01 octubre, 2017

La máquina de escribir caracteres chinos


Personas en bicicleta que cargan objetos insólitos, vendedores de brochettes de insectos, laberintos de centros comerciales, autopistas atestadas y el hallazgo, en un mercado, de una vieja e incomprensible máquina de escribir caracteres chinos son algunas de las escenas que representan la vida cotidiana de la China actual y que unen, de manera casi mágica, una sociedad moderna en plena transformación (la llamada “potencia del futuro”) con las tradiciones más ancestrales o misteriosas.
 

Eduardo Berti viajó tres veces a China. Vivió algunos meses en Xi’An y en Pekín junto con su mujer e hijo. Fue extranjero y casi invisible. Como un niño que se asoma al mundo, con una mezcla de extrañamiento y desprejuicio, Berti escribe y describe en estas páginas un Oriente cercano y lejano al mismo tiempo. Y nos recuerda que “viajamos, entre diver­sas razones, para mantener viva la sorpresa, para no olvi­dar la abundancia del mundo y la variedad del hombre; para vivir esa clase de experiencias que también solemos buscar en los libros, en la ficción.”




Recordaré, al menos por algunos meses, la cara del obeso peluquero de la ciudad de Xi’An, y mi cara en el espejo, y el peluquero y yo tratando de comunicarnos, de entendernos. Y de haberme dicho, frente al espejo, que un corte de pelo en un país donde no hablamos la lengua es como poner nuestra cabeza en manos de lo impensado. 

Recordaré a la tortuga viva en el supermercado Ren Ren Le de Xi’An. Ahí estaba ella, muy sola en su jaula de cristal, a la derecha de unos grandes peces nadadores, a la izquierda de unas pechugas de pollo inmóviles y lustrosas: entre la vida y la muerte. 

Recordaré haber pensado que muchas cosas que ocurren ahora mismo en China, ocurrirán en el futuro en otros países, como si China hoy quedase en una especie de futuro.