25 febrero, 2009

La muerte de Esquilo

De todas las muertes de literatos, la más peculiar fue, sin duda, la de Esquilo, uno de los tres grandes nombres de la tragedia griega con Sófocles y Eurípides.

Estaba sentado en el campo, meditando, cuando un águila que llevaba una tortuga en sus garras la dejó caer sobre la enorme cabeza calva del genial dramaturgo, confundiéndola con una roca (así proceden las águilas, para poder comer la sabrosa carne de las tortugas: las dejan caer desde cierta altura sobre una roca, para romperles la caparazón). No se sabe si la caparazón de la tortuga se rompió. Esquilo murió al instante.~


La anécdota es referida de esta forma por Rubem Fonseca en su libro Diario de un libertino (Editorial Norma, 2005), pero hay quienes añaden otro elemento a esta curiosa historia. Se cuenta que allá por el 457 antes de Cristo, poco antes de su muerte, el oráculo le vaticinó a Esquilo que moriría aplastado por una casa. Por eso decidió irse a vivir fuera de la ciudad.

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Genial anécdota.

Eduardo Berti dijo...

Gracias, Esteban.
Qué bueno que te haya gustado.

Anónimo dijo...

no sería un águila, seria un quebrantahuesos, pues es su práctica habitual.