02 agosto, 2013

La minificción según Huysmans



De todas las formas literarias, la favorita de des Esseintes era el poema en prosa. Manejado por un alquimista de genio, debía encerrar en un pequeño volumen, en estado de concentración, la potencia de la novela cuyas dilataciones analíticas y superfluas descripciones suprimía.

Muchas veces meditaba des Esseintes en el fascinante problema de escribir una novela concentrada en unas cuantas oraciones y que empero contuviera el jugo cohobado de los centenares de páginas que siempre insume la descripción del escenario, la caracterización de los personajes y la acumulación de observaciones útiles y detalles circunstanciales. Los vocablos escogidos para una producción de tal género tendrían que ser tan inalterables como para suplantar a todos los demás; cada adjetivo estaría instalado con tal ingenio y determinación que jamás se lo pudiera desalojar legalmente y abriría tan vastas perspectivas que el lector podría quedarse rumiando durante semanas enteras sobre su significado, preciso al par que múltiple, y asimismo enterarse del presente, reconstruir el pasado y adivinar el futuro de los personajes a la luz de ese único epíteto.
 
Así concebida, así condensada en una o dos páginas, la novela se tornaría una comunión intelectual entre un autor hierático y un lector ideal, una colaboración espiritual entre una docena de personas de inteligencia superior dispersas por todo el mundo, un manjar estético que sólo estaría al alcance de los más sagaces.

En suma, que a juicio de des Esseintes el poema en prosa representaba el jugo esencial, el aceite indispensable del arte.

À rebours ("Al revés" o "A contrapelo"), J.K. Huysmans