19 marzo, 2009

Cosas de Alphonse Allais


Por Eduardo Berti


Pocos escritores franceses exhibieron el sentido del humor y del absurdo que poseía Alphonse Allais (1854 - 1905) , poeta y cuentista que desde las páginas de “Gil Blas”, “Le Sourire” y “Le Journal””, entre otros medios, acuñó no sólo cuentos o viñetas, sino ingenuosas frases a la manera de Gómez de la Serna ("El tictac de los relojes parece un ratón que roe el tiempo") o máximas dignas de Groucho Marx, como por ejemplo: "No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana" o “La mujer es la obra maestra de Dios, sobre todo cuando tiene el diablo en el cuerpo".

Integrante de los Hydropathes (club literario parisiense que alrededor de 1878 prefiguró al simbolismo), reinvidicado tras su muerte por los surrealistas, Allais inventó cosas dignas de OuLiPo como el poema “holorime”, hecho de versos completamente homófonos:

Par les bois du djinn où s'entasse de l'effroi

Parle et bois du gin ou cent tasses de lait froid.


À se tordre (1891), Vive la vie! (1892), Deux et deux font cinq (1895), On n'est pas des bœufs (1896), Amours, délices et orgues (1898) y Ne nous frappons pas (1900) son algunos de los libros que publicó en vida, mientras trabajaba en la revista Le chat noir (del cabaret del mismo nombre), bebía absinta con gran asiduidad y protestaba: "Hablamos de matar el tiempo, como si no fuese el tiempo el que nos mata a nosotros".

Cuentan sus admiradores, no sin sarcasmo, que en abril de 1944 una bomba inglesa cayó en su tumba y la convirtrió en una nube multicolor. No está mal para quien decía: “No nos tomemos muy en serio, no habrá ningún sobreviviente”.~