05 junio, 2008

La adivinación




En su edición del “Bowushi” (“Relación de las cosas del mundo”), libro que el chino Zhang Hua (232-300) escribiera en nuestro siglo III, Yao Ning y Gabriel García-Noblejas se detienen en el arte de la adivinación en China, una práctica que desde tiempos muy remotos conoció diversos tipos.

La oniromancia (o adivinación del futuro mediante los sueños) no fue, según parece, la práctica más difundida de todas en la antigua China.

La espatulomancia estuvo muy en boga a finales de la dinastía Zhou (siglo XII a siglo III a. C.) y consistía en usar huesos de ciervo o caparazones de tortuga y en interpretar las grietas que en ellos aparecían después de calentarlos un rato al fuego.

La geomancia, que puede considerarse una de las artes adivinatorias más propiamente chinas, consistía en analizar muy a fondo la forma de los montes, la dirección de los vientos o la altura de los puentes más cercanos, entre otros factores semejantes, antes de tomar la decisión de edificar (o no) una casa en tal o cual lugar.

También estaban, entre otras artes adivinatorias, la fisiomancia (la adivinación a partir de los rasgos físicos de quien desea conocer el futuro), la astrología (“tipo de adivinación reservado para asuntos de Estado”) y hasta la ornitomancia que tomaba en cuenta el vuelo de las aves.