31 diciembre, 2015

Lisa Simone


En julio de 1999, en medio de un festival de blues que se celebraba en Dublín, la célebre cantante Nina Simone anunció: "Quiero presentarles a mi hija", y por primera vez Lisa Stroud, que entonces tenía 37 años, subió a cantar en público con su madre, en este caso una versión de "Compensation" (Dunbar-Simone), para delicia y asombro del público. Si la existencia de Lisa era casi ignorada masivamente, más lo era el hecho de que la hija de Nina Simone cantaba con innegable talento.

Unos quince años después, Lisa ha adoptado oficialmente el apellido artístico de su madre fallecida en 2003 (Nina en verdad se llamaba Eunice Kathleen Waymon) para lanzar, con casi 50 años de edad, su primer disco solista: All is Well, editado por Laborie Jazz. El album, producido en Francia, mezcla canciones de la propia Lisa, algunas con música de Hervé Samb o Christopher Rodriguez, con versiones de clásicos como "Suzanne" de Leonard Cohen, "Las hojas muertas" de Kosma-Prevert o "Ain't Got No" de Nina Simone. Si la voz de Lisa recuerda a su madre, su personalidad resulta opuesta: radiante, grácil, sonriente.

 
Hija de Andrew "Andy" Stroud, un ex trompetista que llegó a tocar en la banda de Mercer Ellington -hijo de "Duke"- mientras se ganaba la vida como investigador policial (la leyenda cuenta que fue distinguido por haber capturado a una veintena de criminales de renombre), Lisa nació cuando su madre tenía 29 años, ya había lanzado Forbidden Fruit y se aprestaba a grabar las canciones que integrarían Nina's Choice. Por entonces Andy Stroud se convirtió en el manager de Nina y siempre que sus padres se ausentaban, a causa de compromisos o de giras, era frecuente que Lisa quedara al cuidado de su tía Betty Shabazz, esposa del activista Malcolm X, quien acabó asesinado en 1965.

Stroud y Simone se separaron cuando Lisa tenía 8 años. Empezó allí una niñez agitada: marco familiar inestable, "trece niñeras en menos de siete años" (resume hoy Lisa), mudanzas y cambios sin fin. Nina Simone envía a Lisa con unos tíos durante un año; la recupera y la instala con ella en Barbados, donde viven un tiempo juntas; la invita a compartir una gira por el Japón, donde madre e hija se pelean; deja que su manager albergue un tiempo a Lisa en Massachusetts, en una especie de granja... Un día, Lisa se entera de que su madre se hizo amiga de Miriam Makeba y que ambas vivirán en Liberia, una aventura que pronto la involucra y que dura dos años. Cuando Nina le anuncia que ahora se mudarán a Senegal, Lisa dice que no. Que basta. Tiene apenas 13 años. Opta por estudiar en una escuela de Suiza. Meses más tarde, cuando comprende que Nina se apresta a desembarcar en Suiza quién sabe con qué proyecto, Lisa huye: sube a un avión que va a Estados Unidos y se refugia en casa de su padre.

Pasa el tiempo, a Lisa le gusta la música y tiene talento para cantar, pero al cumplir 18 años toma una decisión que deja pasmada a su madre: se enrola en las fuerzas armadas, la US Air Force, y participa en la primera guerra del Golfo. Hasta que un día, por accidente, termina cantando en un club nocturno en Francfort, Alemania, vuelve a sentir pasión por la música, y la cantante Joan Faulkner la invita a ser su corista. En 1992, por consejo de su gran amiga Attalah Shabazz, hija mayor de Malcolm X, se une al grupo del cantante español Raphael (sí, el mismo), con quien viaja por toda América latina. Entusiasmada, sigue sumando experiencia integrando el B Sharp Quartet, formando parte de ciertas comedias musicales, y recibiendo incluso una nominación a los premios Grammy por su trabajo con el grupo de acid jazz Liquid Soul. Al mismo tiempo que nace su hija, RéAnna Kelly, se entera de que a su madre le han diagnosticado un cáncer. Llega la hora del reencuentro.

Una canción de All is Well, llamada "Child in Me", alude explícitamente a los años de infancia difícil: "Cuando yo era pequeña/ me sentía a menudo sola/ Cuando más te necesitaba/ estabas en gira". La muerte de Nina pareció liberar a Lisa, que solamente entonces aceleró y ahondó su carrera artística.

Extracto de un artículo publicado en La Nación, Argentina.
Versión completa, aquí:

http://www.lanacion.com.ar/1856757-lisa-simone-en-busca-de-su-propia-voz

27 diciembre, 2015

Una brújula que apunta a Oriente


El musicólogo vienés Franz Ritter, hombre de unos cincuenta años, apasionado del Oriente Medio, dedicado a indagar los vínculos entre la música europea y el Imperio Otomano, recibe casi al mismo tiempo un diagnóstico médico alarmante y una carta de quien ha sido y sigue siendo el gran amor de su vida: una tal Sarah. Insomne, bajo el impacto de estas noticias, Ritter pasa la noche perdido en el laberinto de su memoria. Su amor por Sarah y sus recuerdos personales se entrecruzan con una especie de catálogo o colección de personajes que admiraron el mundo árabe. Personajes que encarnan diferentes clases de orientalismo, desde el imaginario del romanticismo alemán hasta las fantasías sensuales de los orientalistas franceses.



Éstos son, en resumidas cuentas, los ingredientes básicos de Boussole (Brújula) del francés Mathias Énard, la novela que este año recibió el famoso premio Goncourt: una novela densa, llena de erudición, pero no exenta a la vez de fervor y sensibilidad. Pocas veces, en las últimas ediciones del Goncourt, el fallo resultó tan simple; una sola ronda de deliberaciones, una victoria por amplia mayoría: seis votos para Boussole (editado en Francia por Actes Sud) contra un voto para Les Prépondérants de Hédi Kaddour y otro para Ce pays qui te ressemble de Tobie Nathan. Podría hablarse de un final doblemente anunciado: no sólo porque Boussole figuraba como el libro favorito, sino porque la obra de Énard llevaba años, sobre todo desde Zona, siendo una de las más firmes, más comentadas y más promisorias.



Énard nació en 1972 en Niort, una ciudad del centro de Francia reputada por sus actividades financieras y que en su lista de hijos célebres no cuenta con muchos escritores ilustres, pero sí puede jactarse de haber sido cuna del rey Luis XI y del director de cine Henri-Georges Clouzot.



