23 febrero, 2012

Una menudencia




Es sabido que todo el mundo piensa, siempre, la misma cosa en el mismo instante. En cualquier caso, siempre hay al menos una persona que tiene la misma idea que uno. Pero siempre hay uno también que, con la misma idea que los demás, se muestra más paciente, más metódico, o es más afortunado, más sagaz, menos disperso (...). Y ése es el que primero da su nombre a su idea. El que la introduce en el mercado, el que comercia con ella y el que cobra. En ocasiones puede ser que ello responda a un nombre. Pongamos el cine, por ejemplo. Lo inventó un montón de gente al mismo tiempo, pero entre ese montón de gente estaban dos hermanos llamados Lumière. Todo depende de muy poca cosa, verdad, basta una menudencia: cabe imaginar que con semejante nombre no es raro que fueran ellos los que se llevaron el gato al agua.


Jean Echenoz, Relámpagos (Anagrama). Traducción de Javier Albiñana.


Con esta breve novela, libremente inspirada en la vida del ingeniero Nikola Tesla, Echenoz clausura su trilogía de las biografías, que se incia con Ravel y prosigue con Correr.