05 diciembre, 2011

Unos fotógrafos

En la avenida me asalta una duda, ¿cómo probarles a estos extraños que existo? No llevo a cuestas ningún documento ni una constancia de domicilio ni un carnet de identidad, nada. Con esta idea en mente visito a un fotógrafo. Cinco minutos bastan para obtener seis copias con reproducciones de uno mismo. Nuevamente sereno, me siento ante el ojo mecánico. Pero el fotógrafo es un farsante y la foto que me entrega, tras una espera de un cuarto de hora, es la de un ex presidente de la república. No pierdo el tiempo en discusiones y corro a ver a su colega más cercano . Allí, al cabo de una buena media hora, me dan el retrato de una niña con sonrisa boba. Estallo de furia. ¡Usted sabe que no soy yo! Misma escena con un tercer fotógrafo, pero en el papel impreso, esta vez: un anciano de barba. Pago y me retiro callado. Veinte fotógrafos me hacen tomar asiento delante del objetivo y mis rasgos, cuando pasan por la cámara oscura, se vuelven sucesivamente la cabeza de un hombre gordo y pelado, la de un oficial de caballería, la de un niñito que toma la comunión, la de un actor de cine, ¡después la cara de un bulldog, después la imagen de una compotera! No me atrevo a explicarles, al ver su notoria buena fe, que sus artefactos están estropeados, que esas fotos de así llamada identidad nada tienen que ver conmigo. La cosa prosigue hasta que me llevo una mano a la frente y al fin recuerdo que ya no tengo identidad y que, más aún, nunca se ha exigido una foto para labrar un acta de defunción, única pieza legal que mis contemporáneos tienen genuino derecho a exigirme.

Des photographes, Marcel Béalu (traducción de Eduardo Berti). Incluido en Journal d'un Mort (Phébus-Verso, 1978).


Amigo de Max Jacob, admirado por Antonin Artaud o Jean Paulhan, Marcel Béalu (1908 - 1993) desempeñó decenas de trabajos (entre ellos, ante todo, el de librero) mientras publicaba una obra tan abundante como singular. Mémoires de l'Ombre (1941), L’Expérience de la nuit (1945) y Contes du demi-sommeil (1960) destacan entre sus obras en prosa, aparte de varios libros de poesía. El relato que aquí presento pertenece a Diario de un muerto, un libro publicado originalmente por Gallimard, en 1947, en el que se reúnen muchos relatos breves y muy breves, casi todos al borde de lo onírico, cuyo protaonista es siempre el mismo: un tal Marcel, un muerto que conserva la conciencia y que, como se empeña en seguir viviendo su vida, entra en los cafés, se refugia en los hoteles, se pasea por las calles o toma el tren.