Después de un temprano libro de poemas, Travail de nuit (1990), Énard debutó como narrador con La perfección del tiro (Reverso, 2004), donde seguía a un francotirador en un país muy parecido al Líbano. Al igual que su biografía, su literatura ofrece una imagen de nomadismo o, mejor dicho, de multiculturalismo. Salvo excepciones como Remontando el Orinoco (La otra orilla, 2006), novela llevada algo libremente al cine por Marion Laine (A corazón abierto, con Juliette Binoche y Edgar Ramírez) y que transcurre en buena medida en París, aunque con personajes no sólo franceses, la mayoría de los libros de Énard no se ambientan en Francia ni hablan directamente de Francia. En más de un aspecto él es un escritor viajero, como lo prueba El alcohol y la nostalgia (Mondadori, 2012) que nació de un viaje en el tren Transiberiano, de Moscú a Novossibirsk, y que primero tuvo forma de pieza radiofónica.

El vínculo con Oriente ocupa un lugar cada vez más central en la obra de Énard. Calle de los ladrones (Mondadori, 2013) presenta a un joven marroquí llamado Lajdar, aficionado a las novelas policiales, que desembarca en la ciudad de Barcelona; la novela, que aborda temas actuales (la inmigración, el fundamentalismo y la denominada "primavera árabe"), es un tributo a la lectura y a la diversidad: "Soy lo que he leído, soy lo que he visto, tengo en mí tanto de árabe como de español y de francés, me he multiplicado en estos espejos hasta perderme o construirme", puede leerse. En cuanto a Háblales de batallas, de reyes y de elefantes (Mondadori, 2011), narra un viaje en sentido contrario y en otros tiempos, ya que es el célebre Michelangelo Buonarroti quien acude a la antigua Constantinopla, en mayo de 1506, invitado por el sultán Beyazid para que construya un puente sobre el Bósforo, en la zona del Cuerno de oro que divide, justamente, la parte europea de la parte de Gálata. En un pasaje del libro, Michelangelo contempla la antigua catedral de Santa Sofía y reflexiona que dicho edificio, "apenas cincuenta años antes era aún el centro de la cristianidad". El escenario, más la idea de puente y de fronteras movedizas, reaparece en Boussole cuando el narrador define a Constantinopla "como la ciudad más al este de Europa o más al oeste de Asia, como un final o un comienzo, como una pasarela o un límite".



Más allá de estas innegables afinidades, de todas las novelas previas a Boussole ninguna se asocia tanto a ella como la ambiciosa Zona, publicada en Francia en 2008, traducida al español un año después por La otra orilla. Novela también densa, alucinante y erudita, de esas que conforman un complejo mosaico, abundan en guiños y exceden al lector en una primera lectura, Zona presenta las falsas memorias de un espía y recorre la historia de la cuenca mediterránea en el último siglo. Al igual que La modificación, de Michel Butor, a la que parece rendir tributo, Zona muestra a un hombre que toma un tren (en este caso, para ir de Milán a Roma) y hace un balance de su vida. Como en Boussole, el narrador pasa una noche de vigilia y la memoria, de manera espiralada, viaja de una época a otra, comprime o dilata el tiempo, salta de recuerdos íntimos a hechos históricos, todo con la lógica algo neblinosa del insomnio.

La elección de Viena como escenario es intencional porque Énard sostiene que esta ciudad fue, en el siglo XIX, una especie de puerta entre ambas culturas. Optimista, aunque no ingenuo, Énard cree en una reconciliación. Quizá por eso su inmensa brújula apunta al este, al este donde nace "el tibio sol de la esperanza", como rezan las palabras finales de la novela. Una esperanza que Énard no está dispuesto a perder, pese a la violencia, el fanatismo, la guerra y los exilios que hoy ocupan los grandes titulares.

Versión de resumida de mi artículo sobre Mathías Énard publicado en "Ideas" (La Nación, Argentina).
La versión completa, aquí:  
http://www.lanacion.com.ar/1856892-mathias-enard-premio-al-dialogo-literario-entre-oriente-y-occidente

18 diciembre, 2015

La máquina de recomendar


Los creadores del sitio web CultureWok han tenido esta idea: cada uno de nosotros  selecciona una serie de criterios (los cuales se pueden puntuar de 1 a 5) y ellos proponen el libro, el CD o la película que, a su juicio, obedecen a nuestras exigencias.

A la izquierda, criterios más bien de gusto: divertido, sensual, ligero, profundo, emocionante... En la columna de la derecha, criterios vinculados a la noción de género: novela, poesía, teatro, ensayo, literatura juvenil, etc. 


www.culturewok.com/




Acabo de hacer la prueba con el rubro música:

Sensual 4, sombrío 3, divertido e intenso 2.
Canción 4, Folk, rock y funk 3 y experimental 2.

Resultados: "Zii e zie", de Caetano Veloso y "The Love Album" de Anaïs.

01 diciembre, 2015

El Museo del absurdo


En un pequeño  pueblo de Austria (Herrnbaumgarten, a una hora de Viena) funciona el Nonseum, museo del "nonsense" y el absurdo. (ver aquí)

Museo de invenciones inútiles, incluye piezas como la valija transparente para nudistas, el triciclo para hermanos gemelos o la "más grande colecciones de agujeros de ojales" del mundo...
 

26 noviembre, 2015

Dos escritores

Proyecto de relato. Dos escritores, que viven en dos chalets en vertientes opuestas del valle, se observan recíprocamente. Uno de ellos suele escribir por la mañana, el otro por la tarde. Mañana y tarde, el escritor que no escribe asesta el catalejo sobre el que escribe.

Uno de los dos es un escritor productivo, el otro es un escritor atormentado. El escritor atormentado mira al escritor productivo llenar folios de líneas uniformes, al manuscrito crecer en una pila de folios ordenados. Dentro de poco el libro estará terminado: con seguridad una nueva novela de éxito —piensa el escritor atormentado con cierto desdén pero también con envidia. El considera al escritor productivo nada más que como un hábil artesano, capaz de sacar a la luz novelas hechas en serie para secundar el gusto del público; pero no puede reprimir una intensa sensación de envidia de aquel hombre que se expresa a sí mismo con tan metódica seguridad. No es sólo envidia la suya, es también admiración, sí, admiración sincera: en el modo en que aquel hombre pone todas sus energías en escribir hay ciertamente una generosidad, una confianza en la comunicación, al dar a los demás lo que los demás esperan de él sin plantearse problemas introvertidos. El escritor atormentado pagaría quién sabe cuánto por parecerse al escritor productivo; quisiera tomarlo de modelo; su máxima aspiración es ya ser como él.


