sábado 11 de julio de 2009

La garantía del alma


Una financiera letona de nombre Kontora, con sede en Riga, concede préstamos de entre 50 y 500 lats (de 70 y 700 euros) con la única garantía del alma. El contrato establece que el solicitante no tiene que presentar ninguna documentación y que basta con que garantice que "su esencia inmaterial, es decir, su alma inmortal", no está comprometida en otro préstamo. Si uno no paga al cabo de 90 días, la compañía se queda con su alma. No he encontrado en la web de la compañía, cuyo eslogan es "dinero en libertad condicional", ninguna referencia a que el préstamo se limite a nativos, aunque en algunos sitios sostienen que es así.

"El negocio es el negocio. Damos a la gente dinero contante y sonante. Si un hombre valora su alma, devolverá el dinero del crédito. Es todo legal. Cada uno puede decidir por sí mismo qué es más importante para él”, ha declarado un representante de la firma al diario letón Vesti Segodnya, según Russia Today.

Versión resumida de un texto publicado por Luis Alfonso Gámez en El Correo Digital, de España, el 25 de junio de 2009.

jueves 9 de julio de 2009

El avión y el paracaídas

Toda forma narrativa propone algún modo de invadir el espacio. En este sentido, el cuento se movería igual que un dardo y la novela, igual que un radar. Toda forma narrativa propone además un modo de manipular el tiempo. Desde esta perspectiva, la novela sería un todavía y el cuento, un de repente; las novelas dibujan un esquema temporal, van enlazando un conjunto de transiciones; los cuentos trazan un corte, fabrican un estado abrupto.

La novela es la luz del día, O de la luna llena. El cuento, sólo un golpe de linterna. O un fósforo en nuestra habitación a oscuras.


Escribir una novela se parece a pilotar un avión. Con su envergadura poderosa, su estructura compleja, su instrumental detallado. Escribir un cuento se parece, en cambio, a tirarse en paracaídas: un aparato frágil, poco margen de maniobra, sensación de vértigo. Y, hasta tocar tierra, uno jamás está seguro de si el maldito mecanismo ha funcionado.

Andrés Neuman, “El último minuto”


miércoles 8 de julio de 2009

El ayuno

Tallemant DES REAUX


Un cochero fue a confesarse. El sacerdote le ordenó que ayunara durante ocho horas.

-No puedo permitirme algo así, me arruinaría –le dijo al confesor.

-No entiendo por qué dice esto.

-Porque soy un hombre pobre, casado y con hijos. Y esta cuaresma he visto ayunar a mis amos: para ello hacen falta peras, arroz, espinacas, pasas de uva, higos y otros alimentos aún más costosos.


Gédéon Tallemant des Réaux: "Historiettes"


martes 7 de julio de 2009

El mundo

George SANTAYANA

Hay libros en los cuales las notas al pie, o los comentarios borroneados en los márgenes por la mano de algún lector, son más interesantes que el texto. El mundo es uno de esos libros.

George Santayana, “Realms of Being”


lunes 6 de julio de 2009

Una familia muy normal

Akward quiere decir en inglés “torpe”, “incómodo”, “poco elegante”, o incluso "curioso".

El principio de awkwardfamilyphotos.com es muy simple: fotos de familias torpes o, si se prefiere, torpes fotos de familias.

El sitio lleva pocas semanas funcionando pero, según la prensa norteamericana, llegó a recibir más de 1 millón de visitantes diarios y algunas editoriales (Harper Collins, Penguin, Time Warner Book) han pensando en hacer un libro con las mejores fotos allí publicadas, que son así:





http://awkwardfamilyphotos.com/

domingo 5 de julio de 2009

Joe Brainard


En una vieja entrada de este blog escribí acerca del libro “Je me souviens” de Georges Perec.

La editorial Sexto Piso ha editado, hace pocos meses, el libro que inspiró a Perec: “Me acuerdo”, del escritor y artista plástico norteamericano Joe Brainard (1942-1994).

La influencia es innegable y el propio Perec se encargó de explicitarla. Así y todo, creo advertir una diferencia notable entre ambos libros: los recuerdos de Brainard son en su mayoría individuales y autobiográficos, mientras que Perec (aun cuando escribe también en primera persona) apela a la memoria colectiva. El segundo de los recuerdos de Brainard que he recopilado más abajo es "perequiano", si se quiere; pero esta visión no es la que predomina en su libro.

Algunos recuerdos de Brainard:
Me acuerdo del placer que me daba hurgar en los cajones de mis padres en busca de condones (marca Peacock).

