Tras la muerte de Carlos Fuentes, Jorge Volpi quiso homenajearlo reproduciendo en su blog ( http://www.elboomeran.com/blog/12/blog-de-jorge-volpi/ ) este texto que había escrito en ocasión de su octogésimo cumpleaños.
1. En 1958, poco antes de que las tropas de Fidel Castro entren en La Habana y de que Billy Wilder estrene Some Like It Hot -la
coincidencia no es gratuita-, un joven mexicano de treinta años publica
un libro que escandaliza al medio literario de su país: La región más transparente. Fuentes
es ya Fuentes. Obra seminal, finca sus obsesiones posteriores -el habla
urbana, el turbio vínculo entre los individuos y el poder, el tiempo
cíclico, la mitología clasemediera, México y su irredimible pasión por
la mentira- y anuncia sus batallas futuras. Con este libro, Fuentes
inicia su larga guerra: cincuenta años de combatir contra los demonios
allí convocados. Cincuenta años de batirse contra el lenguaje. Contra el
poder. Y contra sí mismo.
2. La región más transparente no
es la primera novela urbana mexicana. Pero en literatura el mérito no
es ser el primero, ni el más original, sino el más perturbador. Los
nacionalistas lo acusan, como era de esperarse, de traidor. La
mexicanidad de Fuentes les parece demasiado poco mexicana. En el libro
hay demasiada modernidad, demasiados guiños literarios, demasiado Paz y
demasiado Reyes. Demasiada ironía. Demasiado ímpetu cosmopolita en un
muchachito en la treintena. Décadas después se le acusará de lo
contrario: de ser demasiado mexicano, de robarse o apropiarse de la
mexicanidad (y de exportarla). Qué mayor mérito de un libro: atacarlo
con tanta ceguera y tanta furia por razones diametralmente opuestas.
3.
La soberbia del joven Fuentes es, sí, inmensa. Tras ese libro se
propone sólo proyectos ciclópeos. Primero, dibujar el mapa que habrá de
llevarlo, no a la escritura de una novela, un libro de ensayos, una obra
de teatro, sino de un universo. Luego, formar un comando de asalto -un
foco revolucionario, se decía entonces- con los mejores escritores de
América Latina. Y, más importante que todo, olvidarse de que la
literatura es un espejo de la realidad para convertirla en una realidad
alterna. Puede reprochársele la soberbia, pero sólo a fuerza de
reconocer que, a cincuenta años de distancia, triunfó en los tres casos.
La edad del tiempo y el Boom, por una parte. Y, por la otra, un país y un continente que ya no pueden reconocerse sin la impertinencia de su imaginación.
4.
El mayor experimento llevado a cabo por Fuentes ha sido consigo mismo.
No se pregunta como transformar una vida en literatura Sino cómo la
literatura justifica la vida.
5. México y Fuentes
forman -cualquiera lo repite- un binomio inseparable. Cierto: la
infancia y juventud de fuentes transcurrieron en buena medida fuera del
país. Y, desde hace años, divide su celosa intimidad entre Londres y la
capital mexicana. Pero en más de un sentido nunca ha escapado de aquí.
De la patria imaginaria que ha elegido, no de aquella que le ha tocado.
Como otros hicieron con Comala o Santa María o Yoknapatawpha, Fuentes
también se inventó una extraña tierra para que la poblasen sus
personajes. La llamó México.
6. Aura resulta inevitablemente incómoda. Sesenta y dos páginas perfectas. Y hay quien se lo echa en cara.
7. La edad del tiempo es el más vasto desafío narrativo intentado entre nosotros. Pero mientras la Comedia humana o de En busca del tiempo perdido
se asumen como universos coherentes, el de Fuentes es el reflejo de un
caos cuántico. Cada una de sus piezas contiene un holograma del
conjunto. Y el conjunto no nace de la mera acumulación de sus partes,
sino del orden que cada quien escoge para recorrerlo. En La edad del tiempo, el orden está determinado por el lector: no hay una guía, uno no tiene por qué empezar con Los días enmascarados o La región más transparente o terminar con La voluntad y la fortuna.
La obra de Fuentes -y su interpretación final- se torna variable,
arbitraria, azarosa. No es, pues, un monolito, sino una red. Única
sugerencia: sus claves se hallan en su libro más arduo y portentoso: Terra Nostra.


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