31 diciembre, 2011

2012



Mis mejores deseos para todos los lectores de bertigo y que tengamos un 2012 lleno de buenas cosas.

Aquí les copio el mensaje de felicidades que enviamos este fin de año con la gente de la editorial La Compañía para que los libros sean otra forma de decirle a alguien cuánto lo queremos.

Desde 2008, cada vez que se acerca fin de año, una época que se vive en forma muy especial, buscamos respuestas a la pregunta “¿por qué regalar libros?”.

Nos gusta regalar libros y saber que los de La Compañía, por lo que nos dicen, garantizan un buen regalo. Sin embargo, siempre es interesante la pregunta.

Este año, tomamos algunas posibles respuestas de diversos autores:

· Porque “una casa sin libros es como un cuerpo sin alma” (Cicerón).

· Porque “leer es siempre un gran placer y, al mismo tiempo, un ejercicio de concentración, de reflexión y de conexión con el mundo” (Juan José Saer).

· Porque “un libro es un jardín que se lleva en el bolsillo” (proverbio árabe).

· Porque “cuando se relee un clásico no se encuentra en ese libro más de lo que había antes; se encuentra en uno mismo más de lo que había antes” (Clifton Fadiman).

· Porque “leer es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y aún nadie sabe que será” (Italo Calvino).

Les deseamos felices fiestas y un muy buen 2012.


28 diciembre, 2011

El asesino de Pushkin

PUSHKIN


Alexander Pushkin llevaba seis años casado con Natalya Goncharova, era padre de cuatro hijos, acababa de escribir La hija del capitán y empezaba a tener complicaciones de salud, cuando resolvió retar a duelo al barón Georges-Charles D'Anthès, un alsaciano residente en Rusia desde hacía tres años. Varios biógrafos de Pushkin (entre ellos Henri Troyat) sugieren que D'Anthès había intentado seducir a la mujer de Pushkin antes de casarse con la hermana de ésta, Ekaterina Goncharova. Pero el motivo oficial del duelo fue una carta insultante que Pushkin le enviara al embajador holandés, el barón Heeckeren, padre adoptivo de D'Anthès.

El duelo se celebró el 27 de enero de 1837. Herido de muerte, Pushkin murió dos días más tarde. En cuanto a D'Anthès, fue expulsado de Rusia el 19 de marzo siguiente, enviudó al tiempo de Ekaterina, vivió repartido entre París y Soultz (su pueblo de origen) y murió a los 83 años, en 1895. Alguien que alcanzó a verlo, ya bastante avejentado, cerca de su casa parisina de la avenida Montaigne, supo describirlo como "un viejo majestuoso, de aire soberbio y solitario".

D'Anthès murió en Soultz y fue enterrado al lado de Ekaterina. En El territorio del hombre, uno de sus magníficos diarios de aforismos y textos breves, Elias Canetti apunta una supuesta anécdota verídica, toda una posdata para la muerte de Pushkin: "Eschbach, que era presidente del tribunal de comercio de Estraburgo, le contó a mi amiga Madeleine C. que en su juventud visitó a un anciano que vivía en un castillo de Suiza. Este hombre, que tenía el espíritu ya un tanto confuso, le dijo un día: 'En mi juventud, cuando estaba en Rusia, maté a alguien en un duelo. Pero ya no me acuerdo quién era'. Era Pushkin".


27 diciembre, 2011

Fantasmas de la China soñada


Entrevista de Martín Lojo en ADN/Nación acerca de mi novela El país imaginado:

El Oriente suele seducir a los novelistas argentinos más enemistados con el realismo, ansiosos por huir de la imaginación local: ahí están, por ejemplo, Una novela china (1987) de César Aira, La mujer en la muralla (1990) de Alberto Laiseca o La perla del emperador (1990) de Daniel Guebel. Pero como el artificio literario exige que aun los hechos más naturales deban ser soñados, el exotismo es un viaje a las antípodas para volverse extranjero y poder mirarse como tal a sí mismo, porque, como afirma Aira, "para que la realidad revele lo real, debe hacerse ficción". Eduardo Berti es consciente de estas sutilezas de la distancia cuando emprende su viaje a la China de comienzos del siglo XX en El país imaginado , novela ganadora del premio Emecé 2011. Es por eso que en su relato las costumbres más extrañas se leen con naturalidad. Son acordes que armonizan la educación sentimental de Ling, una adolescente que encuentra en su amor por Xiaomei, la hija de un pajarero ciego, un mundo imaginario para refugiarse de las duras reglas que le impone su familia tradicionalista y supersticiosa.

"Durante mucho tiempo leí literatura china sin pensar que iba a escribir esta novela. Por gusto personal y porque estuve investigando la micronarrativa, que existe allí desde el año 300 de nuestra era. También me interesé en los cuentos orientales de fantasmas. Eso coincidió con que mi mujer, fanática de los idiomas, se puso a estudiar la lengua, e hicimos un viaje a China en 2004. La curiosidad me llevó a documentarme en libros de historia, tradiciones, usos y costumbres. Encontré algunas interesantes, como el nu-shu , la escritura secreta de las mujeres, y la práctica de los casamientos entre vivos y muertos. A partir de estos hallazgos surgió una historia. Cuando tomó forma la voz de la narradora, sentí que la novela pedía ser escrita. Podría haberla contado en tercera persona, pero se impuso la voz de Ling, algo nuevo para mí, porque es mi primera novela narrada en primera persona clásica. Aunque era consciente del lío en el que me metía, nunca dudé de que transcurriría en China. Me documenté, pero no es una novela histórica. No es la China real, ni un país totalmente imaginario, es algo creado con mucha libertad a partir de cosas reales.

-En la literatura argentina, no es muy habitual encontrar buenos personajes femeninos escritos por hombres. ¿Cómo lograste la voz de una adolescente?

-Siempre me asombraron esas canciones de Chico Buarque en primera persona femenina. Cuando le preguntan, dice que le salen así. Yo tampoco sé cómo lo hice. Lo puedo pensar al revés, sentí que funcionaba y por eso seguí. Me causó gracia que los miembros del jurado del concurso de Emecé estuvieran convencidos de que el autor era una mujer. Pensé que iba a ser un trabajo duro, así que no sé por qué se dio con tanta naturalidad. Mientras escribía, recordé que William Goyen decía que escribir era saber escuchar. También Tabucchi decía que algunas novelas las había escrito siguiendo la voz que aparecía. No creo en la idea mística de una voz que te dicta, como un fantasma, pero sí sentí que se había formado una voz que tenía que escuchar.

-La novela está plagada de fantasmas imaginarios y reales, pero sólo toma la palabra la abuela de la narradora, que le habla en los sueños antes de cada capítulo. ¿Por qué dejaste abierta esa puerta a lo fantástico?

-Desde el comienzo quise contar los sueños de la joven. En los primeros borradores los narraba ella, pero así como sentía real su voz en el resto de la novela, en los sueños no me convencía. Entonces crucé una frontera más: Ling narra la China que yo invento y la abuela narra el otro país imaginado, el de los sueños. Empezó a funcionar como un juego de espejos, sobre todo cuando escribí que el verdadero sueño lo recuerda el soñado y quien sueña sólo recuerda imágenes falsas. Los sueños son una válvula de escape ante una sociedad muy rígida, con tradiciones firmes durante siglos. A pesar de que en ese momento empiezan a desmoronarse.

-¿Por qué elegiste situar la novela a principios de los años treinta?

-Me gustan los momentos en los que las tradiciones férreas conviven con un sentimiento de ruptura grande. Ese momento histórico de China es poco conocido. Cuando estuve en Shanghái me dejó mudo la "modernidad vieja": la industria cinematográfica, los hoteles art decó y art nouveau de los años treinta, que no responden a nuestro estereotipo de "lo chino". Incorporé cosas como un automóvil o el cine para generar esa tensión entre dos épocas y para que la rebeldía de Ling fuera más verosímil.

