12 junio, 2008

El águila y el escarabajo


"El águila y el escarabajo" es una fábula del escritor italiano Agnolo Firenzuola, poco conocido en lengua española. Firenzuola nació en Florencia, en 1493, y años más tarde entró en la orden de los benedictinos. De 1518 a 1522 vivió en Roma. Murió en Prato en 1543. Publicó varios libros de
cuentos, como "Ragionamenti" (1523); escribió un par de comedias ("I Lucidi", "La Trinuzzia"), ambas publicadas en Florencia en 1549. Tradujo y adaptó “El asno de oro” de Apuleyo.

Esta fábula pertenece a “Los Discursos de los animales” (Discorsi degli animali) , conjunto de fábulas y alegorías. La historia está tomada de Esopo. El procedimiento general es muy usual entre olos fabulistas: explicar un fenómenos natural mediante una historia.


Un águila poderosa perseguía a una liebre. Estaba a punto de atraparla cuando la pobre, no viendo escapatoria, buscó protección en un escarabajo que vivía en las feas montañas de Cavagliano. El valiente insecto prometió ayudarla, y en cuanto vio que el águila iba a atrapar a la liebre le suplicó a la primera que perdonara a su amiga. El águila se limitó a reír. Y para demostrar lo poco que acataba ese pedido, devoró a la liebre en el acto, delante del escarabajo. Este decidió aguardar la mejor ocasión para vengarse. Al llegar la estación en que los pájaros hacen sus nidos, el escarabajo se puso a espiar el sitio donde el águila hacía el suyo y, un día que el águila había partido a cazar, voló hasta allí e hizo caer los huevos al suelo. El águila se asustó al regresar y ver lo ocurrido, de modo que recurrió a su maestro Júpiter y le pidió que le indicara un lugar donde poner a salvo los huevos. Como el águila le había sido útil en la conquista de Ganímedes, Júpiter no pudo negarse; pero no se le ocurrió otro lugar más que su propio regazo. La noticia llegó a oídos del escarabajo, que rápidamente fabricó una bola, la llevó al cielo y la puso con suma habilidad en el seno de Júpiter.

Sintiendo un olor nada agradable, Júpiter hundió una mano en su regazo a fin de deshacerse de esa bola de barro. Al sacudirse su camisa, también los huevos del águila cayeron y se hicieron añicos. De esta forma el escarabajo, recurriendo a un audaz ardid, se vengó dos veces de un ave tan poderosa. Desde entonces el águila no se atreve a poner sus huevos si los escarabajos se hallan cerca.~

(Traducido del francés por Eduardo Berti)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya mierda de fábula

Anónimo dijo...

gracias no encontraba el autor puf..

Anónimo dijo...

gracias no encontraba el autor puf..