30 marzo, 2013

De funerales


Hoy asistí al entierro de un amigo mío. Me divertí poco, pues el panegirista estuvo muy torpe. Hasta parecía emocionado. Es inquietante el rumbo que lleva la oratoria fúnebre. En nuestros días se adereza un panegírico con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa increíble y absurda! con alabanzas para el difunto. El orador es casi siempre el mejor amigo del muerto, es decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos mueve a risa con sus expresiones sinceras y sus afectos incomprensibles. Lo menos importante en un funeral es el pobre hombre que va en el ataúd. Y mientras las gentes no acepten estas ideas, continuaremos yendo a los entierros con tan pocas probabilidades de divertirnos como a un teatro.

Julio Torri, "De fusilamientos"

1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

El funeral es una puesta en escena extrema en nuestra cultura Latino Americana, en la que se impone el aspecto dramático para quienes pierden la presencia física de un ser querido.
Pero para todos los ajenos a éste grupo generalmente es un suceso pleno de matices cómicos, donde uno atestigua como los mismos amigos cuentan chistes en voz baja en sitio aparte de la parentela, por ende cayendo todo en tragicomedia.
Dependiendo asimismo del nivel socioeconómico y cultural del muerto es posible presenciar riñas a gritos entre posibles herederos,viuda y amantes enfrascadas en combate con arañazos y revolcones agregando a dejarnos anécdotas para celebrarse entre risas en posteriores reuniones.
La muerte en ésto le resta intensidad a la vida, pues la última carece la cualidad de eterna que tiene la primera.
En nuestra cultura se muere para siempre, los inmortalizados son meremente en recuerdo.
En oriente se festeja en algunos casos la conclusión de una vida o se considera a quien partió un destinado a ocupar una nueva existencia de acuerdo a sus merecimientos.