El escritor productivo observa al escritor atormentado mientras éste se sienta a su escritorio, se come las uñas, se rasca, rompe un folio, se levanta para ir a la cocina a hacerse un café, después un té, después una manzanilla, después lee una poesía de Hölderlin (cuando está claro que Hölderlin nada tiene que ver con lo que está escribiendo), recopia una página ya escrita y luego la tacha toda línea tras línea, telefonea a la tintorería (cuando habían quedado en que los pantalones azules no podrían estar listos antes del jueves), luego escribe unas notas que le valdrán no ahora pero acaso después, luego va a consultar en la enciclopedia la voz Tasmania (cuando está claro que en lo que escribe no hay la menor alusión a Tasmania), rompe dos folios, pone un disco de Ravel. Al escritor productivo nunca le han gustado las obras del escritor atormentado; al leerlas, le parece siempre estar a punto de aferrar la clave decisiva, pero esa clave se le escapa y le queda una sensación de malestar. Pero ahora que lo mira escribir, siente que ese hombre está luchando con algo oscuro, una maraña, un camino que hay que excavar sin saber a dónde lleva; a veces le parece verlo caminar por una cuerda colgada sobre el vacío y se siente presa de un sentimiento de admiración. No sólo admiración: también envidia; porque siente cuan limitado y superficial es su propio trabajo en comparación con lo que el escritor atormentado está buscando.

En la terraza de un chalet al fondo del valle una joven toma el sol leyendo un libro. Los dos escritores la miran con el catalejo. «¡Qué absorta está, con el aliento entrecortado! ¡Con qué gesto febrilvuelve las páginas!—piensa el escritor atormentado.—¡Seguro que lee una novela de gran efecto como las del escritor productivo!» «¡Qué absorta está, casi transfigurada en la meditación, como si viese revelarse una verdad misteriosa! —piensa el escritor productivo—, ¡seguro que lee un libro cargado de significados ocultos, como los del escritor atormentado!»

El mayor deseo del escritor atormentado sería ser leído como lee aquella joven. Se pone a escribir una novela como piensa que la escribiría el escritor productivo. Mientras tanto el mayor deseo del escritor productivo sería ser leído como lee aquella joven; se pone a escribir una novela como piensa que la escribiría el escritor atormentado.

Primero un escritor y luego el otro abordan a la joven. Ambos le dicen que quieren dejarle leer las novelas que acaban apenas de escribir.  La joven recibe los dos manuscritos. Unos días después invita a los autores a su casa, juntos, con gran sorpresa de ellos. —Pero ¿qué broma es ésta? —dice—, ¡me han dado dos ejemplares de la misma novela!

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero (traducción de Esther Benítez).

12 noviembre, 2015

Michel


Traductor de Bioy Casares y César Aira, autor de un magnífico ensayo sobre "Borges y la reescritura", docente universitario, creador de una novela donde imaginaba la vida de Pierre Menard, el otro autor del Quijote, y de un estudio dedicado a la escritura en colaboración, el inquieto y brillante Michel Lafon fue, ante todo, un apasionado de los libros y de la amistad, y un ardiente "argentinista", como le gustaba decir.

El último número de la revista del ILCEA (Institut des Langues et Cultures d’Europe et d’Amérique), que el propio Lafon dirigió durante 15 años (de 1996 a 2011), incluye un gran homenaje a su figura, coordinado por Christian Estrade, y con las firmas, entre otros, de Luis Chitarroni, Benoît Peeters, Noé Jitrik, Carla Fernandes, Julien Roger, Milagros Ezquerro y César Aira.

La publicación puede leerse aquí, en su totalidad:
https://ilcea.revues.org/3476 


Por mi parte, tuve el doble honor de conocer a Michel Lafon y de que Christian Estrade me pidiera una contribución para este número. Esto es lo que escribí:

Creo que fue Guillermo Saavedra quien le dio a Michel Lafon un ejemplar de mi primera novela: Agua. Por entonces Guillermo era editor en Tusquets Argentina y yo estaba recién instalado en Francia y trataba de terminar mi segunda novela, La mujer de Wakefield. Lo cierto es que una mañana, bastante temprano, sonó el teléfono en mi diminuto studio del barrio de Gobelins, en París, y era Michel Lafon. No sé qué me impactó más: la simpatía de este hombre del que nunca antes había oído hablar, su excelente castellano dotado de un acento no demasiado argentino, pero de innegable música rioplatense, o el insólito entusiasmo con que se refirió a mi primera novela, que acababa —me dijo— de leer. A partir de ese momento, los llamados de Lafon (que pronto pasó a ser Michel) se hicieron más o menos regulares. Generalmente era él quien llamaba, cada mes, cada dos meses, cada tres. Corría 1998, corría 1999. Corría el mítico 2000. De haber existido entonces, como hoy, las redes sociales o el uso casi compulsivo de Internet, yo no hubiese tardado nada en buscar y encontrar su rostro en cualquier sitio. Pero no, nada eso. Así que seguimos charlando por teléfono sin que yo conociera su cara. Charlábamos de libros, sobre todo, pero los asuntos variaban. Michel me llamó un día para contarme que había pasado el verano (las vacaciones) leyendo una pila de novelas, las veinte o treinta últimas novelas de autores argentinos, cuestión de ponerse al día, y para comentarme las dos o tres que le habían gustado más. Michel me llamó otro día para decirme que su amigo César Aira viajaba a París, a dar una charla en la Maison Latinoaméricaine de París: él había prometido coordinar el encuentro, pero había surgido un percance, ¿podía hacerlo yo? Michel me llamó otro día para decirme que le había dado mis datos a Fabián Bioy Casares, el hijo de Bioy. Michel me llamó otro día para decirme que una estudiante suya preparaba una tesis sobre mis microcuentos… Michel parecía incansable. Y, después de hablar con él, uno se sentía colmado de energía y algo más inteligente.
En medio de todo eso, Michel publicó su magnífica edición de las novelas completas de Adolfo Bioy Casares en traducción francesa. Me parece que fue entonces cuando, sin abandonar del todo las tertulias telefónicas, pasamos al email. Esto se debió, calculo, a que se me ocurrió hacerle una entrevista acerca de Bioy. Una entrevista que, me pregunto aún por qué, no interesó en su momento a ninguno de los medios con los que yo solía colaborar. “Si me obligan a quedarme con una sola novela de Bioy Casates, elijo La aventura de un fotógrafo en La Plata, que para mí es a la vez el arte poética de Bioy y su testamento literario, y una de las obras maestras de la literatura argentina del siglo xx. La última página de esta novela, que releo de vez en cuando, bastaría para justificar toda una vida de escritor y también toda una vida de lector”, decía Michel en esa entrevista inédita. Y también: “Para mí, ninguna novela del Nouveau Roman logró esta especie de perfección en la trama y en el dramatismo que logró Bioy con sus dos novelas de los años cuarenta […], las dos novelas isleñas, La invención de Morel y Plan de evasión, que son de algún modo dos veces la misma novela, lo que me parece ser una aventura bastante única en la literatura mundial”.

