05 mayo, 2016

Buenas historias




Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)

Buenas historias



Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)

20 abril, 2016

La cordura de don Quijote




El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria. 

 Marco Denevi, Parque de diversiones, 1970

06 abril, 2016

Desplazamientos


La editorial de la Universidad de la Plata acaba de publicar la antología Desplazamientos (Viajes, exilios y dictadura), con selección y edición del escritor, crítico y docente Adrián Ferrero (La Plata, 1970). 




Los autores incluidos en el libro son, en orden alfabético, Diana Amiama, María Elena Aramburú, Eduardo Berti, Carolina Bruck, Rosalba Campra, Gabriela Casalins, Ulises Cremonte, Juan Bautista Duizeide, Graciela Falbo, María Laura Fernández Berro, Mempo Giardinelli, Mario Goloboff, Angélica Gorodischer, Liliana Heer, Sylvia Iparraguirre, Noé Jitrik (en entrevista y textos), Nelson Mallach, Analía Martinoia, María Martoccia, Tununa Mercado, María Negroni, Ricardo Piglia (en entrevista), Reina Roffé, Paula Tomassoni y Aurora Venturini.
Viajes, exilios y dictadura

Adrián Ferrero
(editor)

Noé Jitrik, Ricardo Piglia, Mempo Giardinelli, Angélica Gorodischer,
Sylvia Iparraguirre, Tununa Mercado, Aurora Venturini, María Negroni y otros

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Escritor y crítico literario, es doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Publicó los libros Verse (2000), Cantares (Edulp, 2005) y, en carácter de editor, Obra crítica de Gustavo Vulcano (Editorial de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 2005). Algunos de sus cuentos se editaron en revistas académicas de Estados Unidos y México. Ha sido traducido al inglés. Fue beneficiado con tres becas bianuales
de investigación de su Universidad (2000-2006) y un subsidio para jóvenes investigadores (UNLP, 2005). Varios de sus trabajos especializados se dieron a conocer en Alemania, Francia, Estados Unidos, Israel, España, Brasil y Chile.
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Dice Saúl Sosnowski, en su presentación:

Pareciera que Adrián Ferrero, un lector agudo e incisivo, optó por ser cauteloso. En su nutrida introducciónt comenzó sometiendo el término "desplazamientos" a las entradas del diccionario María Moliner; sin embargo, rápidamente, a partir de considerandos de Sylvia Molloy y Mariano Siskind en Poéticas de la distancia. Adentro y afuera de la literatura argentina (2006), lanzó sus propios interrogantes para armar una versión privilegiada de poéticas argentinas de los siglos XX y XXI.
La empresa acometida por Ferrero era riesgosa: la elección de los antologados debía cubrir varias generaciones, incluir a quienes permanecieron en el país durante la dictadura y a quienes se vieron obligados a salir del país u optaron por exiliarse: autores migrantes, expatriados, habitantes de las orillas, residentes fuera de lugar junto a otros que jamás cuestionaron estar en su propia piel. Emplazados y desplazados; retornados, descentrados y resistentes. Y a todo ello sumó un requisito, digamos, federal: esta antología ofrece un conjunto de textos literarios que, si bien privilegia a los platenses, incluye autores de varias provincias y de la CABA, así como de algunos que decidieron permanecer en Europa.

A partir de sendas entrevistas a Noé Jitrik y a Ricardo Piglia (que le aconseja: “preguntarle a un escritor cómo se gana la vida es siempre una buena pregunta para entender su poética”), Ferrero ofrece textos de 24 autores: algunos ya consagrados por la crítica y el público (Berti, Campra, Giardinelli, Goloboff, Gorodischer, Heer, Iparraguirre, Jitrik, Mercado, Negroni, Roffé) y una exquisita selección de autores platenses (Amiama, Aramburú, Bruck, Casalins, Cremonte, Duizeide, Falbo, Fernández Berro, Mallach, Martinoia, Tomassoni, Venturini) y de quien se enfrenta a la literatura desde diversos márgenes (Martoccia).

Esta antología incita a la reflexión y al diálogo, a formular un balance preliminar sobre una época en proceso de definición. El resultado es lo deseado por Ferrero: dibujar las poéticas de nuestros desplazados días.

