08 marzo, 2013

Las miniaturas de Deszo Kosztolányi



La una de la mañana, en Buda. Un anciano que carga con sumo esfuerzo un paquete, que dejará en algún lado. De repente se detiene, saca unas monedas del bolsillo y, a la vista de todo el mundo, se sube paquete en mano a una balanza automática, para pesarse. ¿Por qué actúa así? ¿Es su propio peso el que desea conocer? ¿O ya lo sabe y, por lo tanto, desea averiguar el peso del paquete? ¿Adelgazó mucho en estos últimos tiempos y quiere engañarse a sí mismo con este ardid caritativo? ¿O piensa, acaso, que el fardo es parte integrante de él, como la joroba del camello o los colmillos de los elefantes? El asunto es serio y, aunque reflexiono, ignoro qué responder.


"El peso de un hombre" es uno de los microtextos que el húngaro Deszo Kosztolányi (1885–1936) escribió durante sus últimos quince años. Autor de cuentos formidables como "El traductor cleptómano" (historia de un traductor literario que no puede refrenar su impulso de robar y, en consecuencia, si la escena original presenta un palacio con veinte o treinta arañas de luces, en su traducción aparecen solamente dos...), Kostolányi también publicó novelas (Alondra o Irma la dulce,  publicadas en castellano por Ediciones B) y fue traductor al húngaro de Rilke, Baudelaire o Shakespeare. Las miniaturas de Kosztolányi acaban de ser traducidas al francés por Maurice Regnaut y Péter Ádam (de ahí he tomado yo el breve texto, para volcarlo al castellano) y publicadas por Cambourakis, una editorial que está haciendo un notable trabajo, sobre todo en lo que atañe a autores húngaros: Milan Füst, Gyula Krudy, Frugyes Karinthy e István Örkëny, entre otros. El libro se llama Cinéma Muet avec battements de coeur (Cine mudo con latidos de corazón) y trae diversas formas breves: microrrelatos, reflexiones sobre la escritura, viñetas, poemas en prosa. "Su punto de partida es, casi siempre, algún hecho cotidiano, anodino, insignificante", apunta Ádam en el prólogo, y ese inicio suele sufrir una especie de "cortocircuito" entre "lo banal y lo insólito, lo usual y lo extraordinario, lo singular y lo universal". Como en los relatos protagonizados por Kornél Esti (suerte de alter-ego de Kosztolányi), donde se narra –por ejemplo– la muerte de un sombrero, aquí se nos presenta la muerte de la pluma estilográfica de un escritor, se cuenta otra historia singular con un traductor como actor central (esta vez no literario) o se reflexiona sobre la aventura de dormir a bordo de un tren.