendieron a no llorar (...) a través de un proceso de modificación de sentimientos". También observó que mientras Cumbres borrrascosas perdura en la memoria del lector como "una bocanada de aire fresco", la impresión que dejan las novelas de Charlotte es la contraria. "Pero el poder reside ahí: en Charlotte Brontë", indica Williams. "El poder original está en su forma inmediata, personal y creadora". La diferencia con Emily es que sus obras no están escritas para leer en voz alta, sino pensadas "para la lectura solitaria, en algún rincón sosegado". Lo que más distingue a Cumbres borrascosas de Jane Eyre es que la segunda es una novela unipersonal, capaz de "establecer una relación íntima con el lector", mientras que la primera es una novela multipersonal.

Lo concreto es que la proverbial disputa acerca de cuál de las hermanas Brontë fue más genial parece siempre excluir a la menor, Anne. "Fue la menos talentosa de las tres (...) Es posible que nadie la recordara hoy, de no haber sido la hermana de Charlotte y Emily", consigna de forma lapidaria el Benet's Reader's Encyclopedia.~

18 noviembre, 2007

Cinco libros : Pedro Mairal

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Pedro Mairal:


Recomiendo:

El tomo de la poesía completa de Joaquín Giannuzzi

El tomo idem de Viel Temperley

El salmón, de Fabián Casas, reeditado por Mansalva

El tren casi fluvial, de Francisco Madariaga (es más difícil de encontrar)

La antología poética de César Mermet


Pedro Mairal (argentino) es autor del libro de cuentos Hoy temprano, de los libros de poesía Tigre como los pájaros y Consumidor final, y de las novelas Una noche con Sabrina Love (premio Clarín 1998) y El año del desierto.

Link a su sitio web: http://www.pedromairal.com.ar

Su blog: http://www.pedromairal.blogspot.com

16 noviembre, 2007

Más Paul Valéry


Ayer hablaba de la edición en castellano de los maravillosos cuadernos de Paul Valéry. Lo que sigue es una traducción que hiciera hace unos seis años, por puro placer, de algunos fragmentos.



Escribo aquí todas las ideas que me vienen. No es que las acepte. Este es su primer estado. Todavía un poco dormidas.


Hay días para los conjuntos y días para los detalles.


En lo que atañe al "pensamiento", las obras son falsificaciones porque eliminan lo provisorio y lo no-reiterable, lo instantáneo y la mezcla de impuro y puro, desorden y orden.


El rigor imaginativo es mi ley.


He comprendido una cosa cuando creo que podría haberla inventado. La sé totalmente cuando acabo por creer que soy yo quien la ha descubierto.


Existo para encontrar algo.


Mi vida no tiene nada de extraordinario. Pero mi modo de pensar la transforma.


Trabajo para alguien que vendrá después.


Hijo mío, te educaré bastante mal si soy incapaz de inculcarte unos preceptos que yo mismo no entiendo.


El único placer consiste en dar con resultados inesperados al cabo de un análisis riguroso.


Devoro con el pensamiento todo cuanto cuya esencia es el pensamiento. El resto se me escapa y no lo persigo.


No fui hecho para las novelas ni para los dramas. Sus grandes escenas, colores, pasiones, momentos trágicos, lejos de exaltarme, me llegan como pobres destellos, como estados rudimentarios donde todas las tonterías se manifiestasn, donde el ser se simplifica hasta la idiotez, y se ahoga en lugar de nadar en las circunstancias del agua.
No leo en el periódico ese sonado drama, ese hecho que hace palpitar los corazones. ¿Adónde me conduciría sino a la puerta de esos problemas abstractos donde ya me instalado por completo?


¡Qué difícil es pensar sin suspirar!


Me hace falta un alemán para que concluya mis ideas.


No siempre comparto mi opinión.


Mi trabajo es un trabajo de paciencia ejecutado por un impaciente.


Lo que me resulta difícil siempre me resulta nuevo.