Enlace original con la versión completa de la entrevista:
http://www.lanacion.com.ar/1434539-fantasmas-de-la-china-sonada

23 diciembre, 2011

El orden de las palabras

Estatua de DEMETRIO a la entrada de la actual Biblioteca de Alejandría


Las palabras hay que ordenarlas del modo siguiente. En primer lugar se colocarán las que no sean especialmente vivas, en segundo y último lugar las que sean evidentemente vivas. De esta manera escucharemos lo primero como vivo y lo sigue como más vivo aún. Si no, parecerá que hemos perdido fuerza y como si hubiéramos caído de la fuerza a la debilidad.

Un ejemplo de lo anterior se encuentra en este pasaje de Platón: "Cuando un hombre se da a la música y deja que su alma se vea inundada a través de sus oídos". Aquí la segunda expresión es mucho más brillante que la primera.

Y más adelante dice: "Cuando no deja de entregarse a ese hechizo, sino que queda encantado, después de esto se derretirá y consumirá".

La palabra "consumirá" es más expresiva que la palabra "derretirá" y está más cerca de la poesía. Si hubiera puesto el segundo verbo delante, la adición de "derretirá" hubiese parecido más débil.


Demetrio de Falero (350 a.C. - 282 a.C. ), Sobre el estilo
Tomado de Demetrio / Longino: Sobre el estilo / Sobre lo sublime. Introducción, traducción y notas de J. García López. Madrid, editorial Gredos, 1996. Página 46.

22 diciembre, 2011

Cuento de Navidad

Roland TOPOR


Un cuento de Navidad escrito por Roland Topor:


Mientras esperaba, escondido detrás de un sillón, al pequeño Henry le latía el corazón muy aprisa. Eran las doce de la noche menos tres minutos. Muy pronto podría sorprender a Papá Noel y arrancarle, a fuerza de súplicas, el vagón correo que faltaba a su tren eléctrico.

Cuando se desgranaron las doce campanadas de la medianoche, trocitos de hollín empezaron a caer en los zapatos que el pequeño Henry había puesto debajo de la chimenea.

Después fue Papá Noel en persona quien hizo su aparición, con su bonito traje rojo manchado de hollín.

- ¡Buf! -hizo, y con voz de falsete y ceceando-: ¡Me he enzuziado todo!

Cuando se dio cuenta de la presencia de Henry, batió palmas.

- ¡Oh! ¡El maravilloso nenito! ¡Hola muchacho!

- Hola, Papá Noel...

El pequeño Henry estaba asombrado. No era así como imaginaba a Papá Noel. Este era joven y más bien amanerado.

- Ven a zentarte en miz rodillitaz... Te daré caramelos.

Papá Noel se había sentado en el reborde de la chimenea. Henry se apresuró a obedecer. Los caramelos estaban muy buenos, y las caricias que los acompañaron dulces, muy dulces...

- ¿Dónde ez
tán tuz papáz? -preguntó Papá Noel con voz insidiosa.

- Mamá está en la montaña y papá duerme en su habitación -dijo seriamente el pequeño Henry.

- ¡Muy bien! Entoncez voy a zaludar a tu papá. Acueztate y zé bueno.

A paso de lobo, el hombre de rojo se deslizo en la habitación del papá de Henry.

Sin hacer ruido, se sacó sus grandes botas y se metió en la cama.

El padre, dormido, balbuceó:

- ¿Quién está ahí?

- Zoy Papá Noel -dijo Papá Noel. Y lo sodomizó.

20 diciembre, 2011

Huesos


Por Isabel Mellado


Los pájaros esparcen el cielo.


Lagos: océanos jubilados.


Todo el tiempo pasado fue presente.


Si el mar fuese dulce, los tiburones tendrían caries.


La parte final del libro El perro que comía silencio, de la escritora y violinista chilena Isabel Mellado, se llama "Huesos" y consiste en una larga serie de aforismos entre poéticos y humorísticos; o sea, muy en la línea de las greguerías de Gómez de la Serna.

19 diciembre, 2011

Libros del año


Ilustración original publicada en ADN/Nación


El suplemento ADN, del diario La Nación (Argentina), incluye mi novela El país imaginado entre los libros del año 2011 y dice:

En esta novela de aprendizaje, ganadora del premio Emecé 2011, Eduardo Berti crea uno de los personajes femeninos más sutiles de la literatura argentina. En la China de principios del siglo XX, un mundo que se debate entre los fantasmas de la tradición y el cataclismo de la modernidad, una adolescente se inicia en los secretos y las trampas del amor, y descubre el modo de encontrar su libertad pese al yugo de las reglas sociales.

La redacción de ADN elaboró una lista con los libros más destacados según su criterio (ver lista completa, aquí) y también le pidió a una serie de escritores que dijeran cuáles fueron sus lecturas favoritas a lo largo de este año. Esto es lo que escribí yo:

Por culpa de gratas relecturas y hallazgos tardíos ( El hombre invisible de Ellison, Todas las mañanas del mundo de Quignard, Elogio de la mentira de Patrícia Melo, la obra de Barbara Pym), leí este año menos novedades, pero festejé que se republicaran las deliciosas Nouvelles en trois lignes de Felix Fénéon y las Estelas de Victor Segalen, que se diera a conocer el Juego de cartas de Max Aub (historia contada en 108 naipes), que Ana María Shua presentara sus Fenómenos de circo y que se tradujese El arte de no decir la verdad de Adam Soboczynski. Cinco libros singulares y cautivantes.

De las últimas novelas destaco No hablemos más de amor, donde Hervé Le Tellier cuenta la historia de dos triángulos amorosos con una asombrosa precisión formal que traiciona su formación como matemático pero, a la vez, no atenta contra la emoción ni la inteligencia. También me ha atrapado la novela corta Tres luces, de la irlandesa Claire Keegan. Y Amour (que leí en francés) de la noruega Hanne Orstavik.

De los ensayos literarios me quedo con Cómo leer un poema, del siempre estimulante Terry Eagleton (en rigor, es de fines de 2010) y Escribir ficción, de Edith Wharton, textos sobre la escritura nunca antes traducidos al español y con sabias páginas sobre las diferencias entre el cuento y la novela; según Wharton, la situación es la preocupación principal del cuentista y el personaje es la del novelista. Un tema se expresa mejor en una novela que en un relato cuando se busca "el despliegue gradual de la vida interior de sus personajes" y cuando se desea "provocar en la mente del lector la sensación de transcurso del tiempo".

18 diciembre, 2011

El hotel eléctrico

Segundo de CHOMóN


El hotel eléctrico, cortometraje de 1908 realizado por Segundo de Chomón, pionero del cine fantástico.



más información, aquí y aquí

16 diciembre, 2011

Cinco libros: Fernando Iwasaki


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Fernando Iwasaki:


Eduardo querido, si los libros que deseas que recomiende pueden ser de cualquier año y de cualquier género, voy a tomarme tu invitación como una suerte de testamento; es decir, qué libros recomendaría leer si estas fueran mis últimas palabras y los nietos que todavía no tengo pudieran leerlas dentro de varios años.

Quiero pensar que cada libro, a su vez, los llevaría a otros y así sucesivamente:

La Odisea de Homero, para que sigan leyendo sobre viajes
Nuestros antepasados de Italo Calvino, para que continúen leyendo historias fantásticas
La Cartuja de Parma de Stendhal, para que lean después a Tolstoi
Moby Dick de Herman Melville, para que no dejen de perseguir ballenas blancas
El libro de arena de Borges, para que siempre lean a Borges

Y ya podría morir en paz.
Un abrazo grande,
Fernando

Fernando Iwasaki (Lima, 1961): Es autor de las novelas Neguijón (2005) y Libro de mal amor (2001); de los ensayos Nabokovia Peruviana (2011), Arte de introducir (2011), rePUBLICANOS (2008), Mi poncho es un kimono flamenco (2005) y El Descubrimiento de España (1996); de las crónicas reunidas en Sevilla, sin mapa (2010), La caja de pan duro (2000) y El sentimiento trágico de la Liga (1995), y de los libros de relatos España, aparta de mí estos premios (2009), Helarte de amar (2006), Ajuar funerario (2004), Un milagro informal (2003), Inquisiciones Peruanas (1994), A Troya Helena (1993) y Tres noches de corbata (1987), entre más de veinte títulos. Ha dirigido la revista literaria Renacimiento de 1996 a 2010.

www.fernandoiwasaki.com

http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/iwasaki

www.facebook.com/pages/Fernando-Iwasaki/113091325437309

15 diciembre, 2011

Arriba y abajo

Embarcamos en el Mediterráneo. Es tan bellamente azul que uno no sabe cuál es el cielo y cuál el mar, por lo que en todas partes de la costa y de los barcos hay letreros que indican dónde esa arriba y dónde abajo; de otro modo uno puede confundirse. Para no ir más lejos, el otro día, nos contó el capitán, un barco se equivocó y, en lugar de seguir por el mar, la emprendió por el cielo; y como se sabe que el cielo es infinito no ha regresado aún y nadie sabe dónde está.