Un adelanto del libro (un texto de Aurora Venturini) puede leerse en el sitio de la editorial:

http://editorial.unlp.edu.ar/uploads/docs/aurora_venturini.pdf

27 marzo, 2016

La historia del gato y el "bistec".



Una mujer recibe a unos invitados a cenar y deja un magnífico bistec de tres kilos sobre la mesa de la cocina. Llegan los invitados, ella conversa con ellos en el salón, toman unos Martinis, después la mujer se excusa y se retira a la cocina a preparar el bistec..., entonces descubre que ha desaparecido. ¿Y a quién ve lamiéndose tranquilamente los bigotes en un rincón? Al gato de la casa. 

—El gato se ha comido el bistec —observa solemnemente la mayor de las niñas. 

—¿Estás segura? No eres tonta, pero espera. 

Acuden los invitados, discuten. Los tres kilos de bistec se han volatilizado y el gato parece perfectamente lleno y satisfecho.

«Pesemos al gato», sugiere alguien. Todos están un poco bebidos y la idea les parece excelente. Se dirigen al baño y colocan al gato sobre una báscula. El gato pesa tres kilos exactos. Todos se agolpan alrededor de la báscula. Un invitado dice: «Bueno, ahí está el bistec». Están seguros de saber qué ha ocurrido, ahora tienen una prueba. Entonces otro invitado duda y, perplejo, pregunta: «Pero ¿dónde está el gato?».

Emmanuel Carrère, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (Philip K. Dick : 1928-1982), ed. Minotauro, traducción de Marcelo Tombetta.


21 marzo, 2016

Alguien estaba muerto




P.  –¿Tuvo usted —o tiene— hermanos o hermanas?

R. —Este... Yo... yo... yo así lo creo... pero no lo recuerdo.

P. —¡Pues su declaración es la más extraordinaria que yo haya oído en toda mi vida!

R. —¿Por qué piensa eso?

P. —¿Cómo quiere que piense? Mire... ¿De quién es ese retrato de la pared? ¿No se trata, acaso, de un hermano suyo?

R. —¡Oh! Sí, sí, sí. Ahora recuerdo: éste era hermano mío. Es William... lo llamábamos Bill. ¡Pobre Bill!

P. —¿Por qué? ¿Ha muerto?

R. —Este... Supongo que sí. Nunca pudimos aclararlo. Hay gran misterio en el asunto.

P. —Eso me parece lamentable, muy lamentable. Entonces... ¿Bill desapareció?

R. —Le diré... Sí, en términos generales. Lo enterramos.

P. ¡Lo enterraron! ¿Lo enterraron sin saber si estaba vivo o muerto?

R. —¡Oh, no! Eso, no. Estaba suficientemente muerto.

P. —Confieso que no lo entiendo. Si ustedes lo enterraron y sabían que estaba muerto...

R. —¡No, no! Sólo creíamos que lo estaba...

P. —¡Ah!, comprendo. ¿De modo que resucitó?

R. —Apostaría a que no.

P. —A decir verdad, jamás he oído algo semejante. Alguien estaba muerto. Alguien fue enterrado. Y bien... ¿En qué consiste el misterio?

R. —¡De eso se trata, precisamente! Eso es. Le explicaré... El difunto y yo éramos mellizos y nos mezclamos en la bañera cuando sólo teníamos dos semanas de edad, y uno de nosotros se ahogó. Pero no supimos cuál. Algunos creen que fue Bill. Otros, que fui yo.

P. —Esto me parece extraordinario. Y usted, ¿qué opina?

R. —¡Vaya usted a saber! Daría cualquier cosa por aclararlo. Ese solemne y horrible misterio ha proyectado una sombra sobre toda mi vida. Pero, ahora, le diré un secreto, un secreto que jamás he revelado a un ser viviente. Uno de nosotros tenía una señal característica, un gran lunar en el dorso de la mano izquierda. Ese, era yo. ¡Ese niño fue el que se ahogó! 


Mark Twain, "Un reportaje sensacional" (fragmento).

15 marzo, 2016

¿Qué te parece, Zoraida?