Hace ya tiempo que los poemas no me interesan sino por sus artificios. No necesito emociones ajenas.


Yo no quiero convencer a nadie ni ser por nadie convencido.


Mi rasgo intelectual más constante y más marcado es el siguiente: todo cuando se me dice --todo cuanto leo se me aparece como si debiera ser traducido.~

(Traducción de Eduardo Berti)

15 noviembre, 2007

Los cuadernos de Valéry


Por fin se editaron en español los Cuadernos de Paul Valéry o, al menos, una selección de ellos. El diario El País de España publicó un artículo acerca del tema. Este un extracto del mismo:

Cuando Paul Valéry murió en París en 1945, su familia descubrió lo que tenía entre manos: 261 cuadernos. ¿Qué podían hacer? ¿Cómo enfrentarse a las miles y miles de anotaciones que contenían? El susto tuvo que ser tal que la opción inmediata fue hacer una edición facsimilar. Que todo salga tal cual. Entre 1957 y 1961, y con una discreta tirada de cinco centenares de ejemplares, se publicaron los cuadernos en 29 tomos. Sin tocar nada, como el autor los había dejado.

Se presentó en Madrid la primera traducción que se hace al español de esta singular aventura literaria. Cuadernos (1894-1945) (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) es una antología de más de 500 páginas que ha realizado Andrés Sánchez Robayna -y que ha traducido también él con Maryse Privat y Fátima Sainz- de la obra original de Paul Valéry (en Francia y en Alemania se han publicado los cuadernos completos y en Italia están en camino). ¿Qué hay ahí? Pues mucho y de lo más diverso, y con la contundencia y lucidez de una inteligencia que trabajaba en estado de máxima concentración y que pretendía ocuparse, tratar, pensarlo e imaginarlo todo.

Contó ayer Sánchez Robayna que, en vida, Valéry se planteó lo que podía hacer con lo que contenían sus cuadernos. "Empezó a pasar algunas anotaciones a máquina, pero al final lo dejó todo en manos de dos secretarias, que debían ocuparse de ordenar sus apuntes por temas". De hecho, la primera antología de los cuadernos que publicó Gallimard en 1981 se ordenó siguiendo ese criterio, que es también el que se ha utilizado ahora. Con leer el índice se comprende qué diablos hacía el autor de El cementerio marino a primeras horas del día, solo consigo mismo y arañando hoja tras hoja. Ego, Lenguaje, Filosofía, Sistema, Memoria, Tiempo, Sueño, Conciencia, Eros, Matemáticas, Ciencia, Poesía, Historia-Política... Por sólo citar unas cuantas áreas que centraron su interés.

He aquí unas cuantas cápsulas para ir haciendo boca: "Todo está predicho por el diccionario". "Pensar es esperar más o menos pasivamente". "El despertar da a los sueños una reputación que no se merecen". "El álgebra es la expresión reducida a los actos". "La mezcla de amor y mente es la bebida más embriagadora". "El poema es a la novela lo que el sonido es al ruido". "En una guerra moderna, si alguien mata a alguien, mata a su proveedor o a su cliente".

¿Qué son los cuadernos? Un taller de escritura, un diccionario intelectual, una enciclopedia íntima, un repertorio filosófico, la suma de un pensamiento libre. De todas esas maneras los definió Sánchez Robayna. Dijo que son creación, pero también reflexión sobre el proceso creativo y sobre el proceso mental. En sus páginas resuenan ecos de Pascal y Montaigne, "pero tienen mucho que ver con lo que hicieron Novalis y Leopardi, que fueron también poetas y pensadores y que escribieron también múltiples anotaciones sobre múltiples cuestiones", comentó.~

14 noviembre, 2007

Amar hasta fracasar

Algunos adjudican este texto a Rubén Darío (Ernesto Mejía Sánchez lo incluyó al final de su edición de los Cuentos completos de Darío). Otros sostienen que su verdadero autor fue quizás el guatemalteco Antonio José Irisarri (1786 -1868) y que Darío tan sólo lo ayudó a publicarlo en el periódico literario El Ensayo. Se sabe, en todo caso, que este audaz ejercicio de monovocalismo apareció en julio de 1880, mucho antes de que Perec escribiese Les revenentes o que León Gieco grabara su “Orozco”… Acá va la tan rara hazaña:



Trazada para la A

La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán asaz cabal, tal amaba Chactas a Atala.

Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas; mas nada alcanzaban. Casar trataban; mas hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.

La plaza, llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana; mas la mamá, llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata, para agarrar adahalas (1). ¡Bravas agallas! ¿Mas bastaba tal cábala?. Nada ¡ca! ¡nada basta a tajar la llamada aflamada!

Ana alzaba la cama al aclarar; Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah ráfagas claras bajadas a las almas arrastradas a amar!. Gratas pasan para apalambrarlas (2) más, para clavar la azagaya (3) al alma. ¡Ya nada habrá capaz a arrancarla!.

Pasaban las añadas (4). Acabada la marcada para dar Blas a Ana las sagradas arras, trataban hablar a Marta para afrancar (5) a Ana, hablar al abad, abastar saya, manta, sábanas, cama, alhajar casa ¡ca! ¡nada faltaba para andar al altar!

Mas la mañana marcada, trata Marta ¡mala andanza! pasar a Santa Clara al alba, para clamar a la santa adaptada al galán para Ana. Agarrada bajaba ya las gradas; mas ¡caramba! halla a Ana abrazada a Blas, cara a cara. ¡Ah! la a nada basta para trazar la zambra armada. Marta araña a Ana, tal arañan las gatas a las ratas; Blas la ampara; para parar las brazadas a Marta, agárrala la saya. Marta lanza las palabras más malas a más alta garganta. Al azar pasan atalayas, alarmadas a tal algazara, atalantadas a las palabras:

-¡Acá! ¡Acá! ¡Atrapad al canalla mata-damas! ¡Amarrad al rapaz!

Van a la casa: Blas arranca tablas a las gradas para lanzar a la armada; mas nada hará para tantas armas blancas. Clama, apalabra, aclara ¡vanas palabras! Nada alcanza. Amarran a Blas. Marta manda a Ana para Santa Clara; Blas va a la cabaña. ¡Ah! ¡Mañana fatal!

¡Bárbara Marta! Avara bajasa (6) al atrancar a Ana tras las barbacanas sagradas --algar (7 ) fatal para damas blandas--. ¿Trataba alcanzar paz a Ana? ¡Ca! ¡Asparla (8), alafagarla, matarla! Tal trataba la malvada Marta. Ana, cada alba, amaba más a Blas; cada alba más aflatada, aflacaba más. Blas, a la banda allá la mar, tras Casa Blanca, asayaba(9) a la par un gran mal; a la par balaba(10) allanar las barras para atacar la alfana (11), sacar la amada, hablarla, abrazarla...

Ha ya largas mañanas trama Blas la alcaldada: para tal, habla. Al rayar la alba al atalaya, da plata, saltan las barras, avanza a la playa. La lancha, ya aparada (12) pasa al galán a La Habana. ¡Ya la has amanada (13) gran Blas; ya vas a agarrar la aldaba para llamar a Ana! ¡Ah! ¡Avanza, galán, avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán ¡avanza, galán, avanza!

Mas para nada alcanzará la llamada: atafagarán (14) más la tapada, taparanla más. Aplaza la hazaña.

Blas la aplaza; para apartar malandanza, trata hablar a Ana para Ana nada más. Para tal alcanzar, canta a garganta baja:

La barca lanzada
allá al ancha mar
arrastra a La Habana
canalla rapaz.
Al tal, mata-damas
llamaban asaz,
mas jamás las mata,
las ha para amar.
Fallas las amarras
hará tal galán,
ca, brava alabarda
llaman a la mar.
Las alas, la aljaba,
la azagaya...¡Bah!
nada, nada basta
a tal batallar.
Ah, marcha, alma Atala
a dar grata paz,
a dar grata andanza
a Chactas acá.

