22 noviembre, 2007

La doble trampa


¿Qué deja Europa para los escritores latinoamericanos? Además de su valiosa tradición literaria, Europa nos deja el subdesarrollo (producto del incesante saqueo) y un inmenso complejo de inferioridad (producto de la vision exótica de nuestra realidad). Nosotros somos los indígenas, ellos los dueños de las riquezas, esto es, del poder y de una tradición cultural ininterrumpida.

De manera que Europa, y luego los Estados Unidos, nos han creado un inmenso complejo de inferioridad.

Aceptar ese complejo de inferioridad es caer en una doble trampa. Primera trampa: si somos considerados inferiores a los europeos, sólo podríamos liberarnos de esa inferioridad superando sus cánones culturales, siendo aún más europeos que un europeo. Segunda trampa: de no aceptar, o por lo menos no imitar la tradición europea, debemos entonces resignarnos a ser y engrandecer la visión exótica, folclórica y estereotipada que de nosotros se tiene o se ha tenido durante siglos.

Aceptadas estas premisas, al escritor latinoamericano sólo parecen quedarle dos actitudes. Una, la del culteranismo exacerbado, la de la retórica deslumbrante, la de la palabra rebuscada, la del exhibicionismo descomunal. Hay que demostrarles, y muy seriamente, a esos señores europeos, que si ellos son cultos, nosotros somos supercultos, que si ellos son barrocos, nosotros somos superbarrocos (...). La otra vertiente de la maldición europea es la del conformismo. Es decir, aceptar que la visión perjudiciada y exótica creada por Europa, y luego amparada por los Estados Unidos, en relación a la literatura latinoamericana, es la acertada. Somos criaturas mágicas y primitivas, aunque ya no andamos con el
taparrabos, salvo en momentos muy especiales; aún a veces nos sale un hijo con la cola de cerdo.~

Reinaldo Arenas, Meditaciones de Saint-Nazaire, 1990.

2 comentarios:

t dijo...

Este problema tan bien planteado encierra en Argentina algunas otras trampas. La principal, creer que se pertenece antes a Europa que a Latinoamérica y adoptar esa mirada europea con respecto a los otros países de la región mientras se piensa, sin razón, que los países europeos nos consideran sus pares. Otra, adoptar esa mirada europea ante las provincias, ante el llamado "interior" del país: pensar que Jujuy, Formosa o Tierra del Fuego son tierras exóticas, "folclóricas" (como dijo Gilberto Gil, "los vínculos entre el concepto erudito de 'folclore' y la discriminación cultural son más que estrechos"), atrasadas con respecto a una idea de progreso que también implica una "discriminación cultural". Estos peligros, estas trampas, están, de algún modo, avalados desde distintos sectores y ya forman parte del discurso inconsciente cuando, por ejemplo, se usa "Buenos Aires" casi como un sinónimo de "Argentina" o se habla de "Argentina y Latinoamérica" en lugar de hablar de "Argentina y el resto de Latinoamérica".

Virginia Avendaño dijo...

Un conflicto agudamente presentado por Leo Maslíah en su Carta a un escritor latinoamericano.