 Michel pasó a tener un rostro cuando yo menos lo esperaba, cuando ya me había acostumbrado a la situación. Allá por el 2004, si la memoria no me falla, me invitaron a dar una charla en una librería de la ciudad de Vienne (una librería magnífica, Lucioles, a la que volví hace dos años) y, como suele suceder, la concurrencia fue bastante escasa. Tan escasa que cada persona que entraba en la librería era una especie de noticia milagrosa. En eso, cómo olvidarlo, se abrió la puerta y apareció Michel, sin que yo supiera ni sospechara que se trataba de él. Vivía no muy lejos de allí, se había tomado la molestia de venir a ver la charla. Terminó arriba del escenario, conmigo y con el moderador, por lo que la concurrencia siguió siendo fundamentalmente escasa.

Ese día, en Vienne, en la cena tras la charla pública, surgió el tema de los diarios de Bioy Casares y, más en particular, de su diario Unos días en Brasil. Lejos estábamos de imaginar que años después yo fundaría una pequeña editorial independiente (La Compañía) junto a dos buenos amigos, mucho menos que allí publicaríamos ese diario prácticamente inédito y que Michel escribiría un posfacio especial para la ocasión: un texto escrito en español que no necesitó (quiero indicar, admirado) prácticamente ninguna corrección. Me atrevo a decir, es más, que la edición de Unos días en Brasil por La Compañía pudo hacerse sobre todo gracias a Michel. Gracias a su proverbial empuje, a su generosidad y a las puertas que supo abrir en el momento oportuno. El libro conoció luego una edición francesa (Christian Bourgois), con una versión algo diferente del mismo posfacio. Pero, antes de eso, Michel pasó por Madrid para promover y presentar el libro de Bioy y también la pequeña exposición de fotografías de Bioy (fotos de su visita a la entonces futura capital de Brasilia, que logramos incluir en el libro), de modo que allí nos vimos por última vez. Algunos meses más tarde supe de su enfermedad. Y a partir de ese momento nos limitamos a hablar por teléfono, como si nuestro vínculo debiera volver a su estado primigenio. Recuerdo aún a Michel alejándose por la Gran Vía de Madrid, tarde en la noche, después de haber presentado el diario de Bioy. Recuerdo aún que, antes de darnos un abrazo de despedida, me miró a los ojos, sonrió y dijo lleno de emoción, refiriéndose a su admirado y querido Bioy: “Lo logramos”.


10 octubre, 2015

Buffalo Bill Gates



La idea del diseñador Kalle Mattson hace pensar en los cadáveres exquisitos y, más aún, en las bestias creadas por Jacques Roubaud y Olivier Salon: los "sardinosaurios" (ver aquí: sardinosaures) que combinan dos nombres de animales con el objeto de formar un ser monstruoso, quimérico, como el "gazzelléphant" o el "okapigeon". (En castellano sería, por ejemplo, el "castoro", mezcla de castor y toro, o el "salmono", mezcla de salmón y mono).

En su caso, Kalle Mattson trabaja con celebridades, históricas o contemporáneas como lo indica el nombre genérico de su proyecto: "Bufallo Bill Gates".

 
Algunos ejemplos: Elton John Wayne, Simon & Garfunkle Sam, George Michael Jackson, Stephen Kingmar Bergman. Y también:


Jesus of Nararetha Franklin




 Ronald McDonald Trump



Y el monstruoso y genial Frankensteinstein


Más buffalo bill gates, acá:
http://buffalobillgates.tumblr.com/

http://www.studiokallemattsson.com/


07 octubre, 2015

Los fines múltiples



Un hombre casado instala a su amante en la ciudad donde él está  de guarnición. Su esposa, que vive en París, se entera a medias de la cosa, se desespera y le escribe a su marido unas cartas muy celosas. Un día, la amante tiene que ir a pasar veinticuatro horas en París; el hombre no puede resistir a sus súplicas, pide una licencia de un día y la acompaña. Pero como es bueno y no quiere causar pena a su mujer, se presenta en su casa y le dice, vertiendo lágrimas muy sinceras, que, loco de dolor por sus cartas, pudo escapar para ir a consolarla y darle un abrazo. De esta manera logra con un solo viaje dar una prueba de amor a su mujer y otra a su amante.

Marcel Proust, "A la sombra de las muchachas en flor"

07 septiembre, 2015

En Colombia

Estaré en Colombia (en Bogotá y en Medellín) del  9 al 12 de septiembre.

En Bogotá intervendré en el marco del  IV Festival de la Palabra, cuyo tema central es este año “El lenguaje en su laberinto”.

En Medellín, estaré como invitado en la Feria del Libro.


BOGOTÁ

Miércoles 9 de septiembre
El lenguaje de América, el lenguaje de Europa
Mesa redonda con Felipe Cammaert, Use Lahoz y Eduardo Berti
Instituto Caro y Cuervo, Bogotá
16:30 pm
  
Miércoles 9 de septiembre
El habla del sur
Mesa redonda con Federico Díaz Granados,  Ricardo Soca , Carolina Bruck y Eduardo Berti
Gimnasio Moderno, Bogotá
18:00 pm

MEDELLIN

 Viernes, 11 de septiembre
Adopta a un autor
Institución Educativa Alfredo Cock Arango; Medellín
2:00 p.m.
  
Viernes, 11 de septiembre
Presentación del libro El país imaginado
Con  Esteban Carlos Mejía y Eduardo Berti
Jardín Botánico, Salón Humboldt , Medellín
 8:00 p.m.

Sábado, 12 de septiembre
La estética de lo insólito
Charla con Luz Mary Giraldo, Fernando Mora y Eduardo Berti
Parque Explora, Sala 3D, Medellín
7:00 p.m.

