05 enero, 2008

Saer, entre dos aguas


En un libro de circulación algo restringida (« Les Bonheurs de Babel », Meet, 2004), Juan José Saer publicó un texto poco conocido: «Entre dos aguas». Algunos fragmentos:


Mi destino (pido disculpas por usar esta palabra), nada calculado por cierto, me condujo, al promediar mi vida, a vivir entre dos ciudades, dos países, dos continentes, dos idiomas, dos culturas. Aunque muchos pretenden, y tal vez sea parcialmente correcto, que la Argentina es el país más europeizado o europeizante de América Latina, resulta difícil imaginar el choque que representa para un hombre de treinta y un años, que nunca he dejado la pequeña ciudad de provincias donde vive desde su infancia, trasladarse de golpe a París, a Francia, a Europa, sumergirse en ese mundo desconocido como en un populoso, colorido, incomprensible y amenzador fondo marino del que, olvidando los datos sin valor práctico de la historia o de la literatura que ha recogido a través de múltiples y a veces engañosas lecturas, debe deducir sobre la marcha las leyes que rigen para el comportamiento o incluso la supervivencia.

(…)

En tanto que escritor, me vi personalmente confrontado a problemas específicos de mi trabajo. El primero, por supuesto, es el idioma. Inmerso en la lengua materna, el escritor no tendría, por así decirlo, más que inclinarse a recoger los frutos frescos del habla para vivificar su literatura. La lengua extranjera en cambio, que ejerce una presión constante para sustituir a la primera, sería como una fuerza invasora que interfiere en todo momento contra la voluntad del escritor. Pero esta versión es demasiado clara, demasiado simple. Cuando escribe en el ámbito de su lengua materna, el escritor, para respetar las cláusulas del contrato consigo mismo que nadie, aparte de sus convicciones sobre el estilo o la lengua literaria, lo obligó a firmar, no ignora el cuidado y la labor que exige la elección de cada palabra, en las antípodas del espontaneísmo o del naturalismo lingüístico. Y si es verdad que el nuevo entorno idiomático presiona constantemente y exige una constante vigilancia, esa disciplina el escritor ya está obligado a ejercerla cuando trabaja con su lengua materna. ~

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