08 febrero, 2008

Oscar Niemeyer, la curva libre


Por Eduardo Berti

El arquitecto brasileño Oscar Niemeyer cumplió cien años de edad el pasado 15 de diciembre y todo Brasil le rinde tributo. Discípulo del urbanista Lucio Costa, heredero y continuador de la primera camada de arquitectos modernistas (Gropius, Van der Roche y sobre todo Le Corbusier), Niemeyer se hizo mundialmente famoso por dos obras: el edificio de la Naciones Unidas y la ciudad de Brasilia. Menos reputados pero igualmente importantes son otros trabajos suyos como, por ejemplo, el Sambódromo de Río (1983/4), los cuarteles centrales de la editorial Mondadori en las afueras de Milán (1968/75), la Casa de la Cultura en Le Havre (1972-82) o el Memorial de América Latina y el Edificio Copan (1951-57), ambos en la ciudad de San Pablo.

La sede de la ONU fue ideada a dúo con Le Corbusier, a quien Niemeyer conoció por vez primera en Brasil, en 1936. Las obras de Brasilia se iniciaron durante la presidencia de Juscelino Kubitschek (1956/61), con quien Niemeyer venía colaborando estrechamente desde algún tiempo atrás, cuando Kubitschek era diputado, alcalde de Belo Horizonte o gobernador de Minas Gerais. La premisa que recibió Niemeyer fue la de erigir una ciudad moderna, "la más bella capital del mundo". Algunas obras de Brasilia, como la inconfundible Catedral con las esculturas de Alfredo Ceschiatti, fueron recién finalizadas en plena dictadura del general Médici.

Victor Soares/ABr.

Era un secreto a voces que Niemeyer militaba, desde mediados de los cuarenta, en el Partido comunista brasileño; visto como uno de sus adherentes más populares, al lado de Joao Saldanha (aquel periodista y asesor técnico de la fabulosa selección de fútbol de Brasil '70), en 1945 había donado una casa heredada de su prima Milota al dirigente y amigo Luis Carlos Prestes. "La casa fue residencia familiar, comisaría, burdel y agencia de arquitectura antes de convertirse en la sede del Comité Metropolitano del Partido, en Río".

La dictadura no tardó en vigilarlo, en ponerle trabas. Al regreso de un viaje por Europa lo sometieron a un interrogatorio; le preguntaron si era cierto que había escrito para una revista soviética y qué pensaba de Cuba. Acto seguido rechazaron su proyecto de aeropuerto de Brasilia porque era circular, aun cuando años más tarde se harían de esa manera no sólo el Charles de Gaulle sino el propio Galeao de Río. "La policía política me convocaba más y más a menudo. La presión creía. La universidad fue ocupada". Pronto el demiurgo de Brasilia debió formar parte de la legión de exiliados políticos, junto con Darcy Ribeiro y otros personajes de prestigio.

Aunque su estancia en París no fue muy prolongada, ya que luego residió un tiempo en Argelia (donde llegó a diseñar el proyecto nunca realizado de una nueva capital, que incluía una mezquita flotante), Niemeyer dejó tres obras plasmadas en Francia: dos en las afueras de París, la Bolsa de Trabajo de Bobigny (1972-80) y la Casa de la Cultura de la Place Gambetta (1972-82); otra, la sede del PCF, en el noreste de la capital, no muy lejos de la Gare de l'Est.

Alguna vez Niemeyer resumió así sus principios estéticos: "No es el ángulo recto lo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, inventada por el hombre. Sólo me atrae la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas está hecho el universo, el universo curvo de Einstein".~

(Texto con fragmentos de un artículo publicado hace algunos años en la revista "Gatopardo")