27 agosto, 2015

Sentimientos reales


José María Brindisi comenta los cuentos de Stephen Dixon en el suplemento "Ideas" del diario La Nación
 


Debemos a la inagotable inquietud de Eduardo Berti, ya sea en su papel de editor o bien de "pescador" de pequeñas maravillas, el rescate, para los lectores hispanohablantes, de unas cuantas piezas magistrales de la literatura de cualquier época, desde las de Lafcadio Hearn hasta las de William Goyen. Habrá que hacerle un lugar de privilegio entre ellas a la obra del norteamericano Stephen Dixon (Nueva York, 1936) -Berti prologa la edición de Ventanas y otros relatos-, uno de esos autores que nos hacen caer en la ilusión de que son únicos, de que en la literatura existen islas.

Esa sensación deriva no del estilo en sí, sino del modo en que la escritura traduce movimientos, deseos, temores, padecimientos, el rumiar de la conciencia de los personajes. Es decir, la apariencia de que todo se cuenta, y sin embargo, el modo en que ese fluir cristalino de los hechos funciona como elipsis constante. Escribía Franz Kafka en su diario, leyendo los diarios de Goethe: "La claridad de todos los acontecimientos los hace misteriosos". Eso mismo puede aseverarse de la obra del autor de La metamorfosis y sin duda, de los cuentos de Dixon, que por lo general transitan cuatro variantes: el absurdo naturalizado y a la vez contenido, en el que persiste algún contacto con lo real ("Volando" o "Cuervos"); la especulación pura, la escritura y reescritura de los hechos sólo probables ("El pintor"); el episodio íntimo, minimalista pero extraordinario, que en esa minuciosidad luce como un campo minado ("Dijo"); y ese otro planteamiento escurridizo, una combinación de los anteriores, en el que hay acciones, y sin embargo, lo fundamental son las proyecciones, la imaginación, el pasado que viene a contaminar el presente ("Ventanas" y "Hombre, mujer y niño").

En el prólogo, Berti recoge unas palabras del autor a propósito de su estilo: "Evito las metáforas, las florituras, el lenguaje figurado y la sofisticación. Mi escritura es pura acción". Todo lo primero es cierto. Lo último es una mentira descarada: aunque sus narradores acompañen con fidelidad perruna los hechos, el secreto de su escritura está en que esa realidad es dudosa, o que apenas marca el tempo de lo que a sus personajes les sucede por dentro. El mismo Dixon ha deslizado una clave: "Los hechos no son del todo reales, pero los sentimientos sí". Lo notable es cómo esos sentimientos aparecen y desaparecen, y sólo es posible dialogar con ellos en los intersticios de lo que se cuenta. Por último, la traducción de Ariel Dilon logra vendernos otra ilusión: la de hacernos olvidar la lengua original, como si Nueva York fuese una Buenos Aires enrarecida.

http://www.lanacion.com.ar/1811296-sentimientos-reales

07 julio, 2015

Jorge Álvarez


 
Tuve la fortuna de conocer a Jorge Álvarez hace algunos años, en un café de Madrid. Nos dimos cita y pasamos unas dos horas charlando de literatura y del viejo rock argentino de fines de los sesenta y principios de los setenta, sobre todo del trío Manal y de la célebre reunión (brainstorming) en la que se decidió el nombre del grupo musical. Esa mañana, llegamos a la conclusión de que haber elegido Manal y no "La Ricota", que era la otra opción (así me dijo Álvarez y así han contado también Javier Martínez o Claudio Gabis, si no me equivoco), fue mucho más que una elección inocente, fue toda una declaración de principios: Ricota era una traducción ingeniosa de Cream (el célebre power trío de la época), mientras que Manal no era la traducción (buena o mala) de nada, sino una invención. Eso mismo pretendía el mejor rock argentino de esos tiempos: trascender la traducción tipo Teen Tops. Inventar.

Jorge Álvarez volvió a Buenos Aires años después de ese único encuentro. Y murió en la madrugada del pasado domingo.

Así lo recuerda y retrata un artículo publicado en Clarín y firmado por Julieta Roffo:

Cuando Jorge Alvarez era chico, alentaba en el Monumental a La Máquina, esa aplanadora que fue River en los años 40. La sastrería paterna pagaba choferes y chalets, y Alvarez soñaba con ganarse la vida jugando al póquer, al fútbol o apostando en el hipódromo. En su familia lo querían contador pero, poco atraído por los números, empezó a trabajar en una librería jurídica que también editaba libros. Cuando le dijeron que no a su idea de publicar una biografía de Eva Perón escrita por David Viñas, supo que el mayor activo de cualquier editor es su catálogo. Así que en 1963 fundó Editorial Jorge Alvarez y empezó a convertirse en uno de los gestores culturales –primero en el mundo de la literatura, después en el de la música– más importantes de los años 60 y 70 en la Argentina. Durante la madrugada del domingo, a los 83 años, Alvarez murió en el Centro Gallego luego de una internación de tres semanas.

Fue protagonista porque, tan atraído como por las carreras de caballos, apostó fuerte en el mundo literario: la biografía a cargo de Viñas no llegó a editarse, y su sello debutó con Cabecita negra, de Germán Rozenmacher. Entre 1963 y 1968, publicó Los oficios terrestres, de Rodolfo Walsh; La traición de Rita Hayworth, primera obra literaria de Manuel Puig; Responso, la primera novela de Juan José Saer; Invasión, que compiló los primeros relatos de Ricardo Piglia; y Los pollos no tienen sillas, el único de libro de Copi que salió en Argentina mientras el autor estuvo vivo. Fue Alvarez quien convenció a Quino de que las tiras de Mafalda se compilaran en libros, y el primero en editarlas; quien se reunió con Roland Barthes para publicar en español El grado cero de la escritura y quien logró que, en las librerías, los compradores preguntaran por el nombre de su editorial más que por el de los autores.

Mientras la editorial aumentaba su fondo, Alvarez le propuso a Daniel Divinsky que abrieran otro sello y en 1966 se fundó De la Flor. Por eso años, era el centro de las reuniones literarias que se celebraban en la librería él que dirigía en Talcahuano 485: “Era un semillero. Te encontrabas con Viñas, Marta Lynch, Pirí Lugones, Beatriz Guido. Willie Schavelzon era una especie de mano derecha de Jorge”, decía ayer Kuki Miller, una de las directoras históricas de De la Flor. Schavelzon, hoy uno de los agentes literarios más reconocidos de Hispanoamérica, reflexionó: “Fue un gran innovador de la edición en la Argentina, por momentos genial. Lo triste es que no pudo sostener el proyecto, su creatividad no iba acompañada de la estabilidad y el respeto que hubieran merecido los autores, traductores y colaboradores de la editorial. Fue el primero en publicar a Walsh, Saer, Piglia, Quino y Manuel Puig, pero no pudo mantenerlos más que por un corto tiempo”.

