18 enero, 2016

Perspectiva




Una microficción de Ricardo Sumalavia, que integrará su próximo libro "Enciclopedia plástica":


Perspectiva

Escogimos los mejores hombres para el operativo/la incursión. Hicimos bien en designar al capitán/camarada Montero, pues según lo planeado los llevaría hacia la ladera menos escarpada de la zona para realizar un reconocimiento/emboscada y lograr con esta acción que sus hombres sepan el lugar que les corresponde en este enfrentamiento y observen la dirección de esa bala que viene/va.



15 enero, 2016

Ventaja


"Las cartas anónimas tienen la gran ventaja de que uno no está obligado a responder"

Alejandro Dumas hijo, La princesse de Bagdad (1882)

01 enero, 2016

Villagers



Uno de los mejores discos de 2015 fue, sin dudas,  Darling Arithmetic del grupo irlandés Villagers, liderado por el cantante y compositor Conor O'Brien. Un álbum "a la antigua" (íntimo, acústico, confesional), altamente recomendable, con grandes canciones como "Courage", "Dawning On Me" o "Hot Scary Summer", entre otras.  



31 diciembre, 2015

Lisa Simone


En julio de 1999, en medio de un festival de blues que se celebraba en Dublín, la célebre cantante Nina Simone anunció: "Quiero presentarles a mi hija", y por primera vez Lisa Stroud, que entonces tenía 37 años, subió a cantar en público con su madre, en este caso una versión de "Compensation" (Dunbar-Simone), para delicia y asombro del público. Si la existencia de Lisa era casi ignorada masivamente, más lo era el hecho de que la hija de Nina Simone cantaba con innegable talento.

Unos quince años después, Lisa ha adoptado oficialmente el apellido artístico de su madre fallecida en 2003 (Nina en verdad se llamaba Eunice Kathleen Waymon) para lanzar, con casi 50 años de edad, su primer disco solista: All is Well, editado por Laborie Jazz. El album, producido en Francia, mezcla canciones de la propia Lisa, algunas con música de Hervé Samb o Christopher Rodriguez, con versiones de clásicos como "Suzanne" de Leonard Cohen, "Las hojas muertas" de Kosma-Prevert o "Ain't Got No" de Nina Simone. Si la voz de Lisa recuerda a su madre, su personalidad resulta opuesta: radiante, grácil, sonriente.

 
Hija de Andrew "Andy" Stroud, un ex trompetista que llegó a tocar en la banda de Mercer Ellington -hijo de "Duke"- mientras se ganaba la vida como investigador policial (la leyenda cuenta que fue distinguido por haber capturado a una veintena de criminales de renombre), Lisa nació cuando su madre tenía 29 años, ya había lanzado Forbidden Fruit y se aprestaba a grabar las canciones que integrarían Nina's Choice. Por entonces Andy Stroud se convirtió en el manager de Nina y siempre que sus padres se ausentaban, a causa de compromisos o de giras, era frecuente que Lisa quedara al cuidado de su tía Betty Shabazz, esposa del activista Malcolm X, quien acabó asesinado en 1965.

Stroud y Simone se separaron cuando Lisa tenía 8 años. Empezó allí una niñez agitada: marco familiar inestable, "trece niñeras en menos de siete años" (resume hoy Lisa), mudanzas y cambios sin fin. Nina Simone envía a Lisa con unos tíos durante un año; la recupera y la instala con ella en Barbados, donde viven un tiempo juntas; la invita a compartir una gira por el Japón, donde madre e hija se pelean; deja que su manager albergue un tiempo a Lisa en Massachusetts, en una especie de granja... Un día, Lisa se entera de que su madre se hizo amiga de Miriam Makeba y que ambas vivirán en Liberia, una aventura que pronto la involucra y que dura dos años. Cuando Nina le anuncia que ahora se mudarán a Senegal, Lisa dice que no. Que basta. Tiene apenas 13 años. Opta por estudiar en una escuela de Suiza. Meses más tarde, cuando comprende que Nina se apresta a desembarcar en Suiza quién sabe con qué proyecto, Lisa huye: sube a un avión que va a Estados Unidos y se refugia en casa de su padre.