Me acuerdo de cuando la polio era la cosa más terrible del mundo.

Me acuerdo de cuando un niño me dijo que las hojas agrias con forma de trébol que solíamos comernos (con florcitas amarillas) tenían un sabor tan agrio porque los perros se meaban encima. Me acuerdo de que eso no impidió que siguiese comiéndolas.

Me acuerdo del primer dibujo que recuerdo haber hecho. Era una novia con un vestido con la cola muy larga.

Me acuerdo de mis primeras erecciones. Creía que tenía alguna horrible enfermedad o algo parecido.

Me acuerdo de la única vez que he visto a mi madre llorar. Me estaba comiendo una tarta de albaricoque

Me acuerdo de haber ido a una fiesta de «Vístete de tu personaje favorito» vestido de Marilyn Monroe.

Me acuerdo de lo mucho que tartamudeaba.

Me acuerdo de lo mucho que quería, en el instituto, ser guapo y popular.

Me acuerdo de cuando, en el instituto, si vestías de verde y amarillo los jueves significaba que eras gay.

Me acuerdo de cuando, en el instituto, tenía por costumbre meterme un calcetín en los calzoncillos.

Me acuerdo de cuando decidí hacerme pastor eclesiástico. No me acuerdo de cuando decidí no serlo.

Me acuerdo de que una vez me llené la cara de arañazos con mis propias uñas para que la gente me preguntara qué me había pasado y yo les contase que había sido un gato y ellos, claro está, sabrían que no había sido un gato.

“I Remember” fue publicado originalmente por Angel Hair, en 1970; en la actualidad se consigue en inglés en la edición de Granary Books.

www.joebrainard.org

www.sextopiso.com

sábado 4 de julio de 2009

Narradoras argentinas

Amalia JAMILIS


La poeta y narradora María Teresa Andruetto lleva adelante un blog interesantísimo, dedicado a las mujeres escritoras argentinas:

http://narradorasargentinas.blogspot.com/

“He creado este blog con el propósito de ir subiendo, a medida que salgan, mis columnas sobre “Narradoras argentinas” escritas para el suplemento cultural del diario La Voz del Interior, y leídas luego en el programa El Dirigible, Radio Nacional/Córdoba. En esas columnas repaso, reviso o rescato, vida y obra de escritoras argentinas de todos los tiempos”, explica Andruetto en su blog.

Libertad DEMITROPULOS


La lista de autoras que presenta a fondo Andruetto en el blog incluye, entre otras, a Marta Lynch, Rosalba Campra, Libertad Demitrópulos, Reina Roffé, Noemí Ulla o Amalia Jamilis.

Acerca de cada autora, Andruetto analiza lo que han dicho ellas de su obra y lo que se ha dicho de ellas, además de adjuntar datos biográficos y fragmentos representativos. Como este texto de Paula Wajsman (1938-1995):

Pertenezco al pueblo de los memoriosos. Cuando uno de nosotros mata, todos velamos. No velamos al muerto sino al asesino. Así es costumbre entre nosotros. Debemos aceptar que nos ruegue perdón, pero nos repugna concederlo. El tiene lástima por la infamia del espejo que nos impone. Enfrentar su visión nos cegaría de horror y de vergüenza, pero se nos prohíbe olvidarlo.

El reo es representado por un paño negro que nos chupa los ojos. Mirándolo, pensamos. El paño lustroso cuelga de una de las paredes de un excusado en el que todos –hombres y mujeres por igual- permanecemos juntos un día y una noche. Evitamos mirarnos, y callamos. Quien necesita descargar sus tripas, lo hace al lado de los otros, sin interrumpir la meditación que nos une. Los vahos de dolor son más fuertes que cualquier pestilencia.


www.teresaandruetto.com.ar


jueves 2 de julio de 2009

Cinco libros: Santiago Roncagliolo


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Santiago Roncagliolo:


CINCO NOVELAS CON BUENAS ESCENAS DE SEXO

1. "El animal moribundo" de Philip Roth:
La pareja del profesor Kepesh encuentra un tampax ajeno en el baño. Irrumpe en el comedor mientras Kepesh desayuno y se lo embute en la tostada. Gran momento.

2. "El sur de la frontera, al oeste del sol" de Haruki Murakami:
El encuentro final del protagonista con su novia de infancia te dejará temblando durante meses.


3. "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari Kawabata:
Un anciano asiste a un burdel para acostarse con una doncella mientras ella duerme. Si te suena de algo, no es García Márquez. Es Kawabata.

