28 diciembre, 2007

Somerset Maugham, lector omnívoro



Por Eduardo Berti


Una mujer cuyo hijo tenía inclinaciones literarias le preguntó a William Somerset Maugham qué consejo le daría él para ayudarlo a convertirse en escritor. Seguro de que la mujer no le haría caso, el autor de Cakes and Ale contestó: "Déle ciento cincuenta libras anuales por el lapso de cinco años y dígale que se vaya al diablo". Años más tarde, Maugham cayó en la cuenta de que el consejo impartido era "mucho mejor de lo que yo había supuesto": con ese dinero "un joven no morirá de hambre pero a la vez, como es poco, no llegará a disfrutar más que de un pequeño confort" (y el confort, decía Maugham, es el "peor enemigo de un escritor"); "con ese dinero viajará por el mundo en condiciones que le permitirán ver aspectos de la vida más coloridos y variados que si viaja como lo hacen los pudientes".

Viajar y leer eran acaso las dos mayores pasiones de Maugham. En Confesiones de un lector, Juan Carlos Onetti lo califica de "lector omnívoro" y le adjudica la siguiente historia: estaba una noche Somerset Maugham en una perdida estación de tren de la India cuando descubrió que sus valijas no habían viajado con él, sino que llegarían horas más tarde, en el tren siguiente. Obligado a esperar, se puso a hurgar los bolsillos, releyó los papeles que llevaba encima y que, en el fondo, conocía de memoria, y finalmente tuvo que conformarse con la guía telefónica del pueblo: nombres y apellidos apenas comprensibles, direcciones y números. Cuando el tren llegó con las valijas en las que estaban los libros que llevaba para el viaje, hacía rato que había agotado la guía. El pueblo, para su desgracia, tenía muy pocos habitantes.~

2 comentarios:

Camilo Jiménez dijo...

Qué bella historia. Y qué grande es Maugham. Debería leerse más, comentarse más, recomendarse más. Además de sus novelas invito a leer sus "Cuadernos de un escritor", donde están sus temas recurrentes, su manera de mirar, sus obsesiones.

Qué buen blog, llevo rato paseando por acá más que feliz.

Eduardo Berti dijo...

Sí, los cuadernos de Maugham son una verdadera delicia. Un saludo,
Eduardo