22 mayo, 2016

Caída


Detenerse ante el abrupto precipicio no abolirá la caída.

Harry Mathews, My Life in CIA: A Chronicle of 1973

14 mayo, 2016

Caetano y Augusto


Caetano Veloso incluyó el poema "Pulsar", de Augusto de Campos, en su magnífico disco Velo, de principios de los años 1980, pero existe una versión anterior (casi un borrador de lo que iba a ocurrir 8 años más tarde), que data de 1975.


Por esos mismos años, Veloso también oralizó "Días, días, días":

11 mayo, 2016

Hacia el río




Es esta una de las pocas oportunidades en que el doctor Pi incursionó en la crítica literaria. Veamos cómo lo hizo:
Y que yo la llevé al río
creyendo que era mozuela
pero tenía marido.

Estos célebres versos de don Enrique Molina merecen un análisis demorado a fin de desentrañar su sutil significación poética. Empecemos por el primer verso: “Y que yo la llevé al río”. Este verso nos permite colegir que algo se llevó al río Enrique Molina. Y que ese algo que llevó al río Molina era de género femenino. ¿Qué sería? ¿Acaso una silla, una mariposa, una goma de mascar, una cama de dos plazas, una cortadora de césped, una damajuana, una máquina de afeitar, una soga, una bandeja, una escoba, una bigotera, una palangana, una caja de cartón, una caña de pescar, una canoa, una alfombra? ¿Quién podría saberlo? Pero vayamos al segundo Verso: “creyendo que era mozuela”. Aquí podemos saber más acerca de qué cosa se llevó al río don Enrique Molina. No, no fue una palangana ni una bigotera ni una alfombra lo que se llevó al río Molina. Este verso nos permite asegurar que lo transportado hasta el río por don Enrique fue una mujer. Y ¿por qué decimos esto? Pues por la sencilla razón de que solo las mujeres pueden ser llamadas mozuelas, y aquí se habla de alguien que Enrique Molina creía que era mozuela. Pero reparemos en esto: Molina creía que era mozuela. Lo creía en el momento en que marchaba hacia el río. ¿Es que después no? Pasemos al tercer verso para aclarar nuestras dudas: “pero tenía marido”. ¿Decepción de don Enrique Molina? Es posible. En todo caso aquí está la explicación de ese “creyendo” del verso anterior. Enrique Molina creía que su acompañante era mozuela. Pero no lo era pues tenía marido. Este verso no deja en claro si Enrique Molina, al enterarse de que había un marido de por medio, abandonó a la supuesta mozuela o prosiguió igual su marcha hacia el río.


Edgar Bayley, "Vida y memoria del doctor Pi"

(Los cuentos de Bayley y su grouchomarxista doctor Pi acaban de ser traducidos en Francia y publicados por éditions Do)



08 mayo, 2016

Demasiado largo


 
Todos esos discursos políticos, todos esos informes que se difunden, todos esos artículos que leemos, todas esas obras que pagamos tan caras, todo eso es demasiado largo. ¿De dónde viene esa mala retórica ? ¿Dónde han aprendido nuestros más brillantes alumnos a decir en tres páginas lo que puede decirse en una sola ? No lo sé. Nuestros autores clásicos no son verbosos. Pascal, Molière, La Rochefoucauld, La Bruyère, Voltaire, Rousseau, dicen mucho con pocas palabras. Hasta nuestros poetas trágicos [ … ] ofrecen mucho sentido en un pequeño espacio. Hasta Victor Hugo, que es tan largo a veces, casi hasta aburrir, es más corto que nadie en sus pasajes más bellos. 

Costumbre escolar, sin dudas. No se ejercita a los alumnos a componer una máxima de dos líneas o de un verso, como debería hacerse. Al contrario, se lo incita a desarrollar porque hace falta que su trabajo tenga determinada extensión. La gente se reiría de un profesor que premiase una redacción de cuatro líneas. De este modo, se olvidan los modelos: se sobrecarga en vez de aligerar; de una frase, se hacen tres; se disponen las palabras como si formaran un ejército, para que ocupen  el mayor terreno posible. Es justamente lo contrario lo que habría que buscar. 