"Equivocación", de Karel Capek.


Incluido en la Microantología del Microrrelato III, donde la gente de Ediciones Irreventes ha tenido la amabilidad de incluir un breve cuento de mi autoría al lado de, por ejemplo, textos de escritores como Daniil Jarms, Jules Renard, Ambrose Bierce o Ariel Dorfman, además de varios autores menos conocidos.

14 diciembre, 2011

Barbies y compañía


Cayó en las vidas de las niñas nacidas a comienzos de los años cincuenta sorprendiéndolas en el inicio de la adolescencia. Niñas que habían visto Lo que el viento se llevó o las películas de Marlene Dietrich y se debatían entre dos alternativas: seguir el modelo materno o convertirse en aventureras seductoras. Barbie era bella, rica, independiente. Poseía objetos, vestidos y al menos un hombre, Ken, su novio. Y una serie de amigos. Seguramente tenía una profesión moderna: modelo publicitaria, periodista o actriz de cine. Su guardarropa revelaba viajes, responsabilidades, veladas elegantes. Comprarle un nuevo vestido a la Barbie con la cuota semanal era ganarse un adelanto de futura autonomía, una especie de ensayo general, una idea de futuro. Barbie no era una muñeca, era una aspiración.



Llega la edición española del Catálogo de juguetes, de Sandra Petrignani, con traducción de Guillermo Piro y posfacio de Giorgio Manganelli.

Más información:
http://paginasdeespuma.com/autores/sandra-petrignani/

13 diciembre, 2011

Tradición, familia y libertad



Fragmento de una larga entrevista publicada el viernes pasado en el diario Página/12, de Argentina:

Por Silvina Friera

El apego a las tradiciones, a ciertos ritos y creencias, no es monopolio de China. Eduardo Berti escribía El país imaginado, novela ganadora del Premio Emecé, cuando la voz de una joven china de 14 años parecía que le dictaba una historia en la que el futuro de ella y su hermano, apenas tres años mayor, estaba concertado de antemano por la familia. El matrimonio arreglado, bodas con vivos o con difuntos, era el único destino posible para esos adolescentes de la década del ’30 del siglo pasado, que no podían elegir ni opinar sobre los candidatos.

El asombro ante el experimento narrativo –otra época, otro país, otra edad, otro sexo– fue menguando a la sombra de un recuerdo. Una emoción confinada en las páginas amarillentas de la experiencia pasada regresó. El también desafío de los códigos de lo esperado. “Cuando decidí que quería escribir, tanto ficción como periodismo, y se lo anuncié a mis viejos, hubo una gran resistencia y pelea –cuenta el escritor–. El discurso de ellos era más o menos así: ‘Si a vos te da la cabeza para un título universitario, ¿por qué te vas a dedicar a otra cosa?’. Yo agradecí que tuvieran tanta confianza en mi cabeza, pero estábamos hablando de lo que yo quería hacer. No fue tan dramático; pero en su momento lo viví como si se me acabara el mundo.” El hijo, convencido de que debía ganar esa pulseada, le retrucó a su padre: “Si en cinco años no estoy haciendo periodismo, si no estoy escribiendo y ganándome la vida, dame una patada”. Cuando se cumplió el plazo, estaba trabajando desde hacía tres años en Página/12. La ficción llegaría después. “Sabía que tenía mucho por aprender y vivir, algo que aún siento”, dice Berti.

La adolescente narradora de la última novela de Berti, que a raíz de un malentendido se llamará Ling, tiene una familia muy supersticiosa. La muerte de la abuela –con quien la protagonista dialogará en sueños– recrudece las férreas costumbres, especialmente en el padre, que desea casar al hermano de la narradora con la mayor de las hijas de Gu Xiaogang, un funcionario con reputación de poeta con mayor prestigio social. Aunque esa boda no se concretará, casar al hermano de Ling se convertirá en la obsesión familiar. Ella, que no tendrá escapatoria a la sujeción filial, cree que la chica de los sueños para su hermano es Xiaomei, la hija del ciego que vende toda clase de pájaros en el mercado, “la criatura más deliciosa que yo hubiese visto en mi vida”, pondera la hermosura de esa muchacha que se parece a la actriz Ruan Lingyu. Sin importarle la diferencia de clase, aunque consciente de ese abismo, la protagonista cultivará un vínculo con Xiaomei, apuntalado por la fascinación que ejerce ese modelo de belleza a imitar y un sentimiento que se desliza por el umbral del amor. Xiaomei será quien rebautizará a la narradora como Ling por error. Y recibirá un legado de su amiga. Continuando y alterando la cadena que empezó con la abuela de su abuela, Ling le enseñará a Xiaomei el nu-shu, el idioma secreto de las mujeres, unos signos que bordaban en sus pañuelos para poder comunicarse y que conformaban un sutil sistema de escritura. En esta extraordinaria novela de Berti, el nu-shu es también el idioma de la amistad.

El escritor admite que El país imaginado es “muy diferente” a novelas como Todos los Funes y La sombra del púgil. “Esta es la primera vez que escribo en primera persona, las demás eran en tercera o en una primera colectiva, plural, rara. Pero aun siendo distinta, la siento más próxima tal vez a La mujer de Wakefield. Cuando encontré la voz de ella, me pasó como pocas veces que sentí que el personaje se me instalaba y me dictaba. No quiero que suene místico, pero simplemente tenía que saber escuchar. No es que había un ‘dictado divino’; pero esa voz tan fuerte se iba apoderando de lo que escribía.”

–Tiene algo de hechizante esa voz, un embrujo muy especial.

–Sí, hay algo de embrujo, de hechizo; de hecho es una voz que voy a extrañar. Me pasa también leyendo libros de otros que descubro que hay voces que al autor le cuesta abandonar. Al principio, cuando terminé la novela y me puse a escribir otras cosas, extrañaba mucho esa voz.

–¿Cómo fue el trabajo con la estructura de la novela, que en una parte combina la voz de Ling que no se llama Ling más la del fantasma de la abuela?

–Me gustó narrarlo del otro lado y romper. Al principio había escrito dos sueños contados por ella, pero no reconocía esa voz. Así como esa voz que había encontrado, Ling, que no se llama Ling, me dictaba su historia, sentía que los sueños los estaba escribiendo yo. Hasta que de pronto tuve la idea de hacerlo al revés y me pareció que se llevaba bien con el momento en que la abuela le dice que el soñado tiene otro registro más fuerte que el que soñó. Si se invierte esta lógica, este lugar común de los sueños, por qué no puedo invertir algo en cuanto a cómo se narra. Con eso intuí que estaba bueno hacerlo al revés.

–¿Se preserva esa insólita tradición, que parece ficción, de casarse con un muerto?

–Algunos me dijeron que no existe más; otros, que sólo se mantiene en lugares perdidos. Existió, fue muy fuerte, pero en la época de Mao se convirtieron muchas supersticiones, tradiciones y religiones. Cuando me enteré, leyendo un libro de tradiciones chinas, no lo podía creer. Esta tradición parece inventada, pero es real. Tenía mucho que ver con lo económico, con alianzas de familia.

–En la novela, lo increíble es que se genera un dilema porque no saben si el hermano de Ling se puede volver a casar o no, después del matrimonio con una difunta...

–Eso también lo pregunté, pero no conseguí que se pusieran de acuerdo (risas). Mis conocidos chinos me decían que no había tanto material. China es enorme, es difícil hablar de China como una sola cosa. Cuando le preguntás a alguien de Pekín si es cierto que en China ocurre tal cosa, te contesta: “En Pekín no, pero seguramente en otra región sí”. O te dice que en Pekín ocurre de tal modo, a doscientos kilómetros de otro y más al norte de otra manera. Cuando pregunté por lo del casamiento, me decían que era muy distinto según la región; pero había una tradición general que era parecida.