 
Ya que los imanes rechazaron la edición de mi libro, por considerarlo impío, ¿qué te parece, Zoraida, si tu Cide Hamete viaja a Madrid y lo publica, haciéndose pasar por el soldado manco que, alojado en nuestra casa de Argel, murió el mes pasado?

Armando José Sequera (Caracas, 1953)

08 marzo, 2016

La suerte y el mérito


L’Athlète doit savoir que rien n’est sûr ; il doit s’attendre à tout, au meilleur et au pire ; les décisions qui le concernent, qu’elles soient futiles ou vitales, sont prises en dehors de lui ; il n’a aucun contrôle sur elles. Il peut croire que, sportif, sa fonction est de gagner, car c’est la Victoire que l’on fête et c’est la défaite que l’on punit ; mais il peut arriver dernier et être proclamé Vainqueur : ce jour-là, à l’occasion de cette course-là, quelqu’un, quelque part, aura décidé que l’on courrait à qui perd gagne.
 
Les Athlètes auraient pourtant tort de se livrer à des spéculations sur les décisions qui sont prises à leur égard. Dans la majorité des courses et des concours, ce sont effectivement les premiers, les meilleurs, qui gagnent et il se vérifie presque toujours que l’on a intérêt à gagner. Les transgressions sont là pour rappeler aux Athlètes que la Victoire est une grâce, et non un droit : la certitude n’est pas une vertu sportive ; il ne suffit pas d’être le meilleur pour gagner, ce serait trop simple. Il faut savoir que le hasard fait aussi partie de la règle. Am Stram Gram ou Pimpanicaille, ou n’importe quelle autre comptine, décideront parfois du résultat d’une épreuve. Il est plus important d’avoir de la chance que du mérite.

Georges Perec, W ou le Souvenir de l'enfance




El Atleta debe saber que nada hay que sea seguro; debe esperarlo todo, lo mejor y lo peor; las decisiones que le afectan , sean fútiles o vitales, se toman sin contar con él; no tiene ningún control sobre ellas. Como deportista puede creer que su función es ganar, pues se festeja la Victoria y se castiga la derrota; pero puede llegar último y ser proclamado Vencedor; ese día, en ocasión de esa carrera, alguien, en algún sitio, habrá decidido que se corra de modo que gane el último.

Y, sin embargo, los atletas errarían si se dedicarsen a especular sobre las decisiones tomadas respecto de ellos. En la mayoría de las carreras y competiciones son efectivamente los primeros, los mejores, quienes ganan, y casi siempre se verifica que haya interés por ganar.  Las transgresiones están presentes para recordar a los Atletas que la Victoria es una gracia y no un derecho: la certidumbre no es una virtud deportiva; para ganar no basta con ser el mejor, sería demasiado simple. Es preciso saber que el azar también forma parte del reglamento. Pito pito colorito, donde vas tú tan bonito, o cualquier otra fórmula de sorteo deciden en ocasiones el resultado de una prueba. La suerte es más importante que el mérito

Georges Perec, W o el recuerdo de la infancia
(Traducción de Alberto Clavería)

03 marzo, 2016

Máquinas célibes


Hasta mediados de marzo se celebra en Nantes (Francia), en el hermoso Lieu Unique, una exposición consagrada a las "máquinas célibes"  



La muestra (ver aquí: http://www.lelieuunique.com/site/2016/02/19/les-machines-celibataires/), organizada por Marie-Pierre Bonniol y su bioycasariana Collection Morel, incluye obras y trabajos de Michel Carrouges, Jean-Louis Couturier, Marcel Duchamp, Pierre Bastien, Glen Baxter, K.P. Brehmer, Raymond Roussel, Francis Picabia y Norah Borges, entre otros.