Es que la vocación de Alvarez por dedicarse enteramente a la literatura fue intensa y también corta: en 1968 se volcó a la industria discográfica. Fundó Mandioca, el primer sello independiente del rock argentino, desde el que impulsó a Manal, Almendra, Sui Generis y Pappo’s Blues, nada menos. Puso su cuerpo como actor en Puntos suspensivos, la película que Edgardo Cozarinsky dirigió en 1971. En 1977 le advirtieron: “Estás creando una juventud contestataria”. Dictadura militar mediante, se exilió en España, y allí vivió hasta 2011. Ya de vuelta en Buenos Aires, editó una colección con su nombre para la Biblioteca Nacional: se publicaron las obras completas de Germán Rozenmacher y Tres historias pringlenses, de César Aira. En 2013, el editor y productor devino autor, cuando se editaron sus Memorias.

Ayer, en la Biblioteca Nacional, empezó el velatorio de este promotor cultural: continúa hoy entre las 8 y las 10. “Jorge Alvarez fue el editor más revulsivo e imaginativo de los sesenta: con él se iniciaron muchos autores de la Argentina hoy consagrados”, reflexionó Horacio González, director de la institución. Hablaba de un hombre al que alguna vez le preguntaron cuál había sido su secreto para diferenciarse como editor y respondió: “Arriesgarme, simplemente”. Como hacen los apostadores.


05 julio, 2015

Traducir el Ulises

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires –conjuntamente con el CCEBA, la Embajada de Irlanda en la Argentina y el Keough-Naughton Institute for Irish Studies in Notre Dame, U.S.A.– celebra los setenta años de la primera traducción del Ulises de Joyce al castellano y la nueva traducción argentina de esa obra, a setenta años de la publicación de la primera. 

Las celebraciones se efectuarán en la Biblioteca Nacional Argentina (Agüero 2502, Buenos Aires), a lo largo de dos jornadas, y contarán con la presencia de destacados especialistas y traductores nacionales y extranjeros. 

El programa:

Lunes 6 de julio
 
18.15 hs. Presentación a cargo de Lucas Petersen
“Salas Subirat: el agente de seguros que tradujo Ulises”
Moderación: Julia Benseñor
 
Lucas Petersen (Tres Arroys, Pcia. de Buenos Aires, 1978) es periodista cultural especializado en música e historia de la cultura. Obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes para investigar la vida de José Salas Subirat, primer traductor Ulises de James Joyce al castellano.
 
Julia Benseñor (Buenos Aires, 1959) es traductora literaria y técnico-científica, recibida en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Entre los autores que ha traducido se menciona a Charles Chaplin, Ray Bradbury, Saul Bellow y Ring Lardner.
 
19.10 hs.
Marietta Gargatagli
“Eduardo Chamorro o la muerte del traductor (que nunca es él)”
Moderación: Silvia Camerotto
 
Marietta Gargatagli (Paraná, Pcia. de Entre Ríos, 1948) es profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, profesora del programa del Doctorado de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Universidad de Barcelona y del Postgrado on line de Traducción Literaria y audiovisual de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Autora y coautora de artículos y libros sobre crítica literaria, traducción e historia de la traducción. Entre ellos: Borges y la traducción (UAB, 1993); La traducción en América Latina, Buenos Aires, Paidós/Typa, Buenos Aires, 2012; Los traductores en la historia (Antioquía, 2005/Editions Unesco).

 

Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, 1959) es poeta, docente y traductora de poesía.  Publicó los libros de poesía  420 minutos de abstinencia (Buenos Aires, Ed. del Dock, 2008) y La Grosse Fuge (Buenos Aires, Ed. del Dock, 2012). Tradujo numerosos autores británicos, irlandeses y estadounidenses como Emily Dickinson,Wallace Stevens, Jude Nutter o Eiléan Ní Chuiléanain)


20.00 hs.
Carlos Gamerro
“Dos obras en los márgenes de la lengua”
Moderación: Juan José Delaney    

Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962) es narrador, ensayista, traductor y guionista de cine.. Es uno de los mayores especialistas latinoamericanos en la obra de William Shakespeare y James Joyce. Sus títulos de ficción publicados incluyen las novelas Las Islas (Buenos Aires, Simurg, 1998), El sueño del señor juez (Buenos Aires, Sudamericana, 2000), El secreto y las voces (Buenos Aires, Norma, 2002), La aventura de los bustos de Eva (Buenos Aires, Norma, 2004), Un yuppie en la columna del Che Guevara (Buenos Aires, Edhasa, 2010) y los cuentos de El libro de los afectos raros (Buenos Aires, Norma, 2005). Ha publicado también El nacimiento de la literatura argentina y otros ensayos (Buenos Aires, Norma, 2006), Ulises. Claves de lectura (Buenos Aires, Norma, 2009, e Interzona, 2015) y Ficciones barrocas (Buenos Aires, Eterna cadencia, 2011).


 
Juan José Delaney (Buenos Aires, 1954) es profesor de Letras, egresado de la Universidad del Salvador donde actualmente se desempeña como titular del Seminario de Literatura Argentina del Siglo XX y Coordinador del Irish Studies Program.  Narrador y ensayista, ha publicado Papeles del desierto, volumen que reúne cuentos escritos entre 1974 y 2004, Tréboles del sur (1994), colección de historias referidas a los inmigrantes irlandeses en la Argentina, que obtuvo el Tercer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad  de Buenos Aires,  la novela Moira Sullivan (1999) y la nouvelle Memoria de Theophilus Flynn (2012). 

Martes 7 de julio
 
18.20
Marcelo Zabaloy y Eugenio Conchez
“Cómo se tradujo la nueva edición del Ulises
 
Marcelo Zabaloy (Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires, 1956)  ha traducido el Ulises, así como otras obras de James Joyce que esperan publicación. Su obra Rapsodia fue finalista del Premio Clarín de Novela en 2011. Sus cuentos “La odisea” y “El olor de los jazmines” fueron publicados por las editoriales Victoria Ocampo y Homosapiens.
 
Eugenio Conchez (Intendente Alvear, La Pampa, 1983. Estudió Letras en la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), donde es profesor de Literatura Moderna. En el año 2006 publicó su libro de poemas Los salmos apócrifos.
 