4. "El teatro de Sabath" de Philip Roth (sí, otra vez):
25 páginas de diálogo telefónico ilegal entre el sexagenario protagonista y su amante menor de edad. Querrás tener sesenta años.

5. "La información" de Martin Amis:
Nadie como Amis puede describir el fracaso sexual de un cuarentón con un vocabulario tan amplio. He contado sesenta y seis palabras diferentes para referirse a la impotencia.

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), ganador del Premio Alfaguara de Novela 2006 por Abril rojo, vive actualmente en España y ha trabajado como guionista de televisión, periodista, traductor, negro literario y hasta autor de discursos políticos. Ha publicado los libros infantiles Rugor, el dragón enamorado (Alfaguara, 1999), La guerra de Mostark (Santillana, 2000) y Matías y los imposibles (Siruela, 2006). Su primera novela fue El príncipe de los caimanes (Ediciones del Bronce, 2002) , a la que le siguió el libro de cuentos Crecer es un oficio triste (Ediciones del Bronce 2003), elegido Nuevo Talento por la cadena de librerías FNAC en ese año. Otros de sus libros: Pudor (Alfaguara, 2005), Jet Lag (2007) y su más reciente novela Memorias de una dama (2009).


martes 30 de junio de 2009

Variaciones sobre la soledad


La nueva traducción de "La madriguera", de Franz Kafka, realizada por Ariel Magnus y publicada por La Compañía, revitaliza uno de los últimos relatos del escritor checo.


El siguiente artículo fue publicado por ADN Cultura/ La Nación (Buenos Aires) el pasado sábado 27 de junio de 2009.

Por Ariel Magnus


Un escritor extranjero, sobre todo si escribió en un idioma bastante ajeno para el público argentino, no se mantiene vivo por la reedición de viejas traducciones, sino por la aparición de nuevas, que lo actualizan y reinterpretan. En el caso de "La madriguera", que acaba de publicar La Compañía, la actualización se da ya desde el título, que hasta ahora había sido traducido como "La construcción". Aunque ésta es la acepción más común del título original, Der Bau , la que le sigue, menos alegórica y pretenciosa, parece ser la más conveniente para una historia que tiene por protagonista la morada subterránea de un animal carnívoro.

El relato "La madriguera" es el más extenso de Kafka luego de "La metamorfosis". Es también el último de los publicados póstumamente en sus Cuentos completos , y acaso el último que escribió. Fue entre 1923 y 1924. Por ese entonces, ya pensionado a causa de la tuberculosis, Kafka había decidido mudarse a Berlín, una decisión repentina y osada que él comparaba con la campaña de Napoleón a Rusia.

Era la primera vez que el ex empleado de una compañía de seguros se instalaba fuera de Praga, lejos de su familia. También era la primera vez, luego de los frustrados romances con Felice y Milena, que compartía su casa con una mujer, Dora Diamant, a quien había conocido hacía unos meses durante unas vacaciones. Vivían en una habitación en Steglitz, un barrio en las afueras, sustrayéndose en la medida de lo posible al tumultuoso Berlín de los años veinte. Kafka no leía el diario, en parte para ahorrarse su importe, y casi no iba al centro de la ciudad, donde sentía que se ahogaba.


Aislado de esta forma en su madriguera, el convaleciente pasaba sus horas escribiendo. La enfermedad no cedía, al contrario, pero él no quería renunciar a la independencia conquistada. "Si debo sucumbir a los fantasmas, mejor aquí que allá, pero todavía no llegamos a tanto", le escribe a su amigo Max Brod. Pero la aventura duró poco. En marzo de 1924, cuando su salud ya estaba muy debilitada, Kafka tuvo que rendirse y volver a la casa de sus padres. Poco después fue internado en un sanatorio cerca de Viena, donde murió en junio a los 40 años de edad.

Antes de su fallecimiento, Kafka entregó a la imprenta el libro de cuentos "Un artista del hambre , que llegó a corregir, aunque no a ver publicado. El último texto de ese libro es "Josefina la cantora o el pueblo de los ratones", cuyo narrador es un animal y en el que se no contempla la presencia de seres humanos, igual que en "Investigaciones de un perro". También "La madriguera" comparte estas características, pero aquí no sólo se repite esa voz narrativa y la ausencia de personas, sino que ni siquiera aparecen otros animales. Un roedor impreciso, como el bicho en el que se ve transformado Gregorio Samsa (como en aquel caso el escarabajo, la crítica propone para éste el tejón o el topo), vive en completa soledad dentro de su guarida, obsesionado con su seguridad y con el ruido de un enemigo presunto. La transformación que de alguna manera había empezado en "La metamorfosis" (1915) llega en este relato póstumo a su último estadio: la soledad y el ostracismo de un hombre, expresados en su repentina conversión en un bicho, se transforman en la soledad y el ostracismo del bicho mismo. Un bicho, por lo demás, reducido a su esencia, al miedo a dejar de serlo, lo que, paradójicamente, acaba humanizándolo.

