14 agosto, 2013

Turgueniev o lo humano


Una señora le escribió un día al novelista ruso Ivan Turgueniev porque su hijo tenía que componer para la escuela un ejercicio acerca de "La filosofía en la obra de Turgueniev". La carta solicitaba consejos y el escritor se vio en apuros ya que estimaba carecer de filosofía.

La anécdota es recogida por André Maurois en su vida de Turgueniev, al lado de otras historias, entre ellas la invención de la palabra "nihilismo" (en el marco de la novela Padres e hijos) y la utilización del famoso anarquista Bakunin como "modelo vivo" para su novela Rudin. "En el personaje de Dimitri Rudin --afirma Maurois--se encuentran las impresiones sucesivas y contradictorias de admiración e irritación que sintió Turgueniev por Bakunin".

Cuando recibió la carta de esa madre que deseaba, más que nada, una buena nota para su hijo, Turgueniev era ya un novelista consagrado al que le gustaba vivir en París y participar en las tertulias animadas por Flaubert, Zola y los hermanos Goncourt. Estos últimos enarbolaban la divisa del "naturalismo"; el gigante ruso prefería declararse "supernaturalista". Un "realista poético", en palabras de Mauriac.

Aunque Turgueniev creía en la novela pura y sostenía, intransigente, que un narrador "no debe nunca tratar de probar una tesis con sus libros", mandó enviar una contestación a la señora: "Soy, ante todo un realista a quien sólo le interesa la verdad viviente del rostro humano. Permanezco indiferente a todo lo que es sobrenatural; no creo en los absolutos ni en los sistemas. Amo la libertad más que nada en el mundo (...) Todo lo que es humano me es querido".