19.10
Eduardo Lago
“Regionalismo y traducción: avatares de Ulises en castellano”
Moderación de Luis Chitarroni
 
Eduardo Lago (Madrid, 1954) es autor de la novela Llámame Brooklyn (Premio Nadal, 2006, Ciudad de Barcelona, Nacional de la Crítica y Fundación Lara de la crítica, todos en 2007), y la colección de cuentos Ladrón de mapas (Destino, 2008), entre otros títulos. Entre sus traducciones figuran una colección de relatos de Henry James, una antología de 82 poemas de Sylvia Plath, así como las novelas The Rise of Silas Lapham, de William Dean Howells o The Sot-Weed Factor, de John Barth.
 

Luis Chitarroni (Buenos Aires, 1958) es novelista, ensayista y editor. Durante más de veinte años se desempeñó en ese puesto en la Editorial Sudaméricana y actualmente es director editorial de La Bestia Equilátera, sello por el cual fue oportunamente designado por un jurado de colegas como “Editor del Año” en la última Feria del Libro de Buenos Aires. Entre otros títulos, publicó SiluetasEl CarapálidaPeripecias del no y Mil tazas de té.
 
20.00
Barry McCrea
“Una lectura irlandesa del Ulises
Moderación de Jorge Fondebrider
 
Barry McCrea (Dublin, 1974) es un escritor y académico irlandés, que estudió en el Trinity Colege de Dublin. Posteriormente, obtuvo un PhD de la Universidad de Princeton y enseñó Literatura Comparada en la Universidad de Yale y, actualmente, en el campus italiano de la Universidad americana de Notre Dame en Roma. Publicó la novela The First Verse (2005; traducida un año después en España como Literati), In the Company of Strangers: Family and Narrative in Dickens, Conan Doyle, Joyce and Proust (2011) y Languages of the Night: Minor Languages and the Literary Imagination in 20th-Century Ireland and Europe (2015). Está escribiendo una segunda novela.
 
Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) es poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Ha publicado los libros de poesía Elegías (1983), Imperio de la luna (1987), Standards (1993) y Los últimos tres años (2006). Como traductor de poesía ha publicado Poemas, de Henri Deluy (1995); Poesía francesa contemporánea. 1940-1997 (1997); Poesía irlandesa contemporánea (con Gerardo Gambolini; 1999); Reynardine y otras baladas anglo-escocesas (con Gerardo Gambolini; 2000); Poemas (1999), de Henri Deluy, Antología poética, de Yves Di Manno (2000) y Abrir una caja, de Richard Gwyn (2013). Ha traducido asimismo, entre otros autores, a Guillaume Apollinaire, Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Paul Virilio, Claire Keegan, Joseph O’Connor y Patricia Highsmith. En 2014 se presentó su traducción de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, primera edición anotada en lengua castellana. Coordina el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, que fundó con Julia Benseñor en 2009.
 
Todas las actividades serán con entrada gratuita y sin inscripción previa.
Se ruega puntualidad.




BIBLIOTECA NACIONAL
Agüero 2502 – C.A.B.A.
Sala “Juan L. Ortiz” – 3er. piso
 http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com.ar


04 julio, 2015

Viento nocturno


Un poema de Robert Desnos hecho a partir de pleonasmos, traducido por Rodolfo Alonso

Sobre el mar marítimo se pierden los perdidos
Los muertos mueren mientras cazan
cazadores que bailan una ronda en redondo
¡Dioses divinos! ¡Hombres humanos!
Con mis dedos digitales desgarro un cerebro cerebral.
¡Qué angustiosa angustia!
Pero las amantes amansadas tienen cabellos cabelludos
Cielos celestes
tierra terrestre
¿Pero dónde está la tierra celeste? 



Sur la mer maritime se perdent les perdus
Les morts meurent en chassant
des chasseurs dansent en rond une ronde
Dieux divins! Hommes humains!
De mes doigts digitaux je déchire une cervelle
cérébrale.
Quelle angoissante angoisse!
Mais les maîtresses maîtrisées ont des cheveux chevelus
Cieux célestes
terre terrestre
Mais où est la terre céleste? 


"Viento nocturno", incluido en Corps et biens.

03 julio, 2015

Traducciones homográficas



Integrante del Oplepo, el Opificio di Letteratura Potenziale (ver aquí) que es el equivalente italiano al Oulipo francés, Elena Addòmine ha experimentado en Forme For me con la traducción homográfica: "traducciones" del italiano al inglés que, como lo muestra este ejemplo, conservan una misma secuencia de letras, salvo que estas con segmentadas de manera diferente.

El reultado, por medio de una puntuación distanta, son dos textos diferentes, en dos lenguas diferentes y con significados diferentes.

 
 

Lo vedi, Love dip,
paga in amore, again a more tremor:
tremo rapita. a pit a ...
Ma fine porterò fatale ... 'm a fine porter of a tale ...

01 julio, 2015

Escribir según Javier Marías



No hace falta decir que hablo por mí mismo: Escribir novelas es la asunción de una anomalía. Publicarlas es el intento de imponer a otros esa anomalía. El novelista tiene la visión deformada, también la lengua, quizá el gusto. Pero no es sólo eso: se ha dicho muchas veces que quien vive no escribe, quien escribe no vive. Creo más bien que quien escribe lleva a cabo continuamente una selección de la vida. Elige lo que le interesa vivir, y por tanto elige su propia muerte. O, dicho de otro modo, muere numerosas veces, cada vez que quiebra lo que no puede sino ser un continuum para los que no padecen su anomalía.

El novelista lo soporta todo si confía en poder contarlo, o, en palabras de Isak Dinesen, sabe que «todas las penas pueden soportarse si se meten en una historia o se cuenta una historia acerca de ellas». Soporta incluso su propia tarea de fragmentación, la constante jerarquización a que somete a las cosas del mundo, el esfuerzo y el cansancio que supone discernir hasta en los menores detalles: un color, un gesto, un diálogo. En eso consiste su anomalía: en la enfermedad de elegir y ordenar cuanto su ojo imagina o capta y su lengua puede silenciar o nombrar.

Tomado de "Literatura y fantasma", de Javier Marías. 

29 junio, 2015

#YoBorges




A la manera de Queneau con su poesía combinatoria de Cent mille milliards de poèmes (1961), los creadores de la página "#YoBorges" (acá) proponen armar, combinando versos, un poema borgeano y jugar a ser Borges durante algunos segundos. 