Sigue acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-23773-2011-12-09.html

Dos recuadros:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/23773-6398-2011-12-09.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/23773-6399-2011-12-09.html

12 diciembre, 2011

La víctima de la broma


Se paga a un hombre para que aconseje a los lectores de un periódico. Ese trabajo se considera sólo un truco para vender más ejemplares y todos los empleados lo toman a broma. Al redactor le parece bien el trabajo porque puede conducirle a la sección de notas de sociedad, y de todas formas está cansado de ser un protegido. También a él le parece que su trabajo es una broma, pero después de algunos meses de hacerlo, la broma empieza a escapársele. Se da cuenta de que la mayoría de las cartas son súplicas de consejo moral y espiritual profundamente humildes, que son expresiones confusas de sufrimientos auténticos. También descubre que los que le escriben le toman en serio. Por primera vez en su vida se ve forzado a examinar los valores según los que vive. Y este examen le demuestra que él es la víctima de la broma y no su autor.

Nathanael West, Miss Lonelyhearts (traducción de Bernardo Fernández)

10 diciembre, 2011

La culpa


Ya conocemos la historia del capitán al mando del avión de observación meteorológica que volaba delante del B-29 cargado con la bomba atómica. Le detuvieron en Texas doce años después de aquel día por asaltar una oficina de correos. Se declaró no culpable argumentando perturbación mental. Un psiquiatra de la Administración de Veteranos de los Estados Unidos testificó que sus problemas mentales se derivaban del sentimiento de cupabilidad que le causaba haber participado en el bombardeo atómico de Hiroshima. Pese a haber asaltado dos oficinas de correos, el jurado no lo halló culpable. Le eximieron y eso demuestra que la humanidad entera comparte un sentimiento de culpabilidad hacia Hiroshima.

Kenzaburo Oé, "Cuadernos de Hiroshima" (Anagrama)

09 diciembre, 2011

Boomerang


Le habían dicho que los perros siempre encuentran instintivamente el camino de regreso. Entonces el ingenuo Félicien bautizó al suyo Boomerang y lo llevó hasta los acantilados.

Éric Chevillard (Francia, 1964), "Chiens Écrasés"

En el blog de Chevillard (http://l-autofictif.over-blog.com/) abundan las frases y las observaciones punzantes.

08 diciembre, 2011

Borges y "ellos"


Un texto escrito por Carlos Gamerro y publicado hace unos 5 meses en la revista Ñ de Argentina:

Hace poco me invitaron a hablar de Borges en un programa de radio que recibía llamados de los oyentes; y promediando la hora de diálogo uno de ellos llamó para dictaminar: "Al fin y al cabo Borges es el escritor de ellos. Y punto".

Más allá de cuál fuera, exactamente, la definición de ese "ellos" (dado el contexto, presumo que sería política), la intervención me llevó a preguntarme: ¿por qué renunciaría alguien a la lectura de Borges y, más importante aún, qué se pierde quien se pierde a Borges? Borges es el gran maestro de la lengua española en el siglo XX, y uno de los más grandes de todos los tiempos, y lo que más se destaca en su lenguaje, más que su expresividad o su belleza, es su precisión y su potencia. Frases como "Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones" ("El sur"), "Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres" ("Tlön, Uq-bar, Orbis Tertius") y "Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche" ("Las ruinas circulares") se nos meten en el cuerpo (más que en la mente), y nos transforman para siempre.

Y no es su significado lo que está en juego, sino la minuciosa potencia de su lenguaje: cambiemos una sola palabra de la primera frase, por ejemplo, o pongamos las mismas palabras en otro orden, y la convertiremos en una vulgar receta de autoayuda.

Allen Ginsberg sostenía que algunas frases o poemas pueden modificar para siempre la estructura electroquímica de nuestro sistema nervioso; William Gibson, uno de los fundadores del cyberpunk , explica su propia expe- riencia de leer tempranamente a Borges como la de la instalación de un nuevo software en su cerebro.

Suponen, algunos, porque les resulta difícil, que Borges `desprecia a sus lectores’ (sí, lo he escuchado). Es cierto que Borges no parece ser de esos escritores que se preguntan, cuando escriben, qué quieren sus lectores (palabra, esta última, que suele ser un eufemismo para `mercado’).

Borges nos hace el más grande honor: no nos toma por infradotados, nos tiene confianza, nos supone capaces de convertirnos en mejores lectores: para ese que podemos llegar a ser, él escribe; y está en nosotros no defraudarlo.

Esta dificultad, por otra parte, depende en mucho de por dónde se empiece a leerlo: "El inmortal" es quizás su mejor cuento, pero nunca lo recomendaría como primer contacto ­lo mismo puede decirse de maravillas como "Tlön Uqbar, Orbis Tertius" o "Pierre Menard, autor del Quijote": no son cuentos por los que se empieza sino a los cuales se llega al cabo de un largo recorrido. Nadie, en cambio, podría argumentar que no lee a Borges porque le costó adentrarse en cuentos como "El fin", "El muerto" o "La intrusa".

Otro reparo que suele hacérsele es que es un autor `demasiado intelectual’, que nunca `salió de la biblioteca’, al que le falta `vida’, si se lo compara, por ejemplo, con Neruda (la comparación, vaya uno a saber por qué, se ha vuelto un clásico: quizá por el título de la autobiografía del segundo, Confieso que he vivido; mientras que la del primero podría haberse titulado Confieso que he leído).

Borges no enseña a vivir (ningún buen escritor lo hace, por suerte) pero enseña a leer; quizá no sea el mejor escritor del siglo XX, pero es sin duda su lector más inteligente y sensible. Mediante la escritura algunos hombres han logrado transmitirles a otros hombres, a lo largo de los siglos, lo poco que han logrado entender del mundo y de sí mismos y, más importante aun, lo mucho que les sigue y seguirá resultando incomprensible.

Gracias a los libros, no tenemos, en cada generación, que empezar prácticamente de cero.

Creer que alguien que dedica la mayor parte de su tiempo a leerlos sabe menos de la vida que alguien que anda por ella a los tumbos es tener un concepto algo limitado de la vida.

Borges no es sólo el mejor escritor argentino, sino el más argentino de los escritores. Quienes lo llamaban extranjerizante o europeo tienen una noción algo restrictiva y esencializante de lo nacional: aquello que debe ser purgado de "lo extranjero". Esa mezcla de lo indígena, lo español, lo criollo y de los aportes de la múltiple inmigración posterior, esa capacidad de pasar de un plumazo del gaucho a la Divina comedia, como si todo fuera nuestro (quizá nada lo sea) es lo que nos define y lo que Borges, mejor que nadie, supo poner en palabras.

La manera en que Borges lee la tradición "extranjera" es, además, profundamente argentina: más que extranjerizarnos a nosotros los argentiniza a ellos, fatalmente a veces. Me explico: es sabido que las culturas centrales nos leen, pero no les simpatiza que las leamos.

Si un académico estadounidense publica un libro sobre Borges, o sobre Perón para el caso, tanto él como nosotros consideramos una obligación traducirlo, publicarlo y leerlo. Ahora, imaginemos el caso paralelo de un argentino que escriba un libro sobre Melville o Lincoln: ¿cuántas editoriales, universidades y lectores estadounidenses se lanzarán sobre ellos con equivalente brío? Borges es la notable excepción a esta regla. Unico entre los escritores latinoamericanos, el hombre que alguna vez definió el mar como "la pampa de los ingleses" fue capaz de imponerles a los países centrales su lectura de los propios clásicos: ni los españoles pueden leer a Cervantes, ni los italianos a Dante, ni los ingleses a la antigua literatura anglosajona ignorando la manera en que las modificó para siempre este ratón de una perdida biblioteca sudamericana.

Siendo alumno en la universidad, le escuché a Beatriz Sarlo una frase que se me quedó grabada: "Decir que Victoria Ocampo es una escritora de la oligarquía es regalarle a la oligarquía argentina una escritora que no se merece".

Quienes creen que Borges es el escritor de "ellos" (sean quienes sean) no sólo se lo pierden: les están haciendo a "ellos" el mejor de los regalos posibles.

