13 enero, 2009

El elixir


En abril habíamos empezado a leer “Taketori monogatari” y acabábamos de entrar en la parte más interesante de la historia. “Para proteger a la princesa de los emisarios de la luna, el emperador decide rodear su palacio de soldados. Sin embargo, los emisarios logran llevarse consigo a la princesa. Lo único que ella deja atrás es una carta para el emperador y el elixir de la inmortalidad. Sin embargo, el emperador no quiere vivir eternamente en un mundo donde no esté la princesa. Y ordena que quemen el elixir en la cima del monte más cercano a la luna”. Este es el pasaje que explica los orígenes del nombre del monte de Fuji y, con este pasaje, la historia llega apaciblemente a su fin.

Kyoichi Katayama, “Un grito de amor desde el centro del mundo” (Alfaguara, traducción de Lourdes Porta)

1 comentario:

Gatohombre en Paris dijo...

Hey, qué es esto!!!! La frese cuando sea viejo no tiene sentido ahora. Cuando yo quería ser viejo y leer los grandes clásicos (ya con la barriga llena de sabiduría o algo así) tenía en mente el Genji, estaba en la listita. Ya me contaron el final, un resumen del final. Ahora quiero ser joven eternamente y sé que el viejo ese acabó con el elixir. Eso es terrorismo literario, señor Berti.