Propone la página:
"102 versos a ordenar en 13 líneas.   415.000.000.000 combinaciones posibles. Un solo poema perfecto oculto entre ellos. O tal vez no. Juguemos a ser Borges. Sólo los errores son nuestros". 

¿Cómo resistirse a semejante tentación? El primer resultado, por ejemplo:


Un hombre trabajado por el tiempo
no salió nunca de su biblioteca
un triste oro, tal es la poesía
con su timbre y su número preciso.

¿Por qué es tan triste madrugar?
Bruscamente la tarde se ha aclarado,
en el crepúsculo de los espejos
que se parece al sueño y al olvido.

También el jugador es prisionero
en abatimiento de agua y de sombra
los mismos pasos en los mismos días
en esa biblioteca del pasado.
Aquí son demasiadas las estrellas.

Enlace original:

http://www.yoborges.com.ar/

Una nota al pie de la página explica que el artefacto fue ideado y puesta en marcha por Diego de la Fuente para su blog "Fumado":

25 junio, 2015

El lío gordo del Aleph engordado



Hoy en La Nación, Maximiliano Tomas publica una excelente columna  sobre el caso Katchadjian y el juicio que María Kodama ha entablado contra él y contra El Aleph engordado. Algunos extractos:

Por Maximiliano Tomas

El asunto es así de sencillo: en marzo de 2009 el escritor y docente universitario Pablo Katchadjian (Buenos Aires, 1977) imprimió, en edición de autor, pagando todos los costos, doscientos ejemplares de un libro de cincuenta páginas titulado El Aleph engordado. Siguiendo procedimientos similares a los que ya había utilizado en El Martín Fierro ordenado alfabéticamente (2007), Katchadjian continuaba así con una serie de homenajes y experimentos con los clásicos de la literatura argentina (...) El Aleph engordado es precisamente lo que su nombre indica: Katchadjian tomó uno de los cuentos más célebres de Jorge Luis Borges y lo intervino (en el sentido en que se suelen "intervenir" obras en el arte contemporáneo) agregándole grasa, es decir, palabras de más. Así, el texto pasó a tener más del doble de su peso original: de las saludables cuatro mil palabras de Borges a las obesas nueve mil seiscientas finales de Katchadjian. Una frase de Borges como "Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada: había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza" pasó a transformarse, por ejemplo, en: "Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada como una torre italiana; había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis racional, una decisión involuntaria". 
Jugando incluso con la posdata de Borges incluida en El Aleph, Katchadjian incluyó una segunda posdata, de 2008, en donde explicaba cuál había sido su ejercicio de "engorde": "El trabajo de engordamiento tuvo una sola regla: no quitar ni alterar nada del texto original, ni palabras, ni comas, ni puntos, ni el orden. Eso significa que el texto de Borges está intacto pero totalmente cruzado por el mío, de modo que, si alguien quisiera, podría volver al texto de Borges desde éste".
Hasta aquí los hechos, de los cuales, en su momento, casi nadie tomó nota. Katchadjian regaló la mayor parte de los libros a amigos y allegados, y puso a la venta el resto, a un precio de 15 pesos. Este último acto, en apariencia intrascendente, le traería consecuencias inimaginables al día de hoy.
Tres años después, en 2011, cuando del libro de Katchadjian existía apenas un recuerdo y algunos ejemplares dispersos, María Kodama, viuda de Borges y heredera de todos los derechos de su obra, demandó al escritor por plagio, de acuerdo a la actual Ley 11.723 de Régimen Legal de la Propiedad Intelectual. ¿Habrá Kodama realmente pensado que Katchadjian copió a Borges intentando extraer alguna ganancia de aquel homenaje? ¿Habrá querido castigarlo por utilizar un cuento de Borges sin solicitarle autorización? ¿O en verdad pensó en convertir este caso en un ejemplo para evitar, en el futuro, que nadie se acerque con intenciones non sanctas a la obra de su ex marido? No lo sabemos. Lo cierto es que Katchadjian fue sobreseído dos veces, y todo parecía haber concluido, hasta que el 18 de junio la Cámara de Casación se hizo eco de la apelación del abogado de Kodama y decidió procesarlo, dictarle un embargo de 80 mil pesos sobre sus bienes y avanzar con la causa. Lo que puede derivar, en un hecho sin precedentes, en una pena para un escritor argentino de hasta seis años de prisión. (...) A nadie pueden caberle dudas de que Katchadjian no perseguía intereses comerciales con un libro de tirada reducida, que no fue distribuido en librerías, y cuyos ejemplares fueron en su mayor parte obsequiados. Un asunto así se saldaría con una compensación sencilla: supongamos que Katchadjian percibió 15 pesos por la mitad de la tirada que no regaló, unos 100 libros. Entonces le debería a Kodama unos 1500 pesos, o una actualización de ese importe al día de hoy, más intereses.
También es evidente que no hubo dolo ni defraudación, como argumenta su abogado, el también escritor Ricardo Strafacce: Katchadjian no pretendió engañar a nadie, ya que su broma está señalada desde el mismo título, El-Aleph-engordado.
Uno puede tratar de entender, por forzadas que parezcan, las razones de María Kodama en su intento de perseguir y denunciar la utilización de la obra de su ex esposo, incluso si ese hombre fue el que nos enseñó que la literatura es sobre todo tradición, que no pertenece a nadie o, lo que es lo mismo, nos pertenece a todos. Más complicado es ponerse en el lugar del juez y de la Cámara, que primero creen en algo para más tarde volver sobre sus pasos, y que ponen, bien entrado el siglo XXI, a un escritor en la antesala de un juicio inédito. Cualquiera conoce el principio de igualdad ante la ley: las normas deben aplicarse a todos por igual. Pero también existen la lógica, el sentido común y los atenuantes. Cuando el texto de la ley no contempla el paso del tiempo, el devenir de la historia y los cambios culturales, es decir, cuando no vela por el bien del hombre, sujeto para el que fue creada, y pone por encima de él otros intereses, puede conducir a aberraciones como esta

 El resto del texto (enlace original), aquí:
http://www.lanacion.com.ar/1804691-el-insolito-caso-literario-que-se-dirime-en-tribunales

Para apoyar a Katchadjian:
https://www.facebook.com/pages/Apoyo-a-Pablo-Katchadjian/1599418800322990

24 junio, 2015

Manifiesto contra las notas al pie de página




Traducción al castellano, con algunas leves libertades, del texto original en francés (aquí), publicado en el blog de Henry Landroit. El propio Landroit es el autor del texto original.

http://landroit.blogspot.fr