Acabada la cantata Blas anda para acá, para allá, para nada alarmar al adra (15). Ana agradada a las palabras cantadas salta la cama. La dama la da al galán. Afanada llama a ña Blas, aya (16) parda. Ña Blasa, zampada a la larga, nada alcanza la tal llamada; para alzarla, Ana la jala las pasas. La aya habla, Ana la acalla; habla más; la da alhajas para ablandarla. Blasa las agarra. Blanda ya, para acabar, la parda da franca bajada a Ana para la sala magna. Ya allá, Ana zafa aldaba tras aldaba hasta dar a la plaza. Allá anda Blas. ¡Para, para, Blas!

Atrás va Ana. ¡Ya llama! ¡Avanza, galán avanza! Clama alas al alcatraz, patas al alazán. ¡Avanza, galán, avanza!

-¡Amada Ana!..

-¡Blas!...

-¡Ya jamás apartarán a Blas para Ana!

-¡Ah! ¡Jamás!

-¡Alma amada!

-¡Abraza a Ana hasta matarla!

-¡¡Abraza a Blas hasta lanzar la alma!!...

A la mañana tras la pasada, alzaba ancla para Málaga la fragata Atlas. La cámara daba lar para Blas, para Ana...

Faltaba ya nada para anclar; mas la mar brava, brava, lanza a la playa la fragata: la vara.

La mar trabaja las bandas: mas brava, arranca tablas al tajamar; nada basta a salvar la fragata. ¡Ah tantas almas lanzadas al mar, ya agarradas a tablas claman, ya nadan para ganar la playa! Blas nada para acá, para allá, para hallar a Ana, para salvarla. ¡Ah tantas brazadas, tan gran afán para nada, hállala, mas la halla ya matada! ¡¡¡Matada!!!... Al palpar tan gran mal nada bala ya, nada trata alcanzar. Abraza a la ama:

-¡Amar hasta fracasar! -clama...

Ambas almas abrazadas bajan a la nada (17). La mar traga a Ana, traga a Blas, traga más...¡Ca! ya Ana hablaba a Blas para pañal, para fajas, para zarandajas. ¡Mamá, ya, acababa Ana. Papá, ya, acababa Blas!...

Nada habla La Habana para sacar a la plaza a Marta, tras las pasadas; mas la palma canta hartas hazañas para cardarla la lana.~


NOTAS:
1. Adahalas, lo mismo que adehalas.
2. Apalambrar, incendiar.
3. Azagaya, dardo.
4. Añadas, el tiempo de un año.
5. Afrancar, dar libertad, licencia.
6. Bajasa, mujer mala (El Diccionario de la Academia no la trae).
7. Algar, caverna o cueva.
8. Aspar, atormentar.
9. Asayar, experimentar.
10. Balar, desear ardientemente.
11. Alfana, iglesia. Voz de la germanía.
12. Aparar, preparar.
13. Amanar, poner a la mano. Ya la tienes a mano
14. Atafagar, fatigar, sofocar.
15. Adra, porción de un barrio, barriada.
16. Aya, se dice vulgarmente de las criadas de razón.
17. Almas por cuerpos, Dios me libre de la impiedad.

13 noviembre, 2007

Los sueños según Lichtenberg


Los sueños nos enfrentan a menudo a situaciones y acontecimientos en los que, en estado de vigilia, difícilmente hubiéramos podido ser involucrados; o bien nos hacen sentir inconvenientes que quizás hubiéramos despreciado por pequeños y remotos y en los cuales, precisamente por eso, nos hubiéramos visto implicados con el tiempo. De ahí que, a menudo, un sueño modifique nuestra decisión y afiance nuestro fundamento moral mejor que todas las doctrinas que llegan al corazón dando un rodeo.~



Tomado de Aforismos de Georg Christoph Lichtenberg, 1742-1799. (Edhasa, Barcelona, 1990). Traducción de Juan del Solar.

