05 diciembre, 2007

Gangotena y Michaux

Alfredo Gangotena, nacido en Ecuador, forma parte de ese lote de latinoamericanos (César Moro, Huidobro, Carrera Andrade) que vivieron en París y escribieron en francés durante los años veinte. Hay una imagen recurrente en sus poemas, traducidos por Filoteo Samaniego al castellano: "El amoroso y cálido recinto de las cortinas", "los sombríos pliegues de mis cortinas", "se ciñen las llamas de las cortinas a las cañas de mis arterias". Según algunos, la explicación es simple: Gangotena era hemofílico. Algunos lo ponen en duda; pero otro poeta de salud endeble, Henri Michaux, fue su amigo y escribió: "Esa enfermedad atroz lo ponía a la merced de un diente arrancado, de una simple infección. Lo llevaba a un miedo continuo, prácticamente fuera del mundo". (Años más tarde, Cioran admitiría que poco y nada le era "más agradable" que conversar con Michaux a propósito de enfermedades).

La editorial española Visor publicó hace un par de años una muy buena antología de la poesía de Gangotena, a cargo de Adriana Castillo. El poeta español Luis Antonio De Villena le consagró un extenso artículo en el diario El País. Dice, entre otras cosas: "Como imaginista —o creacionista— empieza la poesía de Gangotena, imagen sobre o contra imagen. Pero muy pronto (en sus libros) se tornan vecinas al surrealismo, en un auténtico chorro de fulgores y onirismos, brillantes sin duda y nada frívolos (todo en Gangotena posee un claro fondo de tragedia, de búsqueda espiritual, de allendidad más o menos frustrada), pero que contemplados desde hoy (en 1928 eran modernidad evidentemente) resultan excesivamente retóricos, pues hoy sabemos —basta leer a Breton— que el surrealismo vuelto escuela lexicalizó su retórica de imágenes irracionalistas ".

Aunque afirmaba que Francia era su "patria espiritual", Gangotena invitó a Michaux a su tierra natal. De la experiencia nació Ecuador (1929), de Michaux, curioso diario que se puede comparar en cierto aspecto con las Memorias de Africa de Raymond Roussel, ya que ambos libros constituyen una sátira a la literatura itinerante que por ese tiempo practicaban Paul Morand o Blaise Cendrars. Utilizando las técnicas de los escritores viajeros, Michaux se propone "destruir el mito de la aventura y su peligro más evidente: el exotismo", según el crítico Claude Couffon. Ecuador afirma que a veces se puede ir hasta el otro extremo del mundo y no aprender, por ello, nada revelador. No debe asombrarnos, en consecuencia, que el mismo autor escribiese una obra llamada "Lejano interior".~

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