Alain, "Propos impertinents"

06 mayo, 2016

Influencia del Quijote



Desde su aparición en 1605, la influencia del Quijote en la narrativa occidental (para limitarnos a Occidente y al género narrativo) ha sido cada vez más importante y podría decirse que, a partir sobre todo del siglo XVIII, fue ganando cada día un poco más de actualidad. Los más grandes nombres de la creación novelística posteriores a Cervantes se confiesan deudores de ese texto inagotable. Muchos personajes célebres de la ficción moderna tienen rasgos comunes con don Quijote: Madame Bovary, ciertos héroes dostoievskianos como el príncipe Mishkin o Aliocha Karamazov, los protagonistas de El proceso y El castillo, de Kafka; Lord Jim, de Conrad, pero también hay un Quijote en cada una de las novelas de Faulkner, que una vez declaró: "Leo el Quijote todos los años, como otros leen la Biblia". La psicología y el comportamiento de Philip Marlowe, el célebre detective privado creado por Raymond Chandler, serían incomprensibles sin tener en cuenta uno de los aportes fundamentales de Cervantes a la narrativa moderna: la moral del fracaso.

"Nuevas deudas con el Quijote", Juan José Saer

Versión completa:
http://elpais.com/diario/2003/04/19/babelia/1050709158_850215.html

05 mayo, 2016

Buenas historias




Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)

Buenas historias



Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)

20 abril, 2016

La cordura de don Quijote




El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria. 

 Marco Denevi, Parque de diversiones, 1970

06 abril, 2016

Desplazamientos


La editorial de la Universidad de la Plata acaba de publicar la antología Desplazamientos (Viajes, exilios y dictadura), con selección y edición del escritor, crítico y docente Adrián Ferrero (La Plata, 1970). 




Los autores incluidos en el libro son, en orden alfabético, Diana Amiama, María Elena Aramburú, Eduardo Berti, Carolina Bruck, Rosalba Campra, Gabriela Casalins, Ulises Cremonte, Juan Bautista Duizeide, Graciela Falbo, María Laura Fernández Berro, Mempo Giardinelli, Mario Goloboff, Angélica Gorodischer, Liliana Heer, Sylvia Iparraguirre, Noé Jitrik (en entrevista y textos), Nelson Mallach, Analía Martinoia, María Martoccia, Tununa Mercado, María Negroni, Ricardo Piglia (en entrevista), Reina Roffé, Paula Tomassoni y Aurora Venturini.
Viajes, exilios y dictadura

Adrián Ferrero
(editor)

Noé Jitrik, Ricardo Piglia, Mempo Giardinelli, Angélica Gorodischer,
Sylvia Iparraguirre, Tununa Mercado, Aurora Venturini, María Negroni y otros

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Escritor y crítico literario, es doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Publicó los libros Verse (2000), Cantares (Edulp, 2005) y, en carácter de editor, Obra crítica de Gustavo Vulcano (Editorial de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 2005). Algunos de sus cuentos se editaron en revistas académicas de Estados Unidos y México. Ha sido traducido al inglés. Fue beneficiado con tres becas bianuales
de investigación de su Universidad (2000-2006) y un subsidio para jóvenes investigadores (UNLP, 2005). Varios de sus trabajos especializados se dieron a conocer en Alemania, Francia, Estados Unidos, Israel, España, Brasil y Chile.
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Dice Saúl Sosnowski, en su presentación:

Pareciera que Adrián Ferrero, un lector agudo e incisivo, optó por ser cauteloso. En su nutrida introducciónt comenzó sometiendo el término "desplazamientos" a las entradas del diccionario María Moliner; sin embargo, rápidamente, a partir de considerandos de Sylvia Molloy y Mariano Siskind en Poéticas de la distancia. Adentro y afuera de la literatura argentina (2006), lanzó sus propios interrogantes para armar una versión privilegiada de poéticas argentinas de los siglos XX y XXI.
La empresa acometida por Ferrero era riesgosa: la elección de los antologados debía cubrir varias generaciones, incluir a quienes permanecieron en el país durante la dictadura y a quienes se vieron obligados a salir del país u optaron por exiliarse: autores migrantes, expatriados, habitantes de las orillas, residentes fuera de lugar junto a otros que jamás cuestionaron estar en su propia piel. Emplazados y desplazados; retornados, descentrados y resistentes. Y a todo ello sumó un requisito, digamos, federal: esta antología ofrece un conjunto de textos literarios que, si bien privilegia a los platenses, incluye autores de varias provincias y de la CABA, así como de algunos que decidieron permanecer en Europa.

A partir de sendas entrevistas a Noé Jitrik y a Ricardo Piglia (que le aconseja: “preguntarle a un escritor cómo se gana la vida es siempre una buena pregunta para entender su poética”), Ferrero ofrece textos de 24 autores: algunos ya consagrados por la crítica y el público (Berti, Campra, Giardinelli, Goloboff, Gorodischer, Heer, Iparraguirre, Jitrik, Mercado, Negroni, Roffé) y una exquisita selección de autores platenses (Amiama, Aramburú, Bruck, Casalins, Cremonte, Duizeide, Falbo, Fernández Berro, Mallach, Martinoia, Tomassoni, Venturini) y de quien se enfrenta a la literatura desde diversos márgenes (Martoccia).