12 noviembre, 2007

La tortuga y Aquiles



Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.~

Augusto Monterroso (1921-2003)

11 noviembre, 2007

Natsume Sôseki

Por Eduardo Berti

Tras la edición en la Argentina de algunos textos centrales de las letras japonesas (El libro de la almohada, de Sei Shonagon, o Cerezos en tinieblas, de Iguchi Ichiyo), tras la exhaustiva recuperación de la obra del premio Nobel 1968, Yasunari Kawabata, parece llegarle ahora el merecido turno a Natsume Sôseki, padre de la literatura japonesa del siglo XX.


La vida de Sôseki (1867-1916) coincidió con el período Meiji que, de 1868 a 1912, marcó la caída del régimen despótico en el Japón y la definitiva modernización del país. Nacido en la ciudad de Edo (un año más tarde rebautizada Tokio), Sôseki estudió de 1900 a 1902 en Londres y, de regreso, se volcó por un tiempo a la docencia, en Matsuyama y en la Universidad de Tokio donde sucedió a Lafcadio Hearn en la cátedra de literatura inglesa. Esa actividad inspiró una de sus novelas más populares (Botchan), pero su mayor éxito en vida lo obtuvo en 1905 con Yo, el gato (existe traducción al español), novela satírica narrada a través de los ojos del gato de un profesor de inglés.

Aunque estas novelas estaban dotadas de vitalidad, Sôseki fue tendiendo con los años a libros más rememorativos o meditativos. No hay que pensar en una obra de la vejez (vivió apenas 49 años), sino acaso, como se ha insinuado, en una personalidad depresiva. En su magnífico Garasudo no uchi, suerte de testamento escrito en 1915, Sôseki consignó el episodio más traumático de su vida: cuando supo quiénes eran sus verdaderos padres. Como él era “lo que se llama un último retoño” y como a su madre “le daba vergüenza haber quedado embarazada a su edad”, pasó un tiempo al cuidado de una nodriza y luego fue dado a una familia adoptiva, un matrimonio pobre que vivía de la venta de muebles viejos. Un día, su hermana pasó por el negocio de éstos, lo raptó y lo llevó de regreso a su hogar. “No sé cuánto tiempo viví convencido de que mis padres eran mis abuelos. Hasta que una noche ocurrió algo curioso. Mientras dormía a solas en el salón, oí que una voz susurraba mi nombre. (…) Era la empleada doméstica de casa. En medio de la penumbra, murmuraba: ‘Los que tomas por tus abuelos son, en verdad, tus verdaderos padres’“.

Kusamakura (“Almohada de hierbas”), publicado originalmente en 1906 y ahora traducido por Amalia Sato, se vincula con la segunda etapa de Sôseki, lo mismo que el libro donde apuntó sus sueños o los Pequeños cuentos de primavera (1909), hechos de minúsculos detalles. “Según el autor era una novela haiku –una novela con un propósito ante todo estético-, modalidad en la que no volvió a incursionar”, explica Sato en un prólogo que descibre con justeza esta novela: “El protagonista se mantiene inmóvil mientras los acontecimientos se van sucediendo alrededor, con una oscilación entre el ejercicio del comentario artístico y la historia de misterio”. El protagonista, un pintor de inclinaciones poéticas que anhela “apartarse del mundo”, viaja a un recóndito pueblo donde hay aguas termales. Si se compara con Mont Oriol, de Maupassant, novela donde el descubrimiento de un manantial de aguas termales permite la pintura de una multitud de personajes, en este caso la atmósfera dista de toda mundanidad. Al contrario, el personaje femenino que cautiva al narrador es casi fantasmal. Y los tramos reflexivos, los recuerdos o las digresiones líricas son tan importantes como la delgada trama.