Pasa el tiempo, a Lisa le gusta la música y tiene talento para cantar, pero al cumplir 18 años toma una decisión que deja pasmada a su madre: se enrola en las fuerzas armadas, la US Air Force, y participa en la primera guerra del Golfo. Hasta que un día, por accidente, termina cantando en un club nocturno en Francfort, Alemania, vuelve a sentir pasión por la música, y la cantante Joan Faulkner la invita a ser su corista. En 1992, por consejo de su gran amiga Attalah Shabazz, hija mayor de Malcolm X, se une al grupo del cantante español Raphael (sí, el mismo), con quien viaja por toda América latina. Entusiasmada, sigue sumando experiencia integrando el B Sharp Quartet, formando parte de ciertas comedias musicales, y recibiendo incluso una nominación a los premios Grammy por su trabajo con el grupo de acid jazz Liquid Soul. Al mismo tiempo que nace su hija, RéAnna Kelly, se entera de que a su madre le han diagnosticado un cáncer. Llega la hora del reencuentro.

Una canción de All is Well, llamada "Child in Me", alude explícitamente a los años de infancia difícil: "Cuando yo era pequeña/ me sentía a menudo sola/ Cuando más te necesitaba/ estabas en gira". La muerte de Nina pareció liberar a Lisa, que solamente entonces aceleró y ahondó su carrera artística.

Extracto de un artículo publicado en La Nación, Argentina.
Versión completa, aquí:

http://www.lanacion.com.ar/1856757-lisa-simone-en-busca-de-su-propia-voz

27 diciembre, 2015

Una brújula que apunta a Oriente


El musicólogo vienés Franz Ritter, hombre de unos cincuenta años, apasionado del Oriente Medio, dedicado a indagar los vínculos entre la música europea y el Imperio Otomano, recibe casi al mismo tiempo un diagnóstico médico alarmante y una carta de quien ha sido y sigue siendo el gran amor de su vida: una tal Sarah. Insomne, bajo el impacto de estas noticias, Ritter pasa la noche perdido en el laberinto de su memoria. Su amor por Sarah y sus recuerdos personales se entrecruzan con una especie de catálogo o colección de personajes que admiraron el mundo árabe. Personajes que encarnan diferentes clases de orientalismo, desde el imaginario del romanticismo alemán hasta las fantasías sensuales de los orientalistas franceses.



Éstos son, en resumidas cuentas, los ingredientes básicos de Boussole (Brújula) del francés Mathias Énard, la novela que este año recibió el famoso premio Goncourt: una novela densa, llena de erudición, pero no exenta a la vez de fervor y sensibilidad. Pocas veces, en las últimas ediciones del Goncourt, el fallo resultó tan simple; una sola ronda de deliberaciones, una victoria por amplia mayoría: seis votos para Boussole (editado en Francia por Actes Sud) contra un voto para Les Prépondérants de Hédi Kaddour y otro para Ce pays qui te ressemble de Tobie Nathan. Podría hablarse de un final doblemente anunciado: no sólo porque Boussole figuraba como el libro favorito, sino porque la obra de Énard llevaba años, sobre todo desde Zona, siendo una de las más firmes, más comentadas y más promisorias.



Énard nació en 1972 en Niort, una ciudad del centro de Francia reputada por sus actividades financieras y que en su lista de hijos célebres no cuenta con muchos escritores ilustres, pero sí puede jactarse de haber sido cuna del rey Luis XI y del director de cine Henri-Georges Clouzot.



