29 octubre, 2007

El minicuento según Harold Kremer

El minicuento es cercano al cuento y la poesía.

Del primero toma la brevedad, la tensión, la armonía y la dedicación a un solo asunto o tema. Esta brevedad, que implica necesariamente la totalidad de una forma narrativa del relato, en la que también está presente un lenguaje preciso, sin ripios, es llamada modernamente minimalismo y consiste en que el minicuento debe ser capaz de expresar, a través de lo mínimo, la infinita complejidad del ser humano.

De la poesía retoma el símbolo, la imagen, la metáfora y es más cercano al haikú que a la poesía clásica porque su propósito es buscar el “instante inconmesurable” que acontece como revelación y cuya sustancia es el asombro.

El minicuento, para acercarse a su naturaleza minimalista, debe apoyarse en elementos implícitos, más que explícitos, para disparar evocaciones e imágenes comunes a todos los seres humanos. Es decir: el lector es obligado a participar en la construcción de la historia utilizando, muchas veces, sus propias vivencias. Y todo esto porque el minicuento es comprimido (acaso una página o página y media, a doble espacio) y debe desplegar todos los recursos posibles para lograr imágenes y situaciones precisas.

Un minicuento, como cualquier cuento, debe permitir el levantar su historia, desde el acontecimiento más antiguo hasta el más reciente. Si el nivel de la historia cojea, el relato también cojeará porque un cuento literario es sobre todo una historia en la que el narrador despliega, en el nivel del relato, decisiones narrativas de cómo contarla. Por esa razón, si un minicuento carece de historia, no es un minicuento; puede ser otra cosa, quizá un poema, una divagación, un apunte, una imagen, una reflexión o esbozos existenciales.
Para ilustrar todo lo anterior traigo a colación el siguiente minicuento:

Reencuentro

La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió y, cuando ella se apeó del bus, él hizo lo mismo. La siguió a corta, pero discreta distancia y, luego de algunas cuadras, la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.
¬–Todo fue un sueño –le dijo–. En un sueño, nada tiene importancia.
–Depende de quién sueñe –dijo la mujer–. Éste también es un sueño.

Luis Fayad (Colombia)

Historia

1. Leoncio sueña que ultraja a una mujer.
2. La mujer sueña que se encuentra a Leoncio en un bus y hace que lo siga.
3. La mujer, con una pistola, lo enfrenta.
4. Leoncio reconoce a la mujer y le dice que en un sueño nada tiene importancia.
5. La mujer anuncia que éste es su sueño.

El minicuento se alimenta de todos los géneros literarios y no literarios posibles. Puede ser escrito como una carta, como un ensayo, como una fábula, como una sentencia, como un poema, como manuales de instrucciones, como una simple lista o enumeración, como una noticia periodística, como un mito, como una definición de un diccionario, como un diario, etcétera, etcétera, pero sólo lo reconocemos, como se señala arriba, si podemos levantarle una historia cerrada, precisa, coherente.

Asimismo, su temática es variada: puede hablar de sueños, paradojas, sátiras, humor; recrear y adaptar mitos o inventarlos; retoma pasajes de la literatura, de la historia, cosmogonías y biografías; concibe zoologías y biologías fantásticas; se alimenta de la tradición oral, y habla, claro está, de todas las pasiones humanas: el amor, la traición, la ambición, la guerra, la dignidad, el duelo, el conocimiento y todos los temas que abarquen nuestra imaginación.

Del minicuento sólo sabemos que en él no cabe ni el chiste ni las divagaciones: debe ser de gran pulcritud en el lenguaje, preciso en sus imágenes, ajeno a los decorados. El minicuento apunta hacia la evocación de un mundo subyacente que cuestiona al lector, lo obliga a múltiples lecturas y le revela situaciones extrañas, imprevistas o cotidianas.~

Harold Kremer
(Extracto de un artículo publicado en el magazín Generación del periódico El colombiano de Medellín en noviembre de 2004)


Harold Kremer: escritor colombiano nacido en Buga, Valle del Cauca, Colombia. Buena parte de su actividad literaria la ha dedicado a la escritura e investigación del cuento como género, en todas sus modalidades y temáticas, con énfasis en los relatos breves tanto colombianos como universales. Es autor de varios libros de ficción y de numerosos ensayos alrededor del tema de la ficción breve.

5 comentarios:

antonio salgado dijo...

woow, está fantástico esto del minicuento. Ahora a buscar mas minicuentos, se puede hacer vicio esto....
Saludos desde México

Marcelo dijo...

   El hombre se miró en el espejo y se sacó la lengua. El reflejo no repitió su mueca: era una imagen distante, quieta, aburrida. Agobiado con tan notable diferencia, el hombre repitió el mismo gesto y muchos otros.
   El reflejo por fin habló, casi sin mover los labios:
   —Basta —dijo lentamente—. Estoy cansado.

Marcelo dijo...

   Como no había otro sonido, a pesar de estar lejísimo, oyó el Big Bang.

Eduardo Berti dijo...

Gracias Marcelo por tus cuentos!
Un abrazo, E.

Marcelo dijo...

   De nada, Eduardo. Esto es muy divertido. Creo que el segundo minicuento es más correcto sin la segunda coma, ¿no?

   Como no había otro sonido, a pesar de estar lejísimo oyó el Big Bang.

Saludos, Marcelo