09 septiembre, 2009

Mujeres


Siempre me descubro reverente al paso de las mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas.
Sé del sortilegio de las mujeres reptiles –los labios fríos, los ojos zarcos- que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.

Convulso, no recuerdo si de espanto o atracción, he conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban con
simpatía casi humana.

Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones.


Y tú, a quien acompasadas dichas del matrimonio han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes y faenas, y que miras con tus grandes ojos el amanerado paisaje donde paces, cesa de mugir, amenazadora al incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista curioso.


"Mujeres" es un texto del mexicano Julio Torri, acaso el gran padre del microcuento en esa parte del continente americano. Su influencia sobre escritores como Juan José Arreola ha sido muy importante.


Julio TORRI

Buscando datos biográficos de Torri, a fin de presentarlo como corresponde, me topé con el breve artículo que se le consagra en "Poesía en movimiento. México, 1915-1966" (editado por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis), y publicado por Siglo XXI, en México.

La semblanza es tan bella que he decidido copiarla casi textualmente:

Julio Torri nació en Saltillo en 1889, murió en la Ciudad de México en 1971. Perteneció al grupo del Ateneo de la Juventud (1910). El poema en prosa alcanza en Torri el extremo de resolver, en unas cuantas proposiciones, series complicadas de supuestos, a veces de origen culto y en ocasiones tomados de fuentes populares. Por encima del sentimiento, ha preferido la emoción de la inteligencia, y contra la elocución farragosa se ha propuesto el juego de la síntesis. Malicia e ironía, a menudo buen humor, trascienden de sus breves trabajos. La heroicidad, los grandes ademanes, los desplantes oratorios, el afán de superioridad, caen bajo su vigilante sonrisa, más entregada a la suspicacia que a la aceptación. (…) Contra la corriente, desde el rincón de su biblioteca, Torri ha procurado los asuntos que, en unas cuantas frases, tuercen el significado normal que estamos acostumbrados a otorgarles.

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