09 marzo, 2009

Poe y Chéjov

Por Juan Gabriel Vásquez


No sé muy bien de dónde sale esta comunicación privilegiada que Poe ha tenido siempre con los latinoamericanos. Pero ahí está: no es Hawthorne, el autor de "Wakefield" o "La hija de Rapaccini", ni es Melville, el autor de "Bartleby, el escribiente" o de "Benito Cereno". Los dos fueron enormes cuentistas, pioneros del cuento moderno. Pero no están en la lista latinoamericana: está Poe, Poe el macabro, Poe el alucinado, Poe el gacetillero genial, como lo llamaba alguien. No creo que sea una pérdida de tiempo preguntarse qué vieron en Poe los latinoamericanos, y en particular —casi en exclusiva— los del sur del continente, sobre todo cuando uno se da cuenta de que en Estados Unidos, donde se ha practicado siempre el cuento con inmensa fortuna, el cuentista más influyente no es el local Poe, sino el visitante Chéjov.

Sin Chéjov, que los norteamericanos han leído hasta hace muy poco en las traducciones sonoras pero más bien caprichosas de Constance Garnett, no hay cuento realista en América. Sin Chéjov no hay Sherwood Anderson ni Hemingway, pero tampoco Ribeyro; sin Hemingway no hay Cheever ni Updike, pero tampoco el García Márquez de "La siesta del martes" o "En este pueblo no hay ladrones". Y este es el cuento que ha predominado en Estados Unidos: los cuentistas más recientes, digamos Carver o Richard Ford o Tobias Wolff, no escogieron como maestro al bostoniano Poe, sino al ruso Chéjov. En su propio país Poe se quedó sin herederos: su mundo gótico y atormentado, su mundo de necrofilia y neurosis, su voz siempre tensa y hasta gritona, cedieron a la callada tranquilidad de Chéjov, a su larga exploración de lo banal y lo cotidiano.


Fragmento de un texto más largo, publicado el 28 de febrero de 2009, en El Espectador, de Colombia.

Versión completa:

http://www.elespectador.com/columna122480-poe-cuentista-latinoamericano-i

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Creo que ningún cuento como lo percibimos hoy sería lo mismo sin la influencia de Poe y Chéjov.

José Joaquín dijo...

De acuerdo con Esteban. Yo descubrí a Chejov por Cortázar y a Cortázar por Poe. A Poe por mi mamá.

Poe es más, por decirlo así, "espectacular". Son relatos intensos de situaciones extraordinarias, no en vano algunas ediciones de los cuentos de Poe llevan el nombre de "Narraciones Extraordinarias".

Chejov, en cambio, busca lo cotidiano y nos lo muestra, así, sin barnizarlo, crudo. Nos muestra al ser humano tal como es, con su miseria. Quizá eso sea lo que a algunos no les llama la atención, principalmente cuando el escritor quiere ser estrella. Probablemente le vaya mejor si toma a Poe como modelo, en lugar de Chejov.

Ahora bien, no sé si lo de Cortázar con Poe sea tan así. Cortázar estaba maravillado con Chejov y Katherine Mansfield, y supongo que algunas lecciones tomó de ellos. Cortázar no "prefirió" a Poe.

Como decía al principio yo llegué a Chejov a través de Poe. La situación fue así: yo compré un libro de relatos de Poe, que tenía un prólogo de Cortázar. En el prólogo mencionaba a Chejov.

Saludos

Jorge Sánchez dijo...

José Joaquín, yo sí pienso que Cortázar le debe demasiado a Poe. No por nada le tradujo los cuentos. Además, en sus conferencias sobre el cuento Cortázar dice que su relato favorito es "William Wilson", de Poe. Y "Casa tomada" tiene mucho de "La caída de la Casa Usher".

En cuanto al dilema Poe-Chéjov, pienso que Quiroga, Borges y Cortázar, los más notables discípulos lationamericanos de Poe, superaron -y con creces- a su maestro. En cambio, los cuentistas norteamericanos (Hemingway, Anderson, Carver, O'Connor), cuando son muy buenos logran igualar a Chéjov, pero casi nunca lo superan.

No está de más decir que prefiero a Chéjov. Poe es un cuentista más para niños y adolescentes. Chéjov es atrozmente adulto.