El laconio Cleómenes escogió de entre sus amigos a Arcónides para convertirlo en compañero de sus empresas. Y así juró que, si tomaba el poder, todo lo haría contando con la cabeza de su amigo. En efecto, cuando se hizo con el poder, mató a su compañero, le cortó la cabeza y la metió en un vaso con miel. Siempre que debía pasar a la acción se dirigía al recipiente y le informaba de cuanto estaba tramando. Afirmaba que así no traicionaba la fe jurada ni incurría en perjurio, puesto que consultaba con la cabeza de Arcónides.
Claudio Eliano, “Historias Curiosas”
1 comentario:
Va tocar hacer lo mismo para cometer menos errores.
Extraordinario cuento, Eduardo. Me encantaría que te pasaras para escuchar lo que los cuentitos están diciendo. Y así, les digas lo que tú piensas.
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