A diferencia de tantos escritores que posan de pensadores, Sôseki lo es de forma genuina, sin que ello lo debilite como narrador. Abundan aquí las ideas estéticas (“un artista es una persona que vive en el triángulo que queda luego de que el ángulo que denominamos sentido común ha sido retirado de este mundo con cuatro esquinas”) , pero también las opiniones sobre la ceremonia del té (“revoltijo de reglas triviales”) o sobre los ferrocarriles, entendidos como el símbolo del siglo XX y de “los peligros que abundan en la moderna civilización”. La primera frase de Kusamakura es significativa: “Mientras subía el sendero de montaña, me puse a pensar”; es decir, acción y pensamiento por partes iguales. Algo análogo se detecta si se toman, a grandes rasgos, los capítulos iniciales. El primero abre con siete párrafos netamente reflexivos, a los que siguen siete párrafos narrativos, tres reflexivos, uno narrativo y cinco reflexivos. En el segundo capítulo hay cinco poemas intercalados. El autor no sólo logra este equilibrio con lirismo y profundidad, sino que, en más de un pasaje, parece aludir de manera autoconciente a su procedimiento. De este modo, al menos, pueden leer las menciones al Tristram Shandy de Sterne (novela a la que Sôseki le consagrara un largo ensayo) o, más aún, las teorías de la lectura del narrador que, en vez de leer “desde el principio hasta el fin”, escoje al azar algunas partes, despreciando el argumento.

Hablando de la escultura en la antigua Grecia, Sôseki afirma, por medio de su narrador, que su ideal podía resumirse como una especie de energía en reposo. “¿Movimiento o reposo? Esta pregunta candente domina el destino de los artistas”, puede leerse. Movimiento o reposo es, precisamente, una de las tensiones fundamentales de este libro que, entre novela (movimiento) y haiku (estampa quieta), indaga la fugacidad de las cosas, hace del viaje una metáfora de la búsqueda y medita sobre la imposibilidad o los riesgos de escapar de la realidad.~

09 noviembre, 2007

Cinco libros: Fernando Sorrentino

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Fernando Sorrentino:


Eduardo: Me pedís cinco pero elijo seis. El único criterio que tengo es el grado de placer que me produjo la lectura de estos libros, y que me ha impulsado a releerlos:


El proceso, de Franz Kafka (la novela más hermosa del mundo).

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (fiesta de ternura y de juego).

El Aleph, de Jorge Luis Borges (¡qué maravilla!).

Martín Fierro, de José Hernández (texto inagotable: en cada relectura encuentro nuevos matices y sutilezas).

Rosaura a las diez, de Marco Denevi (mecanismo de relojería, sí, pero pleno de vida).

David Copperfield
, de Charles Dickens (¡ah, esas peripecias, esas vivencias encantadoras!)


Estos seis libros acudieron espontáneamente. Pero, un instante más tarde, llegan otros queridos amigos, que bien pudieron haber llegado antes: Lazarillo de Tormes, Don Casmurro (Machado de Assis), La isla del tesoro (Stevenson), Las minas del rey Salomón (Haggard), Grandes esperanzas (Dickens), Final del juego (Cortázar), Un pequeño café (Denevi), Nueve cuentos (Salinger), Crimen y castigo (Dostoievski)… En fin: estas listas son siempre heterogéneas, caóticas y, sobre todo, provisionales. A menudo dependen del azaroso momento en que el encuestado recibe la pregunta.~


Fernando Sorrentino (argentino) es autor de la novela Sanitarios centenarios, de varios libros de cuentos (Imperios y servidumbres, El mejor de los mundos posibles, El rigor de las desdichas, Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza, El regreso y otros cuentos inquietantes, entre varios títulos) y de un libro de conversaciones con Jorge Luis Borges.