23 diciembre, 2007

El incorruptible


Cierto mandarín lleno de codicia deseaba hacerse una fama de funcionario incorruptible. Cuando lo nombraron en su primer cargo, juró no dejarse sobornar.

- Si mi mano izquierda llegara a aceptar dinero, que caiga convertida en polvo. Y si mi mano derecha lo hiciese, ¡que también caiga convertida en polvo! – exclamó.

Un buen día, tiempo después, alguien le hizo llegar cien onzas de oro con el fin de asegurarse su apoyo en un asunto. Por miedo a la maldición que pesaba sobre él, a causa de su juramento, dudó en aceptar ese dinero que, sin embargo, codiciaba vivamente. Sus subalternos le dijeron:

- Si Su Señoría hace colocar los lingotes de oro dentro de su manga, sólo la manga caerá hecha polvo.

El magistrado consideró que el consejo era acertado y aceptó el oro.


Fábula incluida en «Relatos de Xue Tao» (Xue Tao Xiao Shu) , libro escrito por el chino Jiang Yingke (siglo XV).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuánta actualidad. O será que nuestros políticos actuales provienen de la China antigua?