11 febrero, 2012

Spinetta (2)



Cada vez estoy más convencido de que los grandes artistas tienen el don de comunicar con lo invisible. No únicamente de lograr que lo invisible se vuelva palpable, sino de ayudarnos a ver de otra manera lo visible, lo que damos por obvio. No me parece un azar, en tal sentido, que Spinetta le pusiera Invisible a una de sus bandas fundamentales, la que parece ocupar una especie de “centro” en su larga carrera. “
La música esconde algo y uno debe encontrarlo”, le decía Spinetta a Rodolfo Bracelli en una larga y exquisita entrevista, hace menos de cuatro años.

Cuando se muere alguien como el Flaco Spinetta, dos sensaciones aparecen con esa sensata velocidad de los lugares comunes: que la gente como Spinetta nunca muere y que la muerte de la gente como Spineta hace que muera una parte de nosotros, quienes crecimos con él y gracias a él.


Nada más cierto que estas sensaciones. Pero l
a mejor manera de darle gracias, sospecho, es luchar para que no muera en nosotros aquello que nos enseñó su arte.

A Spinetta no lo gustaba nada el fanatismo. “No seas fanática", repite el estribillo de un tema de su disco Privé
. Por supuesto, él entendía el amor de un “fan” (palabra que diferenciaba de “fanático”), pero desde una conmovedora canción de su álbum Artaud (“La sed verdadera”) propuso que sus oyentes no adoptaran una actitud de rebaño pasivo: “Sé muy bien que has oído hablar de mí (…), pero la paz en mí nunca la encontrarás; si no es en vos, en mí nunca la encontrarás”. En otras palabras (en una canción de su primer disco solista, apenas dos años antes): “Después de todo tú eres la única muralla/ si no te saltas nunca darás un solo paso”.No fue su única lección.

Angel-poeta, “hombre de luz” (como rezaba una vieja canción de Almendra), Luis nos ayudó salvar la piel (y el alma) en medio de la noche de la dictadura. Nos recordó que, si estamos atentos, la vida tiene música. Que perdemos el tiempo pensando en exceso y que nuestro ego es, en el fondo, “un silbido más en el viento”. Que el arte, cuando ataca, es irresistible. Que “deberás crear / si quieres ver a tu tierra en paz”. Que hay que abrir la mente al “mágico y misterioso” mundo. Que hay que amar y ver si uno es capaz de amar con la libre osadía del viento. Nos enseñó, en fin, que para los días de la vida hay que pensar –“vida siempre”– que mañana es mejor.

1 comentario:

Carlos Junowicz dijo...

Muy lindo texto, gracias.
Quitando el 7 de febrero del 2012 del calendario el "mañana es mejor" es cierto. Escucho trepen a los techos, ya llega la aurora, y me imagino miles de almas rabiosas mirando al cielo para saber si también es cierto.