27 marzo, 2013

El inmortal Pinocho




La editorial Galerna, de Buenos Aires, ha publicado una nueva traducción del inmortal Pinocho, de Carlo Collodi, a cargo de Guillermo Piro, también autor de un extenso y muy buen prólogo. Dice allí, por ejemplo:


Desde su nacimiento, metamórfico y teatral al mismo tiempo, Pinocho es capaz de ser todo lo que se le pide, pero, gracias a esa extrema ambivalencia de devoción y de fuga, hay algo en él que lo lleva a la fidelidad y a la obediencia. Personaje complejo, lo gobierna un oculto y multiforme futuro. En parte pertenece al mundo vegetal, pero habla con los animales (el único «humano» que parece entender la lengua de los borricos es el hombrecito hidrópico); es bien recibido en el mundo del Hada, pero tiene una casa en el mundo de los hombres. Él es continuamente llevado a la deslealtad, a la traición hacia uno y otro de estos lugares morales. La degradación forma parte de su estructura y es, al mismo tiempo, su virtud irrenunciable. No fue a la escuela, pero sabe multiplicar y leer lápidas

Piro también cita una iluminadora analogía entre Pinocho y la historia de Cristo:

 
Para Sergio Martella, autor de Pinocchio, eroe anticristiano, las desventuras de Pinocho reflejan en sentido inverso el calvario del hijo. Las analogías son innumerables, Pinocho nace del amor de su padre, es plasmado en un pedazo de madera (la historia de Pinocho nace donde termina la de Cristo: en la madera) y después de una serie de tribulaciones llega a convertirse en un ser humano. Sólo después de la muerte Cristo accede a la identificación paterna; Pinocho, en cambio, es la directa creación del padre. Uno se llama José –Giusseppe–; el otro, G(ius)eppetto. Ambos son carpinteros. El Espíritu Santo estaría presente en la voz de la conciencia representada por el Grillo parlante. Pero, en este caso, es él quien termina «crucificado», aplastado contra una pared por un martillo que, por una especie de Némesis de la materia, es de madera.
Para seguir leyendo acerca de Pinocho, recomiendo también un breve ensayo de Alberto Manguel ("Cómo Pinocho aprendió a leer"), publicado originalmente en la revista Letras Libres: aquí.