26 febrero, 2015

Napoleón



X: Napoleón
Y: Un hombre que se cree Napoleón
Z: La mujer de Y

Napoleón se enamora de la mujer del hombre que se cree Napoleón. La mujer siempre creyó que su marido era Napoleón, y que ella era en consecuencia la mujer de Napoleón, condición que quiere conservar a toda costa, aunque para ello tenga que cambiar de Napeleón.

La única constante es la mujer, porque Napoleón la considera como si fuera suya y el otro hombre cree que ella es la mujer de Napoleón.

"Napoleón", de Harry Mathews.

09 febrero, 2015

El uso de la constricción




Por Paul Fournel 

El uso generalizado de la constricción en el Oulipo responde a exigencias múltiples: que la constricción sea inédita o que busque iluminar una constricción antigua inventada tiempo atrás por un «plagiario por anticipación» y más o menos olvidada después. La constricción actúa ante todo como estimulante de la creación: al acotar lo imaginario, paradójicamente hace tomar conciencia al escritor de los alcances de su libertad, de allí su eficacia a la hora de la producción del texto. El texto brota, aquí y ahora, estimulado por una necesidad externa que hace posible luchar contra vientos internos que podrían ser adversos.
 

         La constricción permite poner en tela de juicio las formas establecidas de los textos: establecidas por sumisión colectiva (consciente o inconsciente) o por acostumbramiento. Se trata, entonces, de una herramienta que problematiza la forma y el sentido. Las «pesadas cadenas de sentido» pasan a un segundo plano y puede verse cómo la constricción elegida pone en apuros al sentido y le da la oportunidad de renovarse.
 

         A grandes rasgos, podría decirse que los oulipianos practican la constricción de dos maneras. Una de ellas consiste en producir modelos, muchas veces livianos, que muestran la factibilidad de la constricción y exploran su potencial lúdico. Son los textos que se editan en la « Biblioteca oulipiana » o que son leídos públicamente en las muchas manifestaciones a las que son invitados los miembros del Oulipo.

         Cuando se trata, en cambio, de asentar una obra extensa sobre una o varias constricciones, resulta obvio que el uso debe atañer a las profundas raíces del tema. La constricción se vuelve así parte integrante de la obra. Muchos han dicho, después de Bernard Magné, que la ausencia de «e» en La Disparition de Georges Perec era, en verdad, la ausencia de «eux» (“ellos”), los padres de Perec: el padre muerto en la guerra, la madre muerta en el campo de concentración. Es sabido también que los movimientos del juego del Go y una reflexión sobre la forma soneto están implícitos en de Jacques Roubaud, y que el esquema gráfico que organiza su Gran incendio de Londres es un reflejo preciso y matemático de las idas y vueltas de su memoria… Por no hablar de los profundos cimientos que sostienen el edificio de La vida instrucciones de uso de Perec.

         Cuando en mi caso, en forma más modesta, quise fabricar el desorden de los posibles destinos de mis héroes africanos en Chamboula, recurrí a un árbol binario que dejé proliferar convencido de que únicamente la regla genera bien el desorden, liberándolo del orden inconsciente del mundo.


         En mi novela La Liseuse me pareció que el tema implicaba una reflexión sobre el futuro de la lectura. Como lo afirmo en mi texto, es probable que una de las posibles figuras de la lectura de mañana sea la interacción: el lector entrará en el cuerpo del texto para alterarlo a su antojo, sin contentarse con los márgenes, aproximándose al trabajo del autor. Por eso quise darle a mi libro (sin dudas, uno de los últimos de su especie) una forma fija, medida signo por signo, de modo que si alguien altera una letra aniquilará el proyecto: la forma de una sextina, forma poética inventada en el siglo XII por el trovador Arnaut Daniel. En mi texto respeto el número de seis estrofas y la rotación de las palabras que riman. Las palabras leído, crema, editor, culpa, yo
y noche giran al final de cada verso según la hélice clásica de la sextina.


         Los versos fueron medidos. Y como cuentan el destino de un hombre mortal, su medida va sufriendo un desgaste (bola de nieve que se derrite): la primera estrofa se compone de versos de 7500 caracteres sin contar los espacios en blanco, la segunda de 6500 caracteres y así en consecuencia, hasta la sexta estrofa que contiene versos de 2500 caracteres más espacios. El conjunto constituye un poema de 180 000 caracteres.

 (Traducción de Eduardo Berti
)


http://www.paulfournel.net/

19 enero, 2015

Escribir según J. B. Pontalis



Escribir no es, en primera instancia, expresar o comunicar ni incluso decir; mucho menos"producir un texto", como lo afirman estridentemente los críticos demasiado sabios de hoy; escribir es un intento de dar forma a lo informe, algún sostén a lo que cambia, una vida –aunque frágil, lo sabemos– a lo inanimado. Lo que tanto el autor como el lector esperan obtener no es, como sucede con el escrito científico, una verdad probada ni siquiera un fragmento único de verdad, sino la ilusión de un comienzo sin fin. Mientras haya libros, nadie, nunca, tendrá la última palabra.

Jean-Bertrand Pontalis: El amor a los comienzos. Barcelona, Gedisa, 1988

18 enero, 2015

Pescar



...como la fábula china sobre el mandarín que pasó años a orillas de un río pescando con una aguja de coser en lugar de un anzuelo. El rumor de este extraño comportamiento llegó a oídos del emperador, que acudió a verlo. ¿Qué se puede pescar con semejante anzuelo?, quiso saber el emperador. ¿Qué se pesca con él? La respuesta fue serena: "A usted, mi emperador", dijo el mandarín.

James Salter, Burning the Days

14 enero, 2015

Una página de locura


Premio Nobel de literatura en 1968, el escritor japonés Yasunari Kawabata nació en Osaka, en 1899, y se suicidó en Zushi, en 1972.   

Huérfano a muy temprana edad, insomne y solitario, gran amante del cine, Kawabata publicó libros notables como La danzarina de Izu (1924),  País de nieve (1935), Mil grullas (1952), El maestro de Go (1954), La casa de las bellas durmientes (1961) o Lo bello y lo triste (1964).

En 1926, Kawabata escribió el guión de la película muda Una página de locura (Kurutta Ippenji), dirigida por Kinugasa Teinosuke. La película (hoy de culto) se creyó perdida por años, hasta que Kinugasa encontró una copia en un rincón de su casa.

En el caso de esta versión, la música fue escrita posteriormente por el Aono Jikken Ensemble.

 

05 enero, 2015

Escribir según Gustave Flaubert



Hay que desconfiar de todo aquello que se asemeja a la inspiración y que, a menudo, no es otra cosa que una idea preconcebida y una exaltación ficticia que nos concedemos voluntariamente, pero que no ha surgido de modo natural. Además, no siempre se vive en la inspiración. Pegaso, más que galopar, suele ir andando. Todo el talento consiste en lograr que lleve el ritmo que deseamos, y para eso no debemos forzar su naturaleza, como se dice en equitación. Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, únicamente para calmar la ansiedad de la Idea, que exige una forma y que se revuelve en nuestro interior hasta no haber encontrado una palabra exacta, precisa, adecuada. 

Carta a Louise Colet, diciembre de 1846.

04 enero, 2015

La doble resurrección de Wilko Johnson




Es posible que, en un futuro, 2014 sea recordado en materia de música como el año de la doble resurrección de Wilko Johnson, el guitarrista del grupo Dr. Feelgood, uno de los padres espirituales del punk y de la new wave, uno de los músicos que a principios de los 70 lideró la movida pub-rock contra la muchas veces solemne hegemonía del sinfonismo y del llamado art-rock.

A fines de 2012, Wilko seguía cargando su vieja guitarra Telecaster, algo lejos de los años de masividad con Ian Dury y los Blockheads, pero sin perder la fuerza ni la inventiva ni su cohorte de seguidores (exultantes al ver que cumplía un papel actoral en Game of Thrones), cuando recibió la noticia de que tenía un cáncer incurable y que no le quedaban más de diez u once meses de vida. Como todo tratamiento, decidió hacer pública la información y anunciar una gira de despedida, que duraría lo que durasen sus fuerzas. "Wilko expresará a los fans su sincero agradecimiento por el apoyo que ha recibido a lo largo de su larga carrera", llegó a escribir en Facebook su manager.

La gira llegó al final y, como Wilko continuaba vivo, coleando y de excelente humor, resolvió que era el momento de cumplir un viejo sueño postergado: grabar un disco con Roger Daltrey, el cantante de The Who. Hacía nueve años que Wilko no plasmaba un nuevo álbum y para ello convocó a músicos de gran calidad como el tecladista Mick Talbot, ex miembro de The Style Council.

La grabación se cumplió en noviembre de 2013, mientras Wilko daba algunas notas periodísticas en las que decía, por ejemplo, que "para que uno se sienta vivo, nada mejor que anunciarle que ha de morir." La comunión entre Daltrey y Johnson fue fabulosa, como puede oírse en el CD, titulado Going Back Home y publicado por el sello Chess de Chicago, sello por el que pasaron los más grandes del blues y del soul. Excepto un tema de Bob Dylan ("Can You Please Crawl Out Your Window"), el repertorio del dúo se basó en canciones más o menos famosas de Wilko: "I Keep It to Myself", "Some King of Hero", "Sneaking Suspicion", "Ice on the Motorway", "Turned 21" y cinco más, entre ellas "Going Back Home", que Johnson escribiera junto con el también guitarrista Mick Green y que abre el disco de tal modo que lo primero que se oye son las palabras: "I wanna live" ("Quiero vivir").

No sorprende que Mick Green fuera uno de los músicos más influyentes para Wilko tanto como para Roger Daltrey y Pete Townshend, de The Who. Tampoco sorprende mucho que, al dar sus primeros pasos, mientras dudaba entre la música, la astronomía y la literatura (otras de sus pasiones), Johnson aprendiera mucho del talento casi salvaje de Townshend, aquel "chico que rompía las guitarras cuando nadie tenía un miserable amplificador", según los versos de Charly García. Todo esto ayudó, sin dudas, a que entre Daltrey y Johnson se produjera una singular alquimia. El CD no solamente tuvo unánimes elogios, sino que llegó a estar en los puestos más altos de los rankings de ventas, puestos que ni el mismo Daltrey frecuentaba desde 1981.

Parecía, y así lo escribieron numerosos periodistas, la despedida perfecta de Wilko, que seguía bien física y anímicamente. Con Going Back Home, además, Johnson mostraba que era capaz de jugar en las "grandes ligas", algo que ya había intuido el mismísimo Keith Richards cuando quiso que él ocupara el lugar vacante de Brian Jones en los Rolling Stones. "Se barajaba mi nombre como posible candidato para ser guitarrista de los Stones. No obstante, lo rechacé para continuar con Dr. Feelgood porque atravesábamos nuestro mejor momento de popularidad", le contó Johnson en 2010 al español Eduardo Tébar ."Sabía que si respondía que no, me lo recriminaría toda la vida. Siempre fui un gran fan de los Stones. Me hubiese encantado ser un Stone, aunque fuera por un día. De todas formas, el puesto se lo llevó al final Ronnie Wood".

A mediados de 2014, ya editado Going Back Home, Wilko debió someterse a una delicada operación. Hasta entonces se había negado a recibir quimioterapia. "Decidí que era la mejor manera de tratar con la enfermedad, no maldecirla o luchar contra ella ni nada de eso", declaró en su momento. La intervención fue exitosa, aparte de muy delicada: una especie de bypass para extraer del todo el páncreas enfermo. Le encontraron y quitaron un tumor que pesaba unos tres kilos y, al cabo de seis meses de recuperación y de observación (meses que pasó parcialmente en Japón, un país que le fascina), Johnson anunció hace poco, hace semanas, que el cáncer no se reprodujo y que por lo tanto él, a sus 67 años, se da por "curado" y renacido. "¿Qué se siente? Es como volver en paracaídas desde la dimensión desconocida... Yo tendría que estar muerto", declaró.

La resurrección de Johnson terminó de ser completa en estos últimos días con la salida de una versión de lujo y extendida de Going Back Home, un álbum cuyas regalías Daltrey está donando a una asociación que ayuda a los adolescentes víctimas del cáncer. El CD también obtuvo varios premios como "disco del año" en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Sin ganas de perder más tiempo, Johnson acaba de reformar su power-trío que componen el bajista Norman Watt-Roy y el baterista Dylan Howe. El pasado 11 de noviembre volvió a subir a tocar su guitarra (siempre con ese golpe rítmico tan suyo) en un recital que conmemoró los 50 años de The Who. Dos semanas más tarde visitó el programa de televisión BBC Breakfast. "Cuando me dieron el diagnóstico favorable después de la operación, primero lo tomé con calma", les contó a los periodistas. Pero después, añadió abriendo los brazos, "cuando salí al aire libre, a la luz del sol, me dije a mí mismo, pasmado, ¡estoy vivo!"

Hasta el médico cirujano que operó a Wilko apareció estos días en varios medios. Se llama Emmanuel Huguet y, al parecer, recibió al caso de Johnson de la mano de otro médico, Charlie Chan, que es un fanático del músico. "Honestamente, no pensábamos que esto fuera posible", le dijo Huguet al Daily Express en referencia a la intervención. La prensa inglesa, obviamente, no se ha resistido a ponerle el apodo de "doctor Feelgood" al doctor Huguet.

Originalmente publicado en el diario La Nación de Buenos Aires.

Enlace:
http://www.lanacion.com.ar/1756462-el-rock-hace-milagros-y-wilko-johnson-es-uno-de-ellos



28 diciembre, 2014

Paco Porrúa


Un largo fragmento de la nota que Matías Néspolo consagró a la reciente muerte de Francisco "Paco" Porrúa:

"El editor debe ser anónimo, el editor no es más que su catálogo, no cuenta más que con eso. Si el catálogo es bueno, tú eres un buen editor; si no, lo eres malo. El diario La Repubblica me llamó «don Nessuno», y yo estoy de acuerdo con eso. El editor desaparece con su muerte y no deja más que unos libros editados", decía un convencido Porrúa no hace mucho al periodista barcelonés Xavi Ayén, que lo incluiría como testimonio de su trabajo Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo. Y esa vocación por la invisibilidad, sumada a su humildad a prueba de aduladores con la que relativizaba sus logros, lo llevó a replegarse con discreción durante sus últimos años en su departamento del céntrico Ensanche barcelonés y a no prodigarse en absoluto. Las entrevistas que brindó Porrúa en la última década pueden contarse con los dedos de una mano. Y en todas ellas no hizo más que ratificar su sencillo y modesto credo editorial. Lo cierto es que Porrúa tampoco era muy amigo de premios y reconocimientos. Jorge Herralde recuerda en Por orden alfabético cómo forzó su presencia en la Feria Internacional de Guadalajara de 2003 para recibir el Reconocimiento al Mérito Editorial al comunicarle apenado que no podría asistir, pero que enviaría su discurso. La respuesta de Porrúa fue más que elocuente: "Vaya, yo había pensado no ir y escribir un texto para que lo leyeras tú". Sin embargo por entonces, y pese a su obstinado retiro, ya había tomado forma "una de las leyendas semisecretas, o directamente secretas, de la edición en lengua española", a decir de Herralde, mientras se añejaban como un buen vino los grandes libros que había publicado.
El primero de ellos fue sin duda Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, en su propia traducción y con prólogo de Jorge Luis Borges, obra con la que inauguraría Minotauro en 1955. Nacido en Corcubión (La Coruña) en 1922, Porrúa creció en Comodoro Rivadavia al calor de autores como Jules Verne o H.G. Wells, que en cierto modo lo predestinarían a convertirse con los años en una suerte de prócer de la literatura fantástica y la ciencia ficción en lengua castellana. Y a su sello editorial, en toda una referencia internacional del género con nombres como lo de Ballard, Philip K. Dick, William Gibson, Aldiss o Ángela Carter; hasta el increíble éxito que más de veinte años después alcanzaría con la primera entrega de una trilogía, que también traduciría Porrúa, cuyos derechos en español estaban en manos de una editorial quebrada que ya no la publicaría, Fabril Editores, de Jacobo Muchnik. Se trataba de El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien. Un fenómeno que le reportaría a Porrúa cierto desahogo para vender en 2001, después de 25 años y ya establecido en Barcelona, la mítica Editorial Minotauro al Grupo Planeta.
Sin embargo, mucho antes de eso Porrúa ya había trazado -es decir, publicado- los grandes hitos de su leyenda. Si, como se suele afirmar, la implacable agente literaria Carmen Balcells fue la madre del boom latinoamericano, entonces el padre en la sombras -antes que el mítico creador del premio Biblioteca Breve Carlos Barral- fue "Paco" Porrúa. Impresionado por su labor en Minotauro, el exiliado republicano Antonio López Llausás llevó a Porrúa a su casa editora, Sudamericana, en 1958 como asesor editorial, a través de las gestiones de su hijo Jorge López Llovet. Apenas un año después, Porrúa rompe una lanza por un joven desconocido llamado Julio Cortázar, cuyo libro anterior, Bestiario, apenas había vendido 65 ejemplares y la tirada juntaba polvo en los almacenes de Sudamericana. No se deja amedrentar y le publica Las armas secretas, que, paradójicamente, arroja números mucho más alentadores. Cosa que lo reafirma en el criterio que regirá a partir de allí toda su trayectoria: "En lo único que pienso cuando publico un libro es en la literatura", decía Porrúa.
Para 1962 López Llausás lo nombra director literario y un año después se atreve con una obra mucho más rompedora y arriesgada que sería un éxito: Rayuela. De allí, entre otras cosas la deuda y el cariño que le profesará Cortázar al editor a quien bautizará en sus cartas como "mi paredro". Pero la verdadera explosión del boom vendrá en 1967, de la mano de otro joven desconocido, un periodista colombiano al que Porrúa llega a través de la antología de nuevos narradores latinoamericanos Los nuestros, del crítico Luis Harss: Gabriel García Márquez. Y aquí es donde el impecable trabajo de Ayén, Aquellos años del boom, derriba falsos mitos y confirma algunos datos de la historia prosaica que no hacen más que engrandecer a Porrúa. Tan falsa es la versión de que Carlos Barral habría rechazado Cien años de soledad, que jamás llegó a leer, como cierto que Porrúa apostó a ciegas por la nueva novela de aquel autor colombiano, del que sólo había leído El coronel no tiene quien le escriba y Los funerales de Mamá Grande, e incluso lo apoyó para que la terminara con un talón de anticipo de 500 enviado a México DF en octubre de 1965.
En todo caso, García Márquez no sería el único gran nombre que pasaría por las manos de Porrúa al frente de Sudamericana. También lo fueron Puig, Saer, Pizarnik y Alberto Girri, entre otros, además de un autor olvidado y un tanto proscrito por su declarado peronismo como Leopoldo Marechal, del que se atrevió a recuperar su Adán Buenosayres. Para no mentar a los autores extranjeros, muchos de los cuales tradujo con toda una batería de seudónimos como Luís Domènech, Ricardo Gasseyn o Francisco Abelenda.
Versión completa:  http://www.lanacion.com.ar/1754109-francisco-paco-porrua-se-apaga-una-leyenda-editorial-de-las-letras-latinoamerica

