13 diciembre, 2011

Tradición, familia y libertad



Fragmento de una larga entrevista publicada el viernes pasado en el diario Página/12, de Argentina:

Por Silvina Friera

El apego a las tradiciones, a ciertos ritos y creencias, no es monopolio de China. Eduardo Berti escribía El país imaginado, novela ganadora del Premio Emecé, cuando la voz de una joven china de 14 años parecía que le dictaba una historia en la que el futuro de ella y su hermano, apenas tres años mayor, estaba concertado de antemano por la familia. El matrimonio arreglado, bodas con vivos o con difuntos, era el único destino posible para esos adolescentes de la década del ’30 del siglo pasado, que no podían elegir ni opinar sobre los candidatos.

El asombro ante el experimento narrativo –otra época, otro país, otra edad, otro sexo– fue menguando a la sombra de un recuerdo. Una emoción confinada en las páginas amarillentas de la experiencia pasada regresó. El también desafío de los códigos de lo esperado. “Cuando decidí que quería escribir, tanto ficción como periodismo, y se lo anuncié a mis viejos, hubo una gran resistencia y pelea –cuenta el escritor–. El discurso de ellos era más o menos así: ‘Si a vos te da la cabeza para un título universitario, ¿por qué te vas a dedicar a otra cosa?’. Yo agradecí que tuvieran tanta confianza en mi cabeza, pero estábamos hablando de lo que yo quería hacer. No fue tan dramático; pero en su momento lo viví como si se me acabara el mundo.” El hijo, convencido de que debía ganar esa pulseada, le retrucó a su padre: “Si en cinco años no estoy haciendo periodismo, si no estoy escribiendo y ganándome la vida, dame una patada”. Cuando se cumplió el plazo, estaba trabajando desde hacía tres años en Página/12. La ficción llegaría después. “Sabía que tenía mucho por aprender y vivir, algo que aún siento”, dice Berti.

La adolescente narradora de la última novela de Berti, que a raíz de un malentendido se llamará Ling, tiene una familia muy supersticiosa. La muerte de la abuela –con quien la protagonista dialogará en sueños– recrudece las férreas costumbres, especialmente en el padre, que desea casar al hermano de la narradora con la mayor de las hijas de Gu Xiaogang, un funcionario con reputación de poeta con mayor prestigio social. Aunque esa boda no se concretará, casar al hermano de Ling se convertirá en la obsesión familiar. Ella, que no tendrá escapatoria a la sujeción filial, cree que la chica de los sueños para su hermano es Xiaomei, la hija del ciego que vende toda clase de pájaros en el mercado, “la criatura más deliciosa que yo hubiese visto en mi vida”, pondera la hermosura de esa muchacha que se parece a la actriz Ruan Lingyu. Sin importarle la diferencia de clase, aunque consciente de ese abismo, la protagonista cultivará un vínculo con Xiaomei, apuntalado por la fascinación que ejerce ese modelo de belleza a imitar y un sentimiento que se desliza por el umbral del amor. Xiaomei será quien rebautizará a la narradora como Ling por error. Y recibirá un legado de su amiga. Continuando y alterando la cadena que empezó con la abuela de su abuela, Ling le enseñará a Xiaomei el nu-shu, el idioma secreto de las mujeres, unos signos que bordaban en sus pañuelos para poder comunicarse y que conformaban un sutil sistema de escritura. En esta extraordinaria novela de Berti, el nu-shu es también el idioma de la amistad.

El escritor admite que El país imaginado es “muy diferente” a novelas como Todos los Funes y La sombra del púgil. “Esta es la primera vez que escribo en primera persona, las demás eran en tercera o en una primera colectiva, plural, rara. Pero aun siendo distinta, la siento más próxima tal vez a La mujer de Wakefield. Cuando encontré la voz de ella, me pasó como pocas veces que sentí que el personaje se me instalaba y me dictaba. No quiero que suene místico, pero simplemente tenía que saber escuchar. No es que había un ‘dictado divino’; pero esa voz tan fuerte se iba apoderando de lo que escribía.”

–Tiene algo de hechizante esa voz, un embrujo muy especial.

–Sí, hay algo de embrujo, de hechizo; de hecho es una voz que voy a extrañar. Me pasa también leyendo libros de otros que descubro que hay voces que al autor le cuesta abandonar. Al principio, cuando terminé la novela y me puse a escribir otras cosas, extrañaba mucho esa voz.

–¿Cómo fue el trabajo con la estructura de la novela, que en una parte combina la voz de Ling que no se llama Ling más la del fantasma de la abuela?

–Me gustó narrarlo del otro lado y romper. Al principio había escrito dos sueños contados por ella, pero no reconocía esa voz. Así como esa voz que había encontrado, Ling, que no se llama Ling, me dictaba su historia, sentía que los sueños los estaba escribiendo yo. Hasta que de pronto tuve la idea de hacerlo al revés y me pareció que se llevaba bien con el momento en que la abuela le dice que el soñado tiene otro registro más fuerte que el que soñó. Si se invierte esta lógica, este lugar común de los sueños, por qué no puedo invertir algo en cuanto a cómo se narra. Con eso intuí que estaba bueno hacerlo al revés.

–¿Se preserva esa insólita tradición, que parece ficción, de casarse con un muerto?

–Algunos me dijeron que no existe más; otros, que sólo se mantiene en lugares perdidos. Existió, fue muy fuerte, pero en la época de Mao se convirtieron muchas supersticiones, tradiciones y religiones. Cuando me enteré, leyendo un libro de tradiciones chinas, no lo podía creer. Esta tradición parece inventada, pero es real. Tenía mucho que ver con lo económico, con alianzas de familia.

–En la novela, lo increíble es que se genera un dilema porque no saben si el hermano de Ling se puede volver a casar o no, después del matrimonio con una difunta...

–Eso también lo pregunté, pero no conseguí que se pusieran de acuerdo (risas). Mis conocidos chinos me decían que no había tanto material. China es enorme, es difícil hablar de China como una sola cosa. Cuando le preguntás a alguien de Pekín si es cierto que en China ocurre tal cosa, te contesta: “En Pekín no, pero seguramente en otra región sí”. O te dice que en Pekín ocurre de tal modo, a doscientos kilómetros de otro y más al norte de otra manera. Cuando pregunté por lo del casamiento, me decían que era muy distinto según la región; pero había una tradición general que era parecida.

Sigue acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-23773-2011-12-09.html

Dos recuadros:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/23773-6398-2011-12-09.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/23773-6399-2011-12-09.html

1 comentario:

juan dijo...

Felicitaciones al escritor. Esta novela me la voy a regalar para la Navidad con mucho interés.