28 enero, 2008

Shua y lo breve


Quisiera detenerme un poco más en Ana María Shua y, sobre todo, en su obra como autora de microrrelatos (“La sueñera”, “Casa de Geishas”, “Botánica del caos” y “Temporada de fantasmas”), género en el que se destaca como brillante exponente.

Personalmente, son muchos los minicuentos de Shua que me agradan. Entre ellos está, por citar apenas un ejemplo, "Malos consejos":

Por consejo del hechicero, talló una figura de madera con la forma exacta de su enemigo. La quemó en el campo, de noche, bajo la luna. Atraído por el resplandor de la hoguera, su enemigo lo descubrió y lo mató de un lanzazo.

En un reportaje concedido hace algún tiempo a la también escritora Angella Pradelli, Shua dijo: “La única limitación del microrrelato es que no permite el desarrollo de personajes. Por lo demás, un cosmos de quince líneas puede contenerlo todo. Eso sí, es preferible que los muebles sean pequeños. Por otra parte el cuento brevísimo exige una escritura impecable. En ese tamaño, la más mínima falla adopta proporciones gigantescas. Pero esa no es una limitación, sino una ventaja para el lector. Para el escritor se reserva un gran goce: la posibilidad de llegar desde el mineral en bruto hasta una talla perfecta de una sola vez.”

En otra oportunidad, plasmó un texto al que tituló “Diez consejos para escritores de Cuentos Brevísimos”. He aquí sus diez consejos:

1. Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas) y transformarlas en un pequeño universo.

2. Trabajar con los conocimientos de lector, que sabe más de lo que cree.

3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo, en este hiperbrevísimo "Huyamos, los cazadores de letras est-n aqu-"

4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen en un rebaño ordenado. Tener el corral preparado de antemano.

5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una sola trama. O no. Cortar lo que sobra

6. Trabajar la primera versión como una piedra en bruto a la que hay que tallar hasta obtener un diamante facetado. Si no es posible librarse incluso de la más mínima imperfección, tirar la piedra a la basura, sin piedad.

7. Si conseguiste atraparlo, es que está mal. Un buen microrrelato resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez o cualquier buen texto literario.

8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos, incrustados en otros textos, brillando.

9. Prueba de calidad: si es realmente bueno, muerde.

10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.~