Esta antología incita a la reflexión y al diálogo, a formular un balance preliminar sobre una época en proceso de definición. El resultado es lo deseado por Ferrero: dibujar las poéticas de nuestros desplazados días.

Un adelanto del libro (un texto de Aurora Venturini) puede leerse en el sitio de la editorial:

http://editorial.unlp.edu.ar/uploads/docs/aurora_venturini.pdf

27 marzo, 2016

La historia del gato y el "bistec".



Una mujer recibe a unos invitados a cenar y deja un magnífico bistec de tres kilos sobre la mesa de la cocina. Llegan los invitados, ella conversa con ellos en el salón, toman unos Martinis, después la mujer se excusa y se retira a la cocina a preparar el bistec..., entonces descubre que ha desaparecido. ¿Y a quién ve lamiéndose tranquilamente los bigotes en un rincón? Al gato de la casa. 

—El gato se ha comido el bistec —observa solemnemente la mayor de las niñas. 

—¿Estás segura? No eres tonta, pero espera. 

Acuden los invitados, discuten. Los tres kilos de bistec se han volatilizado y el gato parece perfectamente lleno y satisfecho.

«Pesemos al gato», sugiere alguien. Todos están un poco bebidos y la idea les parece excelente. Se dirigen al baño y colocan al gato sobre una báscula. El gato pesa tres kilos exactos. Todos se agolpan alrededor de la báscula. Un invitado dice: «Bueno, ahí está el bistec». Están seguros de saber qué ha ocurrido, ahora tienen una prueba. Entonces otro invitado duda y, perplejo, pregunta: «Pero ¿dónde está el gato?».

Emmanuel Carrère, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (Philip K. Dick : 1928-1982), ed. Minotauro, traducción de Marcelo Tombetta.


21 marzo, 2016

Alguien estaba muerto




P.  –¿Tuvo usted —o tiene— hermanos o hermanas?

R. —Este... Yo... yo... yo así lo creo... pero no lo recuerdo.

P. —¡Pues su declaración es la más extraordinaria que yo haya oído en toda mi vida!

R. —¿Por qué piensa eso?

P. —¿Cómo quiere que piense? Mire... ¿De quién es ese retrato de la pared? ¿No se trata, acaso, de un hermano suyo?

R. —¡Oh! Sí, sí, sí. Ahora recuerdo: éste era hermano mío. Es William... lo llamábamos Bill. ¡Pobre Bill!

P. —¿Por qué? ¿Ha muerto?

R. —Este... Supongo que sí. Nunca pudimos aclararlo. Hay gran misterio en el asunto.

P. —Eso me parece lamentable, muy lamentable. Entonces... ¿Bill desapareció?

R. —Le diré... Sí, en términos generales. Lo enterramos.

P. ¡Lo enterraron! ¿Lo enterraron sin saber si estaba vivo o muerto?

R. —¡Oh, no! Eso, no. Estaba suficientemente muerto.

P. —Confieso que no lo entiendo. Si ustedes lo enterraron y sabían que estaba muerto...

R. —¡No, no! Sólo creíamos que lo estaba...

P. —¡Ah!, comprendo. ¿De modo que resucitó?

R. —Apostaría a que no.

P. —A decir verdad, jamás he oído algo semejante. Alguien estaba muerto. Alguien fue enterrado. Y bien... ¿En qué consiste el misterio?

R. —¡De eso se trata, precisamente! Eso es. Le explicaré... El difunto y yo éramos mellizos y nos mezclamos en la bañera cuando sólo teníamos dos semanas de edad, y uno de nosotros se ahogó. Pero no supimos cuál. Algunos creen que fue Bill. Otros, que fui yo.

P. —Esto me parece extraordinario. Y usted, ¿qué opina?

R. —¡Vaya usted a saber! Daría cualquier cosa por aclararlo. Ese solemne y horrible misterio ha proyectado una sombra sobre toda mi vida. Pero, ahora, le diré un secreto, un secreto que jamás he revelado a un ser viviente. Uno de nosotros tenía una señal característica, un gran lunar en el dorso de la mano izquierda. Ese, era yo. ¡Ese niño fue el que se ahogó! 


Mark Twain, "Un reportaje sensacional" (fragmento).

15 marzo, 2016

¿Qué te parece, Zoraida?


 
Ya que los imanes rechazaron la edición de mi libro, por considerarlo impío, ¿qué te parece, Zoraida, si tu Cide Hamete viaja a Madrid y lo publica, haciéndose pasar por el soldado manco que, alojado en nuestra casa de Argel, murió el mes pasado?

Armando José Sequera (Caracas, 1953)