Entre Lindholm y Maasbull, distrito de Tondern, había un fantasma que todas las noches vagaba errante con una estaca. A los caminantes rezagados les decía: “¿Dónde tengo que ponerla?”. Un día, un campesino tuvo el valor de responderle: “Pues, ¡pónla donde estaba!”. El espectro le dio las gracias, le dijo que estaba esperando aquella respuesta desde hacía unos cien años, y desapareció.
Historia citada por Claude Lecouteux en “Fantasmas y aparecidos en la Edad Media”
(Existe una traducción al castellano de este libro, publicada por José J. De Oleñeta, dentro de su colección “Medievalia”)
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