04 febrero, 2008

Cómo hacerse escritor en nueve pasos


Hace ya unos meses, la revista mexicana "El puro cuento" publicó (en su número Uno, de 2006) una serie de textos de Anton Chejov inéditos en castellano. La selección incluyó diversos cuentos ("Lo estafó", "Dos en uno", "El único medio", etc), todos ellos traducidos por René Portas y también publicados en un libro que lleva por título "El tabernero virtuoso" (editorial Praxis). Junto con esos cuentos se incluyó el siguiente texto, repleto de ironía:

Cómo hacerse escritor en nueve pasos

Por Anton Chejov

A todo niño recién nacido se le debe lavar con cuidado y, tras dejarle descansar de las primeras impresiones, azotarlo fuertemente con las palabras: «¡No escribas! ¡No escribas! ¡No seas escritor!».

Si a pesar de esa ejecución el niño empieza a revelar inclinaciones de escritor, se debe probar la caricia. Si la caricia tampoco ayuda, pues deje de la mano al niño y escriba «perdido». La comezón de escritor es incurable. El camino del escritor, de principio a fin, está lleno de espinas, clavos y ortigas; por eso una persona de sano juicio debe apartarse por todos los medios de la escritura. Si el destino implacable, a pesar de todas las advertencias, empuja a alguien al camino de la autoría, el desdichado, para disminuir su
interés, debe remitirse a las siguientes reglas:












1

Se debe recordar que la autoría casual y la autoría à propos es mejor que la escritura constante. El conductor que escribe versos vive mejor que el versificador, que no trabaja de conductor.

2

La escritura en pos de «el arte por el arte» es más ventajosa que la creación en pos del vil metal. Los es¬critores no compran casas, no van en cupé de primera clase, no juegan a la ruleta y no toman sopa de acipenser. Su alimento es la miel y los acrídidos preparados por Savrasienkov; su habitación, los cuartos amueblados y su medio de transporte, andar a pie.

3

Intentar escribir pueden todos, sin distinción de títulos, cultos, edades, sexos, grados de instrucción y situaciones familiares. No se prohíbe escribir incluso a los locos, los amantes de las artes escénicas y los privados de todo derecho. Es deseable, por lo demás, que los escaladores del Parnaso sean, en lo posible, personas maduras, que sepan que las palabras zapato y zafiro se escriben con zeta.


4

Se supone que el escritor, además de las comunes facultades mentales, debe tener experiencia. El honorario más alto lo reciben las personas que han pasado por el fuego, el agua y los tubos de cobre; el más bajo, las naturas intactas y cándidas. Entre los primeros están: los casados por tercera vez, los suicidas fallidos, los arruinados de pluma y de polvo, los batidos en duelo, los escapados de las deudas y demás. Entre los segundos: los que no tienen deudas, los novios, los no bebedores, las estudiantes de instituto y demás.

5

Hacerse escritor no es nada difícil. No hay idiota que no encuentre su par, y no hay tontería que no encuentre su lector apropiado. Por eso no te apoques... Pon el papel ante ti, toma la pluma en la mano y, tras excitar al pensamiento cautivo, escribe. Escribe de lo que quieras: de la ciruela pasa, el tiempo, el kvas de Govorovskii, el océano Pacífico, las agujas del reloj, la nieve del año pasado... Tras escribir, toma en tus manos el manuscrito y, sintiendo en las venas un temblor sagrado, ve a la redacción. Tras quitarte los chanclos en el recibidor e informarte: «¿Está acaso el señor redactor?», entra al santuario y, lleno de esperanza, entrega tu creación... Después de eso, acuéstate una semana en el diván de casa, escupe al techo y confórtate con los sueños; a la semana, ve a la redacción y recibe tu manuscrito de vuelta. Tras esto, sigue llamar a las puertas de las otras redacciones... Cuando ya hayas recorrido todas las redacciones y el manuscrito no haya sido aceptado en ningún lugar, publica tu obra en una edición aparte. Se hallarán lectores.

6

Hacerse un escritor que publican y leen es muy difícil. Para eso sé, incondicionalmente, instruido y ten un talento del tamaño por lo menos de un grano de lenteja. Por la ausencia de grandes talentos, los caminos son cortos. Sé honrado. No hagas pasar lo robado como tuyo, no publiques lo uno y lo mismo en dos ediciones a la vez, no te hagas pasar por Kurochkin y a Kurochkin por ti, no llames original lo extranjero y demás; en general, recuerda los diez mandamientos.

7

Si quieres escribir, pues procede así: Escoge, primero, un tema; ahí se te da libertad absoluta. Puedes utilizar el abuso y hasta la arbitrariedad, pero para no descubrir América por segunda vez y no inventar la pólvora de nuevo evita los temas que ya se han recorrido desde hace tiempo.

8

Tras escribir, firma. Si no persigues la celebridad y temes que te peguen un poco, utiliza un pseudónimo, pero recuerda que cualquiera que sea la visera que te oculte del público, tu apellido y tu dirección deben ser conocidos por la redacción. Esto es necesario en caso de que el redactor quiera felicitarte por el Año Nuevo.

9

El honorario cóbralo al instante de la publicación. Evita los adelantos. El adelanto es el consumo del futuro.~

Revista El Puro Cuento: http://www.elpurocuento.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, en el tono de "Los escritores inútiles" de Cavazzoni.
Saludos. Federico

Anónimo dijo...

Muy bueno, al estilo de "Los escritores inútiles" de Cavazzoni. Saludos
Federico

Matute dijo...

Navegando en la red encontré por casualidad una corta autobigrafía de Pessoa, remito un fragmento que me pareció bellísimo:

Profesión: El nombre correcto sería «traductor», pero es más exacto el de «corresponsal extranjero de casas comerciales». El ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación.

Eduardo Berti dijo...

Gracias, Matute.