Como ocurre en casi toda la literatura de Kafka, el cuento no tiene un crescendo notorio. Casi empieza por el final: "He instalado la madriguera y parece estar bien lograda". En vano buscar de ahí en más un desarrollo en el sentido clásico del término. El relato empieza en su pico de tensión y así se mantiene sin sucesos espectaculares, en lo que reside gran parte de su maestría. Con este laberíntico monólogo interior de un animal solitario, Kafka lleva su estrategia narrativa a su máximo grado de expresión. En ese sentido podría decirse que "La madriguera" es el más logrado de los cuentos de Kafka, el más kafkiano.

Sin embargo, el hecho de que la anécdota se encuentre reducida a su mínima expresión no significa que el relato carezca de momentos trascendentes. La particularidad es que hay que buscarlos en movimientos más intelectuales que narrativos. Un quiebre dentro del relato, en sí una descripción perfecta de cómo funciona la paranoia, se presenta cuando el dueño de la madriguera sale y se pone a vigilar la entrada, sintiendo que se mira dormir desde afuera: "Se me hace entonces como si estuviera no delante de mi casa, sino de mí mismo mientras duermo, y tuviera la dicha de poder dormir profundamente y al mismo tiempo vigilarme con todo rigor".

Que el texto empiece con la historia ya terminada le da a "La madriguera" su verdadero carácter ulterior, casi testamentario. Si bien se trata de un texto igual de maniático que muchos de los anteriores, los laberintos de su protagonista parecen tener una salida. La resignación y la impotencia que acostumbran dominar los textos de Kafka se transforman aquí en una suerte de nostalgia optimista, incluso de cara al fin inminente.

Se supone, de todas formas, que en el relato hacía su aparición un segundo animal. Esto ocurría en las últimas páginas, hoy perdidas. Sólo queda de ellas el testimonio de Dora Diamant, tal como lo recogió Max Brod, según el cual no faltaba mucho para que tuviera lugar la "lucha decisiva" en la que "el héroe cae derrotado". Ese enemigo que parece avanzar desde el interior mismo de la madriguera sería, siempre según Diamant y Brod, la tuberculosis que aquejaba a Kafka, quien al parecer se refería a su "torturante tos" como "El Animal".

La situación política de aquella época permite otras interpretaciones. Como soñó Ricardo Piglia en Respiración artificial , no es descabellado pensar que Kafka intuyó el horror que se estaba gestando en una prisión de Baviera, con un libro que se sigue traduciendo aún hoy. Y a la vez, en una lectura radicalmente distinta (y qué caracteriza más a un clásico que la multiplicidad de interpretaciones a las que da lugar), este relato tampoco resulta ajeno a la actualidad, pues a fin de cuentas también habla del deseo de vigilancia absoluta de quienes, obsesionados por la seguridad, viven encerrados en su propios miedos paranoicos y ven el mundo como una confabulación de peligros contra ellos, temerosos propietarios de una madriguera.

lunes 29 de junio de 2009

El perro del campesino


Francois CARADEC



El señor Houzeau cuenta la siguiente anécdota: “Un campesino que vivía en los alrededores me visitó en la cabaña de Texas donde entonces yo habitaba. Uno de sus perros estaba recostado a mis pies hecho un ovillo y dormitaba. Mi charla con el visitante llevaba casi una hora. De repente vi que el perro levantaba la cabeza como si se hubiera despertado de un sobresalto y que me miraba con aire interrogativo. Por un instante pensé que el animal salía de una pesadilla; pero enseguida, al reflexionar sobre las últimas palabras que le había dicho a mi vecino, descubrí que la sílaba de una palabra, aliada a la primera sílaba de la palabra siguiente, componían el nombre del perro. Esta coincidencia, que yo no había advertido durante la conversación, bastó para concitar la atención del perro”

Zaborowski: “El origen del lenguaje”

Segismundo Zaborowski fue un antropólogo, nacido en Polonia en 1851. Vivió en Francia, donde fue miembro de la Sociedad Antropológica de París. Escribió numerosas obras como "Ancienneté de l'homme", "L'homme préhistorique" o "L'origine du langage". Al último trabajo pertenece esta anécdota, que Francois Caradec recoge en su libro “Poemas para perros”.