03 diciembre, 2017

Escribir según Arthur Conan Doyle



 
Siempre he creído que caer en la rutina supone la ruina de un novelista. El público obtiene lo que desea y, al insistir en que el escritor le dé más, hace a este repetirse hasta perder la frescura. Luego el público le da la espalda diciendo: "Tiene una única idea y solo sabe escribir una clase de historia". El resultado es que ese escritor termina encasillado porque, seguramente, para entonces ya he perdido la capacidad de hacer algo nuevo.


Un estilista realmente bueno responde a la descripción que Beau Brummell daba de un hombre bien vestido: alguien que viste tan adecuadamente que nadie se fija en él. En cuanto empieza a llamarte la atención el estilo de alguien, lo más probable es que no sea tan bueno. Es una mancha en el cristal, una distracción para el lector, cuya atención se desvía del contenido hacia la forma, del tema tratado por el autor hacia el propio autor...


La gran literatura no se puede enseñar. Escapa al contral de toda ley humana. Pero puede enseñarse el estilo y puede ampliarse el vocabulario (...) Hay que aprender a emplear las palabras. Cuando descubran una palabra nueva, no la dejen escapar, consérvenla y úsenla con moderación. Los isabelinos y Stevenson sabían cómo sacar el mejor partido a un vocabulario extenso, tenían la habilidad para emplear palabras infrecuentes pero que transmitían con exactitud lo que querían expresar. Un ejemplo es cómo describió el embajador escocés a la reina Isabel cuando la vio bailar; dijo de ella que "bailaba altiva y entregada".


Arthur CONAN DOYLE
Mis libros (ensayos sobre lectura y escrtitura), traducción de Jon Bilbao
Editorial Páginas de Espuma