05 marzo, 2013

Monterroso y el cuento

Por Juan Villoro

En el 2001, con motivo de los ochenta años de Augusto Monterroso, el Periódico La Jornada me pidió un texto sobre mi maestro. Recordé que veinte años antes había descrito mi estancia en su taller sin precisar del todo el contenido de sus enseñanzas. ¿Era posible volver sin pérdida a los consejos de alguien que descreía de los métodos?

Un saludable escepticismo protegió a Monterroso de las tesis definitivas. Sólo de manera irónica hubiera aceptado escribir un decálogo del perfecto cuentista. En cambio, los alumnos de su taller no hemos dejado de repetir las lecciones que recibimos, seguramente modificadas por el azar, las necesidades individuales, los quiebres de una vida, los ardides de la memoria.

Un cuarto de siglo después de haberlas escuchado, recuerdo o invento que recuerdo (no otra cosa son las influencias) las tesis sobre el cuento de Augusto Monterroso.

1. Los sueños no interesan como tales. El desorden de una mente que encuentra hormigas y orejas fuera de sitio carece de relevancia literaria. Aprende de Kafka: sus sueños parecían realidad.

2. Si no sabes adónde vas, detente, mira el techo, cuenta hasta diez, bebe un whisky. Las historias avanzan del final al principio. Si ya conoces el final, también detente. Las historias no tienen prisa; no escribas como si ya te hubieras leído o, peor aún, no escribas como si otros te leyeran.

3. Corrige mucho; luego agrega un defecto: una coma rara, una mayúscula caprichosa, una palabra repetida. En nada hay que trabaja tanto como en la apariencia de naturalidad.

4. No te canses de oír hablar a la gente. Los diálogos escritos surgen de traicionar esas voces.

5. Un estilo logrado no parece un estilo. Borges no maquilla cadáveres, los revive.

6. Los símbolos, como las moscas, están en todas partes, pero sólo deben ser vistos de repente, por un cazador de moscas.

7. Has visto demasiadas películas. Las historias llegan sin escenografía. No des por sentado que el lector “ve” lo que cuentas. Aprende a revelar imágenes.

8. No te guíes por la emoción mientras escribes ni califiques las reacciones de tus personajes. Un héroe triste no da tristeza. Deja que la emoción sea efecto de la lectura.

9. Lee el QUIJOTE. Luego, relee el QUIJOTE. Luego escribe un cuento en el que nadie conoce el QUIJOTE.

10. No elogies la brevedad: practícala. No importa que te tome más tiempo. Pascal vuelve a tener razón: se escriben textos largos por falta de tiempo para reducirlos.

11. Los novelistas son aprendices de cuentistas, pero no al revés. El cuento no es la preparación para otro género.

12. Desconfía de los decálogos de diez puntos. Más aún: desconfía de los decálogos.~

Tomado de Safari accidental, de Juan Villoro

3 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Interesante mirada al oficio.
Me gusta hacer un comparativo de como se aprende a llevar un texto a como se conduce un auto móvil.
Si en ésto último recorres miles de millas, mejora tu pericia.
Aparte de ir conociendo métodos para mejorar la escritura, el ejercitarla nos lleva a conocer otros territorios insospechados.
Ocurre mucho autoanálisis cuando al releernos buceamos en nuestra psique.
Quizás lo más importante es el desarrollar un estilo.

Sergio Arroyo dijo...

Claro, la vigencia de Monterroso es enorme. Siempre me ha parecido una injusticia lo de tener que mencionar el título e padre del "m1cr0rr3lat0" (no lo quiero mencionar aquí) siempre que se habla sobre él; como si su obra no fuera algo más que eso. Muy distinto habría sido su destino si no hubiera escrito el consabido cuento sobre el reptil prehistórico. Alguna vez escribí algo sobre el tema: http://sarroyom.blogspot.com/2012/08/cuando-desperto-la-montana-ya-no-estaba.html - ¡Saludos!

comparte+ dijo...

Muy interesante post!!
A releer El QUijote entonces, era algo que me andaba dando vueltas en la cabeza.
Un saludo en positivo,
Virginia