14 junio, 2009

Kafka y sus lectores



Por Martín Kohan

A muchos escritores, incluso entre los buenos, hubo que salvarlos del olvido. A Kafka por su parte hubo que salvarlo del kafkismo. Acaso porque el olvido fue, al menos en apariencia, lo que él mismo quería o lo que él mismo procuró; o en todo caso porque la fuerza de irradiación de “lo kafkiano” llegó a ser tal que incluso Kafka empezó a correr el riesgo de ser menos Kafka que kafkiano. Roland Barthes formuló la advertencia en un texto de los años ’60, con la nitidez y la urgencia de las consignas: “Kafka no es el kafkismo”, proponía, antes de alentar un perentorio “adiós al kafkismo”. Salvar a Kafka del kafkismo, o en todo caso recuperarlo como quien recupera a un rehén, podría ser un afán predominante en buena parte de la crítica literaria que se ocupó de él y de su obra, o de lo uno con lo otro, o de lo uno por lo otro.

Es posible preguntarse porqué razones Borges, cuando concibió a Pierre Menard, lo hizo autor del Quijote. Es decir, por qué decidió que fuese el Quijote, ese texto y no otro, el que Menard se propondría reescribir palabra por palabra aunque sin por eso copiarlo. Algo detectó en el Quijote para elegirlo como objeto de la inconcebible proeza de Menard. De igual manera, es posible preguntarse por qué motivos Borges, cuando postuló el carácter no solamente sucesivo sino también retroactivo de las influencias literarias, puso a Kafka, a Kafka y no a otro, como paradigma del hacedor de precursores. Evidentemente percibía el alcance inigualado de la onda expansiva de lo kafkiano: de pronto autores remotos, y además de remotos previos, podían verse como kafkianos. ¿Y si por fin el propio Kafka terminase siendo, en cierto modo, un precursor de sí mismo, si es que no un avatar de sí mismo?

Fragmento de “Kafka y sus lectores”, introducción de Martín Kohan a “La madriguera”, de Franz Kafka (traducción y posfacio de Ariel Magnus), el último título que acabamos de publicar a través de la editorial “La Compañía”, Buenos Aires (Argentina).

www.editoriallacompania.com

1 comentario:

Ego dijo...

¡Qué buena compañía!