16 marzo, 2013

Los sueños de Natsume Soseki


Ya he hablado en este blog, hace algún tiempo, del escritor japonés Natsume Soseki (ver aquí), y hoy vuelvo a hacerlo porque la editorial José J. de Olañeta, desde Mallorca, acaba de lanzar en su colección Centellas (es maravilloso el catálogo de Olañeta) un pequeño y muy sugerente libro que hasta hoy permanecía, si no me equivoco, sin traducir al castellano: me refiero a Los sueños de diez noches.



Soseki (1867-1916) escribió estos sueños en el año 1908 y los fue publicando, entre los meses de julio y agosto, en las páginas del diario Asahi. Hacía cinco años que había vuelto de una estadía de casi dos años en Londres, y por entonces abandonaba la docencia, tras haber sido profesor de literatura inglesa en la Universidad Imperial de Tokio.

Famoso por novelas como Soy un gato, Botchan o Kokoro, Soseki también cultivó formas breves (haikus, relatos), pintó acuarelas (como las que ilustran la tapa y la contratapa de la edición de Olañeta) y escribió ensayos.  Estos diez sueños, que pueden leerse como cuentos oníricos, ofrecen distintos escenarios o épocas y tocan variadas emociones que abarcan desde el misterio hasta la angustia.

En el sueño de la primera noche, una mujer moribunda le pide al hombre que está a su lado que la espere cien años al pie de su tumba. En la segunda noche, un samurai no logra alcanzar la contemplación. En la tercera, un hombre viejo carga a un niño ciego  de seis años; pronto advertimos que el niño guía al anciano hasta un sitio donde hace cien años (de nuevo los cien años) ocurrió un hecho terrible.  En la octava noche, un hombre observa el mundo desde el espejo un tanto mágico de una peluquería. En la novena noche, una madre y sus hijos esperan el regreso del padre. En la décima noche, un hombre pasa el tiempo a las puertas de una frutería, con un sombrero de panamá en la cabeza, contemplando a las mujeres, hasta que una de las mujeres le pide que lo ayude con el cesto de la compra y...

Mis sueños favoritos son el cuarto, el quinto y el séptimo: un anciano que les promete a unos niños hacer que de una cuerda nazca una serpiente; un prisionero a quien el jefe enemigo le pregunta si quiere vivir o morir y él responde que quiere morir pero antes ver a su esposa (el jefe le dice que la verá solamente si su esposa llega antes de que cante el gallo, por la mañana); y, por último, un inquietante viaje en barco de un pasajero que ignora todo, desde el destino hasta el momento de llegada. La traductora Ángela Pérez (también autora de un muy buen prólogo) se pregunta si ese sueño no presenta al propio Soseki viajando a Inglaterra, años atrás.


BILLETE DE MIL YENS CON EL RETRATO DE SOSEKI


Como se trata de relatos oníricos, las cosas aquí "son y no son" al mismo tiempo, se invierte a menudo la lógica de causa y efecto, e incluso Soseki echa mano (en los dos últimos textos) al recurso de un personaje que aparece en el sueño contándole una historia al soñador.

El sexto sueño está gobernado por el goce estético (el gran maestro Unkei está tallando las figuras de dos guardianes de un templo) y por un pasmoso anacronismo: "podría haber sido la época Kamakura", se nos dice, "sin embargo, los que estábamos mirando, incluido yo, éramos todos de la era Meiji".

Superada, al menos en parte, esta segunda sorpresa, el narrador contempla arrobado al genial escultor  Unkei, quien maneja el cincel con una habilidad asombrosa. ¿Cómo logra hacer que las cejas y la nariz adopten la forma que quiere?,  pregunta en voz alta.

Un joven que está a su lado le responde: "No lo hace con el cincel. Él se limita a sacar las cejas y la nariz enterradas en la madera. Es lo mismo que sacar piedras de la tierra. Él no puede cometer un error".

1 comentario:

Adán de Maríass dijo...

Leí el título de esta obra como Diez noches de sueños(1908)