Después de un temprano libro de poemas, Travail de nuit (1990), Énard debutó como narrador con La perfección del tiro (Reverso, 2004), donde seguía a un francotirador en un país muy parecido al Líbano. Al igual que su biografía, su literatura ofrece una imagen de nomadismo o, mejor dicho, de multiculturalismo. Salvo excepciones como Remontando el Orinoco (La otra orilla, 2006), novela llevada algo libremente al cine por Marion Laine (A corazón abierto, con Juliette Binoche y Edgar Ramírez) y que transcurre en buena medida en París, aunque con personajes no sólo franceses, la mayoría de los libros de Énard no se ambientan en Francia ni hablan directamente de Francia. En más de un aspecto él es un escritor viajero, como lo prueba El alcohol y la nostalgia (Mondadori, 2012) que nació de un viaje en el tren Transiberiano, de Moscú a Novossibirsk, y que primero tuvo forma de pieza radiofónica.

El vínculo con Oriente ocupa un lugar cada vez más central en la obra de Énard. Calle de los ladrones (Mondadori, 2013) presenta a un joven marroquí llamado Lajdar, aficionado a las novelas policiales, que desembarca en la ciudad de Barcelona; la novela, que aborda temas actuales (la inmigración, el fundamentalismo y la denominada "primavera árabe"), es un tributo a la lectura y a la diversidad: "Soy lo que he leído, soy lo que he visto, tengo en mí tanto de árabe como de español y de francés, me he multiplicado en estos espejos hasta perderme o construirme", puede leerse. En cuanto a Háblales de batallas, de reyes y de elefantes (Mondadori, 2011), narra un viaje en sentido contrario y en otros tiempos, ya que es el célebre Michelangelo Buonarroti quien acude a la antigua Constantinopla, en mayo de 1506, invitado por el sultán Beyazid para que construya un puente sobre el Bósforo, en la zona del Cuerno de oro que divide, justamente, la parte europea de la parte de Gálata. En un pasaje del libro, Michelangelo contempla la antigua catedral de Santa Sofía y reflexiona que dicho edificio, "apenas cincuenta años antes era aún el centro de la cristianidad". El escenario, más la idea de puente y de fronteras movedizas, reaparece en Boussole cuando el narrador define a Constantinopla "como la ciudad más al este de Europa o más al oeste de Asia, como un final o un comienzo, como una pasarela o un límite".



Más allá de estas innegables afinidades, de todas las novelas previas a Boussole ninguna se asocia tanto a ella como la ambiciosa Zona, publicada en Francia en 2008, traducida al español un año después por La otra orilla. Novela también densa, alucinante y erudita, de esas que conforman un complejo mosaico, abundan en guiños y exceden al lector en una primera lectura, Zona presenta las falsas memorias de un espía y recorre la historia de la cuenca mediterránea en el último siglo. Al igual que La modificación, de Michel Butor, a la que parece rendir tributo, Zona muestra a un hombre que toma un tren (en este caso, para ir de Milán a Roma) y hace un balance de su vida. Como en Boussole, el narrador pasa una noche de vigilia y la memoria, de manera espiralada, viaja de una época a otra, comprime o dilata el tiempo, salta de recuerdos íntimos a hechos históricos, todo con la lógica algo neblinosa del insomnio.

La elección de Viena como escenario es intencional porque Énard sostiene que esta ciudad fue, en el siglo XIX, una especie de puerta entre ambas culturas. Optimista, aunque no ingenuo, Énard cree en una reconciliación. Quizá por eso su inmensa brújula apunta al este, al este donde nace "el tibio sol de la esperanza", como rezan las palabras finales de la novela. Una esperanza que Énard no está dispuesto a perder, pese a la violencia, el fanatismo, la guerra y los exilios que hoy ocupan los grandes titulares.

Versión de resumida de mi artículo sobre Mathías Énard publicado en "Ideas" (La Nación, Argentina).
La versión completa, aquí:  
http://www.lanacion.com.ar/1856892-mathias-enard-premio-al-dialogo-literario-entre-oriente-y-occidente

18 diciembre, 2015

La máquina de recomendar


Los creadores del sitio web CultureWok han tenido esta idea: cada uno de nosotros  selecciona una serie de criterios (los cuales se pueden puntuar de 1 a 5) y ellos proponen el libro, el CD o la película que, a su juicio, obedecen a nuestras exigencias.

A la izquierda, criterios más bien de gusto: divertido, sensual, ligero, profundo, emocionante... En la columna de la derecha, criterios vinculados a la noción de género: novela, poesía, teatro, ensayo, literatura juvenil, etc. 


www.culturewok.com/




Acabo de hacer la prueba con el rubro música:

Sensual 4, sombrío 3, divertido e intenso 2.
Canción 4, Folk, rock y funk 3 y experimental 2.

Resultados: "Zii e zie", de Caetano Veloso y "The Love Album" de Anaïs.

01 diciembre, 2015

El Museo del absurdo


En un pequeño  pueblo de Austria (Herrnbaumgarten, a una hora de Viena) funciona el Nonseum, museo del "nonsense" y el absurdo. (ver aquí)

Museo de invenciones inútiles, incluye piezas como la valija transparente para nudistas, el triciclo para hermanos gemelos o la "más grande colecciones de agujeros de ojales" del mundo...
 

26 noviembre, 2015

Dos escritores

Proyecto de relato. Dos escritores, que viven en dos chalets en vertientes opuestas del valle, se observan recíprocamente. Uno de ellos suele escribir por la mañana, el otro por la tarde. Mañana y tarde, el escritor que no escribe asesta el catalejo sobre el que escribe.

Uno de los dos es un escritor productivo, el otro es un escritor atormentado. El escritor atormentado mira al escritor productivo llenar folios de líneas uniformes, al manuscrito crecer en una pila de folios ordenados. Dentro de poco el libro estará terminado: con seguridad una nueva novela de éxito —piensa el escritor atormentado con cierto desdén pero también con envidia. El considera al escritor productivo nada más que como un hábil artesano, capaz de sacar a la luz novelas hechas en serie para secundar el gusto del público; pero no puede reprimir una intensa sensación de envidia de aquel hombre que se expresa a sí mismo con tan metódica seguridad. No es sólo envidia la suya, es también admiración, sí, admiración sincera: en el modo en que aquel hombre pone todas sus energías en escribir hay ciertamente una generosidad, una confianza en la comunicación, al dar a los demás lo que los demás esperan de él sin plantearse problemas introvertidos. El escritor atormentado pagaría quién sabe cuánto por parecerse al escritor productivo; quisiera tomarlo de modelo; su máxima aspiración es ya ser como él.


El escritor productivo observa al escritor atormentado mientras éste se sienta a su escritorio, se come las uñas, se rasca, rompe un folio, se levanta para ir a la cocina a hacerse un café, después un té, después una manzanilla, después lee una poesía de Hölderlin (cuando está claro que Hölderlin nada tiene que ver con lo que está escribiendo), recopia una página ya escrita y luego la tacha toda línea tras línea, telefonea a la tintorería (cuando habían quedado en que los pantalones azules no podrían estar listos antes del jueves), luego escribe unas notas que le valdrán no ahora pero acaso después, luego va a consultar en la enciclopedia la voz Tasmania (cuando está claro que en lo que escribe no hay la menor alusión a Tasmania), rompe dos folios, pone un disco de Ravel. Al escritor productivo nunca le han gustado las obras del escritor atormentado; al leerlas, le parece siempre estar a punto de aferrar la clave decisiva, pero esa clave se le escapa y le queda una sensación de malestar. Pero ahora que lo mira escribir, siente que ese hombre está luchando con algo oscuro, una maraña, un camino que hay que excavar sin saber a dónde lleva; a veces le parece verlo caminar por una cuerda colgada sobre el vacío y se siente presa de un sentimiento de admiración. No sólo admiración: también envidia; porque siente cuan limitado y superficial es su propio trabajo en comparación con lo que el escritor atormentado está buscando.

En la terraza de un chalet al fondo del valle una joven toma el sol leyendo un libro. Los dos escritores la miran con el catalejo. «¡Qué absorta está, con el aliento entrecortado! ¡Con qué gesto febrilvuelve las páginas!—piensa el escritor atormentado.—¡Seguro que lee una novela de gran efecto como las del escritor productivo!» «¡Qué absorta está, casi transfigurada en la meditación, como si viese revelarse una verdad misteriosa! —piensa el escritor productivo—, ¡seguro que lee un libro cargado de significados ocultos, como los del escritor atormentado!»

El mayor deseo del escritor atormentado sería ser leído como lee aquella joven. Se pone a escribir una novela como piensa que la escribiría el escritor productivo. Mientras tanto el mayor deseo del escritor productivo sería ser leído como lee aquella joven; se pone a escribir una novela como piensa que la escribiría el escritor atormentado.

Primero un escritor y luego el otro abordan a la joven. Ambos le dicen que quieren dejarle leer las novelas que acaban apenas de escribir.  La joven recibe los dos manuscritos. Unos días después invita a los autores a su casa, juntos, con gran sorpresa de ellos. —Pero ¿qué broma es ésta? —dice—, ¡me han dado dos ejemplares de la misma novela!

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero (traducción de Esther Benítez).

12 noviembre, 2015

Michel


Traductor de Bioy Casares y César Aira, autor de un magnífico ensayo sobre "Borges y la reescritura", docente universitario, creador de una novela donde imaginaba la vida de Pierre Menard, el otro autor del Quijote, y de un estudio dedicado a la escritura en colaboración, el inquieto y brillante Michel Lafon fue, ante todo, un apasionado de los libros y de la amistad, y un ardiente "argentinista", como le gustaba decir.

El último número de la revista del ILCEA (Institut des Langues et Cultures d’Europe et d’Amérique), que el propio Lafon dirigió durante 15 años (de 1996 a 2011), incluye un gran homenaje a su figura, coordinado por Christian Estrade, y con las firmas, entre otros, de Luis Chitarroni, Benoît Peeters, Noé Jitrik, Carla Fernandes, Julien Roger, Milagros Ezquerro y César Aira.

La publicación puede leerse aquí, en su totalidad:
https://ilcea.revues.org/3476 


Por mi parte, tuve el doble honor de conocer a Michel Lafon y de que Christian Estrade me pidiera una contribución para este número. Esto es lo que escribí:

Creo que fue Guillermo Saavedra quien le dio a Michel Lafon un ejemplar de mi primera novela: Agua. Por entonces Guillermo era editor en Tusquets Argentina y yo estaba recién instalado en Francia y trataba de terminar mi segunda novela, La mujer de Wakefield. Lo cierto es que una mañana, bastante temprano, sonó el teléfono en mi diminuto studio del barrio de Gobelins, en París, y era Michel Lafon. No sé qué me impactó más: la simpatía de este hombre del que nunca antes había oído hablar, su excelente castellano dotado de un acento no demasiado argentino, pero de innegable música rioplatense, o el insólito entusiasmo con que se refirió a mi primera novela, que acababa —me dijo— de leer. A partir de ese momento, los llamados de Lafon (que pronto pasó a ser Michel) se hicieron más o menos regulares. Generalmente era él quien llamaba, cada mes, cada dos meses, cada tres. Corría 1998, corría 1999. Corría el mítico 2000. De haber existido entonces, como hoy, las redes sociales o el uso casi compulsivo de Internet, yo no hubiese tardado nada en buscar y encontrar su rostro en cualquier sitio. Pero no, nada eso. Así que seguimos charlando por teléfono sin que yo conociera su cara. Charlábamos de libros, sobre todo, pero los asuntos variaban. Michel me llamó un día para contarme que había pasado el verano (las vacaciones) leyendo una pila de novelas, las veinte o treinta últimas novelas de autores argentinos, cuestión de ponerse al día, y para comentarme las dos o tres que le habían gustado más. Michel me llamó otro día para decirme que su amigo César Aira viajaba a París, a dar una charla en la Maison Latinoaméricaine de París: él había prometido coordinar el encuentro, pero había surgido un percance, ¿podía hacerlo yo? Michel me llamó otro día para decirme que le había dado mis datos a Fabián Bioy Casares, el hijo de Bioy. Michel me llamó otro día para decirme que una estudiante suya preparaba una tesis sobre mis microcuentos… Michel parecía incansable. Y, después de hablar con él, uno se sentía colmado de energía y algo más inteligente.
En medio de todo eso, Michel publicó su magnífica edición de las novelas completas de Adolfo Bioy Casares en traducción francesa. Me parece que fue entonces cuando, sin abandonar del todo las tertulias telefónicas, pasamos al email. Esto se debió, calculo, a que se me ocurrió hacerle una entrevista acerca de Bioy. Una entrevista que, me pregunto aún por qué, no interesó en su momento a ninguno de los medios con los que yo solía colaborar. “Si me obligan a quedarme con una sola novela de Bioy Casates, elijo La aventura de un fotógrafo en La Plata, que para mí es a la vez el arte poética de Bioy y su testamento literario, y una de las obras maestras de la literatura argentina del siglo xx. La última página de esta novela, que releo de vez en cuando, bastaría para justificar toda una vida de escritor y también toda una vida de lector”, decía Michel en esa entrevista inédita. Y también: “Para mí, ninguna novela del Nouveau Roman logró esta especie de perfección en la trama y en el dramatismo que logró Bioy con sus dos novelas de los años cuarenta […], las dos novelas isleñas, La invención de Morel y Plan de evasión, que son de algún modo dos veces la misma novela, lo que me parece ser una aventura bastante única en la literatura mundial”.

 Michel pasó a tener un rostro cuando yo menos lo esperaba, cuando ya me había acostumbrado a la situación. Allá por el 2004, si la memoria no me falla, me invitaron a dar una charla en una librería de la ciudad de Vienne (una librería magnífica, Lucioles, a la que volví hace dos años) y, como suele suceder, la concurrencia fue bastante escasa. Tan escasa que cada persona que entraba en la librería era una especie de noticia milagrosa. En eso, cómo olvidarlo, se abrió la puerta y apareció Michel, sin que yo supiera ni sospechara que se trataba de él. Vivía no muy lejos de allí, se había tomado la molestia de venir a ver la charla. Terminó arriba del escenario, conmigo y con el moderador, por lo que la concurrencia siguió siendo fundamentalmente escasa.

Ese día, en Vienne, en la cena tras la charla pública, surgió el tema de los diarios de Bioy Casares y, más en particular, de su diario Unos días en Brasil. Lejos estábamos de imaginar que años después yo fundaría una pequeña editorial independiente (La Compañía) junto a dos buenos amigos, mucho menos que allí publicaríamos ese diario prácticamente inédito y que Michel escribiría un posfacio especial para la ocasión: un texto escrito en español que no necesitó (quiero indicar, admirado) prácticamente ninguna corrección. Me atrevo a decir, es más, que la edición de Unos días en Brasil por La Compañía pudo hacerse sobre todo gracias a Michel. Gracias a su proverbial empuje, a su generosidad y a las puertas que supo abrir en el momento oportuno. El libro conoció luego una edición francesa (Christian Bourgois), con una versión algo diferente del mismo posfacio. Pero, antes de eso, Michel pasó por Madrid para promover y presentar el libro de Bioy y también la pequeña exposición de fotografías de Bioy (fotos de su visita a la entonces futura capital de Brasilia, que logramos incluir en el libro), de modo que allí nos vimos por última vez. Algunos meses más tarde supe de su enfermedad. Y a partir de ese momento nos limitamos a hablar por teléfono, como si nuestro vínculo debiera volver a su estado primigenio. Recuerdo aún a Michel alejándose por la Gran Vía de Madrid, tarde en la noche, después de haber presentado el diario de Bioy. Recuerdo aún que, antes de darnos un abrazo de despedida, me miró a los ojos, sonrió y dijo lleno de emoción, refiriéndose a su admirado y querido Bioy: “Lo logramos”.


10 octubre, 2015

Buffalo Bill Gates



La idea del diseñador Kalle Mattson hace pensar en los cadáveres exquisitos y, más aún, en las bestias creadas por Jacques Roubaud y Olivier Salon: los "sardinosaurios" (ver aquí: sardinosaures) que combinan dos nombres de animales con el objeto de formar un ser monstruoso, quimérico, como el "gazzelléphant" o el "okapigeon". (En castellano sería, por ejemplo, el "castoro", mezcla de castor y toro, o el "salmono", mezcla de salmón y mono).

En su caso, Kalle Mattson trabaja con celebridades, históricas o contemporáneas como lo indica el nombre genérico de su proyecto: "Bufallo Bill Gates".

 
Algunos ejemplos: Elton John Wayne, Simon & Garfunkle Sam, George Michael Jackson, Stephen Kingmar Bergman. Y también:


Jesus of Nararetha Franklin




 Ronald McDonald Trump



Y el monstruoso y genial Frankensteinstein


Más buffalo bill gates, acá:
http://buffalobillgates.tumblr.com/

http://www.studiokallemattsson.com/


07 octubre, 2015

Los fines múltiples



Un hombre casado instala a su amante en la ciudad donde él está  de guarnición. Su esposa, que vive en París, se entera a medias de la cosa, se desespera y le escribe a su marido unas cartas muy celosas. Un día, la amante tiene que ir a pasar veinticuatro horas en París; el hombre no puede resistir a sus súplicas, pide una licencia de un día y la acompaña. Pero como es bueno y no quiere causar pena a su mujer, se presenta en su casa y le dice, vertiendo lágrimas muy sinceras, que, loco de dolor por sus cartas, pudo escapar para ir a consolarla y darle un abrazo. De esta manera logra con un solo viaje dar una prueba de amor a su mujer y otra a su amante.

Marcel Proust, "A la sombra de las muchachas en flor"

07 septiembre, 2015

En Colombia

Estaré en Colombia (en Bogotá y en Medellín) del  9 al 12 de septiembre.

En Bogotá intervendré en el marco del  IV Festival de la Palabra, cuyo tema central es este año “El lenguaje en su laberinto”.

En Medellín, estaré como invitado en la Feria del Libro.


BOGOTÁ

Miércoles 9 de septiembre
El lenguaje de América, el lenguaje de Europa
Mesa redonda con Felipe Cammaert, Use Lahoz y Eduardo Berti
Instituto Caro y Cuervo, Bogotá
16:30 pm
  
Miércoles 9 de septiembre
El habla del sur
Mesa redonda con Federico Díaz Granados,  Ricardo Soca , Carolina Bruck y Eduardo Berti
Gimnasio Moderno, Bogotá
18:00 pm

MEDELLIN

 Viernes, 11 de septiembre
Adopta a un autor
Institución Educativa Alfredo Cock Arango; Medellín
2:00 p.m.
  
Viernes, 11 de septiembre
Presentación del libro El país imaginado
Con  Esteban Carlos Mejía y Eduardo Berti
Jardín Botánico, Salón Humboldt , Medellín
 8:00 p.m.

Sábado, 12 de septiembre
La estética de lo insólito
Charla con Luz Mary Giraldo, Fernando Mora y Eduardo Berti
Parque Explora, Sala 3D, Medellín
7:00 p.m.