El recientemente fallecido Umberto Eco explicaba en Historia de la belleza (Lumen) y con notable pedagogía, como era su costumbre, el concepto de máquina célibre:


La máquina, que se vuelve bella y fascinante por sí misma, no ha dejado de suscitar en estos últimos siglos nuevas inquietudes que no nacen de su misterio sino precisamente de la fascinación del engranaje que se pone al descubierto. Pensemos en las reflexiones sobre el tiempo y sobre la muerte que el engranaje de un reloj inspira a algunos poetas barrocos que hablan de esas ruedas dentadas, tan penosas y lacerantes que desgarran los días y rasgan las horas, mientras el fluir de la arena en el reloj se percibe como un constante sangrar en el que nuestra vida se consume en partículas polvorientas.
Dando un salto de casi tres siglos llegaremos a la máquina de En la colonia penitenciaria de Franz Kafka, en la que engranaje e instrumento de tortura se identifican y el conjunto resulta tan fascinante que el propio verdugo se inmola a mayor gloria de su criatura. Máquinas tan absurdas como la kafkiana pueden, no obstante, dejar de ser instrumento mortal para convertirse en las llamadas “máquinas célibes”, esto es, en máquinas bellas porque carecen de función, o tienen funciones absurdas, máquinas de derroche, arquitecturas consagradas al despilfarro o máquinas inútiles.
La expresión “máquina célibe” procede del proyecto del Gran vidrio, la obra de Duchamp también conocida como La casada desnudada por sus solteros, incluso, de la que basta examinar algunos componentes parahallar directamente, como fuentes de inspiración, las máquinas de los mecanismos renacentistas.
Máquinas célibes son las que inventa Raymond Roussel en Impresiones de Africa. Pero si bien las máquinas descritas por Roussel producen aún efectos reconocibles, como, por ejemplo, sorprendentes texturas, las construidas como esculturas por un artista como Tinguely sólo producen su propio movimiento insensato, y su único objetivo es chirriar sin efecto alguno.
En este sentido son célibes por definición, carentes de finalidad funcional, nos hacen sonreír y nos incitan al juego, porque con ello mantenemos bajo control el horror que podrían inspirarnos en cuanto distinguiéramos un objetivo oculto, que forzosamente habría de ser maléfico. Las máquinas de Tinguely tienen, por tanto, la misma función que muchas obras de arte que han sabido exorcizar, a través de la belleza, el dolor, el miedo, la muerte, lo perturbador y lo desconocido.

29 febrero, 2016

Orientaciones



Eduardo Berti, escritor argentino radicado en Francia, cuenta que su interés es más fuerte por el Extremo Oriente que por el Oriente Medio, aunque lo apasiona mucho la antigua literatura persa: "Saadi, Rumi. Mi primer contacto fue con la literatura japonesa. Con los haikus, claro. Con Mishima, que estaba de moda en los ochenta, y sobre todo con el magistral Tanizaki, al que luego le siguieron Kawabata, Kobo Abe o Natsume Soseki y algunos libros exquisitos de los que conservo un gratísimo recuerdo y a los que vuelvo cada tanto: el Libro de la almohada, de Sei Shonagon; los cuentos de Ihara Saikaku o La edad de las maldades, de Fumio Niwa."
 
Más tarde se fue volcando a la literatura china, que resultó decisiva para su novela El país imaginado. Así descubrió las raíces chinas de muchas cosas que le fascinaban de la literatura japonesa: "las listas que hace Shonagon y que provienen de un escritor chino del siglo IX llamado Li Yi-chan. También descubrí la apasionante tradición de cuentos de fantasmas y literatura fantástica que existe en China, con autores muy antiguos pero de rara modernidad como Gan Bao, Pu Songling o Ji Yun".

Cuando se le pregunta sobre su fascinación por la literatura oriental dice: "Hay, sin dudas, otra mirada del mundo. Sé que al decir esto corro el riesgo de caer en el estereotipo del exotismo, pero cada contacto con la cultura china (no solamente con su literatura) suscita un efecto de extrañeza y nos recuerda la fragilidad y la arbitrariedad de las normas culturales; nos recuerda, en otras palabras, que las cosas podrían ser de otra manera. Bioy Casares decía que escribir o leer equivale a añadirle una habitación a una casa; viajar a Oriente, leer la literatura de Oriente, ensancha asombrosamente esa casa que es el mundo."

