14 enero, 2009

Una noche en un hotel


Slawomir Mrozek (Borzecin, 1930) es un autor de culto en Polonia. Se lo conoce sobre todo por sus obras teatrales, como “Tango” (1964), pero además es uno de los maestros del relato breve. Tan absurdo como irónico, Mrozek cultiva un punzante humor. Antes de darse a conocer como escritor, estudió arquitectura, historia del arte y cultura oriental, y obtuvo cierto éxito como periodista y dibujante satírico.
De 1963 a 1997, Mrozek debió vivir fuera de Polonia. Pasó algún tiempo en Francia e Italia, así como también en América. En 1987 se casó con la directora de teatro mexicana Orario Rosas y la pareja se estableció por un tiempo en México, en una estancia llamada La Epifania. "Una noche en un hotel" pertenece a “El árbol”, uno de sus mejores libros de cuentos. Otros llevan por título "El elefante" y “La mosca”.



Por Slawomir Mrozek



Iba a dormirme cuando del otro lado de la pared llegó un golpe poderoso.

“Ya empezamos”, pensé. “Igual que en la famosa anécdota. El vecino se quitó un zapato y lo dejó caer a suelo. Ahora no voy a dormirme hasta que se quite el otro. Y vaya uno a saber cuánto tendré que esperar a que lo haga”.

Pero grande fue mi sorpresa no bien se oyó, casi enseguida, el segundo golpe.

Estaba a punto de dormir de nuevo cuando detrás de la pared hubo un tercer estrépito que me desveló.

Eso sí que no lo esperaba. ¿Mi vecino acaso tenía tres piernas? Imposible. ¿Había vuelto a calzarse para quitarse el zapato al instante? Poco probable. Por lo visto, concluí, tenía dos vecinos.

Así que ahí empezó mi calvario, como lo había imaginado. Me ayudaba a resistir la esperanza de que pronto el segundo vecino se sacaría el segundo zapato. La noche iba transcurriendo y sin embargo el segundo, o sea, el cuarto ruido no llegaba.

No pude pegar un ojo y a la mañana bajé totalmente exhausto a tomar el desayuno. Ubiqué con facilidad a mi vecino. Busqué al otro, pero nada. Sólo uno. El otro, con seguridad, se había dormido muy borracho y ahora roncaba con un zapato puesto.

- ¿Tiene ratones en su habitación? –preguntó entonces mi vecino-. Yo sí. Tanto ruido estaban haciendo que tuve que arrojarles un zapato, así paraban.

Desde ese día dejé de pensar aferrado a la lógica. Un estúpido ratón tiene más poder que toda la lógica de este mundo. Y la lógica sólo produce insomnio.

2 comentarios:

APG dijo...

Hace tiempo estoy tras "El árbol".

Este cuento me reavivó el deseo.

Si sabés dónde conseguirlo, chiflá.

saludos
APG

Conrado Arranz dijo...

Me encanta Mrozek y el juego que lleva a cabo con los objetos y que prácticamente constituyen el espacio de los relatos.

Gracias por tu reseña