04 julio, 2008

El cazador de las últimas miradas

Por Eduardo Berti

El fisiólogo alemán Wilhelm Kühne nació en 1837 en Hamburgo, estudió en Berlín, París y Viena, y luego de trabajar un tiempo en Amsterdam fue nombrado profesor en Heidelberg, ciudad donde murió en 1900. En su tiempo fue un científico de renombre. No sólo acuñó el término “enzima”, sino que hizo aportes novedosos a la química de la digestión o a la fisiología del músculo.

Conocido también por sus trabajos acerca de la influencia de la luz en la retina, Kühne fue el gran precursor de una técnica llamada “optografía”, la que consiste en fotografiar los ojos de seres humanos o de animales muertos con el objeto de extraer de sus retinas la última imagen vista antes de expirar.




Según se cuenta, Kühne tropezó con esta técnica por accidente. Corría 1881 y estaba examinando una rana recién muerta cuando en la retina de ésta detectó algo curioso: un fiel retrato del mechero Bunsen de su propio laboratorio. En los minutos previos a su muerte, la rana había observado fijamente ese mechero; ahora Kühne contemplaba aquella imagen como si fuera una foto para la posteridad. Por supuesto, el profesor quiso seguir investigando. Para ello recurrió a conejos, a más ranas, y llegó a la conclusión de que ciertas imágenes brillantes y de alto contraste permanecían impresas en la retina veinte minutos o hasta media hora después de la muerte.

El profesor Kühne no fue el primero en entusiasmarse con la optografía. Acaso el pionero haya sido un monje jesuita del siglo XVII llamado Christopher Schiener. También se sabe que en 1863 un fotógrafo inglés, William H. Warner, llevó a cabo estudios semejantes y le propuso a Scotland Yard la aplicación forense de las imágenes optográficas. ¿Estaba el profesor Kühne al tanto de esto? ¿Sabía que en 1864 la policía de Florencia había pensado en resolver tres asesinatos en serie solicitándole a un tal Alinari, primer fotógrafo de la ciudad, que inspeccionara los ojos de las víctimas? Más aun, ¿estaba Kühne al tanto de que en 1865 un francés apellidado Bourion había presentado una serie de optogramas en la Sociedad de Medicina Legal de su país? Si bien Kühne había estudiado de joven en París, nada menos que con Claude Bernard, lo había hecho alrededor de 1860.


En diversos ensayos se ha indicado que Kühne nunca pensó en una aplicación criminológica de sus investigaciones. No obstante, el profesor pasó a la historia por obtener en 1880 el único optograma humano públicamente conocido (si alguien más --policía o científico-- llegó a emplear la técnica antes o después de esa fecha, jamás trascendió ninguna foto ni ningún dibujo) y el episodio estuvo vinculado a un hecho criminal: en el pequeño pueblo de Bruchsal el joven Erhard Gustav Reif fue ejecutado tras haber acusársele de asesinato. Apenas cayó la guillotina, Kühne extrajo su retina, la analizó y dibujó un optograma.


Un siglo después de esta experiencia, en la misma ciudad de Heidelberg donde muriera Kühne, el científico Evangelos Alexandridis llegó a la conclusión de que, en efecto, los ojos “fotografían” lo último que han visto, pero que el empleo forense de este fenómeno es casi imposible ya que para obtener una imagen de óptima definición un supuesto asesino debería permanecer un larguísimo rato frente a su víctima, sin moverse y expuesto a una luz abundante.

Como es lógico, la optografía fascinó y sigue fascinando a la prensa sensacionalista (un diario inglés tituló que en los ojos de un muerto se había hallado un testamento escrito por él y de inmediato destrozado antes de suicidarse) y a escritores y artistas en general. Dan cuenta de esta técnica una novela ignota de Jules Claretie (“L’Oeuil du Mort”), un viejo cuento de Rudyard Kipling (“At the end of the passage”) y hasta la obra mucho más reciente del artista Derek Ogbourne, quien ha afirmado: “Lo que más me atrae de la optografía es que el optograma existe en la delgada frontera entre la existencia y la no existencia. Qué cerca de la verdad estuvo Roland Barthes cuando en algún ensayo trazó un paralelo entre la fotografía y la muerte”.~