20 junio, 2008

Maxime Du Camp


Por Eduardo Berti

Gustave Flaubert tuvo dos grandes amigos (Louis Bouilhet y Maxime Du Camp) que ejercieron una influencia decisiva en su vida y en su obra. Es célebre la anécdota de la larguísima sesión de lectura en torno a la primera novela adulta de Flaubert: "La tentación de San Antonio". La lectura duró cuatro días de 1849. El fallo de Bouilhet y Du Camp fue desfavorable: en el libro había demasiada retórica y un lirismo excesivo; mejor hablar de temas menos rebuscados, de algo “más terrenal”. De este veredicto parece haber surgido "Madame Bovary".

Según escribió Du Camp en sus memorias ("Souvenirs litteraires"), Gustave y él se conocieron en mayo de 1843. Estando en casa de Ernest Le Marié, Du Camp oyó que llamaban a la puerta de modo “violento, imperioso” y enseguida vio entrar a un muchacho corpulento con una larga barba rubia y un sombrero que no llegaba a cubrirle las orejas. Le Marié dijo: “Te presento a uno de mis amigos de infancia”. Al decir de los historiadores, Du Camp ignoró durante algunos meses que Flaubert escribía; él, en cambio, lo proclamó de inmediato: había publicado tres o cuatro cuentos en revistas de la época.

Hay quienes quisieron ver en la dupla protagónica de "La educación sentimental" ecos de la amistad Flaubert-Du Camp: Gustave sería Fréderic, Maxime sería Deslauriers. «Mil diferencias de personalidad y de origen los separaban», puede leerse en la novela. No fue el caso en la vida real: aunque podría establecerse entre ambos la dicotomía ermitaño-mundano, su posición social era semejante.

Du Camp no sólo acompañó a Flaubert en su célebre viaje por Oriente, entre 1849 y 1851, del que se ha dicho que “partió romántico y regresó realista”. Poco antes, «el 1ero de mayo de 1848, a las ocho y media de la mañana» , ambos partieron de paseo (una «escapada», a pie) por Bretaña y Normandía. La humilde odisea incluyó el proyecto de un libro a dos voces, cuya estructura comprendió doce capítulos escritos de forma alternada: Flaubert los impares y «Max», como le decía Gustave, los pares. El manuscrito recién fue publicado en 1885, cinco años tras la muerte de Flaubert.
La esfinge fotografiada por Maxime Du Camp

Viajero incansable, pionero de la fotografía (primer hombre en fotografiar la Esfinge de Egipto), Du Camp no alcanzó, como es sabido, la gloria literaria con la que él y Flaubert soñaban de jóvenes. Dio a conocer en 1870 un libro sobre París ("Paris, ses organes, ses functions et sa vie dans la seconde moitié du XIX siecle"), muy apreciado por Walter Benjamin. Y publicó sus "Souvenirs" en 1882, cuando Flaubert no vivía para desmentirlo. Aquel libro le valió no pocos problemas. “Se volvió un proscrito literario tras haber hablado en sus memorias de la epilepsia de Gustavo”, escribió Julian Barnes en “El loro de Flaubert”. Muchos afirman que Flaubert era, en efecto, epiléptico y que sufrió alrededor de 1844 la primera de una serie de convulsiones; otros, los menos, señalan que esto fue una infundia de Maxime.

En su libro "Maxime Du Camp, un spectateur engagé du XIX siecle", Gérard de Senneville dice que “la historia literaria se ha valido de ciertas acusaciones de Maupassant para describir a Du Camp como un falso amigo, alguien celoso del éxito de Flaubert», pero que «todas las cartas que ambos hombres intercambiaron reflejan, no obstante, una bella amistad». Algo semejante piensa William Somerset Maugham: «La gente dice, yo creo que sin justicia, que Du Camp le tenía celos a Flaubert». A esta idea contribuyó el hecho de que Maxime (al frente de la Revue de Paris) propusiera cortes a la versión final de Madame Bovary.

La obra de Du Camp se completa con un ensayo dedicado a Théophile Gautier, crónicas de viajes por Egipto u Holanda, poemas, cuentos y novelas. En sus "Souvenirs" es generoso con Gustave : «Nunca se me ocurrió exaltarme a mí mismo hasta el punto de compararme con Flaubert y nunca me he permitido disputar su superioridad», llegó a escribir. «Los autores se dividen en dos clases : aquellos para quienes la literatura es un medio, aquellos para quienes la literatura es un fin. Yo pertenezco, siempre he pertenecido, a la primera categoría». ~