16 noviembre, 2007

Más Paul Valéry


Ayer hablaba de la edición en castellano de los maravillosos cuadernos de Paul Valéry. Lo que sigue es una traducción que hiciera hace unos seis años, por puro placer, de algunos fragmentos.



Escribo aquí todas las ideas que me vienen. No es que las acepte. Este es su primer estado. Todavía un poco dormidas.


Hay días para los conjuntos y días para los detalles.


En lo que atañe al "pensamiento", las obras son falsificaciones porque eliminan lo provisorio y lo no-reiterable, lo instantáneo y la mezcla de impuro y puro, desorden y orden.


El rigor imaginativo es mi ley.


He comprendido una cosa cuando creo que podría haberla inventado. La sé totalmente cuando acabo por creer que soy yo quien la ha descubierto.


Existo para encontrar algo.


Mi vida no tiene nada de extraordinario. Pero mi modo de pensar la transforma.


Trabajo para alguien que vendrá después.


Hijo mío, te educaré bastante mal si soy incapaz de inculcarte unos preceptos que yo mismo no entiendo.


El único placer consiste en dar con resultados inesperados al cabo de un análisis riguroso.


Devoro con el pensamiento todo cuanto cuya esencia es el pensamiento. El resto se me escapa y no lo persigo.


No fui hecho para las novelas ni para los dramas. Sus grandes escenas, colores, pasiones, momentos trágicos, lejos de exaltarme, me llegan como pobres destellos, como estados rudimentarios donde todas las tonterías se manifiestasn, donde el ser se simplifica hasta la idiotez, y se ahoga en lugar de nadar en las circunstancias del agua.
No leo en el periódico ese sonado drama, ese hecho que hace palpitar los corazones. ¿Adónde me conduciría sino a la puerta de esos problemas abstractos donde ya me instalado por completo?


¡Qué difícil es pensar sin suspirar!


Me hace falta un alemán para que concluya mis ideas.


No siempre comparto mi opinión.


Mi trabajo es un trabajo de paciencia ejecutado por un impaciente.


Lo que me resulta difícil siempre me resulta nuevo.


Hace ya tiempo que los poemas no me interesan sino por sus artificios. No necesito emociones ajenas.


Yo no quiero convencer a nadie ni ser por nadie convencido.


Mi rasgo intelectual más constante y más marcado es el siguiente: todo cuando se me dice --todo cuanto leo se me aparece como si debiera ser traducido.~

(Traducción de Eduardo Berti)

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