22 abril, 2009

Al oeste con la noche


Por Eduardo Berti

NO queda muy claro si Beryl Markham pasará a la historia por su apasionante biografía, por sus méritos literarios o por sus hazañas aeronaúticas. De estas últimas dan cuenta los periódicos de septiembre de 1936: contemporánea de la mítica Amelia Earhart, Markham fue la primera persona que, a bordo de un monoplano de un solo motor, sobrevoló en solitario el Océano Atlántico en dirección oeste. En cuanto a la literatura, menos espectacular pero igual de encomiada fue la edición, en 1942, de su libro semiautobiográfico West with the Night, del que Ernest Hemingway dijera, en una carta a Maxwell Perkins: "Está tan bien, tan maravillosamente bien escrito, que me avergüenzo por completo de mí como escritor".

Reeditado en 1983, el libro llegó a vender mas de 500 mil ejemplares. Su autora, muerta en 1986, alcanzó a presenciar su éxito tardío y hasta a leer las teorías de que la primera tirada de Al oeste con la noche había sido eclipsada por la Segunda Guerra Mundial que trajo, a toda velocidad, una segunda etapa histórica de la aviación, mucho más "racional" que aquella era pionera, llena de aventuras y romanticismo, que reflejaba el libro.

Markham (de soltera, Beryl Clutterbuck) había nacido en 1902, en el seno de una familia acomodada que pasaba los fines de semana practicando la caza del zorro. Su padre, un aventurero incurable, abandonó Inglaterra cuatro años más tarde, se llevó consigo a su hija y fundó un aserradero y una granja en Kenia, cerca de Nairobi, hasta que una tremenda sequía acabó con todo en 1919. Arruinado, el señor Clutterbuck marchó al Perú. Beryl, no obstante, resolvió quedarse en África. Para entonces hablaba swahili, masai y nandi, y pronto se convertiría en la primera mujer de todo el continente africano con licencia para amaestrar caballos.

En 1931, Beryl Markham empezó a volar en una pequeña avioneta. Transportaba provisiones, trasladaba pasajeros o llevaba el correo para la East African Airways, de Kenia a Sudán, de Tanganica a Rodesia. También inventó la cacería de animales desde el aire: contratada por los safaris, exploraba las llanuras desde su aeronave y conducía a los cazadores hasta las presas más próximas. "Que yo sepa, era el único piloto profesional femenino en toda África en ese momento", señala en el libro. "Incluso en 1935 no resultaba sencillo conseguir un avión en África Oriental, y sin avión era casi imposible efectuar largos recorridos por el país." .

La explosiva mezcla de un continente por entonces inexplorado (África) con una actividad por entonces incipiente (la aviación) es lo que, sumado a una prosa exquisita, hace de las memorias de Markham una obra única y fascinante. Contados escritores del siglo XX han tenido, como la autora de Al oeste con la noche, el privilegio de toparse con un material tan "virgen", hecho de cosas de las que pocos escribieron antes. Así, África aparece como "una tierra todavía más en posesión de la Naturaleza que de los hombres", "una tierra desconocida para el resto del mundo".

"Ver a diez mil animales sin domesticar y sin marcar con los símbolos del comercio humano es como escalar por vez primera una montaña inconquistada o como encontrar un bosque sin carrerteras, sin sendas, ni la marca de un hacha", escribe Markham. "Entonces llegas a conocer lo que siempre te habían dicho, que el mundo en un tiempo vivió y se desarrolló sin calculadoras, sin papel de periódico, sin calles con muros de ladrillos y sin la tiranía de los relojes."

En cierto sentido, Al Oeste con la noche jalona una tradición que puede rastrearse en libros como White Man`s Country , de Elspeth Huxley, y sobre todo Out of Africa (1937), de Isak Dinesen. Pero asimismo puede vincularse con el género de la "literatura de aviación", inventado entre Joseph Kessel ( L`équipage , 1923) y Antoine de Saint Exupéry ( Vuelo nocturno , 1931), y también con la mística del aviador presente en varios poemas (como The Orators ) de W. H. Auden

Más allá de todas estas referencias , los puntos de contacto entre Al oeste con la noche y Out of Africa son mucho más que temáticos. El escenario es el mismo. Algunos personajes (por ejemplo, Lord Delamare) son los mismos. Más aún, si en esencia la novela de Isak Dinesen cuenta su gran amor con el dandi, piloto y cazador inglés Denys Finch Hatton, resulta que al mismo tiempo que Hatton mantenía esta relación con la escritora danesa, también se encontraba ocasionalmente con Markham.

Cuando Al oeste con la noche fue reeditado en 1983, y cuando un documental televisivo sobre Markham catapultó el libro por casi cuarenta semanas a los puestos más elevados en el ranking de The New York Times , miles de lectores quedaron sorprendidos al descubrir que la autora estaba viva y que residía no en una capital europea sino en la mismísima Nairobi, rodeada de trofeos hípicos y de caballos Derby.

Luego, como era previsible, con la muerte de Markham llegaron las biografías sobre ella, como The Lifes of Beryl Markham , de Errol Trzebinski.

Trzebinski insinúa que Markham en realidad no escribió Al oeste con la noche sino que dictó sus recuerdos al verdadero autor: Raoul Schumacher. Contra esta hipótesis se alza otra biografía, firmada por Mary S. Lowell y titulada Straight on Till Morning . Allí se sugiere que la propia Markham redactó cada uno de los párrafos y que su musa inspiradora fue la obra de Saint-Exupéry.

Nadie duda de que la historia de Al oeste con la noche sea el racconto fiel de la infancia de Markham en Kenia y de su vuelo a través del océano. Lo que en su momento sorprendió a muchos fue la precisión y el lirismo de algunos párrafos. ¿Cómo pudo una mujer que nunca leía describir un aterrizaje diciendo que "el sueño del vuelo ha desaparecido de repente ante las realidades mundanas de la hierba que crece y el polvo en remolino, el lento y pesado caminar de los hombres y la paciencia perdurable de los árboles enraizados"? Tal vez esto quería decir Hemingway en otro tramo de la ya mencionada carta a Perkins: "La conocí bastante bien en África y nunca habría imaginado que ella hubiera podido escribir otra cosa que no fuera su cuaderno de bitácora".

Al oeste con la noche, seamos justos, lleva una pequeña leyenda: "Quisiera expresar mi gratitud a Raoul Schumacher por su constante aliento y por su ayuda en la preparación de este libro". Según le contaron a Tzrebinski viejos amigos de la pareja, Markham tenía la firme intención de develar tarde o temprano el secreto de la autoría del libro. Pero tal vez Markham dejó pasar demasiado tiempo y el inesperado éxito de Al oeste con la noche la dejó azorada, sin capacidad de reacción.

"Algún día las estrellas serán tan familiares para todos los hombres como las señales, las curvas y las colinas de la carretera que conducen hasta su casa y algún día habrá vida en el aire. Pero para entonces, los hombres habrán olvidado lo que es volar", escribió alguien, quizás Markham, quizás Schumacher. Y también: "Un mapa en manos de un piloto es un testimonio de la fe de un hombre en otros hombres".

Entregarse a las páginas de Al oeste con la noche es embarcarse en una inolvidable aventura como lector. No es que no importe quién haya escrito el libro. Pero hay algo más importante: que está escrito y es una joya. ~

No hay comentarios: