03 febrero, 2012

Lo invisible


Periodista, escritor, investigador y realizador de documentales, el francés
Michel Random (1933-2008) era un apasionado del extremo oriente y allá por los años sesenta entrevistó a Yukio Mishima en su casa de Japón:

La casa, con altos ventanales, balaustradas blancas, ánforas, palmeras enanas, terrazas, se asemejaba a una villa espaciosa y confortable de la Costa Azul francesa. La planta baja (...) estaba amoblada al estilo del siglo XVIII francés, al contrario que el primer piso, ancho y espacioso, que era de estilo ultramoderno.

Me asombró un poco está decoración en el caso de un personaje famoso por simbolizar, incluso en sus contrastes, las virtudes del alma japonesa.


–¿Cómo explica usted –pregunté– que en su casa no haya nada japonés?


Mishima Yukio sonrió.


–Aquí –me dijo– solamente lo invisible es japonés.


No creo haber encontrado hasta hoy una frase y un rasgo más pertinentes para describir el alma de Japón. "Solamente lo invisible es japonés".


Michel Random, La stratégie de l'invisible (1985)

02 febrero, 2012

Ennio Flaiano


Ennio FLAIANO

No existe más que una estación: el verano. Es tan hermosa que las otras giran a su alrededor. El otoño evcoca el verano, el invierno lo invoca, la primavera lo envidia y puerilmente trata de estropearlo.

En Francia, el catolicismo es un movimiento literario.

Con los pies firmemente apoyados en las nubes.

La libertad conduce al tedio y el tedio a la dictadura.

Las dictaduras ajenas no nos molestan.

¿Las ratas abandonan el avión que está cayendo?

Las almas simples habitan a menudo en cuerpos complicados.

El libro sueña. El libro es el único objeto inanimado capaz de soñar.


Colaborador de Federico Fellini (guionista de La dolce vita, La strada u Ocho y medio), amigo de Longanesi, periodista y crítico de cine ocasional, autor también de guiones para Berlanga, Monicelli, Dino Risi, Rosellini, Antonioni y William Wyler, entre otros realizadores, el italiano Ennio Flaiano (1910-1972) escribió asimismo varias obras teatrales, publicó la novela Tempo di uccidere y unos libros-miscelánea (apuntes íntimos, notas de viaje, aforismos, fragmentos, relatos mínimos) como el Diario nocturno y el póstumo Diario de los errores. Que yo sepa, solamente se ha traducido al castellano su Diario nocturno. Los fragmentos aquí publicados pertenecen a Diario de los errores.

31 enero, 2012

Newsweek



Entrevista a cargo de Ana Von Rebeur, para la revista Newsweek. El texto empieza así:

NO ES EXTRAÑO que Eduardo Berti ambiente sus historias en lugares y épocas por demás disímiles —y hasta irreales—. Su primera novela, Agua, transcurre en una ciudad inventada de Portugal; y la segunda, La mujer de Wakefield, en la Londres de principios del siglo XIX. La última resume en su título ese espíritu: El país imaginado, ganadora del premio Emecé, se sitúa en China durante la década de 1930. “No es una China ciento por ciento real —dice el autor—, porque no me interesó escribir una novela de documentación histórica; tampoco es un país ciento por ciento imaginario, porque al mismo tiempo me documenté con absoluta libertad. Una especie de ‘documentación poética’. Más bien se trata de una mezcla de ambas cosas: un país imaginado”.

Porteño, futbolero y tanguero, Berti se vio cautivado por la cultura china. “Es muy supersticiosa y, curiosamente, muchas de las supersticiones tienen que ver con homofonías: con dos palabras que suenan igual —salvo, a menudo, un matiz tónico—”, cuenta. Pero también lo fascinó la práctica de escritura secreta llamada nü-shu. “En la antigua China las mujeres tenían prohibido escribir, entonces remediaron el asunto —burlaron la ley— inventando un sistema paralelo que, a los ojos de los hombres, eran simples líneas de bordado en un almohadón o en una tela”.

El resto, aquí:




29 enero, 2012

Escribir según Mario Vargas Llosa



Una ficción fracasa o triunfa por ella misma –por el vigor de sus personajes, la sutileza de su anécdota, la sabiduría de su construcción, la riqueza de su prosa– y no por el testimonio que ofrece sobre el mundo real.

La originalidad de toda ficción consiste –aunque parezca una tautología– es ser ficticia, es decir, en no parecerse a la realidad en la que vivimos, en emanciparse de ella y mostrar aquella que no existe y que, por no existir, soñamos y deseamos.

Supongamos que una novela completa es un cubo. Completa: es decir. toda la historia sin omitir un solo detalle, gesto o movimiento de los personajes, objeto o espacio que ayude a entenderlos y situación, pensamiento, conjetura y coordenada cultural, moral, política, geográfica y social sin los cuales algo quedaría cojo e insuficiente para la comprensión de la historia. Pues bien, ninguna novela, ni la mas maniáticamente realista, se escribe completa. Sin una sola excepción, toda novela deja una parte de la historia sin relatar, librada a la pura deducción o fantasía del lector. Lo cual significa que toda novela se compone de datos visibles y de datos escondidos. Si damos a la novela escrita –la que consta sólo de datos explícitos– una forma que se desprende del cubo que es el todo novelesco, la especial configuración que adopta ese objeto constituye la originalidad, el mundo propio de un novelista.

Entre el autor y el narrador de una novela hay siempre una distancia; aquél crea a éste siempre, sea un narrador invisible o esté entrometido en la historia, sea un dios todopoderoso e inapelable que lo sabe todo o viva como un personaje entre los personajes, y tenga una visión tan recortada y subjetiva como la de cualquiera de sus congéneres ficticios. El narrador es, en todos los casos, la primera criatura que fantasea ese fantaseador alambicado que es el autor de una novela.

Fragmentos de La verdad de las mentiras, de Mario Vargas Llosa.

26 enero, 2012

Las valijas


Cuando estudiaba en Elkton Hills fui compañero de pieza, durante un tiempo, de Dick Slagle, que tenía unas valijas muy baratas. Solía guardarlas debajo de la cama, para que nadie las viera al lado de las mías. Aquello me deprimía enormemente, y me daban ganas de tirar las mías o algo parecido o hasta cambiárselas por las de él. Las mías habían sido compradas en Mark Cross, eran de cuero legítimo y creo que costaron bastante. Fue algo gracioso. Les contaré lo que ocurrió. Terminé por meter también mis valijas debajo de la cama, para que Slagle no se formara un complejo de inferioridad. Pero verán lo que hizo. Al día siguiente del que metí mis valijas debajo de la cama, las sacó y volvió a colocarlas a la vista. Tardé bastante en descubrir por qué lo hizo. Lo hizo porque quería que la gente creyese' que mis valijas eran suyas. De verdad. En ese aspecto era un tipo de lo más curioso.

J. D. Salinger, "El cazador oculto" (a.k.a. "El guardián entre el centeno")

23 enero, 2012

Un padre severo

Charles DICKENS

Siguen los artículos periodísticos en torno al bicentenario del nacimiento de Charles Dickens.

ADN La Nación (Argentina) publicó el sábado pasado un exhaustivo e inteligente ensayo donde Luis Gregorich dice, entre otras cosas, que el autor de Grandes esperanzas es "el gran cronista de las transformaciones sociales producidas por la revolución industrial, con su secuela de nuevos marcos familiares, modos inéditos de ganarse la vida, y cambios forzados de residencia."

Compárense, sólo como ejercicio intelectual, las novelas dickensianas con las obras del mismo género de la hoy repopularizada (por las series televisivas) Jane Austen (1775-1817). Se verá cómo unas pocas décadas de diferencia pueden modificar, no sólo el diseño genético de dos escritores, sino también el gusto y la cantidad de sus lectores.

Mientras que la autora de Orgullo y prejuicio se asienta en el mundo de la mediana burguesía agraria, claramente preindustrial a pesar de la inminente llegada de los nuevos telares y enseres mecánicos, Dickens lo hace en la sociedad urbana que se industrializa, con sus correlatos humanos de administradores, prestamistas y niños esclavos. Austen,cronista de estilo cuidado, describe la todavía armoniosa campiña inglesa; Dickens, con escritura torrencial, se convierte en fotógrafo crítico de la nueva Londres, fascinante e injusta. Ambos son, como escritores, conservadores y progresistas a la vez: aunque los protagonistas de sus novelas -casi siempre femeninos en Austen, casi siempre (aunque no siempre) masculinos enDickens- suelen terminar casándose felizmente, queda en esos textos un residuo de rebeldía: el de una sutil defensa del destino de la mujer, en Austen; el de una invicta indignación ante la injusticia, en Dickens. En su momento Virginia Woolf reivindicó a Austen, a costa de Dickens: atribuyó a aquella un sentido de la forma que este último no tendría. Se trata de una discutible suposición.


El mismo suplemento incluye un fragmento de mi traducción de las Memorias de Joseph Grimaldi, escritas por un joven Dickens e inéditas hasta ahora en castellano:

Hemos señalado ya que el padre de Grimaldi era un individuo excéntrico; tal parece que fue especialmente puntilloso y bastante desagradable en la educación de su hijo. El niño, que había aprendido a efectuar cientos de trucos fantásticos, imitaba con facilidad a un payaso, a un mono o a cualquier otra criatura grotesca o ridícula, tanto debajo como encima de las tablas, y cuando lo incitaban los asiduos ocupantes de los camerinos, acostumbraba a dar saltos y piruetas para entretener tanto a éstos como al público. Por supuesto, todo ocurría escrupulosamente lejos de las miradas del padre, quien, siempre que por azar pescaba al niño haciendo cualquier travesura, le aplicaba idéntico castigo: una sonora paliza que terminaba con el pequeño agarrado de los pelos y volando hacia un rincón donde el padre, con semblante severo y voz atemorizadora, le ordenaba: " non te muevas, es tu responsabilidad". Sin embargo, Joe no acataba y, tan pronto como el padre desaparecía, también desaparecían los gritos y los llantos del hijo que, haciendo gala de un sinnúmero de guiños y sonrisas que más tarde se volverían populares, reiniciaba con mayor ímpetu su pantomima. Nada ni nadie podía detenerlo, salvo el grito de "¡Joe, Joe! ¡Allí viene tu padre!", ante el cual él regresaba de inmediato al rincón y se echaba otra vez a llorar como si nunca hubiese dejado de hacerlo.

Con el correr del tiempo esto se volvió una diversión habitual y, más allá de que el padre se acercara realmente o no, la gente daba el grito de alerta por el mero gusto de ver cómo Joe corría de nuevo a su rincón. El niño entendió esto muy pronto y, como a menudo confundía las genuinas advertencias con las bromas que le jugaban, pasó a recibir más castigos y reprimendas que antes de quien describe en el manuscrito de sus memorias como "un severo pero excelente padre". En muchas de estas ocasiones, Joe se encontraba ataviado de pequeño payaso, su papel predilecto en Robinson Crusoe. Solía pintarse la cara a imagen y semejanza de la de su padre, lo que según parece volvía más hilarante la escena. El anciano caballero lo llevaba al camerino y lo dejaba en su rincón después de darle estrictas órdenes de no moverse de allí, so pena de ser castigado.

El conde de Derby, que a la sazón frecuentaba el camerino, apareció un buen día y, al ver a ese niñito cuyo aspecto solitario contrastaba sobremanera con sus atuendos y su maquillaje, le dirigió la palabra:

-Hola, chiquillo. ¡Ven aquí!

Joe le devolvió una mueca muy extraña, pero no se movió de su rincón. El conde rompió a reír y miró a su alrededor en busca de una explicación para la actitud del niño.

-No osa moverse -le explicó Miss Farren, a quien el conde quería mucho y con quien terminó casado-. Su padre lo castiga si se mueve.

-¿En serio? -inquirió el conde. Tras lo cual, a guisa de confirmación, Joe hizo otra morisqueta aún más extravagante que la anterior.

-Sospecho -dijo el conde, al cabo de una risotada- que este niño no teme a su padre tanto como parece. A ver, señor, ¡venga aquí!

Mientras así llamaba al niño, el conde mostró media corona y Joe, que conocía a la perfección el valor del dinero, se aproximó entre ademanes dignos de una pantomima y le arrebató en el acto la moneda. No había regresado a su rincón cuando el conde lo agarró del brazo.

-¡Espera, Joe! Te daré otra media corona si te quitas la peluca y la arrojas al fuego.

Dicho y hecho. La peluca fue a dar al fuego; hubo un rugido de risas; el niño corría y brincaba por el lugar con media corona en cada mano. Pero el conde, alarmado por las posibles consecuencias que esto podría traerle al niño, decidió rescatar la peluca del fuego con ayuda de un atizador. Fue entonces cuando irrumpió en los camerinos el padre de Joe, vestido de "marinero náufrago". Por fortuna para Joe, el conde de Derby se interpuso de inmediato entre padre e hijo; de lo contrario, es muy probable que este último hubiese matado a su hijo en presencia de todo el mundo, previniendo así cualquier posibilidad de que lo enterraran vivo alguna vez.

El asunto concluyó con una severa paliza que hizo llorar de amargura al niño. Las lágrimas que corrieron por su rostro, cubierto de una gruesa capa de pintura "de dos centímetros de espesor", transformaron tanto su aspecto que Joe ya no parecía ni un pequeño payaso ni un pequeño ser humano. De inmediato, lo llamaron a subir al escenario. Su padre, en pleno rapto de ira, no advirtió el estado en que su hijo subía a actuar, no hasta oír cómo el público estallaba de risa. Entonces, aún más furioso, Grimaldi padre alzó a Joe y le propinó otra tunda, que hizo vociferar al niño. El público interpretó esto como una broma genial y los periódicos del día siguiente afirmaron que era maravilloso ver actuar a un niño con tanta naturalidad, algo que hacía honor al talento de su padre como docente.

21 enero, 2012

De los cuadernos de Flaubert



Animales microscópicos. Un sabio los estudia. Las bestias crecen poco a poco, pueblan la escena, se vuelven monstruosas y acaban devorando al sabio.
Diálogo entre ellas y el sabio.

Animaux microscopiques. Un savant les étudie. Les bêtes grossissent peu à peu, peuplent la scène, deviennent monstrueuses et finissent par dévorer le savant.
Dialogue entre elles et le savant.


Gustave Flaubert, Cuadernos de notas

20 enero, 2012

Orange Crate Art



Van Dyke Parks en la TV holandesa interpretando al piano el tema central del disco Orange Crate Art, que en su versión oficial es cantado por Brian Wilson.

18 enero, 2012

Orgullo y soledad



Si ella supiera lo que pienso ahora mismo acerca de ella, no estaría orgullosa. Si ella supiera lo que todos los hombres que se ha zampado pensaron acerca de ella un poco antes del momento preciso, no estaría orgullosa. Pero el orgullo es una cosa y la soledad es otra.

Jean Giono, Les grands chemins

17 enero, 2012

Personajes influyentes



Algunas de las personas más influyentes del mundo son criaturas de ficción, sostiene (con razón, creo yo) Lucy Pollard-Gott, autora de un libro que se llama "The Fictional 100" donde retrata y analiza a los cien personajes literarios más influyentes de la historia. No he leído el libro, solamente unos extractos y una entrevista donde Pollard-Gott nos recuerda que personajes como Don Juan se han vuelto arquetipos de la conducta humana y que palabras como "quijotesco," "edípico" o "hercúleo" nos muestran hasta qué punto los personajes de ficción influyen en nuestro lenguaje, sin hablar de expresiones como "el talón de Aquiles".

Los diez personajes más influyentes (el "top ten", como en los ránkings de músicos o tenistas) son, según el libro:

1. El célebre Hamlet, de Shakespeare

2. El viajero Ulises (el de Homero... pero también, por qué no, el de Joyce)

3. Nuestro querido Quijote

4. Eva, "la madre bíblica" que aparece en tantas obras literarias

5. Genji, "héroe de la primera novela del mundo"

6. El rey Edipo, de Sofocles

7. El aventurero Don Juan, que según la autora es el personaje que "más ha viajado" después de Ulises, y no solamente de cama en cama, sino también de escritorio en escritorio, ya que aparece en la pluma de escritores tan diversos como Tirso de Molina, Molière, Mozart, Byron o Zorrilla.

8. Chia Pao-yu, protagonista de la inmensa novela china Sueño lel pabellón rojo.

9. El brillante detective Sherlock Holmes.

10. Arjuna, protagonista del Mahabharata, la gran obra épica de la India.

Sitio consagrado a The Fictional 100, aquí.