Enlace original:
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Borges-el_mayor_escritor_argentino_y_el_mas_argentino_de_los_escritores_0_499150338.html

06 diciembre, 2011

El oso Lemío

-Podrías contarme algo de tus sueños, porque por lo que sé son recurrentes y han abierto el camino a no pocos de tus relatos. Además tenés la suerte de poder retenerlos, atrapar las imágenes que luego te van a servir.

-Los sueños son capitales en mi vida. Si hago la cuenta de los que dieron origen a mis cuentos deben ser muchos. Empezando por Casa tomada, que fue una pesadilla vivida y escribí el cuento la misma mañana después de haberla tenido. Hay algunos sueños que puedo recordar nítidamente al despertarme, otros trato de atraparlos y se me van como una nube. Pero los más terribles me marcan de tal manera que aun en este momento en que te estoy hablando veo esa imagen que luego será Ciclón Molina en Segundo viaje; estoy viendo mi pesadilla como si hubiera estado ayer en la morgue viendo un cadáver. También tengo sueños alegres, por supuesto, pero nunca he escrito un cuento con ellos. O sueños anodinos, o divertidos. Fijate, yo tengo sueños en los que hago juegos de palabras, pero eso es deformación profesional del escritor y cuando me despierto y me acuerdo del sueño me río mucho porque descubro que son anagramas que esconden otra frase y yo descubro la clave. Algunos son muy tontos. Por ejemplo, en una época en que yo sufría un problema afectivo, de separación, tenía un osito de felpa que era un símbolo entre nosotros, y lo perdí; se fue con ella, y yo me acordaba de ese juguete con cariño. Una noche soñé con ese osito y alguien me decía que se llamaba Lemío, nombre que jamás yo, ni la mujer en cuestión, le habíamos dado. Cuando me desperté, como ya sé analizar mis juegos de palabras, me di cuenta de que era completamente estúpido, pues se trataba de la canción napolitana, "O sole mio", "Oso-lemío"...

Julio Cortázar entrevistado por Osvaldo Soriano en la revista Humor, septiembre de 1983.

(La entrevista completa, aquí)


05 diciembre, 2011

Unos fotógrafos

En la avenida me asalta una duda, ¿cómo probarles a estos extraños que existo? No llevo a cuestas ningún documento ni una constancia de domicilio ni un carnet de identidad, nada. Con esta idea en mente visito a un fotógrafo. Cinco minutos bastan para obtener seis copias con reproducciones de uno mismo. Nuevamente sereno, me siento ante el ojo mecánico. Pero el fotógrafo es un farsante y la foto que me entrega, tras una espera de un cuarto de hora, es la de un ex presidente de la república. No pierdo el tiempo en discusiones y corro a ver a su colega más cercano . Allí, al cabo de una buena media hora, me dan el retrato de una niña con sonrisa boba. Estallo de furia. ¡Usted sabe que no soy yo! Misma escena con un tercer fotógrafo, pero en el papel impreso, esta vez: un anciano de barba. Pago y me retiro callado. Veinte fotógrafos me hacen tomar asiento delante del objetivo y mis rasgos, cuando pasan por la cámara oscura, se vuelven sucesivamente la cabeza de un hombre gordo y pelado, la de un oficial de caballería, la de un niñito que toma la comunión, la de un actor de cine, ¡después la cara de un bulldog, después la imagen de una compotera! No me atrevo a explicarles, al ver su notoria buena fe, que sus artefactos están estropeados, que esas fotos de así llamada identidad nada tienen que ver conmigo. La cosa prosigue hasta que me llevo una mano a la frente y al fin recuerdo que ya no tengo identidad y que, más aún, nunca se ha exigido una foto para labrar un acta de defunción, única pieza legal que mis contemporáneos tienen genuino derecho a exigirme.

Des photographes, Marcel Béalu (traducción de Eduardo Berti). Incluido en Journal d'un Mort (Phébus-Verso, 1978).


Amigo de Max Jacob, admirado por Antonin Artaud o Jean Paulhan, Marcel Béalu (1908 - 1993) desempeñó decenas de trabajos (entre ellos, ante todo, el de librero) mientras publicaba una obra tan abundante como singular. Mémoires de l'Ombre (1941), L’Expérience de la nuit (1945) y Contes du demi-sommeil (1960) destacan entre sus obras en prosa, aparte de varios libros de poesía. El relato que aquí presento pertenece a Diario de un muerto, un libro publicado originalmente por Gallimard, en 1947, en el que se reúnen muchos relatos breves y muy breves, casi todos al borde de lo onírico, cuyo protaonista es siempre el mismo: un tal Marcel, un muerto que conserva la conciencia y que, como se empeña en seguir viviendo su vida, entra en los cafés, se refugia en los hoteles, se pasea por las calles o toma el tren.

03 diciembre, 2011

Cuadernos de Twain


El sitio The Art of Manliness muestra imágenes de los cuadernos de notas de veinte personajes históricos, entre ellos Thomas A. Edison, Leonardo da Vinci, Frank Capra, Isaac Newton, Ernest Hemingway, Charles Darwin y Thomas Jefferson.

Estas son imágenes de los casi cincuenta cuadernos de notas que Mark Twain fue llenando a los largo de décadas.

En los cuadernos de Twain abundan observaciones de lugares y de personas, pensamientos políticos, dibujos, esbozos de anécdotas, invenciones y, sobre todo, breves e ingeniosas frases como "La modestia murió cuando nació la ropa", aforismo que (como se ve) pasó antes por otras versiones menos contundentes como "La modestia antecede a las ropas" y condujo al implacable "La modestia murió cuando la falsa modestia nació".


También era Twain, según parece, muy afecto a los listados de títulos. Por ejemplo "3.000 años entre los microbios, por un Microbio":


La University of California Press publicó tres grandes volúmenes con la integralidad de los cuadernos y diarios de Twain. El primer tomo abarca de 1855 a 1873, el segundo de 1877 a 1883 y el tercero va desde 1883 hasta 1891 .

Enlace original:
http://artofmanliness.com/2010/09/13/the-pocket-notebooks-of-20-famous-men/

29 noviembre, 2011

Entrevista en Revista Ñ


Larga entrevista de Jorgelina Núñez para la revista Ñ, del diario Clarín (Argentina), acerca de mi última novela:

Como si hubiera soltado las amarras de un barco anclado en la reescritura de algunos textos canónicos, con El país imaginado –ganadora del premio Emecé–, Eduardo Berti se lanzó a la aventura y llegó tan lejos como le fue posible. Atrás quedó La mujer de Wakefield , una de sus novelas más celebradas, en la que se apropiaba del relato de Nathaniel Hawthorne para ofrecer desde el punto de vista de la esposa otra versión de la misma historia, o los personajes homónimos que en Todos los Funes evocaban al Ireneo de Borges y a los Funes que aparecían en los cuentos de Cortázar.

La China que compone Berti es apenas un aspecto de ese país imaginado del que habla el título, porque carece de fronteras y abarca territorios que pertenecen a las fantasías, los sueños y los deseos. Es también la región difusa que habitan los fantasmas, a medio camino entre los vivos y los muertos, seres desalojados del mundo al que no quieren o no pueden abandonar del todo. En ese escenario concibió una historia que transcurre a comienzos de la década del 30 del siglo pasado. Allí, tras los rituales de la muerte de su abuela, una joven de catorce años y su hermano algo mayor temen y ansían respectivamente el futuro que la familia les destinará. Un matrimonio seguro sobre el que no tendrán elección posible y que en el mejor de los casos mejorará su posición social. En los vaivenes de la búsqueda de candidatos, aparece otra adolescente, Xiaomei, de una clase social inferior y de la cual la narradora queda prendada. Con ella mantiene un vínculo marcado por la fascinación y un sentimiento que se parece bastante al amor. Mientras tanto, una extraña peste desbarata los planes de boda y el hermano de la protagonista queda comprometido en una relación espectral. Por su parte, en el tiempo impreciso que diluye los umbrales entre la vigilia y el sueño, la narradora y su abuela encuentran nuevas formas de comunicación.

