
Quizá la idea de Dios proviene de la invención del espejo. Cuando el hombre pudo ver su imagen comprendió la posibilidad de que existieran seres irreales e incorpóreos a la vez. En suma, todo lo sobrenatural está ahí. Aquello explica el don de la ubicuidad, y hasta el misterio de la Trinidad inclusive. En el espejo, soy simultáneamente uno y doble.~
Extracto del cuento "Monsieur Bergeret", de Leopoldo Lugones, incluido en el libro "Filosofícula".
3 comentarios:
Oye, muy borgiano eso de los espejos, no?
Basta con recordar ese hermoso e intricado cuento borgiano: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, y la evocación por parte de Bioy de las palabras de un viejo heresiarca de Uqbar: "Para uno de esos gnósticos el universo era un ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables porque lo multiplican y lo divulgan."
Sí, muy cierto. No es raro ver que en muchos textos de Lugones o de Darrío (sobre todo en sus cuentos) hay algo pre-borgiano, si vale el término.
Publicar un comentario