18 noviembre, 2012

Dos noches




La editorial española Errata Naturae ha dado a conocer una traducción al catellano (a cargo de Miguel Ros González) de Dos noches, del italiano Ennio Flaiano, de quien ya hablé en este blog: http://eduardoberti.blogspot.fr/2012/02/ennio-flaiano.html.

Son dos relatos que ponen en acción a personajes con algunos elementos en común: el protagonista de La mujer de Fiumicino es un joven periodista y un escritor en ciernes, o no tanto, pero ciertamente inédito; el personaje central de Adriano es un escritor que deja atrás la ciudad de Roma para asistir al rodaje de una película (todo da a entender que el amigo director no es otro que Fellini) y de allí sigue viaje a su casa en la costa.

"Los dos relatos de este libro son las caras de una misma moneda: van juntos, pero el uno se sorprendería de leer al otro, tan diferente", escribió el propio Flaiano en una breve nota introductoria. "Un poco de experiencia nos enseña que par e impar están esculpidos en el mismo dado y que tanto el drama como la farsa acompañan al personaje indeciso o, sencillamente, mediocre".

La escritura de Flaiano posee una asombra vitalidad y un talento especial para crear atmósferas. Su imborrable simplicidad no reside en un estilo rimbombante, ni en imágenes grandilocuentes, sino más bien en una extraordinaria precisión y un potente don de evocación que burla siempre las intrascendencias. No parece casual que el narrador del segundo relato sostenga que "no hay nada peor en este mundo que observar desde el punto de vista del naturalista una vida que tiene sus misterios, pero también un secreto que se revela solo a quienes la viven hasta el fondo".

La mujer de Fiumicino narra una noche memorable, de la que quedará un recuerdo vivo, con esa misma mirada por momentos extrañada, fascinada, con que Flaiano da cuenta de todo, incluso de la gris rutina del periodista Graziano. ¿Un OVNI ha aterrizado en Italia? Puede ser. Graziano debe investigarlo. Pero este fenómeno viene de la mano de otra especie de OVNI, encarnado por una mujer extraordinaria, como de otro planeta, que maravilla a ese empedernido mujeriego que es Graziano. Lo que sigue hay que leerlo porque contarlo aquí sería arruinar un espléndido relato.

Flaiano, como decía yo en mi entrada de febrero pasado, fue un magnífico escritor de diarios. Mucho de ese talento asoma en estos dos textos de ficción donde abundan las digresiones inteligentes, graciosas, incisivas, pero sin debilitar jamás por ello el relato.

"Al acostumbrarnos a las cosas extraordinarias se nos despierta la incredulidad por las cosas mundanas", podemos leer. O también, varias páginas después: "El público sabe que su presencia está condicionada por su capacidad para aplaudir y saber crear esa atmósfera que es indispensable no solo para el espectáculo (cuya naturaleza pobre, sin aplausos, quedaría en evidencia), sino también para sus propias ilusiones. El público se aplaude a sí mismo".

Se agradece la calidad de la traducción de Ros González y ojalá que Errata Naturae cumpla con lo que promete desde su solapa: la próxima publicación de otros libros de Flaiano, no únicamente sus diarios, sino también sus novelas y relatos como Un marziano a Roma o Le ombre bianche. Ojalá...