China y los fantasmas ya se habían cruzado antes en el destino del escritor. Como director de la editorial La Compañía, Berti publicó en 2008 la traducción del libro de Lafcadio Hearn, un irlandés que investigó antiguas leyendas y las reunió bajo el título de Fantasmas de la China . También fue el autor de la idea y el compilador de otro libro – Fantasmas (Adriana Hidalgo, 2010)– que recoge textos sobre seres ultramundanos que no se limitan a la frecuentada tradición anglosajona victoriana y van mucho más atrás en la historia de la literatura universal. Durante la etapa de búsqueda, se encontró con relatos sorprendentes que databan del 200 o 300 después de Cristo y que le resultaron modernísimos por el modo como estaban escritos.

Sin embargo, cuando se le pregunta si ése fue el origen de la novela, Berti responde: Fue una conjunción de elementos que el azar o lo que fuera dispuso. Por un lado, están esos libros más otro que me resultó fascinante: el Manual de supersticiones chinas (1926), del jesuita, misionero y sinólogo francés Henri Doré, que abunda en detalles acerca de las prácticas funerarias y las apariciones de espíritus. Por el otro lado, mi mujer que es fanática de los idiomas, se puso a estudiar chino hace siete años y se apasionó tanto que nunca paró. Hasta el punto de que eso nos impulsó a visitar el país durante dos meses; allí hicimos algunos amigos que más tarde me ayudaron con la novela. De manera que por el costado literario y por el doméstico me fui enterando de una cantidad de cosas que me llamaron mucho la atención y que luego alimentaron la ficción.

¿Cuáles?

En el inicio de la novela, la protagonista narra la suave agonía de su abuela y los preparativos de su partida. Una de las prácticas consiste en retirarle la almohada para que pueda descansar en paz. “Paz” en lenguaje mandarín también significa “recto, horizontal”. La almohada se amarra al techo para que se descomponga a la intemperie. Muchísimas de estas tradiciones arraigan en supersticiones milenarias en relación con la reencarnación y el regreso de los muertos bajo otra apariencia. Su incumplimiento acarrea, además, que no puedan irse del todo y la aparición de los fantasmas.

Pero además hay otras...

También me había impresionado el casamiento con los muertos, la boda que se celebra cuando hay una pareja de novios comprometidos y uno de ellos muere. Y lo que les pasa a las mujeres que mueren solteras y a las que por esa razón se les niega una lápida. No hay que olvidar que la cultura china tiene una relación muy distinta con los muertos, en la que el fantasma está mucho más presente por distintos motivos que pueden ser la venganza o la deuda pendiente; no vienen estrictamente a asustar aunque algunos puedan ser tremendamente sangrientos.

¿No temió quedar Ud. mismo fascinado por esa cultura?

Quise evitar a toda costa el lugar común de que por ser una novela que transcurre en China, se convirtiera en una fábula. En todo caso sólo admitiría pensarla como una fábula fantástica. Hay momentos fantásticos, especialmente los relativos a los sueños, pero lo demás tiene un tratamiento bastante realista. Lo que me interesaba era una cierta verosimilitud, porque la novela no es sobre China. En mi libro, China no es real ni imaginaria, es imaginada y en consecuencia, un tanto borrosa. Lo cual excluye el típico uso de China desde una mirada puramente occidental. China es tan grande que todo es posible.

¿Cómo eludió la trampa del exotismo?

Sabía que no quería caer en él, por eso tuve muy presente lo que decía Saer respecto de los autores latinoamericanos que usaban su literatura como si salieran a vender artesanías, o lo que escribió Borges respecto de que en el Corán no hay camellos. Esas lecciones las llevo grabadas a fuego. Me cuidé de no ponerle nombre a la ciudad en la que transcurre para evitar la localización y no abrumar con los nombres chinos de la familia. Al contrario, creo que al hablar simplemente del padre, de la madre o del hermano sin nombrarlos establecía una mayor cercanía. Por otro lado, cuando al final de la novela y de manera colateral aparecen ciertas contextualizaciones como la guerra con Japón, son apenas un telón de fondo. Lo importante para mí era que no hubiera vicios de novela histórica ni de novela turística.

Sigue aquí.

28 noviembre, 2011

Mona Lisa encuentra a Buda


Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon y Mona Lisa entró por un extremo de una pequeña sala en la que colgaban muchas cortinas.

Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, ondularon, ondularon, y el Buda entró en la sala por el otro extremo.

Se sonrieron.

Spencer Holst, El idioma de los gatos (ediciones De la flor)

26 noviembre, 2011

Escribir según Edith Wharton


La verdadera originalidad no busca una nueva forma, sino una nueva visión. Esa visión nueva, personal, se logra solo mirando al objeto representado durante el tiempo suficiente para que el escritor lo haga suyo.

El autor nunca dará lo mejor de sí mismo mientras no cese de pensar en sus lectores (y en su editor, y en su editorial) y comience a escribir no para sí mismo, sino para ese otro yo con el que el artista creativo está siempre en misteriosa correspondencia.


Hay al menos dos razones por las que un tema se expresará mejor en una novela que en un relato. Pero ninguna de las dos razones se basa en el número de eso que se podría llamar, con toda conveniencia, incidentes o sucesos externos (…) Lo que distingue a un tema que requiere más espacio para desarrollarse es, en primer lugar, el despliegue gradual de la vida interior de sus personajes y, en segundo lugar, la necesidad de provocar en la mente del lector esa sensación de transcurso del tiempo.


La principal diferencia técnica entre el relato y la novela puede resumirse diciendo que la situación es la preocupación principal del cuento, mientras que el personaje es la de la novela.


Fragmentos de "Escribir ficción", de Edith Wharton (traducción y prólogo de Amelia Pérez de Villar). Muy bien traducido y muy recomendable.


25 noviembre, 2011

Medir el tiempo


Yo le dije: "¿Cuánto tiempo hace, doctor?"
Y él me dijo: "Calcúlelo por mi cabello. Era ella quien me lo cortaba."

La hojarasca, Gabriel García Márquez

23 noviembre, 2011

El llanto de Craso


A veces me comparo en pensamiento con aquel Craso, el Orador, del que cuentan que tomó un cariño tan extraordinario a una morena mansa de su estanque, un pez opaco, mudo, de ojos rojos, que se convirtió en tema de conversación de la ciudad; y cuando en cierta ocasión, Domiciano, queriendo tacharle de chiflado, le reprochó en el senado haber vertido lágrimas por la muerte de aquel pez, Craso le contestó: "De ese manera hice yo a la muerte de mi pez lo que vos no hicisteis al morir vuestra primera, ni vuestra segunda mujer".

No sé cuantas veces ese Craso con su morena me viene a la cabeza como un reflejo de mi propio yo, arrojado sobre mí por encima del abismo de los siglos. Pero no por la respuesta que dio a Domiciano. La respuesta puso a los reidores de su lado, de manera que el asunto se disolvió en una broma. Pero a mí el asunto me afecta, el asunto, que habría seguido siendo el mismo, aunque Domiciano hubiese vertido por sus mujeres lágrimas de sangre del más sincero dolor. En tal caso, Craso aún seguiría estando enfrente de él con sus lágrimas por su morena.

Hugo von Hofsmannsthal, Carta de Lord Chandos. Traducción de Antón Dieterich.

22 noviembre, 2011

Hubert Nyssen

La semana pasada murió el fundador de la editorial francesa Actes Sud, Hubert Nyssen. Tuve el enorme honor de no solo de que Nyssen publicara por Actes Sud varios de mis libros, sino también de que incluyera uno de mis relatos ("Retrospectiva de Bernabé Lofeudo") en su colección "Un endroit où aller" y de que escribiera también un texto conmovedor (un posfacio especial) para un libro que editamos con La Companía: Nabokov y su Lolita, de Nina Berberova. Así lo recordó Guillermo Schavelzon en el diario El País, de España:

Entrar en la edición es como entrar en la crisis. Y está muy bien que así sea, la crisis aviva la edición ("La sabiduría del editor", 2006).

Nacido en Bruselas (Bélgica) en 1925, Hubert Nyssen fundó en 1978 una de las mejores y más coherentes editoriales independientes de Francia, Actes Sud. Publicó más de 5.000 obras literarias extranjeras en un país en el que se traducía poco. Logró un posicionamiento excepcional en las librerías y una imagen gráfica que hoy sigue caracterizando a los libros de la casa. Nyssen pasó a la fama al descubrir -hace 25 años- a dos escritores desconocidos en Europa, Nina Berberova y Paul Auster.

