26 febrero, 2012

Sombras de amor y libertad

Entrevista de Paula Jiménez para el diario Clarín, de Argentina:

Una historia de adolescentes enamoradas, de mirlos enjaulados que los ancianos pasean por el parque, de abuelas que después de morir regresan en sueños y de supersticiones y mitos que condicionan los destinos humanos. Con una voz acertadísima, que podría pasar por la traducción de un texto chino, Eduardo Berti hace hablar en El país imaginado a Ling, una muchacha cuya subjetividad puja por separarse –quizás como todas las subjetividades oprimidas– de los mandatos de una época.

Cuando Berti viajó a China todavía no había imaginado que escribiría esta historia. Su mujer comenzaba a estudiar ese idioma y él sentía curiosidad por esta cultura, pero fue recién durante el armado de una antología de microrrelatos cuando profundizó en la literatura china y encontró en ella un semillero de cuentos de fantasmas escritos en pocas líneas. Pero el fantasma no es, al menos en su acepción literal, el único tópico de El país imaginado, la novela con la que ganó el último premio Emecé. Las sombras del amor y la libertad, recorren todo el texto.

Según su autor, tanto su viaje como el encuentro con las letras chinas fueron los detonantes para la escritura del libro. “Hermosas excusas –dice– para contar una historia a la que yo apuesto y que creo que es un universal”. Berti se refiere a los conflictos amorosos, a la represión y a las prohibiciones que, de un modo u otro, son comunes a todas las épocas. “Es una novela sobre los vínculos humanos, que si bien aquí están marcados por la particularidad de un tiempo histórico y una cultura, también se pueden entender universalmente”.

Ling es una adolescente de 14 años que durante la década del 30 conoce a Xiaomei, una bellísima joven muy parecida a una famosa actriz de cine, de la cual se enamora y que rápidamente pasa a ocupar el centro de todos sus intereses. Inmersa en una cultura durísima y patriarcal, la protagonista solo puede aspirar a un tipo de cercanía con Xiaomei: casarla con su hermano e incorporarla a la familia. Pero no lo logra.

-¿Porqué Ling no se propone, por ejemplo, fugarse con Xiaomei?


-Creo que en el fondo de esta relación hay algo de idealización. El amor que ella siente por Xiaomei es bastante ideal y a medida que la novela avanza lo vamos descubriendo. Es amor pero es admiración también, amistad incondicional, idolatría, no es el deseo sexual simple y claro. Lo que está en juego es algo más complejo que a mí siempre me llamó la atención de ese vínculo que se da sobre todo entre chicas a determinada edad y que no tienen un nombre concreto.

-Pero si Xiaomei hubiese sido hombre, el nombre concreto ¿no hubiera sido “amor”?

-Por supuesto. Y es la pregunta que ella se hace. Si Xiaomei hubiese tenido un hermano varón ¿se hubiese interesado por él? Si Xiaomei está interesada por su hermano está claro que es porque es “su” hermano…

Según explica la abuela, muerta en las primeras páginas de la novela, “el país imaginado” es el nombre que se le da la muerte. Para la nieta, en cambio, ese país es la geografía inexplorada de la vida, aquello a lo que una mujer puede acceder mucho menos que un hombre. Son impresionantes los detalles sobre el destino de las mujeres en la China del siglo XX, como aquel que niega a una soltera el derecho siquiera a una lápida, a dejar siquiera, dirá Berti, su nombre escrito sobre la tierra.

A esta cerradísima estructura cultural acude la abuela en sueños para ayudar a la liberación de la nieta. “Los sueños –dice Berti– son el gran homenaje a las dos fuentes secretas que me llevaron al libro: al microrrelato y a esa cosa fantasmagórica, tan frecuente en la tradición china. Los intercapítulos, donde aparecen las charlas con la abuela muerta, son un homenaje a esto”. En ellos despunta la poesía de Berti, con todo su encanto. Remansos líricos donde la voz relaja y la palabra produce, como siempre en la mejor literatura, su efecto mágico.

Enlace original: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Eduardo-Berti-pais-imaginado_0_646135538.html