19 abril, 2009

El trozo de tela

En el segundo año del reinado del emperador Jing de la dinastía Han, en la prefectura de Yingling, vivió un hombre capaz de provocar encuentros entre vivos y muertos.

-Daría mi vida por volver a ver a mi mujer -le dijo cierto día un vecino, viudo desde hacía muchos años.

-Te ayudaré y la verás, pero debes hacerme caso, respondió el hombre-. Si estando con ella oyeras tambores, huirás rápidamente, ¿has entendido?

El vecino asintió. El hombre le explicó cómo encontrar a su mujer y al cabo de poco tiempo la encontró y habló con ella. Feliz y triste a la vez, se hundió con ella en la emoción del reencuentro. Y así pasaron las horas hasta que se oyeron tambores. Entonces, mientras él cruzaba el umbral, se le enganchó la tunica en el quicio de la puerta; tuvo que desngancharla de un tirón y perdió así un trozo de tela. Al cabo de un año le llegó a él la hora de morir. Fueron a enterrarlo y, ya en el panteón familiar, todos vieron un trozo de tela enganchado en la lápida de la tumba de su esposa.



Autor del “Soushenji” (traducido a menudo como “En busca de los fantasmas” o como “Anécdotas de espíritus y seres inmortales"), también conocido como Kan Pao, el chino Gan Bao fue un reputado historiador y hombre de letras. Se ignora la fecha de su nacimiento. Se cree que murió en 336. En el “Soushenji”, único de sus libros que ha sobrevivido, recopiló y reescribió historias sobrenaturales donde abundan los fantasmas, las cabezas voladoras y los episodios oníricos.


1 comentario:

Esteban Dublín dijo...

Eduardo, veo que tienes un gran interés en la cultura china.

Siempre con estos regalos tan buenos. De nuevo, gracias.