25 abril, 2013

Pensarse lectores








 Algunos extractos de "El sentido de la lectura", de Ángela Pradelli (editorial Paidós):


¿Qué relación existe entre el acto de leer y las formas de vivir? ¿De qué modo la lectura limita o amplía la trascendencia de los días en cada uno de nosotros?

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El lector es explorado por el texto que lee,  es cuestionado en ese encuentro. Entonces descubre que, en las grietas del discurso del otro,  puede entrar su propio universo. Por eso el lector está allí, esperando que alguien, en esas grietas, lo nombre.

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¿Es posible leer y ser sumiso? La lectura podría trasladar una frontera (y no solo traspasarla), podría desordenar el límite, subvertirlo. Los lectores no obedecen. Lo que hacen es preguntar, buscar respuestas, contestar y huir siempre de las fiscalizaciones. ¿La lectura podría definirse como un acto de rebelión y de insurgencia?

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La lectura late en la fisura y respira en los huecos. Allí todo, también lo inalcanzable, se vuelve legible. Los lectores nos sentimos afectados porque la lectura nos instala dentro de un mecanismo, un  proceso que toma nuestra voz, nuestra lengua y revisa nuestro pasado. Un lector sale de una incertidumbre para entrar en otra. Se puede leer la correntada del río, el movimiento ágil de las nubes,  las manos que amasan el pan o  los pies pequeños que se largan a caminar. Siempre será una semántica ambigua frente a un lector con hambre de palabras y significados. Algunos lectores bordean las palabras advirtiéndolas como territorios ajenos. Otros en cambio atraviesan el filo sin importarles el miedo a entrar en el vértigo de su propia lengua.
 
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Los lectores somos la lengua. Entre la rigidez del pensamiento y la porosidad de la palabra. Somos la frágil enunciación de nuestra historia, los deseos. Leer las diferencias en la lengua que somos cada uno es un trabajo en la lengua de todos. La lectura  es una incandescencia: una invención creadora que recorre todos los órganos.

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¿Es exagerado pensar que nuestras vidas dependen en alguna medida de nuestras lecturas?, ¿Qué el destino de nuestras horas está ligado a los textos que fueron conformando en nosotros una visión del mundo en un arco que se traza entre el desasosiego y el entusiasmo?

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Hay una  pluralidad de mundos que puede leerse en las hojas de la ventana que se abren a un jardín interior.

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A veces solo hacemos rasguños en la superficie de los textos.  Momentos en que la hondura de la lectura se resume a eso,  apenas raspaduras. Otras veces en cambio los rayos de sol entran por las rendijas de las persianas y van directo a iluminar una porción del  texto que leemos. Es un haz de luz, una luminosidad más intensa que se filtra  y recorta una porción escrita por otro. ¿Sin ese destello, las capas del texto serían imperceptibles al ojo que lee? ¿De dónde viene esa luz, cómo llega, qué trae?  Ciertos resplandores logran esos hiatos por los que entramos a los textos. Hay una alegría que estalla en esas grietas cuando suceden, un modo de la felicidad del lector que está ahí, en la fisura de la superficie de los textos.


(El sentido de la lectura se presenta el próximo jueves 2 de mayo, a las 17:30, en la Feria del Libro de Buenos Aires.)