26 abril, 2013

Dos cuentos de Jaime Montestrela




El 13 de enero de 1923, al alba, le preguntaron a Jack Bluther, condenado a ser ahorcado por el crimen de trece personas (incluida su portera), cuál era su última voluntad. Bluther pidió aprender el chino mandarín. Lo ahorcaron veinte años más tarde, cuando ya hablaba fluidamente este idioma, pese a que aún habría podido mejorar el acento.


En la isla de Sanapagrata (Indonesia) los habitantes siempre dicen la verdad. En la isla vecina de Pagranaasta, todos mienten todo el tiempo. Y la de Natagrapasa estaba habitada por gente que a veces mentía y otras veces decía la verdad. Los misioneros portugueses se cansaron  pronto de sus adivinizanzas y los mataron a todos con el filo de sus espadas.


Jaime Montestrela, Contos aquosos (1974). (Tomados de la traducción francesa: Contes liquides, con traducción y prefacio de Hervé Le Tellier y posfacio de Jacques Vallet. Éditions de l'Attente).