Berti opina que hay muchos escritores chinos actuales que merecerían más atención: "Mo Yan ganó el premio Nobel y abrió algunos puertas, pero hay mucho para descubrir. Pienso en autores ya muertos como la notable cuentista Xiao Hong. Pienso en autores contemporáneos como Wang Anyi, Yu Hau, Diao Dou, Liu Xinwu o Han Shaogong."

Fragmento de una extensa nota de Walter Lescano en el diario La Nación (Argentina), en la que habla de literatura "oriental" y entrevista a autores argentinos como Sergio Bizzio, Oliverio Coelho, y Martín Felipe Castagnet, Miguel Ángel Petrecca y Juan José Burzi.

Versión completa:

http://www.lanacion.com.ar/1873662-una-visita-guiada-por-la-literatura-oriental
 

26 febrero, 2016

24 febrero, 2016

Los cuadernos de Flaubert


"Hay que desconfiar de todo lo que se asemeja a la inspiración", decía Gustave Flaubert. "Hay que leer, meditar mucho y escribir lo menos posible, hasta dar con las palabras precisas, adecuadas." Siempre en busca de palabras justas, Flaubert llevó a lo largo de su vida muchos cuadernos de apuntes. En general, se servía de libretas de piel de topo donde volcaba ideas para sus tramas y personajes, aforismos, apuntes de lectura y reflexiones sobre el arte, la actualidad o la historia. Los estudiosos creen que se han perdido unos cinco cuadernos. Pero han sobrevivido diecisiete, legados a la Biblioteca Histórica de París por su sobrina Caroline y hasta hace poco inéditos en castellano.
 
A los cuadernos de trabajo deben sumarse dos libretas de juventud, las notas preparatorias para el segundo volumen de Bouvard y Pécuchet (última novela, que dejó casi acabada en su primer volumen) o el reciente hallazgo de unos textos impensados: los entretelones de un baile que Napoleón III brindó en honor del zar de Rusia en 1867, la biografía humorística de un religioso ficticio apellidado Cruchard, la narración del entierro de Alfred Le Poittevin, en 1848. En ese último texto, cosa sorprendente para un autor al que siempre se vinculó con la invisibilidad autoral, aparecen plasmados con crudeza sentimientos íntimos.

Flaubert tenía 16 años en 1838, cuando escribió el más antiguo de los cuadernos: "Agonías", dedicado justamente a Le Poittevin, su gran confidente en tiempos de adolescencia. Asombra la madurez de algunas de sus reflexiones.



Ilustración: Sebastián Dufour (La Nación)


Año a año, los apuntes permiten apreciar el material bruto de un escritor investigador que no desdeñaba la imaginación, pero también reflejan cómo fue apartándose Flaubert de los excesos de énfasis o de presencia autoral del romanticismo hasta proponer, en contrapartida, un estética de la distancia determinante para la generación siguiente, desde Maupassant hasta Émile Zola, para quien Flaubert condensaba lo mejor del análisis exacto de Balzac y del brillante estilo de Victor Hugo.

Tras la muerte de Flaubert, en 1880, los cuadernos se dieron a conocer en forma paulatina. En las Obras completas (1964) que dirigió Maurice Nadeau se incluyeron varios pasajes, pero fue Pierre-Marc de Biasi quien concluyó en 1988 su colosal edición de los Carnets de travail: un millar de páginas con un notable aparato crítico.

Allí aparecen los muchos proyectos que Flaubert no llegó a plasmar: desde un improbable relato oriental (Harel-Bey) hasta un libro basado en la batalla de las Termópilas, en el siglo V antes de Cristo. Sin hablar de los bocetos para obras teatrales, actividad en la que Flaubert buscaba oxígeno económico y un público más vasto, pero obtuvo, en el mejor de los casos, indiferencia; tanto es así que fue uno de los miembros más famosos del "grupo de autores silbados" que completaban Turgueniev, Daudet o Edmond de Goncourt: narradores de prestigio, pero de sonados fracasos como dramaturgos.

Publicado en el suplemento Ideas de La Nación.
Enlace original y algunos  fragmentos de los cuadernos de Flaubert, aquí:

http://www.lanacion.com.ar/1872312-flaubert-confesiones-y-papeles-de-trabajoliteraturaagonias-19-fragmentos