29 enero, 2008

El fin



Entre las propuestas de Ana María Shua en torno a la microficción (ver mi entrada de ayer) se destaca su invitación a trabajar con la propia materialidad del texto.


Me he quedado pensando en otros minicuentos que puedan ilustrar esta noción de “materialidad” y ninguno me pareció tan claro y tan ingenioso como “El fin”, de Fredric Brown: toda una demostración de que incluso a partir de una de las situaciones más tópicas de la ciencia ficción (la máquina del tiempo y los posibles accidentes que suscitaría su empleo) se puede escribir un cuento original. Para ello, claro está, hace falta una idea formal que sea novedosa:


El fin (Fredric Brown)

El profesor Jones trabajó en la teoría del tiempo, durante muchos años.

- Y he encontrado la ecuación clave -informó a su hija, un día-. El tiempo es un campo. Esta máquina que he diseñado puede manipular, e incluso invertir, ese campo.

Oprimiendo un botón al hablar, prosiguió:

- Esto debe hacer correr el tiempo hacia tiempo el correr hacer debe esto.

Prosiguió, hablar al botón un oprimiendo.

- Campo ese, invertir incluso e, manipular puede diseñado he que maquina esta. Campo un es tiempo el. -Dia un, hija su a informó- clave ecuación la encontrado he y.

Años muchos durante, tiempo del teoría la en trabajó Jones profesor el.

Fin el.


Otra traducción del mismo cuento:

El final (Fredric Brown)

El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años.

—Y he encontrado la ecuación clave —dijo un buen día a su hija—. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo.

Apretando un botón mientras hablaba, dijo:

—Esto hará retroceder el tiempo el retroceder hará esto —dijo, hablaba mientras botón un apretando.

—Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabrica–do he que máquina la. Campo un es tiempo el. —Hija su a día buen un dijo—. Clave ecuación la encontrado he y.

Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajado había Jones profesor el.

Final el.~

1 comentario:

Pepe Grillo dijo...

Otro ejemplo de "materialidad del texto" puede ser, se me ocurre, esa vieja canción que cantaba Baglietto:

La censura no existe mi amor
La censura no existe mi
La censura no existe
La censura no
La censura
La


Chau, muy lindo el blog che!