Y también la evocación a cargo de Elvio Gandolfo: http://www.lanacion.com.ar/1755492-una-fuerza-de-la-naturaleza

19 diciembre, 2014

Un hombre bueno es difícil de encontrar


Flannery O'Connor lee "Un hombre bueno es difícil de encontrar". La calidad del cuento, su acento sureño y las risas del público hacen un trío perfecto.


La abuela no quería ir a Florida. Quería visitar a algunos de sus conocidos en el este de Tennessee y no perdía oportunidad para intentar que Bailey cambiase de opinión. Bailey era el hijo con quien vivía, el único varón que tuvo. Estaba sentado en el borde de la silla, a la mesa, reclinado sobre la sección deportiva del Journal.


The grandmother didn't want to go to Florida. She wanted to visit some of her connections in east Tennes- see and she was seizing at every chance to change Bailey's mind. Bailey was the son she lived with, her only boy. He was sitting on the edge of his chair at the table, bent over the orange sports section of the Journal...

En inglés, el texto completo: https://pegasus.cc.ucf.edu/~surette/goodman.html
En castellano, el texto completo: http://www.lamaquinadeltiempo.com/prosas/flannery01.html

16 diciembre, 2014

¿Zizou dans le métro?

El ex director técnico de la selección francesa de fútbol, Raymond Domenech, visita, recorre y comenta con pasión la muestra consagrada a Oulipo en la Biblioteca nacional de Francia:

15 diciembre, 2014

Patrick Devresse


El último libro del fotógrafo Patrick Devresse, Outre Mémoire, está dedicado a los cementerios de la Primera Guerra mundial en el norte de Francia:



http://blur.by/12MVsC8

Patrick Devresse est un homme qui regarde. Qui scrute doucement le réel autour de lui. Comme ça. Mine de rien. Et même parfois qui baisse les yeux en souriant. L’esprit ailleurs. Comme si poser une vigilance sur le monde et vivre étaient intimement liés. Ses photos lui ressemblent et ses silences sont le négatif d’une réflexion intensément maîtrisée avec une sensibilité aussi forte que celle du papier où il révèle son univers. Un homme qui ne fait pas des photographies. Un homme qui est en photographie.

Dominique Sampiero (écrivain, scénariste)

http://www.patrickdevresse.com

13 diciembre, 2014

Vender





"Después de mucho pensarlo, llegué a la conclusión de que para que una novela se venda tiene que tocar un tema sobre el que valdría la pena hacer un informe periodístico. Esa es la piedra de toque. Yo siempre la tengo en cuenta cuando elijo mis temas, para hacer lo contrario".

César Aira, en una entrevista algo vieja.
(Fuente: aquí).