Actes Sud fue la única editorial de provincias que creció a nivel internacional, sin dejar nunca su sede en Arles, en la Provenza francesa. Se casó con Christine Le Boeuf, una de las más reconocidas traductoras de inglés, que ganó prestigio por cuenta propia y hoy selecciona cuidadosamente los textos que traduce (Paul Auster, Siri Husvedt y Alberto Manguel entre otros).

Desde los comienzos de su actividad se veía siempre a Nyssen, con su abundante cabellera blanca, corriendo por los pasillos de la feria de Fráncfort, buscando obras raras de esas que los demás editores franceses no querían.

Logró algo excepcional: sus libros son inigualables por su contenido, pero también por su característico y atípico formato alargado, con un diseño gráfico de cubierta y un manejo de la tipografía sorprendente por lo moderno y eficaz. Al cumplir 70 años, después de armar un excelente equipo directivo, decidió retirarse para retomar su tarea original de escritor. Publicó en total 16 novelas, 21 libros de ensayo, ocho poemarios, cuentos, guiones de cine y traducciones. Más de la mitad de su prolífica obra tras dejar la dirección de la editorial. Sus carnets están llenos de historias vinculadas al mundo del libro y el arte, escritas con un estilo literario brillante y no poniéndose nunca en primer lugar frente a las grandes figuras, lo que otorga especial valor a los testimonios. No se trata de conjuntos de anécdotas, sino de reflexiones profundas sobre el arte, la literatura y la edición muy lejos de la banalidad. Con la muerte de Hubert Nyssen se va otro de los pocos editores de raza que quedaban en Europa.

En España se pueden leer La sabiduría del editor (Trama), Los desgarrados (La Otra Orilla) y el infantil La extraña guerra de las hormigas (Lumen).

21 noviembre, 2011

Cuestionario Proust

La gente de la web Sigue Leyendo me pidió que contestara el cuestionario Proust. Hice lo mejor que pude y este es el resultado:

Su virtud favorita. La curiosidad

La cualidad preferida en una persona. La lealtad a sí mismo, la integridad.

La cualidad que te define. Urbanidad y simpatía. La prueba es que ya me empiezas a tutear después de haber empezado tratándome de usted.

Qué aprecias más en un amigo. Inteligencia, generosidad y lealtad no obsecuente.

Tu principal defecto. La distracción y la impaciencia.

Tu ocupación favorita. Leer y escribir, oír música, ver cine y otras cosas más privadas.

Cuál es tu idea de felicidad. El mar. El amor.

Cuál es tu idea de la desgracia. Cualquier clase de tiranía y ser aficionado (como lo soy) al Club Atlético Banfield, equipo de fútbol argentino.

Si no fueras tú, ¿quién te gustaría ser? Mi hijo.

Dónde te gustaría vivir. En la Buenos Aires de los años 1950 -1960.

Tu pájaro favorito. El luduan: pájaro chino que detecta la verdad.

Tus autores de ensayo preferidos. Muchísimos. Pero, ya que es un cuestionario Proust, nombremos a Bergson.

Tus poetas favoritos. Apollinaire, Eluard, Ungaretti, Montale, Wallace Stevens, Williams C. Williams, Jorge Guillén, Vallejo… Y muchos más. ¿Vale incluir en la lista a Gómez de la Serna?

Tus héroes de ficción predilectos. Los de la infancia son imborrables.

Tus heroínas de ficción predilectas. Idem.

Tus pintores y músicos favoritos. Tantos… Principalmente músicos.

Tus héroes en la vida real. Los famosos, en su mayoría, son artistas; pero los no famosos son acaso los verdaderos héroes.

Tus heroínas en la vida real. Idem.

El personaje histórico que más detestas. Hitler, Videla y todos sus imitadores.

Tu comida y bebida favoritas. Toda clase de comida. Bebidas: agua, vino, té o café.

Tus nombres favoritos. Mariel. Ulises. Y los nombres tan curiosos que utilizan los uruguayos, tan ajenos al santoral.

Lo que más odias. El crimen, la injusticia, la brutalidad.

El episodio militar que más admiras. El desembarco de Normandía y los juicios de Nuremberg.

La reforma que más admiras. ¿La buena reforma arquitectónica? Hay tantas espantosamente hechas…

El talento natural que te habría gustado tener. Oído absoluto

Cuál es tu estado de ánimo actual. Razonablemente sereno, con nubosidad variable.

Con qué te muestras más tolerante. Con los defectos ajenos que reconozco en mí.

Enlace original: http://www.sigueleyendo.es/eduardo-berti-contesta-el-cuestionario-proust/

18 noviembre, 2011

Presentación



Hoy viernes sale a la venta en Argentina mi nueva novela, El país imaginado (premio Emecé 2011), y se presenta a las 19:30 en Dain Usina Cultural, Nicaragua 4899, ciudad de Buenos Aires. La presentación estará a cargo de Pedro Mairal y Leopoldo Brizuela. La entrada es pública y gratuita.


15 noviembre, 2011

El lector inspirado



Un poeta –no les choquen mis palabras– no tiene como función sentir el estado poético: eso es un asunto privado. Tiene como función crearlo en los otros. Se reconoce al poeta –o al menos cada uno reconoce al suyo– por el simple hecho de que convierte al lector en "inspirado". La inspiración es, positivamente hablando, una graciosa atribución que el lector concede a su poeta: el lector nos ofrece los méritos trascendentes de las potencias y las gracias que se desarrollan en él. Busca y encuentra en nosotros la causa maravillosa de su admiración.

Paul Valéry, Teoría poética y estética (La balsa de la Medusa, Madrid). Traducción de Carmen Santos.

14 noviembre, 2011

Reglas de juego



Para decidir si algo está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.

Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». Pero sí está permitido escribir: «la gente llama a la abuela "la Bruja"».

Está prohibido escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.

Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: «el ordenanza nos ha dado unas mantas».

Escribiremos: «comemos muchas nueces», y no: «nos gustan las nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra madre» no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.

Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.

Agota Kristof, "El gran cuaderno" Novela breve, incluida en el muy aconsejable Claus y Lucas (El Aleph Editores), traducción de Ana Herrera y Roser Berdague.

11 noviembre, 2011

Metáfora olvidada

Por verdadero se entiende tan solo aquello que usualmente es la metáfora acostumbrada; por consiguiente, sólo una ilusión que se ha hecho familiar por un uso frecuente y que ya no es percibida como ilusión: metáfora olvidada, es decir, una metáfora de la que se ha olvidado que es una metáfora.

F. Nietzsche, "Escritos sobre retórica"

10 noviembre, 2011

Lectura en el Festival Ñ


Mañana viernes a las 17:30 estaré leyendo en público en el marco de la tercera edición del festival Ñ de Literatura que se realiza en el Círculo de Bellas Artes de Madrid los días 11 y 12 de noviembre, organizado por la revista Ñ de España.

Leeré una serie textos breves poco conocidos, algunos microcuentos de La vida imposible y también fragmentos de mi nueva novela: El país imaginado (premio Emecé 2011), que sale a la calle la semana que viene en Argentina.

El programa completo del festival puede consultarse aquí:

http://www.circulobellasartes.com/ag_humanidades.php?ele=202


Más información del festival:

http://www.revistaparaleer.com/festival-ene-madrid2011

09 noviembre, 2011

Las monas viajeras



Un día las monas decidieron hacer un viaje de aprendizaje. Camina que camina, se pararon y una preguntó:

— ¿Qué es lo que se ve?

— La jaula de un león, el estanque de las focas y la casa de la jirafa.

— Qué grande es el mundo y qué instructivo es viajar.

Siguieron el camino y se pararon sólo al mediodía.

— ¿Qué es lo que se ve ahora?

— La casa de la jirafa, el estanque de las focas y la jaula del león.

— Qué extraño es el mundo y qué instructivo es viajar.

Se pusieron en marcha y se pararon sólo a la puesta del sol.

— ¿Qué hay para ver?

