02 diciembre, 2012
Escribir según Lichtenberg
Tanto en la novela como en el teatro la primera regla es contemplar a los distintos personajes como piezas de un tablero de ajedrez y tratar de ganar el juego sin alterar las reglas: un caballo no puede puede moverse como un peón. Hay que triunfar sin modificar las reglas que definen a los personajes, aprovechando su eficacia. No hacerlo significa intentar milagros, y los milagros siempre son artificiales.
La gran regla: si tus pequeñeces no son singulares en sí mismas, al menos dilas en forma levemente singular.
Un error que el mal escritor y el escritor meramente ingenioso tienen en común consiste en que más que iluminar su tema, lo usan para mostrarse a sí mismos. Uno conoce al escritor y nada más que al escritor. Aunque en ocasiones resulte muy difícil suprimir un párrafo ingenioso, hay que hacerlo si no es sustancial.
¿Qué hay de malo en llamar cometas o los cometas, esto es, estrellas con cabellera en vez de estrellas en combustión o de vapor? (...) La corrección de una expresión no es lo único; también cuenta la familiaridad. El valor de una palabra depende, en cierto modo, de la relación entre corrección y familiaridad.
Tomado de los Aforismos de Georg Christoph Lichtenberg (Fondo de Cultura Económica). Edición y traducción de Juan Villoro.
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