— La jaula del león, la casa de la jirafa y el estanque de las focas.

— Qué aburrido es el mundo: se ven siempre las mismas cosas. Y viajar no sirve precisamente para nada.

Claro: viajaban, viajaban, pero no habían salido de la jaula y no hacían más que dar vueltas en redondo como los caballos del tiovivo.

Gianni Rodari, "Las monas viajeras", tomado de "Cuentos por teléfono
"

08 noviembre, 2011

Lo divino en la comedia humana

Comentario de "Ursule Mirouet", de H. de Balzac (el título más reciente que hemos publicado con La Compañía), en el diario "El Litoral" de Santa Fe, Argentina.

Por Julio Anselmi

“Ursule Mirouët”, de Honoré de Balzac. Traducción y posfacio de Mariano García. Introducción de César Aira. La Compañía. Buenos Aires, 2011.

En su voluminoso y olvidado libro sobre Balzac, Ezequiel Martínez Estrada se detiene a estudiar en un capítulo la importancia de la herencia y el azar en la Comedia humana y señala, justamente, que Ursule Mirouët “es, por excelencia, la novela de la herencia en que el misterio genético se presenta bajo el aspecto macroscópico de la telepatía, la hipnosis, la adivinación onírica, la comunicación con los muertos. Es, además, aquélla en que con mayor abundancia se habla de las genealogías”.

La presentación de las ramas vivientes de esas genealogías en el pueblito de Nemours, acompañada de esa descripción tan contundente del “soma” de los personajes a los que era tan afecto Balzac, ocupa la primera parte de Ursule Mirouët. Con razón señalaba Benedetto Croce que en Balzac no hay pintura de caracteres o ambientes “que no hiperbolice hasta convertirlos en maravillosos y fantásticos”.

En el mundo cerrado de Nemours, los descendientes de cuatro familias entremezcladas esperan heredar al rico doctor Minoret, viudo de Ursule Mirouët. Pero este solitario ha tomado bajo su protección a la sobrina nieta de su mujer, llamada ella también Ursule Mirouët, y el suceso que irrumpe como la explosión de un volcán es que el viejo ateo irredento aparece un día yendo a la iglesia con su pupila. Desde luego -se ajetrean los herederos- si la bobita ha conseguido lograr tal milagro en el incrédulo, nada le impedirá arrebatarle a medio pueblo la ansiada fortuna. Y aquí sí entramos en el corazón de la novela, que como indica Mariano García en el posfacio de la cuidada edición de La Compañía, gira alrededor de los revenants (aparecidos) y los revenus (ingresos).

Porque en medio de las intrigas bien terrenales, materiales y mezquinas que giran en torno a la herencia del buen doctor, hacen su ingreso las inconciliables bandas de los creyentes y de los incrédulos, centradas en las rencillas que los enciclopedistas teístas (“que deificaban todo antes que admitir la existencia de un Dios”) y la academia ortodoxa de medicina (en las que siempre estuvo enrolado el doctor Minoret) mantenían con los experimentadores del mesmerismo, de las fuerzas electromagnéticas, del hipnotismo, de la frenología, de la telepatía, amén de los seguidores del místico Emanuel Swedenborg, corriente con la que evidentemente simpatiza Balzac. Ernst Curtius escribió que “la ciencia moderna no podía satisfacer al demonio del conocimiento que arrastraba a Balzac... La ciencia humana no es más que una ‘nomenclatura’. No nos conduce hasta las regiones profundas de las causas, por lo que Balzac, como Fausto, retornará a la magia para encontrar la clave de la naturaleza”.

En unas maravillosas páginas de esta novela el doctor acepta la invitación de un antiguo enemigo que le propone “fulminar su incredulidad con pruebas positivas”. Y lo logra a través de una médium que en París cuenta al doctor lo que hace y piensa la jovencita sobrina allá lejos en Nemours. A la par que el doctor conoce la grandeza de alma y la devoción de la joven y viviente Ursule, también descubre que ella guarda un secreto de amor en su corazón, y que el enamorado no es él.

A partir de allí la novela despliega una cada vez más apasionante y folletinesca trama de intrigas de un feroz realismo, a la par que el mundo del espíritu y del más allá se decide a intervenir para perseguir finalmente a ávidos y estafadores.

Enlace original:
http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/11/05/arteyletras/ARTE-03.html

06 noviembre, 2011

Simone White

Con apenas tres discos editados y una carrera profesional algo tardía, la hawaiana Simone White se ha convertido en una de las cantantes más interesantes de la escena actual. Sus dos últimos trabajos (I Am the Man , de 2007, y Yakiimo, de 2009 ) son altamente recomendables. Muchas canciones son suyas, como "Greatest Love Song", varias pertenecen al tándem que conforman el letrista Richy Vesecky y el músico Frank Bango (como la del primer video: "Bunny in a Bunny Suit") y otras son covers de clásicos como el "St. Louis Blues" o como la muy bella canción "I Didn´t Have Any Summer Romance", de Gerry Goffin y Carole King.









There's always writing songs

about a summer love

that never seems to last beyond the fall

but I've a different reason

for crying the season

a reason that can hurt you most of all

I didn't have any summer romance

nobody bothered to break my heart in two

while others were fooled

by the sweet words someone vowed

I was the one who made company a crowd

I didn't walk down the beach in a trance

or listen to little white lies that sounded true

and no one could be as blue as I was in the fall

cos I didn't have any summer romance at all


más información en: http://simonewhite.com/

04 noviembre, 2011

La cubierta

Esta será la tapa de la novela "El país imaginado", que saldrá a la venta el próximo 15 de noviembre en Argentina, editada por Emecé.

03 noviembre, 2011

Coleccionistas

Ednodio QUINTERO

Un hombre coleccionaba alacranes y un alacrán coleccionaba hombres. Una tarde los dos coleccionistas se encontraron. Hablaron de sus respectivos pasatiempos. Comprendieron la importancia de la nueva pieza a cobrar. Y se pusieron de acuerdo: cara o sello.

Ednodio Quintero, "Coleccionistas", cuento publicado en la revista El cuento, 1972.

02 noviembre, 2011

Mal ocupadas


Me quedé sin trabajo durante dos años. Cada vez que iba a un canal volvía a casa llorando porque, en algunos casos, ni siquiera me recibían. Al mismo tiempo, los amigos que venían todos los fines de semana desaparecieron. Un día, estando con mi marido Hugo en el comedor, miré a mi alrededor y le pregunté: "¿Por qué las sillas están vacías?" Él me abrazó muy fuerte y me contestó: "No están vacías, querida. Estuvieron mal ocupadas."

Reportaje a la actriz argentina Nelly Lainez (1920-2008), publicado en 1995 en la revista Viva de Clarín.

01 noviembre, 2011

Grimaldi


Conforme la obra avanzaba, las bromas y los trucos de Grimaldi se volvían más irresistibles y, tras las risas y los aplausos finales, que sacudieron el teatro, el sordomudo buscó a uno de sus vecinos de asiento y proclamó:
–¡Vaya, qué tipo más gracioso!
–¿Cómo? –dijo el otro, azorado–. ¿Puedes hablar, Jack?
–¿Hablar? ¡Claro que sí! Y también soy capaz de oír.


Memorias de Joseph Grimaldi
, de Charles Dickens (traducción y prefacio de Eduardo Berti), editorial Páginas de Espuma, Madrid.

Una obra desconocida y sorprendente de Dickens, inédita hasta ahora en español.

30 octubre, 2011

El terror de los críticos


Los críticos académicos vivimos en un permanente estado de terror, temiendo el día en que algún funcionario menor de una oficina estatal, repasando perezosamente un documento, se tropiece con la embarazosa evidencia de que en realidad se nos paga para leer poemas y novelas. Esto resultaría tan escandaloso como recibir un salario por tomar sol o por tener relaciones sexuales.

Pero no se trata de que se nos pague sólo por leer libros. Lo inaudito es que se nos paga por leer libros sobre personas que nunca han existido o sobre hechos que nunca han tenido lugar. En la vida común, a hablar de gente imaginaria como si fuera gente común se le denomina psicosis; en las universidades, se le llama crítica literaria.

Cómo leer un poema, Terry Eagleton (Akal ediciones)